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Mirad, llegan días en que suscitaré a David un vástago legítimo

(De los sermones de San Odilón de Cluny)

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Si el Señor prometió a sus fieles estar con ellos todos los días, ¡cuánto más se nos ha de hacer presente el día de su nacimiento, si acentuamos el fervor de nuestro servicio! El que dice por Salomón: Yo —la sabiduría— salí de la boca del Altísimo, la primogénita de la creación; y de nuevo: El Señor me estableció al principio de sus tareas al comienzo de sus obras antiquísimas En un tiempo remoto fui formada; y por Jeremías dice: Yo lleno el cielo y la tierra, es el mismo que, nacido por un admirable designio de la economía divina, es colocado en un pesebre. Aquel a quien Salomón nos muestra existiendo eternamente antes de los siglos, Jeremías afirma no estar ausente de ningún lugar.

No puede faltarnos el que existe desde siempre, y en todas partes está presente. La veracidad y autenticidad de los testimonios de los antiguos vates sobre la eternidad de Cristo y sobre la inmensidad de su divina presencia, la pregona aquella sonora trompeta del mensajero celestial: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. Y el mismo Salvador a los judíos en el evangelio: Antes que naciera Abrahán existo yo. Pero comoquiera que poseía el ser antes de que existiera Abrahán o, mejor, antes de la creación, desde siempre y en unión con Dios Padre, quiso sin embargo nacer en el tiempo de la descendencia de Abrahán. De hecho, Dios Padre le dijo a Abrahán: Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia.

También el santo patriarca David mereció el insigne privilegio de una promesa semejante, cuando Dios Padre, instruyéndole en el secreto de su sabiduría, dijo: A uno de tu linaje pondré sobre tu trono. Y el profeta Isaías al considerar, bajo la acción del Espíritu Santo, la magnificencia de este nobilísimo vástago y la sublimidad y excelencia de su dulcísimo fruto, vaticinó así: Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país.

Estos dos padres que, con preferencia a otros, recibieron de modo muy explícito la promesa de la venida del Salvador, en la genealogía del Señor según san Mateó, merecieron justamente un primero y destacado lugar. El exordio del evangelio según san Mateo suena así: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Con estas palabras del evangelio están de acuerdo tanto los oráculos de los profetas como la predicación apostólica. Que el Mediador entre Dios y los hombres debía nacer, según la carne, del linaje de Abrahán, el profeta Isaías se preocupó por inculcarlo de manera tajante, cuando dijo en la persona de Dios Padre: Tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi elegido; estirpe de Abrahán, mi amigo. Tú, a quien cogí.

Aquel que, liberado de las tinieblas de la ignorancia e iluminado con la luz de la fe, llamó, en el evangelio, Hijo de Dios al Hijo de David, mereció recibir no sólo la luz del espíritu, sino también la corporal. Cristo, el Señor, quiere ser llamado con este nombre, porque sabe que no se nos ha dado otro nombre que pueda salvar al mundo. Por lo cual, amadísimos hermanos, para merecer ser salvados por él que es el Salvador, digamos todos individualmente: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros! Amén.

Velad

(De la exposición sobre el evangelio de san Mateo, de Pascasio Radberto)

Velad, para estar preparados Velad, porque no sabéis el día ni la hora. Siendo una recomendación que a todos afecta, la expresa como si solamente se refiriera a los hombres de aquel entonces. Es lo que ocurre con muchos otros pasajes que leemos en las Escrituras. Y de tal modo atañe a todos lo así expresado, que a cada uno le llega el último día y para cada cual es el fin del mundo el momento mismo de su muerte. Por eso es necesario que cada uno parta de este mundo tal cual ha de ser juzgado aquel día. En consecuencia, todo hombre debe cuidar de no dejarse seducir ni abandonar la vigilancia, no sea que el día de la venida del Señor lo encuentre desprevenido.

Y aquel día encontrará desprevenido a quien hallare desprevenido el último día de su vida. Pienso que los apóstoles estaban convencidos de que el Señor no iba a presentarse en sus días para el juicio final; y sin embargo, ¿quién dudará de que ellos cuidaron de no dejarse seducir, de que no abandonaron la vigilancia y de que observaron todo lo que a todos fue recomendado, para que el Señor los hallara preparados? Por esta razón, debemos tener siempre presente una doble venida de Cristo: una, cuando aparezca de nuevo y hayamos de dar cuenta de todos nuestros actos; otra diaria, cuando a todas horas visita nuestras conciencias y viene a nosotros, para que cuando viniere, nos encuentre preparados.

¿De qué me sirve, en efecto, conocer el día del juicio si soy consciente de mis muchos pecados?, ¿conocer si viene o cuándo viene el Señor, si antes no viniere a mi alma y retornare a mi espíritu?, ¿si antes no vive Cristo en mí y me habla? Sólo entonces será su venida un bien para mí, si primero Cristo vive en mí y yo vivo en Cristo. Y sólo entonces vendrá a mí, como en una segunda venida, cuando, muerto para el mundo, pueda en cierto modo hacer mía aquella expresión: El mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Considera asimismo estas palabras de Cristo: Porque muchos vendrán usando mi nombre. Sólo el anticristo y sus secuaces se arrogan falsamente el nombre de Cristo, pero sin las obras de Cristo, sin sus palabras de verdad, sin su sabiduría. En ninguna parte de la Escritura hallarás que el Señor haya usado esta expresión y haya dicho: Yo soy el Cristo. Le bastaba mostrar con su doctrina y sus milagros lo que era realmente, pues las obras del Padre que realizaba, la doctrina que enseñaba y su poder gritaban: Yo soy el Cristo con más eficacia que si mil voces lo pregonaran. Cristo, que yo sepa, jamás se atribuyó verbalmente este título: lo hizo realizando las obras del Padre y enseñando la ley del amor. En cambio, los falsos cristos, careciendo de esta ley del amor, proclamaban de palabra ser lo que no eran.

Misterios de la fe. La Encarnación

(Meditación de san Alfonso María de Ligorio)

Y encarnóse por obra del Espíritu Santo, y se hizo hombre

Considera cómo habiendo creado Dios al primer hombre para que le sirviese y amase en esta vida, y después conducirle a la vida eterna, a reinar en el paraíso; a este fin le enriqueció de luces y de gracias. Pero el hombre ingrato se rebeló contra Dios, negándole la obediencia que le debía de justicia y por gratitud, quedando de esta suerte el miserable privado con toda su descendencia de la divina gracia y excluido por siempre del paraíso. Mira después de esta ruina del pecado perdidos a todos los hombres. Todos vivían ciegos entre las tinieblas, en las sombras de la muerte. Mas Dios, viéndolos reducidos a este miserable estado, determina salvarlos. Y ¿cómo? No manda ya a un Ángel o a un Serafín; sí que para manifestar al mundo el amor inmenso que tenía a estos gusanos ingratos, envió a su mismo Hijo a hacerse hombre, y a vestirse de la misma carne de los pecadores, para que satisfaciese con sus penas y con su muerte a la justicia divina por los delitos de ellos, y así los librase de la muerte eterna; y reconciliándolos con su divino Padre, les alcanzase la divina gracia, y los hiciese dignos de entrar en el reino eterno. Pondera aquí de una parte la ruina inmensa que trae el pecado, privándonos de la amistad de Dios y del paraíso, y condenándonos a una eternidad de penas. Pondera de la otra el amor infinito que Dios mostró en esta grande obra de la Encarnación del Verbo, haciendo que su Unigénito viniese a sacrificar su vida divina por manos de verdugos sobre la cruz en un mar de dolores y vituperios, para alcanzarnos el perdón y la salvación eterna. ¡Ah! que al contemplar este gran misterio y este exceso de amor cada cual no debería hacer otro que exclamar: ¡Oh bondad infinita! ¡oh misericordia infinita! ¡Oh amor infinito! ¿Un Dios hacerse hombre, para venir a morir por mí?...

Afectos y súplicas

Pero ¿Cómo es, Jesús mío, que aquella ruina del pecado, que Vos habéis reparado con vuestra muerte, yo tantas veces he vuelto después a renovármela voluntariamente con tantas injurias como os he hecho? ¡Vos a tanta costa me habéis salvado, y tantas veces yo he querido perderme, perdiéndoos a Vos, bien infinito! Pero me da confianza lo que Vos habéis dicho: que cuando el pecador que os ha vuelto la espalda, se convierte después a Vos, no dejáis de abrazarlo: Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, decís por el profeta Zacarías (Zac 1,3) Habéis también dicho: Si alguno me abriere la puerta, yo entrare a él (Ap 3,20). He aquí, Señor, yo soy uno de estos rebeldes, ingrato y traidor, que muchas veces os he vuelto las espaldas y os he desechado de mi alma; mas ahora me arrepiento con todo el corazón de haberos de tal manera maltratado, y despreciado vuestra gracia. Me arrepiento y os amo sobre todas las cosas. Ved la puerta de mi corazón ya abierta; entrad, Señor, pero entrad para no salir jamás. Yo sé que Vos nunca saldréis, si yo no vuelvo a desecharos; pero ¡ah! este es un temor, y esta es también la gracia que os pido, y espero siempre pediros: hacedme morir, antes que yo use con Vos esta nueva y mayor ingratitud. Amable Redentor mío, por la ofensa que os he hecho no merecería ya amaros; pero os pido por vuestros méritos el don del santo amor. Para esto hacedme conocer cuán gran bien es el amor que me habéis tenido, y cuánto habéis hecho para obligarme a amaros. ¡Ah! mi Dios y Salvador, no me hagáis vivir más tiempo ingrato a tanta bondad vuestra. Yo no quiero dejaros más, Jesús mío. Basta cuanto os he ofendido. Razón es que estos años que me restan de vida los emplee todos en amaros y daros gusto. Jesús mío, Jesús mío, ayudadme; ayudad a un pecador que quiere amaros. ¡Oh María, madre mía! Vos todo lo podéis con Jesús, sois su Madre. Decidle que me perdone; decidle que me encadene con su santo amor. Vos sois mi esperanza, en Vos confío.

¡Llega la Navidad!

(De la Audiencia General del Papa Francisco del 18 de diciembre de 2019)

Dentro de una semana será Navidad. En estos días, mientras corremos para hacer los preparativos de la fiesta, podemos preguntarnos: “¿Cómo me preparo para el nacimiento del festejado?” Un modo sencillo pero eficaz de prepararse es hacer el belén. Este año yo también he seguido este camino: fui a Greccio, donde San Francisco hizo el primer belén, con los lugareños. Y escribí una carta para recordar el significado de esta tradición, lo que significa el belén en el tiempo de Navidad.

En efecto, el pesebre «es como un Evangelio vivo» (Carta apostólica Admirabile signum, 1). Lleva el Evangelio a los lugares donde uno vive: a las casas, a las escuelas, a los lugares de trabajo y de reunión, a los hospitales y a las residencias de ancianos, a las cárceles y a las plazas. Y allí donde vivimos nos recuerda algo esencial: que Dios no permaneció invisible en el cielo, sino que vino a la Tierra, se hizo hombre, un niño. Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al Niño con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad. Entonces es bonito estar delante del pesebre y allí confiar nuestras vidas al Señor, hablarle de las personas y situaciones que nos importan, hacer con Él un balance del año que está llegando a su fin, compartir nuestras expectativas y preocupaciones.

Junto a Jesús vemos a la Virgen y a san José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un Evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente “comedero”, mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa “casa del pan”. Pesebre y casa del pan: el belén que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos.

El pesebre nos ofrece otra enseñanza de vida. En los ritmos de hoy, a veces frenéticos, es una invitación a la contemplación. Nos recuerda la importancia de detenernos. Porque sólo cuando sabemos recogernos podemos acoger lo que cuenta en la vida. Sólo si dejamos el estruendo del mundo fuera de nuestras casas nos abrimos a escuchar a Dios, que habla en silencio. El pesebre es actual, es la actualidad de cada familia. Ayer me regalaron una figura de un belén especial, una pequeña, llamada: “Dejemos descansar a mamá”. Representaba a la Virgen dormida y a José que hacía que el Niño se durmiera. Cuántos de vosotros tienen que repartir la noche entre marido y mujer por el niño o la niña que llora, llora, llora, llora. “Dejemos que mamá descanse” es la ternura de una familia, de un matrimonio.

El pesebre es más actual que nunca, cuando cada día se fabrican en el mundo tantas armas y tantas imágenes violentas que entran por los ojos y el corazón. El pesebre es, en cambio, una imagen artesanal de la paz. Por eso es un Evangelio vivo.

Queridos hermanos y hermanas, del pesebre podemos sacar también una enseñanza sobre el sentido mismo de la vida. Vemos escenas cotidianas: los pastores con las ovejas, los herreros que baten el yunque, los molineros que hacen pan; a veces se insertan paisajes y situaciones de nuestros territorios. Está bien, porque el pesebre nos recuerda que Jesús viene a nuestra vida concreta. Y esto es importante. Hacer un pequeño belén, en casa, siempre, porque es el recuerdo de Dios que vino entre nosotros, nació entre nosotros, nos acompaña en la vida, es hombre como nosotros, se hizo hombre como nosotros. En la vida diaria ya no estamos solos, Él vive con nosotros. No cambia mágicamente las cosas pero, si lo acogemos, todo puede cambiar. Os deseo, entonces, que hacer el pesebre sea la ocasión de invitar a Jesús a la vida. Cuando hacemos el belén en casa, es como si abriéramos la puerta y dijéramos: “Jesús, ¡entra!”, es hacer concreta esta cercanía, esta invitación a Jesús para que venga a nuestra vida. Porque si Él habita nuestra vida, la vida renace. Y si la vida renace es de verdad Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 4 de Adviento: Lucas 1,39-45


El Espíritu Santo que cubrió a tu madre

El Espíritu Santo que cubrió a tu madre
con su sombra, y ahora puede ayudarme,
me ilumine, Señor, en esta lectura orante,
y que sea Él quien ahora actuante
agudice mis oídos para escucharte,
me haga entender lo que vas a hablarme,
me conduzca en este rezo para agradarte
y a convertirlo en vida para salvarme.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,39-45: En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

b) Contexto histórico y cultural

Como sacerdote, Zacarias vivía en la región de Judá junto a Isabel, su esposa. Ambos eran de avanzada edad, y no habían procreado hijos. Por obra de Dios, Isabel se encontraba con seis meses de embarazo, esperando el nacimiento de quien habría de ser llamado Juan, y conocido como el Bautista, el precursor del salvador del mundo. En el anuncio del ángel Gabriel a María, este embarazo llegó al conocimiento de la virgen, que presurosa se dispone a visitar a su anciana, y anteriormente estéril, pariente.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Jesús ya va a llegar

Jesús ya va a llegar,
muy pronto ha de venir;
la virgen va a parir
y Él pronto nacerá.
El mundo cambiará,
tendremos donde ir
pues Él nos va instruir
cómo nos salvará.

¡Arde del Espíritu Santo!

La noticia de Isabel:
¡su vientre, fértil fue ya!,
a María, añadió Gabriel;
motivo de visitar;

con la dulzura de miel,
su condición maternal,
alegres a igual nivel,
comparten: ¡gozo total!

Con el Señor y el profeta
en los vientres, ya hay saltos;
de lo que es dicha, no hay dieta:
¡arde el Espíritu Santo!

3. Oración

Dame, Señor, el deseo de servir, de ayudar,
de disfrutar el gozo de los otros,
y su victoria disfrutar.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Ser solidario es mi compromiso de hoy.
Alegrarme en el éxito de los demás
y ayudarles cuando me necesiten,
aunque no me lo hayan pedido.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 3 de Adviento: Lucas 3,10-18


Que tu Espíritu me auxilie

Que tu Espíritu me auxilie,
Señor, al orar tu Palabra,
para que mi mente se abra
y mi corazón se ablande;
que el llamado que me haces
lo responda sin tardanza,
con toda confianza,
porque el premio es bien grande.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 3,10-18: En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Pues ¿qué debemos hacer?». Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo». Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?». Él les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado». Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada».

Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga». Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

b) Contexto histórico y cultural

Ante la inminente llegada del Señor, anunciada por Juan Bautista en su predicación llamando a la conversión, la gente le preguntaba qué hacer; su respuesta: arrepentimiento, conversión y practicar el bien.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Hay que practicar justicia

Hay que practicar justicia
en este tiempo de espera
en que nuevamente llega
quien con fuego nos bautiza.
No hay lugar para codicia
ni para actuar como fiera;
mejor que dejemos fuera
todo lo que sea malicia,
pues sólo nos beneficia
llevar una vida austera
y que de bondad sea plena
para entrar en la que inicia.

3. Oración

Señor que has de venir

Señor que has de venir,
que la espera no me canse,
ni me haga desesperarme,
porque tarde en ocurrir;
ayúdame a insistir
y por siempre esperarte.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A actuar con justicia,
practicando el bien,
y a esperar confiadamente al Señor que viene,
se me invita en este día;
esa es mi acción, con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 2 de Adviento: Lucas 3,1-6


De tu Espíritu, pedimos dones

De tu Espíritu, pedimos dones,
Jesús, Señor de las naciones;
para que nuestros corazones
sus desvíos abandonen,
reciban con buenas intenciones
la Palabra que hoy propones,
y tras nuestras oraciones
la conviertan en acciones.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 3,1-6: En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios».

b) Contexto histórico y cultural

En lo que ha sido considerado como "la plenitud de los tiempos", apareció en la región de judea y a orillas del río Jordán, Juan el Bautista impartiendo un bautismo de arrepentimiento de los pecados, con una conversión o cambio de vida ante la inminencia de la llegada de quien él era el precursor; su vida austera, en oposición a la de falsos profetas de la época, le suscitó gran simpatía entre todos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Conversión es la actitud

Conversión es la actitud
en este tiempo de espera
de ese que ya casi llega
y que su nombre es Jesús.

Cesará la esclavitud:
viene a romper las cadenas
y si, tu alma, a Él le acepta,
salud recibirás tú.

Amén.

3. Oración

Conversión

A cambiar hoy me invita
por tu llegada, Señor,
el profeta en alta voz;
por eso, mi alma marchita,
ya de entusiasmo se agita;
¡es un nuevo corazón!
Eso es la conversión:
de espíritu, medicina.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la conversión, sincera y profunda,
se me invita en el día de hoy;
nueva criatura tuya desde hoy soy, Señor;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 1 de Adviento: Lucas 21,25-28.34-36


Ven Espíritu

Ven Espíritu Santo
e ilumina ahora nuestras mentes
pues de entendimiento eres fuente;
que nuestros corazones ablandados
reciban el mensaje dado
por el Evangelio a la gente,
y que lo aceptemos conscientes
de que así podremos ser salvados.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 21,25-28.34-36: En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.

Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

b) Contexto histórico y cultural

Los discípulos de Jesús se han admirado con la majestuosidad del Templo de Jerusalén; Jesús aprovecha la ocasión para hablarles del final del Templo, del final de Jerusalén y del final de los tiempos, exhortándoles a estar atentos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡Adviento!

¡Adviento! ¿Quién es que viene?
Aquel que ya una vez vino:
Jesús de origen divino,
justicia en sus manos tiene.

En una alerta consciente,
nada nos saque de quicio;
en preparación del juicio
el bien que sea permanente.

No es miedo a que nos condene;
es no perder al amigo
que trae salvación consigo
y a hacernos felices viene.

Amén.

3. Oración

Ansiedad

Esta ansiedad es por ti,
pero alerta, sin temor
aguardando tu amor
que ya viene hacia mí;

has prometido un festín,
Señor, y hambriento ya estoy;
ven pronto, Jesús, ven hoy,
a esta espera ponle fin.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la espera confiada en el Señor
se me invita en este día.
¡Ven pronto, ven hoy;
te esperamos, Señor!
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo B) de la Semana 4 de Adviento: Lucas 1,26-38


El Espíritu Santo que cubrió a tu madre

El Espíritu Santo que cubrió a tu madre
con su sombra, y ahora puede ayudarme,
me ilumine, Señor, en esta lectura orante,
y que sea Él quien ahora actuante
agudice mis oídos para escucharte,
me haga entender lo que vas a hablarme,
me conduzca en este rezo para agradarte
y a convertirlo en vida para salvarme.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,26-38: En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

b) Contexto histórico y cultural

Llegada la plenitud de los tiempo, tras una prolongada espera luego de promesas y anuncios divinos, la encarnación del Hijo de Dios en el mundo se hace realidad por la aceptación de una humilde aldeana. El "hágase" de María retumba todavía hoy, y perdurará por siempre, como testimonio de ese momento histórico que celebramos en este tiempo.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

El mundo esperaba por Él

El mundo esperaba por Él;
su Padre Dios alegre está
porque ya todo cambiará
luego de mucho acontecer.

Pronto se habrá de conocer;
ahora José no duda ya
y María pronto parirá
al tan esperado Emmanuel;
"Dios con nosotros" se hará ver,
¡ya llega la felicidad!

3. Oración

Lo que me pidas eso haré

En tu emisario oír tu voz,
y dócilmente obedecer
dejando atrás mi parecer,
Señor, me estás pidiendo hoy;
¡háblame que oídos soy!
lo que me digas eso haré.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A escuchar la voz de Dios y obedecerla,
así como a la espera del Señor,
se me invita en este día;
háblame, Señor,
que aguardándote estoy
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo B) de la Semana 3 de Adviento: Juan 1,6-8.19-28


Que tu Espíritu me auxilie

Que tu Espíritu me auxilie,
Señor, al orar tu Palabra,
para que mi mente se abra
y mi corazón se ablande;
que el llamado que me haces
lo responda sin tardanza,
con toda confianza,
porque el premio es bien grande.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 1,6-8.19-28: Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». Él dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo Él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: ‘Rectificad el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías».

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo, ni Elías, ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

b) Contexto histórico y cultural

Ante el interés que despertó Juan el Bautista con su bautismo de conversión, las autoridades religiosas se movilizan a ver quién pretende él ser, porque había expectativas sobre la futura llegada del mesías, el retorno de Elías, y la venida de un profeta como Moisés; con su respuesta aclara que él no es ninguno de los tres, pero sí el precursor del más grande de ellos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Construyan una pista

Busquen la dinamita,
traigan la excavadora
con la niveladora,
construyan una pista;
es más que una visita
Aquel que llega ahora
y ya se ve la aurora
de su luz infinita.

Para la construcción:
no haya asfalto ni arcilla,
tampoco la gravilla,
y nada de hormigón;
tan sólo es conversión;
y la ruta, sencilla,
no medida por milla,
llegue hasta el corazón.

Amén.

3. Oración

¡Ahora sí!

¡Ahora sí!; que este adviento sea
mi anhelada renovación,
y pueda alcanzar conversión
en este tiempo que es de espera.
Sabiendo que Cristo ya llega,
no hay temor, sino convicción,
quiero ya la liberación
y así empezar mi vida nueva.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la conversión,
a rectificar lo que no está bien,
se me invita en este día;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo B) de la Semana 2 de Adviento: Marcos 1,1-8


De tu Espíritu, pedimos dones

De tu Espíritu, pedimos dones,
Jesús, Señor de las naciones;
para que nuestros corazones
sus desvíos abandonen,
reciban con buenas intenciones
la Palabra que hoy propones,
y tras nuestras oraciones
la conviertan en acciones.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 1,1-8: Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: «Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas».

Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

Juan llevaba un vestido de piel de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

b) Contexto histórico y cultural

En lo que ha sido considerado como "la plenitud de los tiempos", apareció en la región de judea y a orillas del río Jordán, Juan el Bautista impartiendo un bautismo de arrepentimiento de los pecados, con una conversión o cambio de vida ante la inminencia de la llegada de quien él era el precursor; su vida austera, en oposición a la de falsos profetas de la época, le suscitó gran simpatía entre todos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Conversión es la actitud

Conversión es la actitud
en este tiempo de espera
de ese que ya casi llega
y que su nombre es Jesús.

Cesará la esclavitud:
viene a romper las cadenas
y si, tu alma, a Él le acepta,
salud recibirás tú.

Amén.

3. Oración

Conversión

A cambiar hoy me invita
por tu llegada, Señor,
el profeta en alta voz;
por eso, mi alma marchita,
ya de entusiasmo se agita;
¡es un nuevo corazón!
Eso es la conversión:
de espíritu, medicina.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la conversión, sincera y profunda,
se me invita en el día de hoy;
nueva criatura tuya desde hoy soy, Señor;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Evangelio y guía para lectio divina para cada día del Tiempo de Adviento


Selecciona y haz clic en el día litúrgico o en el texto bíblico que sea de tu interés en la lista siguiente:

Domingo (Ciclo A) Semana 1 - Adviento: Mateo 24,37-44
Domingo (Ciclo B) Semana 1 - Adviento: Marcos 13,33-37
Domingo (Ciclo C) Semana 1 - Adviento: Lucas 21,25-28.34-36
Lunes Semana 1 - Adviento: Mateo 8,5-11
Martes Semana 1 - Adviento: Lucas 10,21-24
Miércoles Semana 1 - Adviento: Mateo 15,29-37
Jueves Semana 1 - Adviento: Mateo 7,21.24-27
Viernes Semana 1 - Adviento: Mateo 9,27-31
Sábado Semana 1 - Adviento: Mateo 9,35-10,1.6-8

Domingo (Ciclo A) Semana 2 - Adviento: Mateo 3,1-12
Domingo (Ciclo B) Semana 2 - Adviento: Marcos 1,1-8
Domingo (Ciclo C) Semana 2 - Adviento: Lucas 3,1-6
Lunes Semana 2 - Adviento: Lucas 5,17-26
Martes Semana 2 - Adviento: Mateo 18,12-14
Miércoles Semana 2 - Adviento: Mateo 11,28-30
Jueves Semana 2 - Adviento: Mateo 11,11-15
Viernes Semana 2 - Adviento: Mateo 11,16-19
Sábado Semana 2 - Adviento: Mateo 17,10-13

Domingo (Ciclo A) Semana 3 - Adviento: Mateo 11,2-11
Domingo (Ciclo B) Semana 3 - Adviento: Juan 1,6-8.19-28
Domingo (Ciclo C) Semana 3 - Adviento: Lucas 3,10-18
Lunes Semana 3 - Adviento: Mateo 21,23-27
Martes Semana 3 - Adviento: Mateo 21,28-32
Miércoles Semana 3 - Adviento: Lucas 7,19-23
Jueves Semana 3 - Adviento: Lucas 7,24-30
Viernes Semana 3 - Adviento: Juan 5,33-36

Domingo (Ciclo A)  Semana 4 - Adviento: Mateo 1,18-24
Domingo (Ciclo B) Semana 4 - Adviento: Lucas 1,26-38
Domingo (Ciclo C) Semana 4 - Adviento: Lucas 1,39-45

Feria privilegiada de Adviento, 17 de Diciembre: Mateo 1,1-17
Feria privilegiada de Adviento, 18 de Diciembre: Mateo 1,18-24
Feria privilegiada de Adviento, 19 de Diciembre: Lucas 1,5-25
Feria privilegiada de Adviento, 20 de Diciembre: Lucas 1,26-38
Feria privilegiada de Adviento, 21 de Diciembre: Lucas 1,39-45
Feria privilegiada de Adviento, 22 de Diciembre: Lucas 1,46-56
Feria privilegiada de Adviento, 23 de Diciembre: Lucas 1,57-66
Feria privilegiada de Adviento, 24 de Diciembre: Lucas 1,67-79

Fiestas litúrgicas y Santoral
Evangelios en otros Tiempos Litúrgicos
Algo acerca del método de la Lectio Divina

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo B) de la Semana 1 de Adviento: Marcos 13,33-37


Ven Espíritu

Ven Espíritu Santo
e ilumina ahora nuestras mentes
pues de entendimiento eres fuente;
que nuestros corazones ablandados
reciban el mensaje dado
por el Evangelio a la gente,
y que lo aceptemos conscientes
de que así podremos ser salvados.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 13,33-37: En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!».

b) Contexto histórico y cultural

Los discípulos de Jesús se han admirado con la majestuosidad del Templo de Jerusalén; Jesús aprovecha la ocasión para hablarles del final del Templo, del final de Jerusalén y del final de los tiempos, exhortándoles a estar atentos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡Adviento!

¡Adviento! ¿Quién es que viene?
Aquel que ya una vez vino:
Jesús de origen divino,
justicia en sus manos tiene.

En una alerta consciente,
nada nos saque de quicio;
en preparación del juicio
el bien que sea permanente.

No es miedo a que nos condene;
es no perder al amigo
que trae salvación consigo
y a hacernos felices viene.

Amén.

3. Oración

Ansiedad

Esta ansiedad es por ti,
pero alerta, sin temor
aguardando tu amor
que ya viene hacia mí;

has prometido un festín,
Señor, y hambriento ya estoy;
ven pronto, Jesús, ven hoy,
a esta espera ponle fin.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la espera confiada en el Señor
se me invita en este día.
¡Ven pronto, ven hoy;
te esperamos, Señor!
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 24 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,67-79


Danos, Señor, la luz de tu Santo Espíritu, para orar tu Palabra en este día especial en que concluimos este tiempo de Adviento en que hemos estado esperando tu venida. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,67-79: En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

b) Contexto histórico y cultural

El pueblo de Israel tuvo que sufrir el embate de los pueblos vecinos y de las potencias mundiales dominantes durante el transcurso del tiempo. Cuando se dividió el reino en norte y sur, el acoso fue enfrentado por separado, pero el norte no pudo resistir y desapareció. La parte sur continuó como Judá, pero sólo como una región dominada por potencias, de las cuales ellos no eran más que vasallos. La crueldad de los imperios dominantes potenció el nacionalismo judío, y el cumplimiento de las profecías restauradoras del reino, con un descendiente de David a la cabeza, se convirtió en aspiración unánime. Este era el ambiente reinante en los tiempos previos al nacimiento de Jesús.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Bendito eres

Bendito eres, Señor, porque a tu gente,
desde lo alto, procuras en el suelo,
preocupado; sin ser indiferente,
envías emisarios con consuelo;
tu oráculo, en profetas y videntes,
anuncia tu llegada inminente
pues ya vino el Bautista misionero.
Es la hora, ha llegado quien precede;
ha dicho que hay que enderezar senderos
y, lámparas, encender, porque vienes
con un bautizo de Espíritu y fuego.
Por la redención, también bendito eres:
ya no regirá el ángel del infierno
porque vencerás su reino de muerte
para darnos el Reino de los cielos.

Amén.

Casi Navidad

Casi Navidad,
ya viene Jesús;
pronto llegará,
trae su virtud;
nos libertará,
de la esclavitud;
si le adorarás,
lo decides tú.

3. Oración

Que te anunciemos, Señor;
que seamos lámparas de tu luz
y que podamos llevar esa luz
a aquellos lugares en tinieblas de muerte,
proclamando allí tu llegada.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Anunciarte, Señor, es mi compromiso de hoy;
ser portador de tu luz tiene que ser mi objetivo siempre.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 23 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,57-66


Tu Santo Espíritu invocamos, Señor, en este momento, para que nos proporcione la luz espiritual necesaria que pueda ayudarnos a orar con tu Santa Palabra y a vivir su mensaje. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,57-66: Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues, ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

b) Contexto histórico y cultural

Los anteriormente estériles, Zacarías e Isabel, ven cumplidas las promesas contenidas en el anuncio que habían recibido del ángel Gabriel. Zacarías, a quien su duda le había ocasionado una temporal mudez, tiene que escribir para responder sobre el nombre de la criatura, antes de recuperar el habla. El nacimiento de Juan, quien habría de ser conocido como el Bautista, por su actividad, señala en el tiempo la inminencia de la llegada del Mesías.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¿Quién es este niño?

¿Quién es este niño?; ¿por qué ese alboroto?
Es el niño Juan, que ha anunciado Gabriel.
¿Y por qué Judea expresa ese asombro?
Del Señor, la mano, ya está con él.

Ha llegado Juan, produce un terremoto;
y está alertando: cambien el nivel,
tomen nuevo rumbo, Él ya viene pronto;
desechen el mal, empiecen a actuar bien.

Limpien el camino, llegó el Bautista;
profeta verdadero, Dios está en él;
arrepentimiento es a lo que invita,

y a abrir el corazón; ¡viene el Emmanuel!
Ha llegado Juan, Jesús ya está a la vista;
se cumplen promesas, Dios es siempre fiel.

Amén.

3. Oración

Que yo pueda anunciarte, Señor;
que ayude a tantos que no te conocen, a conocer tu Palabra;
y que a los que ya saben de ti, pero están en caminos desviados,
pueda yo advertirles, como hizo Juan, que estás por llegar,
para que ellos puedan enderezar sus caminos.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Anunciar tu luz es mi compromiso hoy, Señor;
alegrar a todos diciéndoles que viniste una vez a salvarnos,
que sigues viniendo cada día en tu Palabra, en los Sacramentos y en los hermanos,
y que algún día habrás de venir a nuestro encuentro definitivo, es mi meta de siempre, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 22 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,46-56


La luz de tu Santo Espíritu, danos en este momento, Señor, para leer orando tu Santa Palabra; y que podamos asumir como enseñanzas para ser vividas lo que ahora leeremos. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,46-56: En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

b) Contexto histórico y cultural

María se encuentra una ciudad de la región montañosa de la región de Judá, donde ha ido a visitar a su pariente Isabel, al enterarse del embarazo milagroso de ésta a pesar de su ancianidad. Ambas mujeres han experimentado una fiesta del Espíritu al encontrarse juntas llevando en sus respectivos vientres al Señor Jesús y a Juan el Bautista que con una diferencia de seis meses están en vía de nacer. Es entonces que tras ser llamada "bendita" por  haber sido escogida por Dios para ser la Madre del Señor, María responde con este hermoso himno alabando la grandeza de Dios que humilla a los poderosos y exalta a los humildes.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Magnificat

Porque, en ti, Dios se ha fijado,
bienaventurada eres, María;
tu sencillez al Señor le ha gustado,
y esa dicha se convierte en alegría.
Tu alabanza al Señor le fue de agrado;
por eso, tú, maravillas verías,
ya que tu humildad Él ha mirado
y decidió que de su Hijo, Madre serías.

Donde muchos buscan posiciones,
del Señor, tú te dices la esclava;
y es aquella con espíritu de pobre
en quien Dios su bondad derrama.
Muy diferente a la de los hombres,
la justicia del Señor es bien clara:
los humildes están en la cumbre
y a los soberbios Dios los baja.

3. Oración

Humildad te pido, Señor.
Que no busque subir,
para alejarme de otros;
ni para disfrutar la altura
ignorando a los de abajo;
más bien, hazme bajar,
para subir contigo.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Procurar la humildad es mi compromiso hoy.
La sencillez y la humildad de corazón
tiene que ser mi meta siempre.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 21 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,39-45


Bendecimos y alabamos tu presencia en tu Palabra, Señor; pedimos tu Santo Espíritu para que nos conduzca a orar el texto de hoy, y a vivir su mensaje. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,39-45: En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

b) Contexto histórico y cultural

Como sacerdote, Zacarias vivía en la región de Judá junto a Isabel, su esposa. Ambos eran de avanzada edad, y no habían procreado hijos. Por obra de Dios, Isabel se encontraba con seis meses de embarazo, esperando el nacimiento de quien habría de ser llamado Juan, y conocido como el Bautista, el precursor del salvador del mundo. En el anuncio del ángel Gabriel a María, este embarazo llegó al conocimiento de la virgen, que presurosa se dispone a visitar a su anciana, y anteriormente estéril, pariente.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡Arde del Espíritu Santo!

La noticia de Isabel:
¡su vientre, fértil fue ya!,
a María, añadió Gabriel;
motivo de visitar;

con la dulzura de miel,
su condición maternal,
alegres a igual nivel,
comparten: ¡gozo total!

Con el Señor y el profeta
en los vientres, ya hay saltos;
de lo que es dicha, no hay dieta:
¡arde el Espíritu Santo!

3. Oración

Dame, Señor, el deseo de servir, de ayudar,
de disfrutar el gozo de los otros,
y su victoria disfrutar.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Ser solidario es mi compromiso de hoy.
Alegrarme en el éxito de los demás
y ayudarles cuando me necesiten,
aunque no me lo hayan pedido.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 20 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,26-38


Que tu Espíritu Santo
nos rebose, Señor,
para que tu santa Palabra
la podamos orar,
y su gran enseñanza
la vivamos al convertirnos a ti.
Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,26-38: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

b) Contexto histórico y cultural

Estando en la fase de noviazgo comprometido en su matrimonio con José, María es anunciada por el ángel acerca de su elección como la vía terrena para la encarnación del Hijo de Dios, como cumplimiento de las profecías previamente anunciadas al pueblo de Dios. Ante una idea tan extraña María se muestra sorprendida a causa de la virginidad propia de la etapa matrimonial en que se encontraba; es por ello que el ángel le expone otro acontecimiento extraño a los ojos del mundo: el del embarazo de su pariente Isabel, como muestra de que para Dios todo es posible.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Ave, María

Ave, María, oye la noticia:
la gracia que te llena sale ahora,
de las mujeres eres bendecida
y dichosa; de ti, el Señor aflora.
Desde antes de nacer, fuiste escogida
como madre, del vientre la dadora;
del niño Dios, la ruta de venida,
y ya pura eres como engendradora.

¡Se le espera!, ya acaba ese letargo,
y es la hora de tu misión cumplir;
aunque turbada estás por ese encargo
esta es tu ocasión para decidir
con libertad, ningún convenio amargo,
aunque el universo ansiaba ese sí;
y hoy la respuesta todos disfrutamos:
"soy, del Señor, la esclava, hágase en mí".

3. Oración

Dame, Señor, la disponibilidad,
para trabajar por tu Reino.
Que pueda estar dispuesto
diciendo si a tu llamado,
con un "hágase" de aceptación.

Dios te salve María
llena eres de gracia
el Señor es contigo;
bendita tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora
de nuestra muerte.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Estar dispuesto al servicio es mi compromiso hoy.
Que como María, asuma responsabilidades,
y que como ella, pueda ser ejemplo de humildad.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 19 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,5-25


Pedimos el auxilio de tu Espíritu Santo, Señor para leer orando tu santa Palabra en este día; que la sabiduría divina nos guíe al leerla, y, entendiéndola, nos animemos a vivirla. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,5-25: Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso. Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios, e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad». El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva. Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo».

El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo. Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres».

b) Contexto histórico y cultural

Zacarías era el esposo de Isabel, la pariente de María que habría de ser la madre del precursor del Mesías, Juan el Bautista. Como miembro de la tribu de Leví, tenía función sacerdotal en el templo de Jerusalén en cierto período del año, de acuerdo a la rotación que se establecía para esos fines, ya que los levitas no eran pocos. Es precisamente en esa ocasión que acontece el anuncio por parte del ángel Gabriel y la reacción de Zacarías que se narr en el texto de hoy.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Plegaria

Quiero, a Dios, en una plegaria
pedir auxilio en mi oración;
para que no sea rutinaria
y a su Palabra: atención;
que distinga cuando Dios habla
y le entienda sin confusión;
también una fe no precaria,
sin duda ni vacilación.
Clamo a Dios esta necesaria
petición de ayuda y perdón:

Porque tu espera he descuidado,
Señor, pido ayuda y perdón;
porque a veces no te he escuchado,
te pido oídos y perdón;
si tu voz no he identificado,
Señor, dame auxilio y perdón;
por tu mensaje no captado,
pido entendimiento y perdón;
por cuantas veces he dudado,
dame fe y mucho perdón.

Amén.

3. Oración

¡Alerta que es Adviento!

En vela y oración
sin que la demora engañe;
no es que el Señor se tarde,
oportunidad es de corrección.

Él, a salvar, ha de venir;
esperemos siempre atentos
sin dejar de advertir:
¡alerta que es Adviento!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Estar atento al Señor que me quiere hablar, es mi compromiso hoy.
Que hasta en el susurro del viento y en las acciones cotidianas pueda oír la voz de Dios,
y que me alegre al escucharla.
Amén.