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Bendiciones


A continuación les dejo, para descargar y tener en su computador, tablet o teléfono celular, las principales bendiciones rituales tomadas del Bendicional Católico, para personas, cosas o actividades; aunque son tres archivos, todos tienen similar contenido pero en diferentes formatos digitales; en cada caso, el archivo posee un índice de la bendiciones para facilitar la búsqueda.

Haciendo clic en cualquiera de las opciones se abre la ventana de descarga. Espero que les sea de utilidad.


La bendición

(De "Los Signos Sagrados" por Romano Guardini)

Sólo puede bendecir quien tiene poder. Sólo puede bendecir quien puede crear. Sólo puede bendecir Dios.

Bendiciendo, vuelve Dios su faz a la criatura y la llama por su propio nombre. Escoge por blanco de su amor omnipotente el corazón, la entraña de la criatura, y de sus liberales manos la abastece de virtudes que dan fecundidad, crecimiento, salud y remedio: «Yo volveré hacia vosotros mi rostro; yo os haré fecundos y os multiplicaré.» (Lev. 26,9)

El bendecir compete a sólo Dios, porque lleva implícito el derecho de disponer de los seres vivientes. El bendecir es acto de autoridad del Señor de la creación; es beneplácito y promesa del Señor de la Providencia. Bendición es destino feliz.

Al decir Nietzsche: «De suplicantes hemos de hacernos bendicientes», se alzó en rebeldía, puesto que no ignoraba el alcance de tales palabras. Sólo Dios puede bendecir, por ser dueño único de la vida. Mas nosotros por naturaleza somos suplicantes.

Lo contrario de bendecir es maldecir, que significa sentencia de muerte, sello de condenación. También la maldición va dirigida al rostro, al corazón de la criatura maldita. Es una orden del Señor, que seca las fuentes de la vida.

Dios comunica el poder de bendecir y maldecir a cuantos intervienen en suscitar la vida: a los padres —de quienes dice el Eclesiástico: «La bendición del padre levanta las casas de los hijos» (3,11) y a los sacerdotes. A ellos toca engendrar la vida natural y la de la gracia. A ese fin han sido designados por la naturaleza y el ministerio.

Y también podrá uno pretender el derecho de bendecir haciéndose de ello digno por su pureza, no buscándose a sí mismo, antes bien tratando de emplearse todo en el servicio del Dios viviente.

Pero siempre el poder de bendecir proviene de Dios; y queda sin efecto cuando uno presume tenerlo por derecho propio. Somos por naturaleza suplicantes; bendicientes somos por gracia, como también sólo por gracia tenemos poder para mandar eficazmente.

Y como el poder de bendecir, de igual suerte el de maldecir: «La maldición de la madre arruina los cimientos» de las casas de los hijos, la vida y la salud (Eclesiástico 3,11).

Lo representado en el orden corpóreo al bendecir, tiene su cumplimiento en el sobrenatural de la gracia; pues lo que obra y realmente fluye en la verdadera bendición, en la esencial figurada en la visible, es la vida propia divina. Dios bendice consigo mismo; se da a sí mismo en la bendición, la cual engendra vida divina en nosotros, haciéndonos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Ped 1,4). 

Mas, siendo gracia, don puramente gratuito otorgado en Cristo, la bendición en que se nos da Dios habrá de ser con el signo de la Cruz.

El poder de bendecir lo comunica Dios a cuantos en la tierra hacen sus veces: por el misterio del Matrimonio cristiano, al padre y a la madre; por el del Presbiterado, al sacerdote; por el del Bautismo y del real sacerdocio de la Confirmación, a los que «aman a Dios de todo corazón, y con toda el alma, y con todas sus fuerzas, y con toda su mente, y al prójimo como a sí mismos» (Mt. 22,34 ss.; Mc 12,28 ss.; Lc 10,27). A todos éstos concede el Señor poder de bendecir con su propia vida divina; a cada uno en distinto grado, según lo requiera el ministerio que se le confía.

La llamada a representar la bendición es la mano, por medio de algún ademán conveniente. En la Confirmacion y Ordenación sacerdotal se impone sobre la cabeza, para que por ella se difunda en el alma cuanto viene de lo alto y nace del divino Espíritu. Con ella traza el obispo la señal de la Cruz en la frente y sobre la persona, para que allí se derramen en abundancia los tesoros divinos. Porque la mano es la dispensadora; ella crea, forma y da.

Pero la bendición por excelencia es aquella del Santísimo, con el Cuerpo de Jesucristo sacramentado. Mas es preciso hacerla con sumo respecto, observando la disciplina que requiere el misterio.

Bendición de las estatuillas del Niño Jesús a colocarse en el belén

Oración del Papa Benedicto XVI del 14 de diciembre del 2008, y que podemos utilizar en nuestros hogares para la misma finalidad
Dios, Padre nuestro, 
tú has amado tanto a los hombres 
que nos has mandado a tu Hijo único Jesús, 
nacido de la Virgen María, 
para salvarnos y guiarnos de nuevo a ti.

Te pedimos que, con tu bendición, 
estas imágenes de Jesús, 
que está a punto de venir a nosotros, 
sean en nuestros hogares 
signo de tu presencia y de tu amor.

Padre bueno, 
bendícenos también a nosotros, 
a nuestros padres, 
a nuestras familias y a nuestros amigos.

Abre nuestro corazón, 
para que recibamos a Jesús con alegría, 
para que hagamos siempre lo que él nos pide 
y lo veamos en todos 
los que necesitan nuestro amor.

Te lo pedimos en nombre de Jesús, 
tu Hijo amado, 
que viene para dar al mundo la paz.

Él vive y reina por los siglos de los siglos. 
Amén.

Los sacramentales

(Del Catecismo de la Iglesia Católica)

La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida".

Características de los sacramentales

Han sido instituidos por la Iglesia en orden a la santificación de ciertos ministerios eclesiales, de ciertos estados de vida, de circunstancias muy variadas de la vida cristiana, así como del uso de cosas útiles al hombre. Según las decisiones pastorales de los obispos, pueden también responder a las necesidades, a la cultura, y a la historia propias del pueblo cristiano de una región o de una época. Comprenden siempre una oración, con frecuencia acompañada de un signo determinado, como la imposición de la mano, la señal de la cruz, la aspersión con agua bendita (que recuerda el Bautismo).

Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una "bendición" y a bendecir. Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones; la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.

Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con a ella. "La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los acontecimientos de la vida sean santificados por la gracia divina que emana del misterio Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y a la alabanza de Dios" (Sacrosantum Concilium 61).

Diversas formas de sacramentales

Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef 1,3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.

Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrar personas a Dios y reservar para el uso litúrgico objetos y lugares. Entre las que están destinadas a personas —que no se han de confundir con la ordenación sacramental— figuran la bendición del abad o de la abadesa de un monasterio, la consagración de vírgenes y de viudas, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones para ciertos ministerios de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.). Como ejemplo de las que se refieren a objetos, se puede señalar la dedicación o bendición de una iglesia o de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos y ornamentos sagrados, de las campanas, etc.

Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse , antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad.

Bendición del Belén o Nacimiento Navideño del hogar

(Del Ritual de Bendiciones)

Es laudable la costumbre de instalar en las casas y en las iglesias un "belén" o "nacimiento", que recuerda y ayuda a vivir el misterio de la Navidad.

Para dar más sentido religioso o para significar su inauguración puede hacerse un rito de bendición, que signifique el comienzo de las solemnes fiestas navideñas. Este rito es introductorio de los misterios que se celebran en la liturgia.

La bendición puede hacerse al comienzo de las fiestas de Navidad en la tarde o la noche del 24 de diciembre, o si se desea, el mismo día de Navidad.

RITO DE LA BENDICIÓN:

Reunida toda la familia, el padre o la madre de la misma dice:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

El que dirige la celebración puede decir:

Alabemos y demos gracias al Señor que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

Luego el que dirige la celebración dispone a los presentes para la bendición con estas palabras u otras semejantes:

Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

Uno de los miembros de la familia lee un texto de la Sagrada Escritura.

Lc 2,4-7a: María dio a luz a su hijo primogénito

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Lucas.

En aquellos días, José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.

Palabra del Señor.

Después de la lectura, según las circunstancias, puede cantarse un canto adecuado.

PRECES

Sigue la plegaria común:

En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle: Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.

Oh Cristo, por el misterio de tu sumisión a María y a José enséñanos el respeto y la obediencia a quienes dirigen esta familia.

Tú que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza a nuestra familia en el amor y la concordia.

Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, haz que en nuestra familia Dios sea honrado.

Tú que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite a nuestros familiares, que en otros años celebraban las fiestas de Navidad con nosotros, en tu familia eterna.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Luego el ministro, con las manos juntas, dice:

Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir + este nacimiento y a la comunidad cristiana que está aquí presente, para que las imágenes de este Belén ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños.

Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Bendición del Árbol de Navidad

(Tomado del Ritual de Bendiciones)

La costumbre de colocar en los hogares cristianos un arbol adornado, durante las fiestas de Navidad, es recomendable, ya que este arbol puede recordar a los fieles que Cristo, nacido por nosotros en Belén, es el verdadero Árbol de la vida, Árbol del que fue separado el hombre a causa del pecado de Adán.

Conviene, pues, invitar a los fieles a que vean en este árbol, lleno de luz, a Cristo, luz del mundo, que con su nacimiento nos conduce a Dios que habita en una luz inaccesible.

La bendición de este árbol la hará, ordinariamente, el padre o la madre al iniciarse las fiestas de Navidad y en ella conviene que participen todos los miembros de la familia.

RITO DE LA BENDICIÓN

El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

Uno de los presentes, lee el siguiente texto de la Sagrada Escritura:

Isaías 60,13: "Vendrá a ti, Jerusalén, el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y el pino, para adornar el lugar de mi santuario y ennoblecer mi estado".

Palabra de Dios.

Todos responden:

Te alabamos Señor.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Luego el padre o la madre de familia, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.

Bendito seas, Señor y Padre nuestro,
que nos concedes recordar con fe
en estos días de Navidad
los misterios del nacimiento del Señor Jesús.

Concédenos, a quienes hemos adornado este árbol
y lo hemos embellecido con luces,
vivir también a la luz
de los ejemplos de la vida santa de tu Hijo
y ser enriquecidos con las virtudes
que resplandecen en su santa infancia

Gloria a él por los siglos.

Amen.

Bendición de la Corona de Adviento en el hogar

(Tomado del Ritual de Bendiciones)

La corona de Adviento o Corona de luces de Adviento es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

RITO DE BENDICIÓN EN LA FAMILIA

Reunida la familia, se procede a la bendición con las siguiente oración pronunciada por el padre o la madre:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/ Que hizo el cielo y la tierra.

ORACIÓN DE BENDICIÓN:

Oremos:

La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplen­dorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.

Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades.

Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/ Amén.

ENCENDIDO DE CADA CIRIO

En el hogar se pueden dedicar unos minutos de cada Domingo para el encendido de los cirios ya iniciados así como el del correspondiente Domingo. Se puede hacer breve oración comunitaria y acompañarla con un canto apropiado. Los cirios se dejan encendidos sólo por un tiempo prudente.