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Lectura orante del Evangelio del 22 de Diciembre - Adviento: Lucas 1,46-56


La luz de tu Santo Espíritu, danos en este momento, Señor, para leer orando tu Santa Palabra; y que podamos asumir como enseñanzas para ser vividas lo que ahora leeremos. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,46-56: En aquel tiempo, dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos».

b) Contexto histórico y cultural

María se encuentra una ciudad de la región montañosa de la región de Judá, donde ha ido a visitar a su pariente Isabel, al enterarse del embarazo milagroso de ésta a pesar de su ancianidad. Ambas mujeres han experimentado una fiesta del Espíritu al encontrarse juntas llevando en sus respectivos vientres al Señor Jesús y a Juan el Bautista que con una diferencia de seis meses están en vía de nacer. Es entonces que tras ser llamada "bendita" por  haber sido escogida por Dios para ser la Madre del Señor, María responde con este hermoso himno alabando la grandeza de Dios que humilla a los poderosos y exalta a los humildes.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Magnificat

Porque, en ti, Dios se ha fijado,
bienaventurada eres, María;
tu sencillez al Señor le ha gustado,
y esa dicha se convierte en alegría.
Tu alabanza al Señor le fue de agrado;
por eso, tú, maravillas verías,
ya que tu humildad Él ha mirado
y decidió que de su Hijo, Madre serías.

Donde muchos buscan posiciones,
del Señor, tú te dices la esclava;
y es aquella con espíritu de pobre
en quien Dios su bondad derrama.
Muy diferente a la de los hombres,
la justicia del Señor es bien clara:
los humildes están en la cumbre
y a los soberbios Dios los baja.

3. Oración

Humildad te pido, Señor.
Que no busque subir,
para alejarme de otros;
ni para disfrutar la altura
ignorando a los de abajo;
más bien, hazme bajar,
para subir contigo.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Procurar la humildad es mi compromiso hoy.
La sencillez y la humildad de corazón
tiene que ser mi meta siempre.
Amén.