Si buscáis que Dios os acepte en vuestros últimos momentos, recordad que solo vuestro amor puede conseguir su amor y borrar el pecado. En la hora final de la vida, hermanos míos, podría resultaros difícil, por algún motivo, recibir los últimos sacramentos. La muerte puede llegaros repentina, o el sacerdote hallarse quizás a mucha distancia. Os encontrareis como dejados a vosotros mismos, apoyados solo en vuestra compunción interior, vuestro propio arrepentimiento y vuestros propósitos de enmienda. Habéis permanecido tal vez semanas y semanas, alejados de toda asistencia espiritual, y debéis ir a Dios sin la salvaguarda, la garantía, la mediación de ningún rito sagrado. En semejante situación solo os salvará el ejercicio del amor divino «derramado en los corazones por el Espíritu Santo que se os ha dado».
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Para borrar el pecado
(Texto de John Henry Newman)
Si buscáis que Dios os acepte en vuestros últimos momentos, recordad que solo vuestro amor puede conseguir su amor y borrar el pecado. En la hora final de la vida, hermanos míos, podría resultaros difícil, por algún motivo, recibir los últimos sacramentos. La muerte puede llegaros repentina, o el sacerdote hallarse quizás a mucha distancia. Os encontrareis como dejados a vosotros mismos, apoyados solo en vuestra compunción interior, vuestro propio arrepentimiento y vuestros propósitos de enmienda. Habéis permanecido tal vez semanas y semanas, alejados de toda asistencia espiritual, y debéis ir a Dios sin la salvaguarda, la garantía, la mediación de ningún rito sagrado. En semejante situación solo os salvará el ejercicio del amor divino «derramado en los corazones por el Espíritu Santo que se os ha dado».
Si buscáis que Dios os acepte en vuestros últimos momentos, recordad que solo vuestro amor puede conseguir su amor y borrar el pecado. En la hora final de la vida, hermanos míos, podría resultaros difícil, por algún motivo, recibir los últimos sacramentos. La muerte puede llegaros repentina, o el sacerdote hallarse quizás a mucha distancia. Os encontrareis como dejados a vosotros mismos, apoyados solo en vuestra compunción interior, vuestro propio arrepentimiento y vuestros propósitos de enmienda. Habéis permanecido tal vez semanas y semanas, alejados de toda asistencia espiritual, y debéis ir a Dios sin la salvaguarda, la garantía, la mediación de ningún rito sagrado. En semejante situación solo os salvará el ejercicio del amor divino «derramado en los corazones por el Espíritu Santo que se os ha dado».La plenitud del amor
(Texto de San Agustín, obispo)
El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos, amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros.
Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: Sentado a la mesa de un señor, mira bien qué te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante . Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar bien lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Como dice el apóstol Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires, llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante.
Por esto, al reunirnos junto a la mesa del Señor, no los recordamos del mismo modo que a los demás que descansan en paz, para rogar por ellos, sino más bien para que ellos rueguen por nosotros, a fin de que sigamos su ejemplo, ya que ellos pusieron en práctica aquel amor del que dice el Señor que no hay otro más grande. Ellos mostraron a sus hermanos la manera como hay que preparar algo semejante a lo que también ellos habían tomado de la mesa del Señor.
Lo que hemos dicho no hay que entenderlo como si nosotros pudiéramos igualarnos al Señor, aun en el caso de que lleguemos por él hasta el testimonio de nuestra sangre. El era libre para dar su vida y libre para volverla a tomar, nosotros no vivimos todo el tiempo que queremos y morimos aunque no queramos; él, en el momento de morir, mató en sí mismo a la muerte, nosotros somos librados de la muerte por su muerte; su carne no experimentó la corrupción, la nuestra ha de pasar por la corrupción, hasta que al final de este mundo seamos revestidos por él de la incorruptibilidad; él no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida.
Finalmente, aunque los hermanos mueran por sus hermanos, ningún mártir derrama su sangre para el perdón de los pecados de sus hermanos, como hizo él por nosotros, ya que en esto no nos dio un ejemplo que imitar, sino un motivo para congratularnos. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros.
El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos, amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros.
Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: Sentado a la mesa de un señor, mira bien qué te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante . Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar bien lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Como dice el apóstol Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires, llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante.
Por esto, al reunirnos junto a la mesa del Señor, no los recordamos del mismo modo que a los demás que descansan en paz, para rogar por ellos, sino más bien para que ellos rueguen por nosotros, a fin de que sigamos su ejemplo, ya que ellos pusieron en práctica aquel amor del que dice el Señor que no hay otro más grande. Ellos mostraron a sus hermanos la manera como hay que preparar algo semejante a lo que también ellos habían tomado de la mesa del Señor.
Lo que hemos dicho no hay que entenderlo como si nosotros pudiéramos igualarnos al Señor, aun en el caso de que lleguemos por él hasta el testimonio de nuestra sangre. El era libre para dar su vida y libre para volverla a tomar, nosotros no vivimos todo el tiempo que queremos y morimos aunque no queramos; él, en el momento de morir, mató en sí mismo a la muerte, nosotros somos librados de la muerte por su muerte; su carne no experimentó la corrupción, la nuestra ha de pasar por la corrupción, hasta que al final de este mundo seamos revestidos por él de la incorruptibilidad; él no necesitó de nosotros para salvarnos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida.
Finalmente, aunque los hermanos mueran por sus hermanos, ningún mártir derrama su sangre para el perdón de los pecados de sus hermanos, como hizo él por nosotros, ya que en esto no nos dio un ejemplo que imitar, sino un motivo para congratularnos. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros.
La expiación de los pecados propios y ajenos
(De "El dialogo", por santa Catalina de Siena)
No el sacrificio, sino el amor que le acompaña, es lo que satisface por los pecados propios o ajenos
Entonces Dios, la Verdad Eterna, le dijo a esta alma:
«Debes saber, hija mía, que todas las penas que sufre el alma en esta vida no son suficientes para expiar la más mínima culpa, ya que la ofensa hecha a mí, que soy Bien infinito, requiere satisfacción infinita. Mas si la verdadera contrición y el horror del pecado tienen valor reparador y expiatorio, lo hacen, no por la intensidad del sufrimiento (que siempre será limitado), sino por el deseo infinito con que se padece, puesto que Dios, que es infinito, quiere infinitos el amor y el dolor; dolor del alma por la ofensa cometida contra su Creador y contra su prójimo.
[La satisfacción infinita por lo infinito del amor y del dolor se verifica plenamente en Jesucristo por la unión de la naturaleza humana con la divina. La santa habla del deseo infinito, refiriéndose a la persona que está unida a Jesucristo por la gracia, cuando por lo ilimitado de sus aspiraciones, quiere reparar a la infinita dignidad y santidad de Dios ofendida por el pecado de los hombres.]
Los que tienen este deseo infinito y están unidos a mí por el amor, se duelen cuando me ofenden o ven que otros me ofenden. Por esto, toda pena sufrida por estos, tanto espiritual como corporal, satisface por la culpa, que merecía pena infinita.
Todo deseo, al igual que toda virtud, no tiene valor en sí sino por Cristo crucificado, mi unigénito Hijo, en cuanto el alma saca de Él el amor y sigue sus huellas; sólo por esto vale, no por otra cosa.
De este modo, los sufrimientos y la penitencia tienen valor reparador por el amor que se adquiere por el conocimiento de mi bondad y por la amarga contrición del corazón. Este conocimiento engendra el odio y disgusto del pecado y de la propia sensualidad [pues ve en ella la raíz de su pecado] y hace que el alma se considere indigna y merecedora de cualquier pena. Así puedes ver cómo los que han llegado a esta contrición del corazón y verdadera humildad, se consideran merecedores de castigo, indignos de todo premio y lo sufren todo con paciencia.
Tú me pides sufrimientos para satisfacer por las ofensas que me hacen mis criaturas y pides llegar a conocerme y amarme a mí. Este es el camino: que jamás te salgas del conocimiento de tu miseria; y una vez hundida en el valle de la humildad, me conozcas a mí en ti. De este conocimiento sacarás todo lo que necesitas.
Ninguna virtud puede tener vida en sí sino por la caridad y la humildad. No puede haber caridad si no hay humildad. Del conocimiento de ti misma nace tu humildad, cuando descubres que no te debes la existencia a ti misma, sino que tu ser proviene de mí, que os he querido antes que existieseis. Además, os creé de nuevo con amor inefable cuando os saqué del pecado a la vida de la gracia, cuando os lavé y os engendré en la sangre de mi unigénito Hijo, derramada con tanto fuego de amor.
Por esta sangre llegáis a conocer la verdad, cuando la nube del amor propio no ciega vuestros ojos y llegáis a conoceros a vosotros mismos.
[La gran Verdad, que supera toda ciencia, del Dios amor para con el hombre se nos revela en la Sangre. «En Cristo Crucificado, y principalmente en su sangre, conoce —el alma— el abismo de la inestimable caridad de Dios» (Carta 40)]
Al crecer el amor, el alma se siente segura
(De los sermones de san Agustín, obispo)
No ignoramos que los corazones de vuestra caridad se nutren abundantemente cada día con las exhortaciones de las divinas Escrituras y con el alimento de la Palabra de Dios. Sin embargo, movidos por aquel deseo de caridad mutua en que arden nuestros corazones, debemos decir algo a vuestra caridad. Y ¿de qué hablaros, sino de la misma caridad?
La caridad es de esos temas de los que si uno quiere hablar no necesita elegir un determinado texto que le dé pie para tratar de él, ya que no hay página que no hable del amor. Testigo de ello es el Señor, como nos lo confirma el evangelio. Pues que habiéndole preguntado un letrado cuál es el mandamiento principal de la ley, respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser; y amarás al prójimo como a ti mismo. Y para que no sigas buscando en las páginas santas, añadió inmediatamente: Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas. Y si estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas, ¿cuánto más el evangelio?
En efecto, la caridad renueva al hombre; pues lo mismo que la codicia envejece al hombre, así la caridad lo rejuvenece. Por eso, gimiendo dice el salmista zarandeado por la codicia: Mis ojos envejecen por tantas contradicciones. Que la caridad pertenezca al hombre nuevo, lo indica el Señor cuando dice: Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros. Luego si el amor sostiene la ley y los profetas —y la ley y los profetas parecen condensar el antiguo Testamento—, ¿cómo no va a pertenecer al exclusivo dominio del amor el evangelio —que es clarísimamente denominado nuevo Testamento—, máxime cuando el Señor condensó su mandamiento en el solo «amaos unos a otros» Más aún: calificó de nuevo su mandamiento, vino para renovarnos, nos hizo hombres nuevos y nos prometió una nueva heredad: y ésta, eterna.
Pero ya entonces hubo hombres enamorados de Dios, que le amaron desinteresadamente y purificaron sus corazones con el casto deseo de verlo; hombres que, alzando el velo de las antiguas promesas, llegaron a intuir el futuro nuevo Testamento, y comprendieron que todo lo que en el antiguo Testamento fue mandado o prometido según la vieja condición, era figura del nuevo Testamento, figuras que, en los últimos tiempos, el Señor habría de llevar a su pleno cumplimiento. Lo dice taxativamente el Apóstol con estas palabras: Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Ocultamente, pues, se preanunciaba el nuevo Testamento y se preanunciaba en aquellas antiguas figuras.
Pero llegado el tiempo del nuevo Testamento, comenzó a ser abiertamente predicado el nuevo Testamento y a comentarse y explicarse aquellas figuras, demostrando cómo había de entenderse el nuevo Testamento, donde estaba prometido el antiguo. Moisés era, desde luego, predicador del antiguo Testamento; pero aun siendo predicador del antiguo, era intérprete del nuevo: al pueblo carnal le anunciaba el antiguo; él, que era espiritual, intuía el nuevo. En cambio, los apóstoles eran predicadores y ministros del nuevo Testamento, pero no en el sentido de que entonces no existiera, lo que más tarde habían de manifestar los apóstoles.
Luego, la caridad está presente tanto en uno como en otro Testamento: en el antiguo, la caridad está más velada y más evidente el temor; en el nuevo la caridad es más evidente, y menos el temor. Pues cuanto más crece la caridad, tanto más disminuye el temor. Porque al crecer la caridad, el alma se siente segura; y donde la seguridad es absoluta, desaparece el temor, como dice asimismo el apóstol Juan: El amor perfecto expulsa el temor.
No ignoramos que los corazones de vuestra caridad se nutren abundantemente cada día con las exhortaciones de las divinas Escrituras y con el alimento de la Palabra de Dios. Sin embargo, movidos por aquel deseo de caridad mutua en que arden nuestros corazones, debemos decir algo a vuestra caridad. Y ¿de qué hablaros, sino de la misma caridad?
La caridad es de esos temas de los que si uno quiere hablar no necesita elegir un determinado texto que le dé pie para tratar de él, ya que no hay página que no hable del amor. Testigo de ello es el Señor, como nos lo confirma el evangelio. Pues que habiéndole preguntado un letrado cuál es el mandamiento principal de la ley, respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser; y amarás al prójimo como a ti mismo. Y para que no sigas buscando en las páginas santas, añadió inmediatamente: Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas. Y si estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas, ¿cuánto más el evangelio?
En efecto, la caridad renueva al hombre; pues lo mismo que la codicia envejece al hombre, así la caridad lo rejuvenece. Por eso, gimiendo dice el salmista zarandeado por la codicia: Mis ojos envejecen por tantas contradicciones. Que la caridad pertenezca al hombre nuevo, lo indica el Señor cuando dice: Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros. Luego si el amor sostiene la ley y los profetas —y la ley y los profetas parecen condensar el antiguo Testamento—, ¿cómo no va a pertenecer al exclusivo dominio del amor el evangelio —que es clarísimamente denominado nuevo Testamento—, máxime cuando el Señor condensó su mandamiento en el solo «amaos unos a otros» Más aún: calificó de nuevo su mandamiento, vino para renovarnos, nos hizo hombres nuevos y nos prometió una nueva heredad: y ésta, eterna.
Pero ya entonces hubo hombres enamorados de Dios, que le amaron desinteresadamente y purificaron sus corazones con el casto deseo de verlo; hombres que, alzando el velo de las antiguas promesas, llegaron a intuir el futuro nuevo Testamento, y comprendieron que todo lo que en el antiguo Testamento fue mandado o prometido según la vieja condición, era figura del nuevo Testamento, figuras que, en los últimos tiempos, el Señor habría de llevar a su pleno cumplimiento. Lo dice taxativamente el Apóstol con estas palabras: Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Ocultamente, pues, se preanunciaba el nuevo Testamento y se preanunciaba en aquellas antiguas figuras.
Pero llegado el tiempo del nuevo Testamento, comenzó a ser abiertamente predicado el nuevo Testamento y a comentarse y explicarse aquellas figuras, demostrando cómo había de entenderse el nuevo Testamento, donde estaba prometido el antiguo. Moisés era, desde luego, predicador del antiguo Testamento; pero aun siendo predicador del antiguo, era intérprete del nuevo: al pueblo carnal le anunciaba el antiguo; él, que era espiritual, intuía el nuevo. En cambio, los apóstoles eran predicadores y ministros del nuevo Testamento, pero no en el sentido de que entonces no existiera, lo que más tarde habían de manifestar los apóstoles.
Luego, la caridad está presente tanto en uno como en otro Testamento: en el antiguo, la caridad está más velada y más evidente el temor; en el nuevo la caridad es más evidente, y menos el temor. Pues cuanto más crece la caridad, tanto más disminuye el temor. Porque al crecer la caridad, el alma se siente segura; y donde la seguridad es absoluta, desaparece el temor, como dice asimismo el apóstol Juan: El amor perfecto expulsa el temor.
¡Cuánto me amas, Señor!
(Juan 15,9: Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor)
¡Cuánto me amas, Señor!; ¡oh, Jesucristo!;
inmenso es tu cariño, bien cuantioso,
conmigo, detallista y cuidadoso,
que ya sin ese amor, Señor, no existo.
Ay de mi, si me alejo de ese amor;
pues finalizaría este gozo,
del que eres un inagotable pozo;
del amor de Dios, Tú, el proveedor.
Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo B) de la Semana 6 de Pascua: Juan 15,9-17
Ven, Espíritu, en unción,
al escuchar mi clamor;
inúndame con tu amor
inspirando mi oración:
¡que salga del corazón!,
y que para hacerlo se abra
por la acción de la Palabra
de Dios que es penetrante;
ese instrumento cortante
que puede hacerme una labra.
Amén.
1. Lectura
a) Texto del día
Juan 15,9-17: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».
Juan 15,9-17: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».
b) Contexto histórico y cultural
En la conversación de despedida del Señor con sus discípulos, no podía faltar el amor como tema básico. Habiendo manifestado amor en todo el tiempo de la formación que ha dado al grupo, ahora lo deja establecido como un mandamiento, no sólo como la regla de convivencia entre ellos, sino para todas las generaciones de todos los tiempos.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
El Amor pide que amemos
El Amor pide que amemos,
en un mandamiento nuevo;
igual que como Él nos ama,
amarnos también, nos manda.
No nos considera siervos,
sino amigos del Maestro;
es una amistad que hermana
a toda la raza humana.
Amar siempre, todo el tiempo,
aunque haya contratiempo,
de Jesús, es la enseñanza
que, cumpliéndola, nos salva.
Amén.
El Amor pide que amemos,
en un mandamiento nuevo;
igual que como Él nos ama,
amarnos también, nos manda.
No nos considera siervos,
sino amigos del Maestro;
es una amistad que hermana
a toda la raza humana.
Amar siempre, todo el tiempo,
aunque haya contratiempo,
de Jesús, es la enseñanza
que, cumpliéndola, nos salva.
Amén.
3. Oración
Gracias, Señor,
por llamarme "amigo";
gracias por tu cercanía;
gracias por tu amor;
que ese amor que me has dado
lo pueda yo expresar a todos
amando siempre,
y, como Tú,
ser de ellos amigos.
Amén.
por llamarme "amigo";
gracias por tu cercanía;
gracias por tu amor;
que ese amor que me has dado
lo pueda yo expresar a todos
amando siempre,
y, como Tú,
ser de ellos amigos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
En este día, a amar, estoy invitado;
amar al hermano:
al cercano y al lejano,
como Tú me has amado;
es mi acción, a realizar con tu ayuda, Señor.
Amén.
amar al hermano:
al cercano y al lejano,
como Tú me has amado;
es mi acción, a realizar con tu ayuda, Señor.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Jueves de la Semana 23 del Tiempo Ordinario: Lucas 6,27-38
1. Lectura
a) Texto del día
Lucas 6,27-38: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos.
Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
Lucas 6,27-38: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos.
Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá».
b) Contexto histórico y cultural
Continúa, Jesús, en el contexto del sermón del llano, impartiendo instrucciones a sus discípulos y a la multitud oyente sobre tópicos morales y comunitarios; en el pasaje de hoy, al referirse al amor al prójimo, extiende lo relativo a la actualización y verdadero significado de los mandamientos entregados por Dios a Moisés.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Si sólo amara al que es mi amigo
Si sólo amara al que es mi amigo,
muy sucinta sería una lista
de amados, y hasta exclusivista;
truncado amor, sólo postigo.
Porque sería comercialismo,
expresión de esencia egoísta,
que el buen afecto sólo exista
con quienes me quieren lo mismo.
Si fuese alguien que me maldijo,
cuya compañía no resista,
sanemos el odio que dista,
pues, de Dios, él es también hijo.
A todos ha pedido Cristo:
comportamientos altruistas,
ser perfectos, limar aristas;
si lo hago, el Reino conquisto.
Amén.
Si sólo amara al que es mi amigo,
muy sucinta sería una lista
de amados, y hasta exclusivista;
truncado amor, sólo postigo.
Porque sería comercialismo,
expresión de esencia egoísta,
que el buen afecto sólo exista
con quienes me quieren lo mismo.
Si fuese alguien que me maldijo,
cuya compañía no resista,
sanemos el odio que dista,
pues, de Dios, él es también hijo.
A todos ha pedido Cristo:
comportamientos altruistas,
ser perfectos, limar aristas;
si lo hago, el Reino conquisto.
Amén.
3. Oración
Ayúdame ¡oh Dios!
a perdonar,
a reconciliarme;
y a amar a todos.
Amén.
a perdonar,
a reconciliarme;
y a amar a todos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
A orar por aquellos
con quienes no llevo
una relación armoniosa,
se me invita en el día de hoy.
Así lo haré, con la ayuda de Dios.
Amén.
con quienes no llevo
una relación armoniosa,
se me invita en el día de hoy.
Así lo haré, con la ayuda de Dios.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 20 del Tiempo Ordinario: Mateo 22,34-40
1. Lectura
a) Texto del día
Mateo 22,34-40: En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».
Mateo 22,34-40: En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».
b) Contexto histórico y cultural
Luego de que Jesús supera una trampa, que mediante una pregunta le habían formulado un grupo de fariseos; un escriba que estaba presente y quedo satisfecho con la respuesta dada por el Señor a éstos, le formula a Jesús una pregunta sincera en el texto del pasaje de hoy.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Amar y amar
Amar y amar, vivir amando;
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar
al practicarlo sin final.
Amén.
Amar y amar, vivir amando;
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar
al practicarlo sin final.
Amén.
3. Oración
Que tu amor, Señor,
me conduzca a amar;
amarte a ti,
amar tu Padre,
amar a mis hermanos,
amar a todos.
Amén.
me conduzca a amar;
amarte a ti,
amar tu Padre,
amar a mis hermanos,
amar a todos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
Amor es la acción de este día;
amor a Dios, y amor a todos.
Que Dios me ayude a siempre amar.
Amén.
amor a Dios, y amor a todos.
Que Dios me ayude a siempre amar.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Martes de la Semana 11 del Tiempo Ordinario: Mateo 5,43-48
Pedimos, en este momento de oración con la Santa Palabra de Dios, la acción del Espíritu Santo sobre nosotros, para que podamos iluminarnos y entender ese tesoro que es el mensaje que nos trae cada día, y a la vez nos conduzca a convertirlo en vida. Amén.
1. Lectura
a) Texto del día
Mateo 5,43-48: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
Mateo 5,43-48: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
b) Contexto histórico y cultural
Continúa, Jesús, en el contexto del sermón de la montaña, impartiendo instrucciones a sus discípulos y a la multitud oyente sobre tópicos morales y comunitarios; en el pasaje de hoy, al referirse al amor al prójimo, extiende lo relativo a la actualización y verdadero significado de los mandamientos entregados por Dios a Moisés.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Si sólo amara al que es mi amigo
Si sólo amara al que es mi amigo,
muy sucinta sería una lista
de amados, y hasta exclusivista;
truncado amor, sólo postigo.
Porque sería comercialismo,
expresión de esencia egoísta,
que el buen afecto sólo exista
con quienes me quieren lo mismo.
Si fuese alguien que me maldijo,
cuya compañía no resista,
sanemos el odio que dista,
pues, de Dios, él es también hijo.
A todos ha pedido Cristo:
comportamientos altruistas,
ser perfectos, limar aristas;
si lo hago, el Reino conquisto.
Amén.
Si sólo amara al que es mi amigo,
muy sucinta sería una lista
de amados, y hasta exclusivista;
truncado amor, sólo postigo.
Porque sería comercialismo,
expresión de esencia egoísta,
que el buen afecto sólo exista
con quienes me quieren lo mismo.
Si fuese alguien que me maldijo,
cuya compañía no resista,
sanemos el odio que dista,
pues, de Dios, él es también hijo.
A todos ha pedido Cristo:
comportamientos altruistas,
ser perfectos, limar aristas;
si lo hago, el Reino conquisto.
Amén.
3. Oración
Ayúdame ¡oh Dios!
a perdonar,
a reconciliarme;
y a amar a todos.
Amén.
a perdonar,
a reconciliarme;
y a amar a todos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
A orar por aquellos
con quienes no llevo
una relación armoniosa,
se me invita en el día de hoy.
Así lo haré, con la ayuda de Dios.
Amén.
con quienes no llevo
una relación armoniosa,
se me invita en el día de hoy.
Así lo haré, con la ayuda de Dios.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 10 del Tiempo Ordinario: Mateo 5,27-32
Danos, Señor, en este momento en que vamos a orar con tu Palabra, tu Espíritu Santo con su luz y con su acción animadora, para entender y discernir el mensaje que Tú nos haces llegar hoy con el Evangelio de este día, y para convertirlo en obra en nuestra vida diaria. Amén.
1. Lectura
a) Texto del día
Mateo 5,27-32: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».
Mateo 5,27-32: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.
También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».
b) Contexto histórico y cultural
Como en una especie de carta magna o declaración de principios dirigida a sus discípulos y a toda la multitud que le escuchaba, Jesús continúa con la formulación del Sermón de la Montaña que es la esencia del contenido doctrinal de toda su predicación.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Amor de pareja
cuando unen su amor en un Sacramento;
como noche y día en ciclo perfecto,
permanentemente se complementan;
en igual nivel, ambos se apacientan;
él es cabeza y ella es santo cuerpo
que en divina empresa de juramento,
cuando falta uno, se torna incompleta;
el afecto de Cristo por su Iglesia
para ellos es la meta y el modelo:
amarse siempre, no sólo un momento,
ejerciendo el perdón y la paciencia.
Amén.
Tuerto y manco
No, Señor, ¿perder el Cielo?
por nada del mundo quiero;
si es por la vista o el tacto,
a ti yo voy tuerto y manco.
3. Oración
Señor, dame la pureza en la intención
y conciencia de mis debilidades, Señor;
con tu ayuda, controlar mi corazón,
y lo que a un hermano cause dolor.
Amén.
y conciencia de mis debilidades, Señor;
con tu ayuda, controlar mi corazón,
y lo que a un hermano cause dolor.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
Discernir lo que no agrada a Dios
en mi comportamiento,
y suprimirlo en mi forma de actuar,
es mi acción desde hoy,
con la ayuda de Dios.
Amén.
en mi comportamiento,
y suprimirlo en mi forma de actuar,
es mi acción desde hoy,
con la ayuda de Dios.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Jueves de la Semana 9 del Tiempo Ordinario: Marcos 12,28-34
1. Lectura
a) Texto del día
Marcos 12,28-34: En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
Marcos 12,28-34: En aquel tiempo, se llegó uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que estos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
b) Contexto histórico y cultural
Luego de que Jesús supera una trampa, que mediante una pregunta le habían formulado un grupo de fariseos; un escriba que estaba presente y quedo satisfecho con la respuesta dada por el Señor a éstos, le formula a Jesús una pregunta sincera en el texto del pasaje de hoy.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Amar y amar
Amar y amar, vivir amando;
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar
al practicarlo sin final.
Amén.
Amar y amar, vivir amando;
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar
al practicarlo sin final.
Amén.
3. Oración
Que tu amor, Señor,
me conduzca a amar;
amarte a ti,
amar tu Padre,
amar a mis hermanos,
amar a todos.
Amén.
me conduzca a amar;
amarte a ti,
amar tu Padre,
amar a mis hermanos,
amar a todos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
Amor es la acción de este día;
amor a Dios, y amor a todos.
Que Dios me ayude a siempre amar.
Amén.
amor a Dios, y amor a todos.
Que Dios me ayude a siempre amar.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo A) de la Semana 6 de Pascua: Juan 14,15-21
Tu Espíritu Santo queremos
para que nos abra su fuente
esclareciendo nuestras mentes
al iluminarnos su fuego;
y que nos despierte del sueño
al orar tu Verbo candente,
para hoy llevarlo a la gente,
superado ya todo miedo.
Amén.
1. Lectura
a) Texto del día
Juan 14,15-21: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».
b) Contexto histórico y cultural
En la inminencia de la hora de su Pasión, la promesa del Espíritu Santo es reafirmada por Jesús a sus discípulos; el amor a Dios, manifestado en el cumplimiento de sus mandatos, es el boleto de entrada a la repartición de tan precioso don.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
El Paráclito
El Paráclito, inmensa fuerza;
regalo espléndido de Dios,
del Padre y su Hijo, de los dos
que amar es su naturaleza;
Él siempre el camino proyecta
para seguir en el Señor;
recordando ser cumplidor
de su mandato, ley perfecta
que los afectos desinfecta,
que se resume en dar amor.
3. Oración
Pon tus mandatos en mi corazón
Pon tus mandatos en mi corazón,
con extensiones allá hasta mi mente
para que integren hasta el subconsciente,
Señor, y cumplirlos sin condición.
No sea obedecer por obligación,
sino necesidad que el ser siente
de corresponder, siendo consecuente,
amándote a Ti que me has dado amor.
Amén.
Pon tus mandatos en mi corazón,
con extensiones allá hasta mi mente
para que integren hasta el subconsciente,
Señor, y cumplirlos sin condición.
No sea obedecer por obligación,
sino necesidad que el ser siente
de corresponder, siendo consecuente,
amándote a Ti que me has dado amor.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
A manifestar amor al Señor,
mediante el cumplimiento de sus mandatos,
se me invita en este día;
esa es mi acción, a ser cumplida con la ayuda de Dios,
Amén.
mediante el cumplimiento de sus mandatos,
se me invita en este día;
esa es mi acción, a ser cumplida con la ayuda de Dios,
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Lunes de la Semana 5 de Pascua: Juan 14,21-26
1. Lectura
a) Texto del día
Juan 14,21-26: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho».
Juan 14,21-26: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho».
b) Contexto histórico y cultural
Las palabras de este pasaje se enmarcan en la conversación de sobremesa que sostiene Jesús con sus discípulos luego de la Última Cena; en un ambiente de intimidad, les expone temas para infundir confianza, fe y fortaleza; guardar su Palabra es amarle a Él y al Padre. Aparece aquí la promesa del envío del Espíritu Santo, que luego de la resurrección del Señor tendría su cumplimiento.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Amar al Amor
Amar al Amor, esa es la esencia
para estar con Dios que es amante
antes del tiempo y mucho antes,
que hoy nos corteja con su presencia.
Es, a su Palabra, la obediencia,
de cada amado, en este instante,
lo que conduce a que triunfante
ese amor reciba en afluencia.
Amor que se expresa en la presencia
del Padre y del Hijo, como actuantes,
y el Espíritu Santo, animante:
Trinidad de amor en convivencia.
Amen.
Amar al Amor, esa es la esencia
para estar con Dios que es amante
antes del tiempo y mucho antes,
que hoy nos corteja con su presencia.
Es, a su Palabra, la obediencia,
de cada amado, en este instante,
lo que conduce a que triunfante
ese amor reciba en afluencia.
Amor que se expresa en la presencia
del Padre y del Hijo, como actuantes,
y el Espíritu Santo, animante:
Trinidad de amor en convivencia.
Amen.
3. Oración
Oración de amor
Señor Jesús, Tú que trajiste amor
hasta el extremo de Tú mismo darte,
qué el Espíritu Santo, mutuo amor
tuyo y del Padre, nos impulse a amarte
y vivir tu Palabra que es amor.
Amén.
Señor Jesús, Tú que trajiste amor
hasta el extremo de Tú mismo darte,
qué el Espíritu Santo, mutuo amor
tuyo y del Padre, nos impulse a amarte
y vivir tu Palabra que es amor.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
A guardar los mandamientos de Dios,
que se resumen en el amor
estoy invitado en el día de hoy;
es mi acción, con la ayuda del Señor.
Amén.
que se resumen en el amor
estoy invitado en el día de hoy;
es mi acción, con la ayuda del Señor.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Miércoles de la Semana 2 de Pascua: Juan 3,16-21
Padre Santo, en el nombre de tu Hijo Jesús, te pedimos que nos des la abundancia del Espíritu Santo en este momento de oración con tu Palabra de este día, para que podamos entender y acoger el mensaje que nos envías, y disponernos a convertirlo en acción en nuestra vida cotidiana. Amén.
1. Lectura
a) Texto del día
Juan 3,16-21: En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».
Juan 3,16-21: En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».
b) Contexto histórico y cultural
Con el pasaje del día de hoy, concluye el interesante diálogo entre Jesús y Nicodemo; procurado en secreto por este último, un fariseo de Jerusalén que se ha interesado por conocer con más detalle las enseñanzas del Señor, quien se encuentra de visita en la capital judía en ocasión de una fiesta de Pascua.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
¡Cuánto nos ama Dios!
¡Cuánto nos ama Dios! ¡Darnos su Hijo!
Que no vino a juzgar ni a condenar,
enviado a nosotros para salvar;
con tan alta gracia, Dios nos bendijo.
Ahora me toca a mi, soy yo que elijo:
entre, la mentira o la verdad,
obscuridad o luminosidad;
no es acertijo, yo elijo ese Hijo.
Amén.
¡Cuánto nos ama Dios! ¡Darnos su Hijo!
Que no vino a juzgar ni a condenar,
enviado a nosotros para salvar;
con tan alta gracia, Dios nos bendijo.
Ahora me toca a mi, soy yo que elijo:
entre, la mentira o la verdad,
obscuridad o luminosidad;
no es acertijo, yo elijo ese Hijo.
Amén.
3. Oración
Amadísimo Señor Jesús
Amadísimo Señor Jesús,
te quiero expresar mi gratitud
por haberme salvado en la cruz;
te pido que me des la virtud
de poder ver por siempre tu luz,
siendo parte de tu multitud.
Amén.
Amadísimo Señor Jesús,
te quiero expresar mi gratitud
por haberme salvado en la cruz;
te pido que me des la virtud
de poder ver por siempre tu luz,
siendo parte de tu multitud.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
Sentirme intensamente amado por Dios,
amor expresado en la pasión de su Hijo Jesús;
y responder a ese amor con la conversión real,
es mi compromiso a partir de hoy.
Amén.
amor expresado en la pasión de su Hijo Jesús;
y responder a ese amor con la conversión real,
es mi compromiso a partir de hoy.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 3 de Cuaresma: Marcos 12,28b-34
1. Lectura
a) Texto del día
Marcos 12,28b-34: En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
Marcos 12,28b-34: En aquel tiempo, uno de los maestros de la Ley se acercó a Jesús y le hizo esta pregunta: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».
Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
b) Contexto histórico y cultural
Luego de que Jesús supera una trampa, que mediante una pregunta le habían formulado un grupo de fariseos; un escriba que estaba presente y quedo satisfecho con la respuesta dada por el Señor a éstos, le formula a Jesús una pregunta sincera en el texto del pasaje de hoy.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Amar y amar
Amar y amar, vivir amando;
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar
al practicarlo sin final.
Amén.
Amar y amar, vivir amando;
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar
al practicarlo sin final.
Amén.
3. Oración
Que tu amor, Señor,
me conduzca a amar;
amarte a ti,
amar tu Padre,
amar a mis hermanos,
amar a todos.
Amén.
me conduzca a amar;
amarte a ti,
amar tu Padre,
amar a mis hermanos,
amar a todos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
Amor es la acción de este día;
amor a Dios, y amor a todos.
Que Dios me ayude a siempre amar.
Amén.
amor a Dios, y amor a todos.
Que Dios me ayude a siempre amar.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Sábado de la Semana 1 de Cuaresma: Mateo 5,43-48
1. Lectura
a) Texto del día
Mateo 5,43-48: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
Mateo 5,43-48: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
b) Contexto histórico y cultural
Continúa, Jesús, en el contexto del sermón de la montaña, impartiendo instrucciones a sus discípulos y a la multitud oyente sobre tópicos morales y comunitarios; en el pasaje de hoy, al referirse al amor al prójimo, extiende lo relativo a la actualización y verdadero significado de los mandamientos entregados por Dios a Moisés.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Si sólo amara al que es mi amigo
Si sólo amara al que es mi amigo,
muy sucinta sería una lista
de amados, y hasta exclusivista;
truncado amor, sólo postigo.
Porque sería comercialismo,
expresión de esencia egoísta,
que el buen afecto sólo exista
con quienes me quieren lo mismo.
Si fuese alguien que me maldijo,
cuya compañía no resista,
sanemos el odio que dista,
pues, de Dios, él es también hijo.
A todos ha pedido Cristo:
comportamientos altruistas,
ser perfectos, limar aristas;
si lo hago, el Reino conquisto.
Amén.
Si sólo amara al que es mi amigo,
muy sucinta sería una lista
de amados, y hasta exclusivista;
truncado amor, sólo postigo.
Porque sería comercialismo,
expresión de esencia egoísta,
que el buen afecto sólo exista
con quienes me quieren lo mismo.
Si fuese alguien que me maldijo,
cuya compañía no resista,
sanemos el odio que dista,
pues, de Dios, él es también hijo.
A todos ha pedido Cristo:
comportamientos altruistas,
ser perfectos, limar aristas;
si lo hago, el Reino conquisto.
Amén.
3. Oración
Ayúdame ¡oh Dios!
a perdonar,
a reconciliarme;
y a amar a todos.
Amén.
a perdonar,
a reconciliarme;
y a amar a todos.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
A orar por aquellos
con quienes no llevo
una relación armoniosa,
se me invita en el día de hoy.
Así lo haré, con la ayuda de Dios.
Amén.
con quienes no llevo
una relación armoniosa,
se me invita en el día de hoy.
Así lo haré, con la ayuda de Dios.
Amén.
Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo A) de la Semana 7 del Tiempo Ordinario: Mateo 5,38-48
1. Lectura
a) Texto del día
Mateo 5,38-48: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.
Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
Mateo 5,38-48: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.
Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».
b) Contexto histórico y cultural
La ley del talión, basada en la respuesta proporcional a la ofensa recibida, era un avance en los tiempos de Moisés, en que lo que existía era el avasallamiento y la destrucción del contrario, con o sin ofensa previa; sin embargo queda muy detrás respecto a la propuesta de Jesús, que contrapone la comprensión y la armonía a este antiguo principio.
2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)
Lo que enseña el Señor
Esto es lo que enseña el Señor:
no respondas con agresión
y olvida la ley del talión;
si te han agraviado: el perdón;
a quien te pide: donación;
si hay un perdido: orientación,
y si no te escucha: oración;
a la indiferencia: atención;
al desesperado: adhesión;
¿rencilla?: reconciliación;
y, a quien te odia, dale amor;
¡Así actúas como quiere Dios!
Amén.
Esto es lo que enseña el Señor:
no respondas con agresión
y olvida la ley del talión;
si te han agraviado: el perdón;
a quien te pide: donación;
si hay un perdido: orientación,
y si no te escucha: oración;
a la indiferencia: atención;
al desesperado: adhesión;
¿rencilla?: reconciliación;
y, a quien te odia, dale amor;
¡Así actúas como quiere Dios!
Amén.
3. Oración
Paz
Señor, has llamado dichoso
al trabajador por la paz;
yo te pido, en mi, erradicar
la violencia y el alboroto
con que muchas veces reacciono
maltratando a los demás;
pueda yo, Señor, siempre amar
y, como hijo de Dios, ser otro.
Amén.
Señor, has llamado dichoso
al trabajador por la paz;
yo te pido, en mi, erradicar
la violencia y el alboroto
con que muchas veces reacciono
maltratando a los demás;
pueda yo, Señor, siempre amar
y, como hijo de Dios, ser otro.
Amén.
4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).
5. Acción
A la paz y al amor
se me invita hoy;
es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.
se me invita hoy;
es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.
La enfermedad en la familia
(De la Audiencia General del Papa Francisco del 10 de junio de 2015)
Continuamos con las catequesis sobre la familia, y en esta catequesis quisiera tratar un aspecto muy común en la vida de nuestras familias: la enfermedad. Es una experiencia de nuestra fragilidad, que vivimos generalmente en familia, desde niños, y luego sobre todo como ancianos, cuando llegan los achaques. En el ámbito de los vínculos familiares, la enfermedad de las personas que queremos se sufre con un «plus» de sufrimiento y de angustia. Es el amor el que nos hace sentir ese «plus».
Para un padre y una madre, muchas veces es más difícil soportar el mal de un hijo, de una hija, que el propio. La familia, podemos decir, ha sido siempre el «hospital» más cercano. Aún hoy, en muchas partes del mundo, el hospital es un privilegio para pocos, y a menudo está distante. Son la mamá, el papá, los hermanos, las hermanas, las abuelas quienes garantizan las atenciones y ayudan a sanar.
En los Evangelios, muchas páginas relatan los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por curarlos. Él se presenta públicamente como alguien que lucha contra la enfermedad y que vino para sanar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. Es de verdad conmovedora la escena evangélica a la que acaba de hacer referencia el Evangelio de san Marcos. Dice así: «Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados» (1,32).
Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos para que sean curados. Jesús nunca se negó a curarlos. Nunca siguió de largo, nunca giró la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso sencillamente personas amigas le llevaban un enfermo para que lo tocase y lo curase, no se entretenía con otras cosas; la curación estaba antes que la ley, incluso una tan sagrada como el descanso del sábado. Los doctores de la ley regañaban a Jesús porque curaba el día sábado, hacía el bien en sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien: y esto va siempre en primer lugar.
Jesús manda a los discípulos a realizar su misma obra y les da el poder de curar, o sea de acercarse a los enfermos y hacerse cargo de ellos completamente. Debemos tener bien presente en la mente lo que dijo a los discípulos en el episodio del ciego de nacimiento (Jn 9,1-5). Los discípulos —con el ciego allí delante de ellos— discutían acerca de quién había pecado, porque había nacido ciego, si él o sus padres, para provocar su ceguera. El Señor dijo claramente: ni él ni sus padres; sucedió así para que se manifestase en él las obras de Dios. Y lo curó. He aquí la gloria de Dios. He aquí la tarea de la Iglesia. Ayudar a los enfermos, no quedarse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; esta es la tarea.
La Iglesia invita a la oración continua por los propios seres queridos afectados por el mal. La oración por los enfermos no debe faltar nunca. Es más, debemos rezar aún más, tanto personalmente como en comunidad. Pensemos en el episodio evangélico de la mujer cananea. Es una mujer pagana, no es del pueblo de Israel, sino una pagana que suplica a Jesús que cure a su hija. Jesús, para poner a prueba su fe, primero responde duramente: «No puedo, primero debo pensar en las ovejas de Israel». La mujer no retrocede —una mamá, cuando pide ayuda para su criatura, no se rinde jamás; todos sabemos que las mamás luchan por los hijos— y responde: «También a los perritos, cuando los amos están saciados, se les da algo», como si dijese: «Al menos trátame como a una perrita». Entonces Jesús le dijo: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
Ante la enfermedad, incluso en la familia surgen dificultades, a causa de la debilidad humana. Pero, en general, el tiempo de la enfermedad hace crecer la fuerza de los vínculos familiares. Y pienso cuán importante es educar a los hijos desde pequeños en la solidaridad en el momento de la enfermedad. Una educación que deja de lado la sensibilidad por la enfermedad humana, aridece el corazón. Y hace que los jóvenes estén «anestesiados» respecto al sufrimiento de los demás, incapaces de confrontarse con el sufrimiento y vivir la experiencia del límite.
Cuántas veces vemos llegar al trabajo a un hombre, una mujer, con cara de cansancio, con una actitud cansada y al preguntarle: «¿Qué sucede?», responde: «He dormido sólo dos horas porque en casa hacemos turnos para estar cerca del niño, de la niña, del enfermo, del abuelo, de la abuela». Y la jornada continúa con el trabajo. Estas cosas son heroicas, son la heroicidad de las familias. Esas heroicidades ocultas que se hacen con ternura y con valentía cuando en casa hay alguien enfermo.
La debilidad y el sufrimiento de nuestros afectos más queridos y más sagrados, pueden ser, para nuestros hijos y nuestros nietos, una escuela de vida —es importante educar a los hijos, los nietos en la comprensión de esta cercanía en la enfermedad en la familia— y llegan a serlo cuando los momentos de la enfermedad van acompañados por la oración y la cercanía afectuosa y atenta de los familiares.
La comunidad cristiana sabe bien que a la familia, en la prueba de la enfermedad, no se la puede dejar sola. Y debemos decir gracias al Señor por las hermosas experiencias de fraternidad eclesial que ayudan a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y del sufrimiento. Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para una parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace comprender el reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios.
El noviazgo
(De la Audiencia General del Papa Francisco del 27 de mayo de 2015)
Continuando estas catequesis sobre la familia, hoy quiero hablar del noviazgo. El noviazgo (en italiano «fidanzamento») —se lo percibe en la palabra— tiene relación con la confianza, la familiaridad, la fiabilidad. Familiaridad con la vocación que Dios dona, porque el matrimonio es ante todo el descubrimiento de una llamada de Dios.
Ciertamente es algo hermoso que hoy los jóvenes puedan elegir casarse partiendo de un amor mutuo. Pero precisamente la libertad del vínculo requiere una consciente armonía de la decisión, no sólo un simple acuerdo de la atracción o del sentimiento, de un momento, de un tiempo breve... requiere un camino.
El noviazgo, en otros términos, es el tiempo en el cual los dos están llamados a realizar un buen trabajo sobre el amor, un trabajo partícipe y compartido, que va a la profundidad. Ambos se descubren despacio, mutuamente, es decir, el hombre «conoce» a la mujer conociendo a esta mujer, su novia; y la mujer «conoce» al hombre conociendo a este hombre, su novio. No subestimemos la importancia de este aprendizaje: es un bonito compromiso, y el amor mismo lo requiere, porque no es sólo una felicidad despreocupada, una emoción encantada.
El relato bíblico habla de toda la creación como de un hermoso trabajo del amor de Dios; el libro del Génesis dice que «Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (Gn 1,31). Sólo al final, Dios «descansó». De esta imagen comprendemos que el amor de Dios, que dio origen al mundo, no fue una decisión improvisada. ¡No! Fue un trabajo hermoso. El amor de Dios creó las condiciones concretas de una alianza irrevocable, sólida, destinada a durar.
La alianza de amor entre el hombre y la mujer, alianza por la vida, no se improvisa, no se hace de un día para el otro. No existe el matrimonio express: es necesario trabajar en el amor, es necesario caminar. La alianza del amor del hombre y la mujer se aprende y se afina. Me permito decir que se trata de una alianza artesanal. Hacer de dos vida una vida sola, es incluso casi un milagro, un milagro de la libertad y del corazón, confiado a la fe. Tal vez deberíamos comprometernos más en este punto, porque nuestras «coordenadas sentimentales» están un poco confusas. Quien pretende querer todo y enseguida, luego cede también en todo —y enseguida— ante la primera dificultad (o ante la primera ocasión). No hay esperanza para la confianza y la fidelidad del don de sí, si prevalece la costumbre de consumir el amor como una especie de «complemento» del bienestar psico-físico. No es esto el amor. El noviazgo fortalece la voluntad de custodiar juntos algo que jamás deberá ser comprado o vendido, traicionado o abandonado, por más atractiva que sea la oferta.
También Dios, cuando habla de la alianza con su pueblo, lo hace algunas veces en términos de noviazgo. En el libro de Jeremías, al hablar al pueblo que se había alejado de Él, le recuerda cuando el pueblo era la «novia» de Dios y dice así: «Recuerdo tu cariño juvenil, el amor que me tenías de novia» (2,2). Y Dios hizo este itinerario de noviazgo; luego hace también una promesa: lo hemos escuchado al inicio de la audiencia, en el libro de Oseas: «Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor» (2,21-22). Es un largo camino el que el Señor recorre con su pueblo en este itinerario de noviazgo. Al final Dios se desposa con su pueblo en Jesucristo: en Jesús se desposa con la Iglesia. El pueblo de Dios es la esposa de Jesús.
La Iglesia, en su sabiduría, custodia la distinción entre ser novios y ser esposos —no es lo mismo— precisamente en vista de la delicadeza y la profundidad de esta realidad. Estemos atentos a no despreciar con ligereza esta sabia enseñanza, que se nutre también de la experiencia del amor conyugal felizmente vivido. Los símbolos fuertes del cuerpo poseen las llaves del alma: no podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu (1 Cor 6,15-20).
Cierto, la cultura y la sociedad actual se han vuelto más bien indiferentes a la delicadeza y a la seriedad de este pasaje. Y, por otra parte, no se puede decir que sean generosas con los jóvenes que tienen serias intenciones de formar una familia y traer hijos al mundo. Es más, a menudo presentan mil obstáculos, mentales y prácticos. El noviazgo es un itinerario de vida que debe madurar como la fruta, es un camino de maduración en el amor, hasta el momento que se convierte en matrimonio.
Los cursos prematrimoniales son una expresión especial de la preparación. Y vemos muchas parejas que tal vez llegan al curso con un poco de desgana: «¡Estos curas nos hacen hacer un curso! ¿Por qué? Nosotros sabemos»... y van con desgana. Pero luego están contentos y agradecen, porque, en efecto, encontraron allí la ocasión —a menudo la única— para reflexionar sobre su experiencia en términos no banales. Sí, muchas parejas están juntas mucho tiempo, tal vez también en la intimidad, a veces conviviendo, pero no se conocen de verdad. Parece extraño, pero la experiencia demuestra que es así. Por ello se debe revaluar el noviazgo como tiempo de conocimiento mutuo y de compartir un proyecto.
El camino de preparación al matrimonio se debe plantear en esta perspectiva, valiéndose incluso del testimonio sencillo pero intenso de cónyuges cristianos. Y centrándose también aquí en lo esencial: la Biblia, para redescubrir juntos, de forma consciente; la oración, en su dimensión litúrgica, pero también en la «oración doméstica», que se vive en familia; los sacramentos, la vida sacramental, la Confesión... a través de los cuales el Señor viene a morar en los novios y los prepara para acogerse de verdad uno al otro «con la gracia de Cristo»; y la fraternidad con los pobres, y con los necesitados, que nos invitan a la sobriedad y a compartir. Los novios que se comprometen en esto crecen los dos y todo esto conduce a preparar una bonita celebración del Matrimonio de modo diverso, no mundano sino con estilo cristiano.
Pensemos en estas palabras de Dios que hemos escuchado cuando Él habla a su pueblo como el novio a la novia: «Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor» (Os 2, 21-22). Que cada pareja de novios piense en esto y uno le diga al otro: «Te convertiré en mi esposa, te convertiré en mi esposo». Esperar ese momento; es un momento, es un itinerario que va lentamente hacia adelante, pero es un itinerario de maduración. Las etapas del camino no se deben quemar. La maduración se hace así, paso a paso.
El tiempo del noviazgo puede convertirse de verdad en un tiempo de iniciación. ¿A qué? ¡A la sorpresa! A la sorpresa de los dones espirituales con los cuales el Señor, a través de la Iglesia, enriquece el horizonte de la nueva familia que se dispone a vivir en su bendición. Ahora os invito a rezar a la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, José y María. Rezar para que la familia recorra este camino de preparación; a rezar por los novios.
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