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Lectura orante del Evangelio del Lunes de la Semana 25 del Tiempo Ordinario: Lucas 8,16-18


Señor, al orar con tu Palabra, pedimos que el Espíritu Santo nos ayude para poder interpretarla digna y adecuadamente, y que nos fortalezca y anime a convertir en obra en nuestra vida lo que hoy leamos y oremos con ella. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 8,16-18: En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará».

b) Contexto histórico y cultural

Jesús continúa enseñando. Habla a la gran multitud que le seguía con gentes de todas las ciudades; les habla empleando parábolas; el tema central del mensaje es sobre el Reino de Dios y acerca de la Palabra de Dios.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Como centelleante rayo

Como centelleante rayo
que en medio de la noche
llena de claridad el prado,
la Palabra de Dios expone
lo que saber necesitamos.
Descubre las intenciones
y lo que hemos ocultado;
por eso puede ser que roce
con corazones malsanos.
Pero si con amor se acoge,
nosotros nos beneficiamos:
llena de justicia el orbe,
nos lleva a vivir amando,
y a que el espíritu goce.

3. Oración

Tu Palabra sea mi luz, Señor;
que pueda con ella iluminar siempre mi vida,
y que mis acciones no la oculten nunca.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Acudir a la luz de tu Palabra es mi acción de este día;
elevarla para que pueda también iluminar a otros,
tiene que ser un objetivo de toda la vida.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo A) de la Semana 25 del Tiempo Ordinario: Mateo 20,1-16


Señor, en este momento de oración con tu Palabra, pedimos que nos concedas la acción de tu Espíritu Santo para que nuestras mentes sean iluminadas y podamos entender rectamente el mensaje que Tú nos envías con el Evangelio de este día, y para que nuestros corazones lo reciban de tal modo, que con gozo no dispongamos a convertirlo en realidad en nuestra vida diaria. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 20,1-16: En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

b) Contexto histórico y cultural

El denario era una antigua moneda romana de plata, que en la época de Jesús su valor era equivalente al salario diario de un trabajador que le permitiese cubrir el sustento familiar del día.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Es inmerecido cualquier salario

Es inmerecido cualquier salario
con un dueño de la viña tan bueno,
para quien lo principal no es el tiempo,
sino la disposición al trabajo.

Nuestra salvación es hoy el denario;
el pago es la entrada al Reino del Cielo;
abandonemos nuestro desempleo,
pues la labor es, en la vida, el cambio.

3. Oración

Soy jornalero de la hora décima

Soy jornalero de la hora décima
y quiero ayudarte a llenar el campo;
no me importa si tengo el mismo pago
que darás a los de la hora undécima,
me preocuparé más por la asistencia
para que nadie pierda tu denario.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A buscar jornaleros de la hora undécima,
para que se conviertan y trabajen en la viña del Señor,
estoy invitado hoy;
es mi acción, con tu ayuda, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Sábado de la Semana 24 del Tiempo Ordinario: Lucas 8,4-15


Danos, Señor, en este momento en que nos disponemos a orar con tu Palabra, tu Santo Espíritu para que nos ilumine, nos oriente y nos anime; para entender lo que nos quieres decir, a la vez que nos guíe y estimule para alcanzar lo que nos prometes. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 8,4-15: En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.

La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia».

b) Contexto histórico y cultural

Con un grupo de discípulos ya instituido, el Señor continúa enseñando a todos, discípulos y seguidores; para ello utiliza las parábolas, que con sentido figurado, presentan narraciones donde elementos de la naturaleza y la vida ordinaria son utilizados para expresar mensajes aleccionadores que estimulan a la correcta conversión.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Sé que no soy más que un erial

Sé que no soy más que un erial,
reseco y árido, sin producir;
ya nada crece dentro de mí;
mi corazón, por eso, te pido arar.

Después de arar hay que abonar,
porque alejado estoy hoy de ti,
y si Tú no entras, después de abrir,
lo que se siembre se va a ahogar.

La semilla buena para sembrar,
es tu Palabra que viene a mí,
que al acogerla echa raíz
y hay que creerla para germinar

Después de eso tengo que cuidar,
para que la semilla produzca mil;
haciendo el bien y dándome a mí,
preparado estoy para cosechar.

Amén.

3. Oración

Que mucho fruto produzca

Que mucho fruto produzca,
mi vida, que es tuya, Señor;
que a tu Palabra yo acuda,
que es semilla fértil de amor,
y que pueda con su ayuda
fructificar mi corazón.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Producir para ti es mi acción de hoy;
frutos de perdón, reconciliación, caridad y amor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 24 del Tiempo Ordinario: Lucas 8,1-3


Danos, Señor, la abundancia de tu Espíritu Santo en este tiempo que dedicaremos a la lectura en oración de tu Santa Palabra con el Evangelio de este día, para que interpretemos rectamente cuanto has decidido comunicarnos hoy, y que lo acojamos en nuestro interior con ánimo de convertirlo en obra en la vida de cada uno de nosotros. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 8,1-3: En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

b) Contexto histórico y cultural

Jesús ha seleccionado a doce de sus discípulos para darle una instrucción más intensa, de modo que se conviertan luego en agentes multiplicadores de su doctrina y enseñanzas: se vislumbra la Iglesia. La novedad, respecto a otros maestros de la región y la época, es la inclusión de mujeres en el grupo que le acompañaba; en la cultura judía y oriental en general, la mujer era por lo general subestimada y carecía de principalía; el pasaje de hoy demuestra que este no era el caso de Jesús.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Con Cristo por los caminos

Con Cristo, por los caminos,
por pueblos y por aldeas,
escuchen la Buena Nueva:
el Reino de Dios ya vino
y está temblando el maligno,
de miedo se tambalea.

Jesús la Iglesia la crea
con doce de sus amigos
y unas mujeres testigos
que comparten su tarea.

Tomemos tú y yo la tea
y emprendamos el camino;
de hoy, somos los discípulos,
¡hagamos que el mundo crea!

Amén.

3. Oración

Contigo por esta tierra

Contigo por esta tierra
hacia arriba y hacia abajo,
cada camino y atajo
con la amenaza que encierra;
tuya, Señor, es la guerra
y no nos cansa el trabajo.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A imitar el ejemplo evangelizador de Jesús
se me invita en este día;
es mi acción, con la ayuda de Dios.
Amén.