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Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo

(De los sermones de san Quodvultdeus, obispo)

Nace un niño pequeño, un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen para adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian que ha nacido un Rey, Herodes se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar; si hubiera creído en él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños.

Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida.

Pero aquél, fuente de la gracia, pequeño y grande, que yace en el pesebre, aterroriza tu trono; actúa por medio de ti, que ignoras sus designios, y libera las almas de la cautividad del demonio. Ha contado a los hijos de los enemigos en el número de los adoptivos.

Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el liberador concede la libertad, y el salvador la salvación.

Pero tú, Herodes, ignorándolo, te turbas y te ensañas y, mientras te encarnizas con un niño, lo estás enalteciendo y lo ignoras.

¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que así triunfen los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria.

Hoy nos ha nacido un Salvador

(Texto de san Elredo)

Hoy, en la ciudad de David, nos ha nacido un Salvador: El Mesías, el Señor. La ciudad de que aquí se habla es Belén, a la que debemos acudir corriendo, como lo hicieron los pastores, apenas oído este rumor. Así es como soléis cantar —en el himno de María, la Virgen—: «Cantaron gloria a Dios, corrieron a Belén». Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Ved por qué os dije que debéis amar. Teméis al Señor de los ángeles, pero amadle chiquitín; teméis al Señor de la majestad, pero amadle envuelto en pañales; teméis al que reina en el cielo, pero amadle acostado en un pesebre. Y ¿cuál fue la señal que recibieron los pastores? Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. El es el Salvador, él es el Señor. Pero, ¿qué tiene de extraordinario ser envuelto en pañales y yacer en un establo? ¿No son también los demás niños envueltos en pañales? Entonces, ¿qué clase de señal es ésta? Una señal realmente grande, a condición de que sepamos comprenderla. Y la comprendemos si no nos limitamos a escuchar este mensaje de amor, sino que, además, albergamos en nuestro corazón aquella claridad que apareció junto con los ángeles. Y si el ángel se apareció envuelto en claridad, cuando por primera vez anunció este rumor, fue para enseñarnos que sólo escuchan de verdad, los que acogen en su alma la claridad espiritual.

Podríamos decir muchas cosas sobre esta señal, pero como el tiempo corre, insistiré brevemente en este tema. Belén, «casa del pan», es la santa Iglesia, en la cual se distribuye el cuerpo de Cristo, a saber, el pan verdadero. El pesebre de Belén se ha convertido en el altar de la Iglesia. En él se alimentan los animales de Cristo. De esta mesa se ha escrito: Preparas una mesa ante mí. En este pesebre está Jesús envuelto en pañales. La envoltura de los pañales es la cobertura de los sacramentos. En este pesebre y bajo las especies de pan y vino está el verdadero cuerpo y la sangre de Cristo. En este sacramento creemos que está el mismo Cristo; pero está envuelto en pañales, es decir, invisible bajo los signos sacramentales. No tenemos señal más grande y más evidente del nacimiento de Cristo como el hecho de que cada día sumimos en el altar santo su cuerpo y su sangre; como el comprobar que a diario se inmola por nosotros, el que por nosotros nació una vez de la Virgen.

Apresurémonos, hermanos, al pesebre del Señor; pero antes y en la medida de lo posible, preparémonos con su gracia para este encuentro de suerte que asociados a los ángeles, con corazón limpio, con una conciencia honrada y con una fe sentida, cantemos al Señor con toda nuestra vida y toda nuestra conducta: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra, paz a los hombres que Dios ama. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor, a quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

La fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo

(De los Sermones de San Agustín, obispo)

Despiértate: Dios se ha hecho hombre por ti. Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz. Por ti precisamente, Dios se ha hecho hombre.

Hubieses muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca te hubieses visto libre de la carne del pecado, si él no hubiera aceptado la semejanza de la carne de pecado. Una inacabable miseria se hubiera apoderado de ti, si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no hubiera venido al encuentro de tu muerte. Te hubieras derrumbado, si él no te hubiera ayudado. Hubieras perecido, si él no hubiera venido.

Celebremos con alegría el advenimiento de nuestra salvación y redención. Celebremos el día afortunado en el que quien era el inmenso y eterno día, que procedía del inmenso y eterno día, descendió hasta este día nuestro tan breve y temporal. Este se convirtió para nosotros en justicia, santificación y redención: y así –como dice la Escritura–: El que se gloríe, que se gloríe en el Señor.

Pues la verdad brota de la tierra: Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de una virgen. Y la justicia mira desde el cielo: puesto que, al creer en el que ha nacido, el hombre no se ha encontrado justificado por sí mismo, sino por Dios.

La verdad brota de la tierra: porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo: porque todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba. La verdad brota de la tierra: la carne, de María. Y la justicia mira desde el cielo: porque el hombre no puede recibir nada, si no se lo dan desde el cielo.

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. No dice: «Nuestra gloria», sino: La gloria de Dios; porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por tanto, el que se gloríe, que se gloríe en el Señor, y no en sí mismo.

Por eso, después que la Virgen dio a luz al Señor, el pregón de las voces angélicas fue así: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. ¿Por qué la paz en la tierra, sino porque la verdad brota de la tierra, o sea, Cristo ha nacido de la carne? Y él es nuestra paz; él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa: para que fuésemos hombres que ama el Señor, unidos suavemente con vínculos de unidad.

Alegrémonos, por tanto, con esta gracia, para que el testimonio de nuestra conciencia constituya nuestra gloria: y no nos gloriemos en nosotros mismos, sino en Dios. Por eso se ha dicho: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. ¿Pues qué gracia de Dios pudo brillar más intensamente para nosotros que ésta: teniendo un Hijo unigénito, hacerlo hijo del hombre, para, a su vez, hacer al hijo del hombre hijo de Dios? Busca méritos, busca justicia, busca motivos; y a ver si encuentras algo que no sea gracia.

Oro, incienso y mirra

Texto de san León Magno, Papa:
"¿De dónde viene, en efecto, que estos hombres (los magos), abandonando su patria sin haber visto aún a Jesús y sin saber nada, no habiendo visto lo que iba a ser objeto de una veneración tan justa, de dónde viene que hayan escogido unos presentes tan apropiados para ofrecérselos?
Es porque, además de la belleza de la estrella que había sido percibida por sus sentidos corporales, instruyó su corazón el resplandor, más brillante aún, de la verdad. Por eso, antes de emprender las fatigas del viaje, entendieron que se les indicaba a alguien que había de ser honrado como rey, significado por el oro; ser adorado como Dios, significado por el incienso, y considerado como hombre, significado por la mirra."

Venga también ahora la Palabra del Señor a quienes la esperamos en silencio

(De los sermones de Julián de Vézelay, sobre la Navidad)

Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa descendió desde el trono real de los cielos. Este texto de la Escritura se refiere a aquel sacratísimo tiempo en que la Palabra todopoderosa de Dios vino a nosotros para anunciarnos la salvación, descendiendo del seno y del corazón del Padre a las entrañas de una madre. Pues Dios, que en distintas ocasiones y de muchas maneras habló antiguamente a nuestros padres por los profetas, en esta etapa final nos ha hablado por su Hijo, de quien dijo: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto, escuchadlo. Descendió, pues, a nosotros la Palabra de Dios desde el trono real de los cielos, humillándose para enaltecernos, haciéndose pobre para enriquecernos, encarnándose para deificamos.

Y para que el pueblo que iba a ser redimido abrigara una confiada esperanza en la venida y la eficacia de esta Palabra, es calificada de todopoderosa. Tu Palabra –dice– todopoderosa. Ya que si esta Palabra no fuera todopoderosa, el hombre condenado y sujeto a toda clase de miserias no sabría esperar con esperanza firme ser por ella liberado del pecado y de la pena del pecado. Así pues, para que el hombre perdido estuviera cierto de su salvación, se califica de todopoderosa a la Palabra que venía a salvarlo.

Y fíjate hasta qué punto es todopoderosa: no existía el cielo ni las maravillas que hay bajo el cielo; ella lo dijo y existió. Hecho de la nada por la omnipotencia de esta Palabra, que, sin solución de continuidad, creó simultáneamente la materia junto con la forma. Dijo la Palabra: Hágase el mundo, y el mundo existió. Dijo: Hágase el hombre, y el hombre existió.

Ahora bien: la recreación no fue tan fácil como la creación: creó imperando, recreó muriendo; creó mandando, recreó padeciendo. Vuestros pecados —dice— me han dado mucho quehacer. No me causó fatiga la administración y el gobierno de la máquina del universo, pues alcanzo con vigor de extremo a extremo y gobierno el universo con acierto. Sólo el hombre, violando continuamente la ley dada y establecida por mí, me ha dado quehacer con sus pecados. Ved por qué, bajando del trono real, no desdeñé el seno de la virgen ni hacerme uno con el hombre en su abyección. Recién nacido, se me envuelve en pañales y se me acuesta en un pesebre porque en la posada no se encontró sitio para el Creador del mundo.

Así pues, todo estaba en el más profundo silencio: callaban en efecto los profetas que lo habían anunciado, callaban los apóstoles que habían de anunciarlo. En medio de este silencio que hacía de intermediario entre ambas predicaciones, se percibía el clamor de los que ya lo habían predicado y el de aquellos que muy pronto habían de predicarlo. Pues mientras un silencio sereno lo envolvía todo, la Palabra todopoderosa, esto es, el Verbo del Padre, descendió desde el trono real de los cielos. Con expresión feliz se nos dice que en medio del silencio vino el mediador entre Dios y los hombres: hombre a los hombres, mortal a los mortales, para salvar con su muerte a los muertos.

Y ésta es mi oración: que venga también ahora la Palabra del Señor a quienes le esperamos en silencio; que escuchemos lo que el Señor Dios nos dice en nuestro interior. Callen las pasiones carnales y el estrépito inoportuno; callen también las fantasías de la loca imaginación, para poder escuchar atentamente lo que nos dice el Espíritu, para escuchar la voz que nos viene de lo alto. Pues nos habla continuamente con el Espíritu de vida y se hace voz sobre el firmamento que se cierne sobre el ápice de nuestro espíritu; pero nosotros, que tenemos la atención fija en otra parte, no escuchamos al Espíritu que nos habla.

En el pesebre

(Texto de san Elredo de Rielvaux [1110-1167], monje cisterciense)

“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador , que es el Mesías, el Señor.” (Lc 2,11) “Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.” (Lc 2,12) Así que os digo: ¡tenéis que amar! Teméis al Señor de los ángeles, pero amad al niño; teméis el Señor en su majestad, pero amad al pequeño envuelto en pañales; teméis al rey de los cielos, pero amad al niño acostado en un pesebre! Corramos, pues, como los pastores cuando escucharon la buena noticia....

¿Qué hay de especial en este niño en pañales y acostado en un pesebre? Todos los niños recién nacidos son envueltos en pañales. ¿Dónde está pues la señal? Se podrían decir muchas cosas sobre este signo...Pero, digamos en breve: Belén, “la casa del pan”, es la Santa Iglesia donde es distribuido el pan del cuerpo de Cristo, el verdadero pan de vida. El pesebre de Belén es el altar en la Iglesia. Aquí se alimentan los miembros de la familia de Cristo. Los pañales significan el aspecto exterior de los sacramentos. En este pesebre, bajo la apariencia de pan y de vino, está el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo. Aquí vemos que está Cristo en persona, pero envuelto en pañales, es decir, presente de forma invisible bajo los signos sacramentales. No hay signos más grandes y más evidentes del nacimiento de Cristo que el hecho de acercarnos diariamente a su cuerpo y su sangre en el altar santo, y el hecho que vemos diariamente inmolarse por nosotros a Aquel que nació una sola vez de la Virgen.

Así, pues, hermanos, apresurémonos para llegar al pesebre del Señor. En cuanto podamos preparémonos a este encuentro con su gracia, asociados a los ángeles, “con un corazón puro y buena conciencia y una fe sincera” (2 Cor 6,6) Entonces cantaremos al Señor con toda nuestra vida y nuestro comportamiento: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor.” (Lc 2,14)

¡Llega la Navidad!

(De la Audiencia General del Papa Francisco del 18 de diciembre de 2019)

Dentro de una semana será Navidad. En estos días, mientras corremos para hacer los preparativos de la fiesta, podemos preguntarnos: “¿Cómo me preparo para el nacimiento del festejado?” Un modo sencillo pero eficaz de prepararse es hacer el belén. Este año yo también he seguido este camino: fui a Greccio, donde San Francisco hizo el primer belén, con los lugareños. Y escribí una carta para recordar el significado de esta tradición, lo que significa el belén en el tiempo de Navidad.

En efecto, el pesebre «es como un Evangelio vivo» (Carta apostólica Admirabile signum, 1). Lleva el Evangelio a los lugares donde uno vive: a las casas, a las escuelas, a los lugares de trabajo y de reunión, a los hospitales y a las residencias de ancianos, a las cárceles y a las plazas. Y allí donde vivimos nos recuerda algo esencial: que Dios no permaneció invisible en el cielo, sino que vino a la Tierra, se hizo hombre, un niño. Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al Niño con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad. Entonces es bonito estar delante del pesebre y allí confiar nuestras vidas al Señor, hablarle de las personas y situaciones que nos importan, hacer con Él un balance del año que está llegando a su fin, compartir nuestras expectativas y preocupaciones.

Junto a Jesús vemos a la Virgen y a san José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un Evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente “comedero”, mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa “casa del pan”. Pesebre y casa del pan: el belén que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos.

El pesebre nos ofrece otra enseñanza de vida. En los ritmos de hoy, a veces frenéticos, es una invitación a la contemplación. Nos recuerda la importancia de detenernos. Porque sólo cuando sabemos recogernos podemos acoger lo que cuenta en la vida. Sólo si dejamos el estruendo del mundo fuera de nuestras casas nos abrimos a escuchar a Dios, que habla en silencio. El pesebre es actual, es la actualidad de cada familia. Ayer me regalaron una figura de un belén especial, una pequeña, llamada: “Dejemos descansar a mamá”. Representaba a la Virgen dormida y a José que hacía que el Niño se durmiera. Cuántos de vosotros tienen que repartir la noche entre marido y mujer por el niño o la niña que llora, llora, llora, llora. “Dejemos que mamá descanse” es la ternura de una familia, de un matrimonio.

El pesebre es más actual que nunca, cuando cada día se fabrican en el mundo tantas armas y tantas imágenes violentas que entran por los ojos y el corazón. El pesebre es, en cambio, una imagen artesanal de la paz. Por eso es un Evangelio vivo.

Queridos hermanos y hermanas, del pesebre podemos sacar también una enseñanza sobre el sentido mismo de la vida. Vemos escenas cotidianas: los pastores con las ovejas, los herreros que baten el yunque, los molineros que hacen pan; a veces se insertan paisajes y situaciones de nuestros territorios. Está bien, porque el pesebre nos recuerda que Jesús viene a nuestra vida concreta. Y esto es importante. Hacer un pequeño belén, en casa, siempre, porque es el recuerdo de Dios que vino entre nosotros, nació entre nosotros, nos acompaña en la vida, es hombre como nosotros, se hizo hombre como nosotros. En la vida diaria ya no estamos solos, Él vive con nosotros. No cambia mágicamente las cosas pero, si lo acogemos, todo puede cambiar. Os deseo, entonces, que hacer el pesebre sea la ocasión de invitar a Jesús a la vida. Cuando hacemos el belén en casa, es como si abriéramos la puerta y dijéramos: “Jesús, ¡entra!”, es hacer concreta esta cercanía, esta invitación a Jesús para que venga a nuestra vida. Porque si Él habita nuestra vida, la vida renace. Y si la vida renace es de verdad Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo C): Lucas 3,15-16.21-22


El Espíritu del Padre y del Hijo

El Espíritu del Padre y del Hijo
en este momento yo pido
para entender el sentido
de lo que hoy la Palabra ha dicho,
y que con un corazón convertido
convierta el mensaje en vivido.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 3,15-16.21-22: En aquel tiempo, como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego».

Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido».

b) Contexto histórico y cultural

Luego de su niñez, Jesús acude a ser bautizado por Juan el Bautista, quien ha estado predicando un arrepentimiento porque los tiempos se han cumplido. La escena es una teofanía trinitaria, donde desciende el Espíritu Santo sobre el Hijo, en medio de las palabras de complacencia del Padre; es el inicio de la vida pública de Jesús.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡Se inicia quien da la vida!

En su Nombre se bautiza,
y llega a ser bautizado,
de Dios, el Hijo encarnado,
que una nueva etapa inicia.

Renuente estaba el Bautista
¿bautizar al que he anunciado?
se diría muy intrigado:
¡no merezco tanta dicha!
Cumplamos toda justicia,
dice el divino iniciado.

El Espíritu ha bajado,
el cielo abrió su cortina,
ángeles cantan con risa,
y el Padre de gozo ha hablado:
"Este es mi hijo amado".
¡Se inicia quien da la vida!

3. Oración

De tu Espíritu, un bautizo

De tu Espíritu, un bautizo,
con tu Padre en armonía,
sea yo, Señor, tu bujía,
un buen fuego y no un tizo,
que muestre qué tu mano hizo
y que al Cielo eres la vía.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A contemplar y valorar aquel momento del inicio de la vida pública de Jesús,
y a renovar mis propios compromisos bautismales,
se me invita en el día de hoy;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 12 de Enero - Navidad: Juan 3,22-30


De tu Espíritu Santo, Señor, pedimos el auxilio al orar tu Santa Palabra ahora; que nuestro entendimiento nos abra y el corazón nos ablande para discernir y acoger cuanto has decidido comunicarnos en este día, y que lo convirtamos en acción en nuestra cotidianidad. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 3,22-30: En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea, donde pasó algún tiempo con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, donde había mucha agua. La gente acudía y era bautizada. Esto sucedió antes que metieran a Juan en la cárcel.

Por entonces, algunos de los seguidores de Juan comenzaron a discutir con un judío sobre la cuestión de las purificaciones, y fueron a decirle a Juan: «Maestro, el que estaba contigo al oriente del Jordán, aquel de quien nos hablaste, ahora está bautizando y todos le siguen». Juan les dijo: «Nadie puede tener nada si Dios no se lo da. Vosotros mismos me habéis oído decir claramente que yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado por Dios delante de él. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; y el amigo del novio, que está allí y le escucha, se llena de alegría al oírle hablar. Por eso, también mi alegría es ahora completa. Él ha de ir aumentando en importancia, y yo, disminuyendo».

b) Contexto histórico y cultural

El ministerio de Jesús ha comenzado a crecer, ya no sólo en Galilea, también en la región de Judea, por lo que surge cierto celo entre algunos de los discípulos del Bautista que acuden a él a manifestar lo que parece ser una inconformidad.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Hicimos lo de nosotros

Ya hizo su entrada el novio,
le hemos preparado la mesa;
que empiece pronto la fiesta,
para Él serán los elogios.

Que su resplandor sea obvio
y su importancia ahora crezca;
nuestra alegría ya es completa,
pues hicimos lo de nosotros.

3. Oración

Como Juan

Preparando, como Juan,
el camino del Señor,
a Jesús sea el honor,
sin pretender yo brillar;
ya el salario llegará,
en anticipo, Él me amó;
¿y qué más querría yo?
¡Siempre por Él sea mi afán!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Procurar el resplandor de Cristo,
sin yo pretender brillar,
es la invitación que se me hace en este día;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 11 de Enero - Navidad: Lucas 5,12-16


Danos, Señor, la abundancia de tu Espíritu Santo en este momento a los que habremos de leer tu santa Palabra y orar con ella en cualquier lugar o momento. Que podamos entenderla y convertirla en acción en la vida de cada uno. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 5,12-16: Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra. Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.

b) Contexto histórico y cultural

La lepra, hasta no hace mucho tiempo, era considerada una de las peores enfermedades; tanto por el aspecto del cuerpo del enfermo como por la condición de aislamiento a que éste era sometido. Se pensaba que era una maldición que acarreaba impureza tanto a los enfermos como a los que entraran en contacto con él. En la cultura judía, incluso se creía que su origen era pecaminoso, siendo el sacerdote la persona encargada de diagnosticar su contagio y sanación.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Me he atrevido

Me he atrevido y he salido a verte
aunque mi estado, que hallan repugnante,
me ha convertido en repulsa andante,
en un cadáver viviendo su muerte;

pero esperanza es mucho más que suerte,
y, por el rechazo, muy vacilante,
ante tus pies me postro suplicante
porque, Señor, quería conocerte.

Quieras, Señor, limpiarme en este encuentro
aunque soy tabú por mi condición;
y no sólo en piel, pues más sucio hay dentro.

Y, entonces, sin asco, siendo tocado
por ti, con tu amor; de Dios, el perdón:
¡quiero!, -me dices-; ¡soy limpio y sanado!

3. Oración

Diré

Silencio pedías al cumplir tu misión,
cuando al mundo trajiste la salvación;
perdona, Señor, pero no es lo que haré;
lo que has hecho conmigo, a todos diré.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Acudir a ti,
a tu presencia,
confiando en que quieres lo mejor para mi,
es mi compromiso hoy.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 10 de Enero - Navidad: Lucas 4,14-22


Que podamos hoy acoger rectamente tu Palabra, Señor, iluminados por tu Santo Espíritu; y que por su acción en nosotros, la podamos aplicar en nuestra vida. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 4,14-22: En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.

b) Contexto histórico y cultural

Ya con reputación de predicador itinerante y taumaturgo, y con un grupo de discípulos que le sigue, Jesús regresa al pueblo donde se crió, donde, aunque ya han escuchado de su fama, nunca le habían conocido en esos aspectos. Aunque continúa con lo que ya ha comenzado a hacer en otras regiones, no tiene gran éxito aquí.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¿No es este aquel muchacho?

¿No es este aquel muchacho
a quien siempre yo veía,
y que incluso corregía
junto a todos sus hermanos?

A oírlo me han invitado
pupilos con alegría.
¿Es profeta?; ¿quién creería?;
ni tampoco a los milagros;

De un enfermo, en casa mía,
está estropeada la camilla;
se la llevaré al muchacho
pues es hábil con las manos.
Pero en las entrañas mías
una frase me palpita:
"con la mente, has blasfemado".

3. Oración

Gracias, Señor,
por haber venido pobre,
para llegar a los pobres;
te pido, ser como los pobres,
que en ti conseguirán la mayor de las riquezas:
tu Reino.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A anunciar el Reino de Dios a los míos,
familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos,
estoy llamado en este día,
aunque, por la cercanía,
no me reconozcan como profeta.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 9 de Enero - Navidad: Marcos 6,45-52


Con Él, mi ánimo levanto

Tu Espíritu Santo,
esclarecedor y animador,
te pedimos ahora, Señor;
así a tu mensaje santo
le desvela el manto
y nuestro interior
recibirá su esplendor;
con Él, mi ánimo levanto.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 6,45-52: Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús enseguida dio prisa a sus discípulos para subir a la barca e ir por delante hacia Betsaida, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y Él, solo, en tierra.

Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo. Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero Él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Ánimo!, que soy yo, no temáis!». Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.

b) Contexto histórico y cultural

Jesús, que se se había retirado a orar luego de despedir a la gente a quienes alimentó al multiplicar panes y peces, camina sobre las aguas en la noche provocando asombro y temor en sus discípulos a quienes calma al hablarles.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Cuando empieza la tormenta

Cuando empieza la tormenta
tu llegada me conforta,
y si es fuerte no me importa
porque Tú eres quien la enfrenta.

Y si la duda comienza
tu Palabra la controla
para que, del temor, la ola,
de ningún modo me venza;

el consuelo de un "no temas"
asegura mi custodia,
contra el temporal, ¡victoria!:
se doblegan los problemas.

Señor, pronta es tu asistencia,
sobre todo auxiliadora,
ya la mar se encuentra ahora
sosegada en tu presencia.

3. Oración

Confianza y fe

Confianza y fe en ti me pides,
Señor, en la tempestad;
confiar en que me acompañas
y, en tus manos, todo está;
tener fe, aunque parezca
esta barca zozobrar.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la confianza
y a la fe en Jesús,
en medio de las dificultades,
se me invita en el día de hoy;
¡confío en ti, Señor!
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del 8 de Enero - Navidad: Marcos 6,34-44


En este momento de oración que ahora iniciamos con tu Santa Palabra, pedimos, Señor, la acción de tu Santo Espíritu en todos nosotros, para recibir con alegría el mensaje que has decidido comunicarnos con el Evangelio de este día, y que nuestra respuesta sea convertirlo en obras. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 6,34-44: En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: «Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer». Y Él les respondió y dijo: «Dadles vosotros de comer». Y le dijeron: «¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». Él les contestó: «¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo». Y habiéndolo visto, dicen: «Cinco, y dos peces».

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

b) Contexto histórico y cultural

Jesús ha intentado un "retiro" a solas con sus discípulos, luego de que ellos regresan de una misión de evangelización, pero la misericordia le lleva un cambio de planes en que realiza la multiplicación de los panes y los peces.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Cinco panes y dos peces

Cinco panes y dos peces,
el aporte de un muchacho;
no alcanzaba para tantos
pero dio y sobró con creces;
no fue magia, no fue suerte,
ni tampoco fue un acaso;
fue tan sólo el primer plato
de un delicioso banquete
el cual tiene un plato fuerte
que es la carne del Cordero.
Ya está puesto el caldero
y también ya tiene aceite,
pero aun no esta caliente
porque no ha llegado el tiempo.
No le cuezan a destiempo
porque ya su hora viene.

3. Oración

De tu festín quiero comer

De tu festín quiero comer;
no sólo pan y algo de pez,
Pan de vida, quiero esta vez;
ese que sana el padecer
cambiando, a un hoy, mi raro ayer;
porque es también medicamento,
además de santo alimento;
es íntima aproximación
a lo divino en comunión.
¡Es Sacrosanto Sacramento!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la misericordia se me invita hoy;
a apiadarme de las penurias ajenas
y a compartir el pan con los necesitados;
acciones del día, y a partir de hoy.
Amén.

En el pesebre

(Lucas 2,16: Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre)
Sobre un pesebre yace,
puesto con delicadeza,
encarnado el Niño Dios
que María y José contemplan
y le prodigan cuidado
en una amorosa escena.
Es el coautor de la vida,
y no es en pobre riqueza
que a salvar al mundo viene;
sino en la rica pobreza
de los bienaventurados
que sólo es en Dios que esperan.
Son unos pobres pastores
los primeros que se enteran:
"ha nacido el Salvador",
Gabriel da la buena nueva,
y tanta importancia dan
que atrás quedan las ovejas.
Se nos invita ahora:
¡Jesús a nosotros llega!;
si abrimos el corazón,
de Belén, será la cueva.

Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de la Sagrada Familia (Ciclo C): Lucas 2,41-52


Al orar los Santos Libros

Espíritu Divino,
Paráclito Señor,
al orar los Santos Libros
quiero pedirte un don:
tu luz, ahora yo pido,
me ilumine el corazón
para poder ver el camino
que hoy me señala Dios;
disponerme a seguirlo
con confianza y sin temor,
y con tu ánimo vivirlo
para siempre con ardor.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 2,41-52: Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

b) Contexto histórico y cultural

La fiesta de la Pascua generaba peregrinaciones a Jerusalén, que en la época de Jesús estaban organizadas por género: hombres al principio y al final, y mujeres con niños aparte en el centro; probablemente la edad de 12 años del niño Jesús en este episodio produjo la confusión de que tanto José como María, por separado, pensaran que el niño estaba con el otro de ellos dos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

En la Familia Sagrada

En la Familia Sagrada
también unas cosas pasan:
el niño ayer se ha perdido;
¿adonde se habrá metido?
Del Padre, estaba en la Casa;
hay corrección con confianza;
aunque no del todo entendido,
su sentir es comprendido;
ahora prosigue la crianza,
después Él dará enseñanzas.

3. Oración

Sagrada familia de Nazaret

Sagrada familia de Nazaret,
modelo de unión y tenacidad,
no les doblegó la contrariedad
de los obstáculos para vencer.

Ustedes hoy, Jesús, María y José,
nos muestran la clave para triunfar
en las familias de cualquier edad:
escuchar a Dios y obedecer.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A imitar las virtudes de la Sagrada Familia de Nazaret,
su religiosidad y devoción,
la adecuada corrección,
y al respeto a la individualidad y personalidad
se me invita en este día;
esa es mi acción desde hoy,
con la ayuda de Dios.
Amén.

El primer hecho salvífico

(Juan 1,9: La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre)
El primer hecho salvífico
del amoroso proyecto
de restaurar lo perdido:
es plenitud de los tiempos;
la inmensidad infinita
decide asumir un cuerpo
y bajando de lo alto
nace anonadado el Verbo.
El amor junto a humildad
son olores del momento;
amor del Padre, que al Hijo
ha enviado hacia estos suelos;
amor del Hijo, que es Dios
y baja a niño de pecho;
amor de madre en María
a un bebé con tantos riesgos;
y ausente no fue en José
que lo mostró con su esfuerzo.
¡Encarnado en la humildad!,
bien cercano a los pequeños;
en la tierra así sería
para darnos gran ejemplo.
Contemplemos hoy al niño,
la escena del nacimiento;
el amor que nos infunde
y que Él lleva hasta el extremo.

Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta del Bautismo del Señor (Ciclo B): Marcos 1,7-11


El Espíritu del Padre y del Hijo

El Espíritu del Padre y del Hijo
en este momento yo pido
para entender el sentido
de lo que hoy la Palabra ha dicho,
y que con un corazón convertido
convierta el mensaje en vivido.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 1,7-11: En aquel tiempo, predicaba Juan diciendo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo». Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a Él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».

b) Contexto histórico y cultural

Luego de su niñez, Jesús acude a ser bautizado por Juan el Bautista, quien ha estado predicando un arrepentimiento porque los tiempos se han cumplido. La escena es una teofanía trinitaria, donde desciende el Espíritu Santo sobre el Hijo, en medio de las palabras de complacencia del Padre; es el inicio de la vida pública de Jesús.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡Se inicia quien da la vida!

En su Nombre se bautiza,
y llega a ser bautizado,
de Dios, el Hijo encarnado,
que una nueva etapa inicia.

Renuente estaba el Bautista
¿bautizar al que he anunciado?
se diría muy intrigado:
¡no merezco tanta dicha!
Cumplamos toda justicia,
dice el divino iniciado.

El Espíritu ha bajado,
el cielo abrió su cortina,
ángeles cantan con risa,
y el Padre de gozo ha hablado:
"Este es mi hijo amado".
¡Se inicia quien da la vida!

3. Oración

De tu Espíritu, un bautizo

De tu Espíritu, un bautizo,
con tu Padre en armonía,
sea yo, Señor, tu bujía,
un buen fuego y no un tizo,
que muestre qué tu mano hizo
y que al Cielo eres la vía.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A contemplar y valorar aquel momento del inicio de la vida pública de Jesús,
y a renovar mis propios compromisos bautismales,
se me invita en el día de hoy;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Nacido en la angostura del tiempo

(De "Dios, amor que desciende" por Karl Rahner)

Con frecuencia, sufrimos bajo el peso de nuestra situación, determinada por la historia precedente y por sus factores. Somos a menudo pelotas de la política, experimentamos sus consecuencias, miramos con terror al futuro; nos preguntamos cómo puede ser posible, en tales condiciones, nuestra vida tal como nosotros la planeamos. Angustiados y desconfiados de ella y de su ámbito existencia!, nos preguntamos continuamente si la realidad nos suministra el material que necesitamos para organizaría.

El Logos de Dios ha osado meterse en esta trastornada realidad para convertirse en un indeseable desterrado, miembro de una familia venida a menos, ciudadano de un país esclavizado. Nace en pobreza, en un establo, porque a María y José no les reciben en la posada; tanto que san Pablo puede decir de su pobreza: «por nosotros se hizo pobre, siendo rico...» (2 Co 8,9). Pero esta pobreza nada tiene de extraordinario, no llama la atención. Lo que María y José tuvieron que pasar en Belén, probablemente no les alteró. Lo recibieron como la suerte normal de la gente baja. Sin embargo, un nacimiento en condiciones tan infelices y vulgares no parece, al menos para nuestro gusto, el principio adecuado de una vida grandiosa.

Todo el ambiente en que Jesús nació resulta estrecho, ordinario, sofocantemente monótono; ni radicalmente pobre ni apto para desplegar una existencia de altos vuelos. Es, además, un nacimiento al anonimato: acontece en un sitio cualquiera, los coetáneos tienen otras cosas en que ocuparse. Un par de infelices pastores estiman que es un acontecimiento bastante notable; la historia universal ni se entera.

El hecho mismo de nacer habla de estrechez. Nacer significa ser puesto en la existencia sin previa consulta. La conciencia fundamental de ser llamado sin haber sido interpelado, la contingencia auto-consciente, son propiedades de la existencia del espíritu finito. El punto de arranque de nuestra vida que determina esta vida única a una única eternidad, sin posibilidad de evadirnos por entero, lo dispone incontestablemente otro. La aceptación de este principio incontrolable corresponde a la realización básica de la existencia humana y, particularmente, cristiana.

Tampoco la existencia humana del Logos podía correr una suerte diversa de la que corresponde a todo lo creado: está entera y completamente a disposición del Dios Creador. También Jesús tenía que empezar. Por muy grandiosa que imaginemos la gloria de este Niño que se nos ha dado, de hecho su nacimiento debía significar un descenso a la angostura. Naciendo, ha asumido verdadera y auténticamente nuestra historia. Cómo podamos y debamos conciliar esto con los privilegios que la teología justamente le atribuye, es otra cuestión. Lo que aquí tenemos que notar es que vino al mundo como todos nosotros para empezar con algo previo irreversiblemente establecido; en última instancia, la muerte.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de la Sagrada Familia (Ciclo B): Lucas 2,22-40


Al orar los Santos Libros

Espíritu Divino,
Paráclito Señor,
al orar los Santos Libros
quiero pedirte un don:
tu luz, ahora yo pido,
me ilumine el corazón
para poder ver el camino
que hoy me señala Dios;
disponerme a seguirlo
con confianza y sin temor,
y con tu ánimo vivirlo
para siempre con ardor.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 2,22-40: Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

b) Contexto histórico y cultural

El texto de hoy nos presenta una familia unida y obediente a Dios: de acuerdo a la ley el tiempo de purificación era de 40 días, al cabo del cual la madre se debía presentar ante el sacerdote con la ofrenda para el sacrificio; lo ofrecido fue la ofrenda permitida a los pobres.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Sagrada familia de Nazaret

Sagrada familia de Nazaret,
modelo de unión y tenacidad,
no les doblegó la contrariedad
de los obstáculos para vencer.

Ustedes hoy, Jesús, María y José,
nos muestran la clave para triunfar
en las familias de cualquier edad:
escuchar a Dios y obedecer.

Abran las puertas

Ahí vienen José y su familia,
cumple la ley, como buen judío;
María y el crío que reconcilia
con Dios, completan el santo trío.

Abran las puertas, entra grandeza:
traen al Mesías, nacido en Belén,
que tiene ya la gracia y pureza
y hoy entra al Templo en Jerusalén.

Aunque esperan, no saben quién es;
oiganlo bien: ¡Jesús es su nombre!
y trae la salvación para el hombre;
y como pobres, su don no es res,

la familia entrega dos pichones.
Humilde donación ofrecida;
después el niño dará su vida,
y, de su Santo Espíritu, dones.

3. Oración

La Sagrada Familia de Nazaret
nos enseña que a Dios hay que obedecer,
y nos muestra la humildad que hay que tener;
imitemos hoy esa forma de ser.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A seguir el ejemplo de la Sagrada Familia:
sus humildad y obediencia
se me está invita en este día;
esa es mi acción, con la ayuda de Dios.
Amén.

María envolvió al niño en pañales

(De "La infancia de Jesús" por Benedicto XVI)

Podemos imaginar sin sensiblería alguna con cuánto amor esperaba María su hora y preparaba el nacimiento de su hijo.

La tradición de los iconos, basándose en la teología de los Padres, ha interpretado también teológicamente el pesebre y los pañales.

El niño envuelto y bien ceñido en pañales aparece como una referencia anticipada a la hora de su muerte: es desde el principio el Inmolado, como veremos todavía con más detalle al reflexionar sobre la palabra acerca del primogénito. Por eso el pesebre se representaba como una especie de altar.

San Agustín ha interpretado el significado del pesebre con un razonamiento que en un primer momento parece casi impertinente, pero que, examinado con más atención, contiene en cambio una profunda verdad.

El pesebre es donde los animales encuentran su alimento. Sin embargo, ahora yace en el pesebre quien se ha indicado a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo, como el verdadero alimento que el hombre necesita para ser persona humana. Es el alimento que da al hombre la vida verdadera, la vida eterna. El pesebre se convierte de este modo en una referencia a la mesa de Dios, a la que el hombre está invitado para recibir el pan de Dios.

En la pobreza del nacimiento de Jesús se perfila la gran realidad en la que se cumple de manera misteriosa la redención de los hombres.

Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3: «El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende».