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Lectura orante del Evangelio del Lunes de la Semana 3 de Adviento: Mateo 21,23-27


Pedimos la acción de tu Santo Espíritu, Señor, en cada uno de nosotros para leer, entender y vivir el mensaje de tu Santa Palabra, con la luz de la sabiduría y con el impulso de animación que Él puede darnos. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 21,23-27: En aquel tiempo, Jesús entró en el templo. Mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha dado tal autoridad?». Jesús les respondió: «También yo les voy a preguntar una cosa; si me contestan a ella, yo les diré a mi vez con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?». Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: ‘Del cielo’, nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por profeta». Respondieron, pues, a Jesús: «No sabemos». Y Él les replicó asimismo: «Tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto».

b) Contexto histórico y cultural

Dos ingredientes se mezclan de un modo explosivo en este texto de hoy. Por un lado, la reputación que ha adquirido Jesús de profeta y maestro, con palabras y acciones que atraen a las masas; y por el otro lado, el anuncio insistente de Juan el Bautista que ha estado declarando como inminente la llegada del tan esperado Mesías. Es entonces que Jesús llega a Jerusalén, la capital política y religiosa; reprende y expulsa a los vendedores del templo, realiza curaciones y comienza a predicar. Esto produce el estallido de celo de las autoridades religiosas a cargo del templo que acuden a aquél, cuya fama ya conocen, y le cuestionan sobre su autoridad para realizar esas acciones.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Aunque yo no estaba en ese templo

Aunque yo no estaba en ese templo,
a ellos, yo les quisiera preguntar:
¿Cuál es la razón de esa hostilidad?
¿Quién puede impedirle hablar al Verbo?

¿Por qué ese cuestionamiento artero?
¿Está prohibido enseñar la verdad?
¿Tiene el dueño que explicar autoridad
a quienes se han apropiado del templo?

¿Por qué mejor no utilizan los sesos?
¿Hasta cuándo tanta mediocridad?
¿Por qué continúan con tanta maldad?
¿Qué dijo Isaías sobre el siervo?

¿No creen que el Bautista fue sincero
cuando anunciaba con tanta humildad
al que venía con superioridad
y sobre quien vio abrirse el cielo?

Para nosotros, en este tiempo,
aquel lugar tiene otra localidad:
Si ya somos, de Cristo, propiedad,
de su Espíritu, somos el templo.

Amén.

3. Oración

Dame, Señor,
el celo por tu casa...
y por tus cosas;
que, donde habitas,
respeto haya.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Tratar con suma devoción las cosas santas
es mi compromiso a partir de hoy.
Amén.