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Lucas 1,57-66.80: El Nacimiento de san Juan Bautista


Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo:
«No; se ha de llamar Juan».
Le decían:
«No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre».
 Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?».
 Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

REFLEXIÓN (de "VIDA DE LOS SANTOS DE BUTLER"):

San Agustín hace la observación de que la Iglesia celebra la fiesta de los santos en el día de su muerte que, en realidad, es el día del nacimiento, del gran nacimiento a la vida eterna; pero que, en el caso de San Juan Bautista, hace una excepción y le conmemora el día de su nacimiento, porque fue santificado en el vientre de su madre y vino al mundo sin culpa. A decir verdad, la mayoría de los teólogos expresan su opinión de que Juan quedó investido con la gracia santificante, impartida por la presencia invisible de nuestro Divino Redentor, en el momento en que la Santísima Virgen visitó a su prima, Santa Isabel. Pero de cualquier manera, es digno de celebrarse el nacimiento del Precursor, ya que fue motivo de inmensa alegría para la humanidad tener entre sus miembros al que iba a anunciar la proximidad de la Redención.

Zacarías, el padre de Juan, era un sacerdote de la ley judía, e Isabel, su esposa, descendía, como él, de la casa de Aarón. Las Sagradas Escrituras nos aseguran que ambos eran justos, que su virtud era sincera y perfecta y que "los dos marchaban con fidelidad en los mandamientos y las ordenanzas del Señor". Y sucedió que, en el ejercicio de su ministerio sacerdotal, le tocó en turno a Zacarías la tarea de entrar en el Templo para cumplir con la ceremonia matinal y vespertina de ofrecer el incienso; un día muy especial, cuando se hallaba solo dentro del santuario y el pueblo oraba fuera, tuvo la visión del arcángel Gabriel que apareció de pie, al lado derecho del altar del incienso. Zacarías se sintió turbado y presa del temor, pero el ángel le tranquilizó al hablarle con un tono dulce y sereno para anunciarle que sus plegarias habían sido escuchadas y en consecuencia, su mujer, no obstante que era señalada como estéril, iba a concebir y le daría un hijo. El ángel agregó: "Tú le darás el nombre de Juan y será para ti objeto de júbilo y de alegría; muchos se regocijarán por su nacimiento, puesto que será grande delante del Señor". Las alabanzas al Bautista son particularmente notables porque fueron inspiradas por el mismo Dios.

Desde su concepción, Juan fue elegido para que fuese el heraldo, el portavoz del Redentor del mundo, la voz misma que iba a proclamar ante la humanidad la Palabra Eterna, la estrella matutina que iba a brillar como un sol de justicia y la luz del mundo. A menudo, otros santos fueron distinguidos por ciertos privilegios que pertenecían a su carácter especial; pero Juan los excedió a todos en cuanto a la recepción de gracias que hicieron de él, a un tiempo mismo, maestro, virgen y mártir. Y además, fue un profeta y más que un profeta, puesto que inició su misión al señalar al mundo, abiertamente, a Aquél a quien los antiguos profetas habían pronosticado vagamente y a distancia. La inocencia inmaculada es una gracia preciosa, y los primeros frutos del corazón se deben entregar a Dios; por consiguiente, el ángel mandó a Zacarías que el niño fuese consagrado al Señor desde su nacimiento y que (un indicio sobre la necesidad de mortificación si se desea proteger la virtud) jamás bebiera vino ni otro licor embriagante.

Las circunstancias del nacimiento de Juan, lo señalan como un milagro evidente, porque en aquel tiempo Isabel era ya vieja y, de acuerdo con el curso de las cosas naturales, no estaba en edad de concebir. Pero Dios había ordenado la cuestión de tal manera, que el suceso fuera tomado como el fruto de largos años de fervientes plegarias. No obstante, Zacarías, embargado aún por el asombro que le causó el anuncio y, en tono vacilante, pidió al ángel que le diese una señal o una prenda para asegurarle el cumplimiento de la gran promesa. Para conceder el signo pedido, pero al mismo tiempo para castigar las dudas del sacerdote, el arcángel Gabriel le informó que iba a quedar mudo hasta que llegase la hora del nacimiento del niño.

Isabel concibió y, en el sexto mes de su embarazo, recibió la visita de la Madre de Dios, quien llegó para saludar a su prima: "y sucedió que, en el momento en que Isabel oyó la salutación de María, la criatura que llevaba en el vientre saltó de júbilo". Al cumplirse los nueve meses de su embarazo, Isabel dio a luz un hijo, que fue circuncidado al octavo día. A pesar de que los familiares y amigos insistieron para que el recién nacido llevase el nombre de su padre, Zacarías, la madre exigió que fuera llamado Juan. También Zacarías respaldó la exigencia al escribir en una tablilla: "Su nombre es Juan". El sacerdote recuperó inmediatamente el uso de la palabra y entonó el hermoso himno de amor y agradecimiento conocido como "Benedictus", que la Iglesia repite a diario en su oficio y que considera apropiado para pronunciarlo sobre la tumba de todos y cada uno de sus fieles hijos, cuando sus restos se entregan a la tierra.

El Nacimiento de San Juan Bautista fue una de las primeras fiestas religiosas que encontraron un lugar definido en el calendario de la Iglesia; el lugar que ocupa hasta hoy: el 24 de junio.

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De fecha variable:

Santísima Trinidad (Ciclo B): Mateo 28,16-20

Lectura orante del Evangelio de la Solemnidad de Todos los Santos: Mateo 5,1-12a


Tu Espíritu Santo pedimos ahora, Señor, para que nos inunde de su amor, y con su luz entender el mensaje de tu Palabra de este día, con la que nos disponemos a orar en este momento; y para que ablande nuestros corazones para ser transformados, de modo que convirtamos en obra de vida lo que hayamos orado. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 5,1-12a: En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

b) Contexto histórico y cultural

Luego del inicio de su vida pública, ya siendo conocido y seguido por las multitudes, Jesús dirige a sus discípulos y a la gente que le seguía el Sermón de la Montaña, que contiene la esencia de su doctrina; la parte inicial del discurso son las llamadas bienaventuranzas, que aparecen en el texto del pasaje de hoy.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Bienaventurado

Sí, Señor, yo quiero ser un osado
de los que se lanzan en aventura,
aunque al procurar tu buena ventura
todo el mundo se me vaya del lado.

Me alivia hoy ser por ti consolado
y, después de esta vida tan dura,
espero la recompensa futura
por haber sido, tuyo, aventurado.

Amén.

3. Oración

Señor, el Bienaventurado por excelencia fuiste Tú:
pobre, manso, justo, pacificador, misericordioso, perseguido;
haz de mí un bienaventurado que asuma tus bienaventuranzas como norma de vida,
para poder alcanzar el Reino de los Cielos.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A esforzarme por vivir las bienaventuranzas,
se me invita a partir de hoy;
ayúdame, Señor,
para emprender y cumplir esa acción.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de San Simón y San Judas, Apóstoles: Lucas 6,12-19


A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones

A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones,
para que cumpliesen sus misiones;
en esta fiesta de uno de tus enviados
queremos también ser afortunados,
y que tu Santo Espíritu nos de sus dones
al orar el Evangelio que hoy nos propones,
para que captemos el mensaje claro
y que en nuestra vida sea aplicado.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 6,12-19: En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

b) Contexto histórico y cultural

Los apóstoles Simón y Judas fueron dos del grupo de los doce llamados directamente por Jesús para acompañarle y ser enviados a compartir su misión; se les llama Tadeo, que significa "valiente para proclamar la fe", para diferenciarlos de otro par de apóstoles con nombres similares (Simón, llamado Pedro, y Judas Iscariote, el traidor). Según una antigua tradición, a San Simón lo martirizaron aserrándolo por el medio, y a San Judas lo decapitaron con un hacha.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Apóstoles

Apóstoles, los emisarios,
que en esa divina misión
anunciaron la salvación
a un mundo muy necesitado;
al momento de ser llamados
escucharon la viva voz
del mismo Cristo, Hijo de Dios,
convirtiéndoles en enviados;
y, aceptando aquel encargo,
bendita fue la decisión;
sin consulta ni discusión
no hubo que esperar ni un rato.
Ahora somos el reemplazo,
apóstoles del mundo de hoy;
les pedimos su intercesión
para realizar el trabajo
como lo hizo el grupo de antaño,
y que yo mismo, hoy, diga "voy"-

Amén.

3. Oración

Ven y sígueme

"Ven y sígueme", oí,
y en pos tuyo ya voy;
tu discípulo soy,
sólo un nuevo aprendiz;
si cometo un desliz,
pues corrígeme hoy;
no me importa el rigor,
te seguiré siempre a ti.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Seguir a Jesús,
y atreverme a anunciarle,
son las acciones a que se me invita en este día;
envíame, y sé Tú mi guía, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de San Lucas, Evangelista: Lucas 10,1-9


Orar con el Evangelio de Cristo

Ven Espíritu Santo en mi auxilio,
pues voy a orar con el Evangelio de Cristo;
con aquellas Palabras que Él nos dijo
en un tiempo, para todos los siglos;
para yo acogerlo cuento contigo,
no sólo entender, también vivirlo,
siendo transformado para ser testigo
sin temor, y capaz de difundirlo.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 10,1-9: En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.

En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’».

b) Contexto histórico y cultural

San Lucas, considerado el autor del Evangelio según San Lucas y del Libro de los Hechos de los apóstoles, fue un discípulo de San Pablo, era natural de Antioquía, antigua Turquía, y médico de oficio, con una notable educación y dominio del idioma griego.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Anuncia como puedas

Anuncia como puedas,
de Dios, la Buena Nueva,
pues cuando a Cristo eleva
su Espíritu se queda.

Ve sal y vete fuera,
de voz o con las letras,
que mucha gente espera
salir de las tinieblas.

Jesús será tu fuerza,
su Espíritu en las venas,
comienza ya y enseña
que el Evangelio llega.

3. Oración

Buscas obreros de Dios

Buscas obreros de Dios
para auxiliar a la gente;
que tu mensaje les llegue,
y compartan la misión.

Hoy Tú me envías, Señor,
al pueblo a anunciarte,
sus dolencias aliviarles,
y a alegrar su corazón.

"Llega el Reino de Dios"
será el divino mensaje
que, a la mies, mi boca pase;
¡presto te sirvo, Señor!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Envíame a mí

Envíame a mí a esa labor;
si nadie va, que vaya yo;
si sólo hay dos, uno sea yo;
si hay pocos, aquí estoy, Señor;
y si muchos van, también yo.

Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Memoria de Nuestra Señora del Rosario: Lucas 1,26-38


El Espíritu Santo que cubrió a tu madre

El Espíritu Santo que cubrió a tu madre
con su sombra, y ahora puede ayudarme,
me ilumine, Señor, en esta lectura orante,
y que sea Él quien ahora actuante
agudice mis oídos para escucharte,
me haga entender lo que vas a hablarme,
me conduzca en este rezo para agradarte
y a convertirlo en vida para salvarme.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,26-38: En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Angel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al Angel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». El Angel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios». María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Angel se alejó.

b) Contexto histórico y cultural

Estando en la fase de compromiso de su matrimonio con José, María es anunciada por el ángel de su elección como vía terrena para la encarnación del Hijo de Dios, como cumplimiento de las profecías previamente anunciadas al pueblo de Dios. Ante una idea tan extraña María se muestra sorprendida a causa de la virginidad propia de la etapa matrimonial en que se encontraba; es por ello que el ángel le expone otro acontecimiento extraño a los ojos del mundo, el del embarazo de su pariente Isabel, como muestra de que para Dios todo es posible.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Rosario

A María lancémosle rosas,
pues es de Cristo la Madre hermosa,
que por creer le llaman dichosa
y el Espíritu en ella se posa.

Alegres son las rosas gozosas,
muy importantes las dolorosas,
triunfantes son las rosas gloriosas,
y nos alumbran las luminosas.

Bendita es la Virgen donosa,
humilde, generosa y piadosa;
honremos hoy la madre amorosa
orando su Rosario con rosas.

Dichosa doncella

Dichosa doncella, María;
vientre para el Rey de la gloria
como hombre a insertarse en la historia,
que nuestro Padre Dios escogía.
Desde el momento en que nacía
ángeles guían su trayectoria;
la humildad la hace meritoria
de la elección que se le hacía.

Bienaventurada María,
siempre atenta al alma que llora;
ante su Hijo intercesora;
en que nació, bendito el día.

Amén.

3. Oración

Alégrate María, para yo alegrarme;
llena eres de gracia, que hasta a mi me alcanza;
el Señor está contigo, y quiero que conmigo;
bendita eres entre todas las mujeres, y entre todos los terrenos seres;
y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús; bendito es Él, y por Él, bendita tú.
Santa María, Madre de Dios; eres santa, siempre santa, en tu vientre estuvo Dios;
ruega por nosotros, pecadores; por nosotros, infractores y ofensores, ruega ya;
ahora y en la hora de nuestra muerte; ruega ahora, también mañana, ruega siempre y en la muerte.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A honrar a la Madre de Dios,
admirando sus virtudes,
estoy invitado en este día;
es mi acción;
gracias por darnos tu Madre, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de las Témporas de Acción de Gracias y Petición: Mateo 7,7-11


Al orar los Santos Libros

Espíritu Divino,
Paráclito Señor,
al orar los Santos Libros
quiero pedirte un don:
tu luz, ahora yo pido,
me ilumine el corazón
para poder ver el camino
que hoy me señala Dios;
disponerme a seguirlo
con confianza y sin temor,
y con tu ánimo vivirlo
para siempre con ardor.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 7,7-11: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!».

b) Contexto histórico y cultural

El pasaje de hoy es parte del sermón de la montaña, contentivo de los fundamentos de la doctrina cristiana, pronunciado por Jesús ante sus discípulos y a una multitud que le seguía con avidez para escuchar sus enseñanzas.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Quiero agradecer

Señor, quiero agradecer,
por lo tanto que me has dado;
son obsequios de mi agrado
que no alcanzo merecer.

La existencia como ser:
de la nada me has sacado;
incalculable regalo
que demuestra tu poder.

¡Qué decir de tu querer!
Tú siempre me has amado
no obstante del pecado,
el de hoy y los de ayer.

Gracias por mi acontecer,
todos los detalles diarios,
muchas veces ignorados,
en los que Tú estás también.

Pedir, buscar y llamar

Pedir y pedir, siempre pedir
a Dios; cosas buenas el dará
a aquel que persiste sin cesar,
pues quien le pide va a recibir.
Si, como Él, soy con el infeliz,
mi premio pronto me llegará.

También toda gracia hay que buscar
aun la tengas frente a tu nariz
porque al hallarla vas a reír;
¡siempre quien busca habrá de encontrar!

Y por nada dejar de llamar,
tocar y tocar, hay que insistir;
aunque la puerta tarde en abrir,
el que esté adentro despertará;
pero quien siempre será cordial
será el Padre Dios al acudir.

3. Oración

Gracias, Señor,
por tantas manifestaciones de amor;
gracias por la creación,
gracias por el perdón,
gracias por la salvación,
gracias por permitirme agradecerte hoy.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A agradecer a Dios
y a pedirle con insistencia y perseverancia,
se me invita hoy.
¡Gracias, Señor!
¡a pedirte voy!
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael: Juan 1,47-51


Señor, tu Espíritu danos

Señor, tu Espíritu danos,
para orar la Palabra
con que hoy Tú nos hablas
y quieres sanarnos;
para que los corazones sean blandos
y nuestras mentes se abran
a lo que hoy nos proclama
tu Evangelio santo;
y nos lleve a un cambio
purificándonos el alma,
que nuestro entusiasmo renazca
y nos lleve a anunciarlo.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 1,47-51: En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

b) Contexto histórico y cultural

Miguel, Gabriel y Rafael son los los ángeles que aparecen mencionados por sus nombres en las Sagradas Escrituras cumpliendo misiones específicas de Dios. Miguel aparece en el libro del Apocalipsis combatiendo al maligno y a los suyos; Gabriel es el enviado a Daniel en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento es enviado a la Virgen María y a Zacarías, padre del Bautista; en tanto que Rafael aparece en el libro de Tobías en el Antiguo Testamento sanando la ceguera del propio Tobías y auxiliando a su hijo en un complicado viaje.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Arcángeles

Arcángeles son,
creaturas del Señor
y a su disposición,
que al cumplir su misión
lo hacen con tesón:
Miguel, "quién como Dios",
es luchador protector
contra el maligno ofensor;
Gabriel, "fuerte es Dios",
es mensajero de voz
que anuncia al Redentor;
Rafael, "medicina de Dios",
acompaña en la expedición
y en la enfermedad, es sanador.
Los tres, mensajeros son,
de la corte del Señor,
dignos de devoción,
a quienes invocamos hoy.

3. Oración

En coro

Allá los ángeles dicen en coro:
¡santo, santo, santo, Señor bendito!
mientras yo aquí, Señor, también te adoro,
pero desentono con ese rito;
afíname a mí, no el canto, te imploro.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

La espera confiada de que habré de contemplar
los cielos abiertos y los ángeles en torno al Señor,
y que habré de unirme a su coro alabando a Dios,
es mi acción de este día.
Desde ahora: ¡gracias Señor!
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de San Mateo, Apóstol: Mateo 9,9-13


A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones

A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones,
para que cumpliesen sus misiones;
en esta fiesta de uno de tus enviados
queremos también ser afortunados,
y que tu Santo Espíritu nos de sus dones
al orar el Evangelio que hoy nos propones,
para que captemos el mensaje claro
y que en nuestra vida sea aplicado.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 9,9-13: En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores»

b) Contexto histórico y cultural

El Apóstol Mateo era un publicano al momento de ser llamado por Jesús. Publicano, es decir pecador público, era la denominación despectiva dada a los cobradores de impuestos, que entregaban a los opresores romanos el dinero recaudado en el desempeño de su oficio. Estas personas eran designadas por el imperio, y les correspondía una parte de lo recaudado. La naturaleza de su función les hacía ser odiados, ya que "quitaban" dinero al pueblo judío para entregarlo a paganos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Que te siga, dijiste

Por muchos odiado,
mi vida es muy dura;
soy alguien rechazado,
visto como basura.

Continuar apartado,
¡qué desgracia la mía!
si cambiara de lado,
¡qué caricia sería!

Pero entonces viniste
y al verme a la mesa
de inmediato supiste:
de tristeza era presa.

De mí, pena tuviste,
y limpiar mi pecado
de inmediato quisiste;
y llegando a mi lado,
que te siga, dijiste;
hago un corte al pasado:
lo anterior ya no existe
y por ti soy amado.

3. Oración

Gracias, Señor, por fijarte en mi;
gracias por mirarme con misericordia
y mostrarme tu amor aun conociendo mis pecados;
gracias por llamarme e invitarme a seguirte.
Dame la voluntad, el deseo y la valentía
de aceptar tu llamado;
y ser capaz de dejar mi mesa, con mis mañas y pecados,
para ser transformado por ti
y seguirte siempre.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Dejar atrás lo que me aparta de ti
y seguirte es mi compromiso hoy;
convertirme en discípulo tuyo
tiene que ser mi objetivo para siempre.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María: Mateo 1,1-16.18-23


El Espíritu Santo que cubrió a tu madre

El Espíritu Santo que cubrió a tu madre
con su sombra, y ahora puede ayudarme,
me ilumine, Señor, en esta lectura orante,
y que sea Él quien ahora actuante
agudice mis oídos para escucharte,
me haga entender lo que vas a hablarme,
me conduzca en este rezo para agradarte
y a convertirlo en vida para salvarme.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 1,1-16.18-23: Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David.

David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia.

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: "Dios con nosotros".

b) Contexto histórico y cultural

Con la genealogía de este texto, se presenta a Jesús insertado en la historia de la humanidad con ascendientes concretos en medio de acontecimientos históricos. María es la refrescante luz verde que aparece en un semáforo que estaba repleto de luces rojas y pocas amarillas.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Dichosa doncella

Dichosa doncella eres Virgen María
al tener en tu vientre al Rey de la gloria;
el Hijo de Dios insertado en la historia,
siendo tú la virgen que el Padre escogía.

Ya desde el momento en el que tú nacías
un ángel te acompañaba en trayectoria,
y la humildad te confirma meritoria
de tan alta distinción que Dios te hacía.

Bienaventurada eres Virgen María,
atenta estás cuando nuestras almas lloran;
por ser ante tu Hijo nuestra intercesora,
de cuando tú naciste, bendito el día.

3. Oración

Alégrate María, para yo alegrarme;
llena eres de gracia, que hasta a mi me alcanza;
el Señor está contigo, y quiero que conmigo;
bendita eres entre todas las mujeres, y entre todos los terrenos seres;
y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús; bendito es Él, y por Él, bendita tú.
Santa María, Madre de Dios; eres santa, siempre santa, en tu vientre estuvo Dios;
ruega por nosotros, pecadores; por nosotros, infractores y ofensores, ruega ya;
ahora y en la hora de nuestra muerte; ruega ahora, también mañana, ruega siempre y en la muerte.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A admirar, respetar y venerar
a la Madre de Dios,
estoy invitado en este día;
es mi acción,
hoy, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Memoria del Martirio de San Juan Bautista: Marcos 6,17-29


Auxílianos, Señor, en este momento en que necesitamos orar con tu Palabra; que tu Espíritu Santo nos ayude a comprenderla rectamente; y que nos anime a poner en práctica lo que oremos con ella. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 6,17-29: En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

b) Contexto histórico y cultural

Juan el Bautista concluye su labor de precursor. De vida austera, y con un mensaje de conversión enfocado en aspectos sociales y morales, ha anunciado la venida inmediata del esperado Mesías. El responsable de su muerte es Herodes; no aquel Herodes el grande, responsable de la muerte de los inocentes niños en la época del nacimiento de Jesús; sino un hijo de aquel, que más bien era una caricatura; sin poder político real, y que el texto de hoy muestra sus debilidades morales.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Martirio

El martirio es simiente
cuando lo es por Jesús,
pues produce creyentes,
grandiosa multitud.

Es ocaso aparente
pero lleno de luz,
y por eso aborrece
el maligno a la cruz.

Es vida trascendente
obtenida en virtud
de la entrega donante
como lo hizo Jesús.

Es un fruto perenne,
para muchos salud;
es todo, menos muerte;
junto a Dios, subes tú.

Amén.

En la muerte del Bautista

Es muy vana tu tristeza,
malvado rey de bajeza
que con ruin espada hieres,
sin importarte quien fuere,
a ese tan grande profeta
de una misión tan completa.

Que tu lujuria te lleve
a ser, de pasión, pelele,
y actuando con ligereza
hasta medio reino ofrezcas
en medio de aquel banquete,
muestra tu moral ausente.

Pero aun cuando su cabeza
entregaste en la bandeja,
el Bautista, aunque perece,
su misión cumple con creces
con su anuncio de profeta
del Salvador cuando llega.

3. Oración

Como Juan el Bautista,
quisiera anunciarte, Señor;
con su moral, testificarte, Señor;
y con su austeridad, aprender a vivir, Señor.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

No temer por la verdad
es mi compromiso de este día;
ser capaz de anunciar a Jesús,
y denunciar lo que se opone a él,
es mi acción de hoy.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de San Bartolomé, Apóstol: Juan 1,45-51


A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones

A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones,
para que cumpliesen sus misiones;
en esta fiesta de uno de tus enviados
queremos también ser afortunados,
y que tu Santo Espíritu nos de sus dones
al orar el Evangelio que hoy nos propones,
para que captemos el mensaje claro
y que en nuestra vida sea aplicado.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 1,45-51: En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

b) Contexto histórico y cultural

Bartolomé fue uno de los doce principales discípulos de Jesús; su nombre aparece en los Evangelios sinópticos asociado al de Felipe; en tanto que en el Evangelio según San Juan, de donde se toma el texto del pasaje de hoy, que no incluye su nombre, aparece Natanael, también junto a Felipe, por lo que se considera que corresponde al mismo Bartolomé. Una tradición lo ubica predicando en las regiones de la India y Armenia, atribuyéndose a esta última ser el lugar de su martirio.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Apóstoles

Apóstoles, los emisarios,
que en esa divina misión
anunciaron la salvación
a un mundo muy necesitado;
al momento de ser llamados
escucharon la viva voz
del mismo Cristo, Hijo de Dios,
convirtiéndoles en enviados;
y, aceptando aquel encargo,
bendita fue la decisión;
sin consulta ni discusión
no hubo que esperar ni un rato.
Ahora somos el reemplazo,
apóstoles del mundo de hoy;
les pedimos su intercesión
para realizar el trabajo
como lo hizo el grupo de antaño,
y que yo mismo, hoy, diga "voy"-

Amén.

3. Oración

Ven y sígueme

"Ven y sígueme", oí,
y en pos tuyo ya voy;
tu discípulo soy,
sólo un nuevo aprendiz;
si cometo un desliz,
pues corrígeme hoy;
no me importa el rigor,
te seguiré siempre a ti.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Seguir a Jesús,
y atreverme a anunciarle,
son las acciones a que se me invita en este día;
envíame, y sé Tú mi guía, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de San Lorenzo, Diácono y Mártir: Juan 12,24-26


Señor, al orar con la lectura del Evangelio de este día, necesitamos la presencia actuante de tu Espíritu Santo en nosotros, para entender adecuadamente el mensaje que nos quieres comunicar, y para acogerlo en nuestros corazones con ánimo de conversión. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 12,24-26: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

b) Contexto histórico y cultural

San Lorenzo era uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma, su función era el cuidado de los bienes y la repartición de limosnas; soportó con valor su cruel martirio en la hoguera en el año 258, en tiempos de la persecución de la Iglesia por el emperador Valeriano.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Martirio

El martirio es simiente
cuando lo es por Jesús,
pues produce creyentes,
grandiosa multitud.

Es ocaso aparente
pero lleno de luz,
y por eso aborrece
el maligno a la cruz.

Es vida trascendente
obtenida en virtud
de la entrega donante
como lo hizo Jesús.

Es un fruto perenne,
para muchos salud;
es todo, menos muerte;
junto a Dios, subes tú.

Amén.

3. Oración

Servirte a ti

Servirte a ti,
oh mi Señor;
tu servidor
ser, quiero, sí;
y ya asentí
servirte hoy:
¡tu siervo soy,
te sirvo a ti!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Al servicio a Cristo
estoy invitado en este día;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de San Santiago, Apóstol: Mateo 20,20-28


A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones

A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones,
para que cumpliesen sus misiones;
en esta fiesta de uno de tus enviados
queremos también ser afortunados,
y que tu Santo Espíritu nos de sus dones
al orar el Evangelio que hoy nos propones,
para que captemos el mensaje claro
y que en nuestra vida sea aplicado.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 20,20-28: En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre».

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

b) Contexto histórico y cultural

El Apóstol Santiago, hermano de Juan e hijo de Zebedeo y Salomé, era uno de los discípulos más cercanos a Jesús, y uno de los primeros en ser llamados por el propio Señor para seguirle. Probablemente era de Betsaida de Galilea, y murió martirizado por orden de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Apóstoles

Apóstoles, los emisarios,
que en esa divina misión
anunciaron la salvación
a un mundo muy necesitado;
al momento de ser llamados
escucharon la viva voz
del mismo Cristo, Hijo de Dios,
convirtiéndoles en enviados;
y, aceptando aquel encargo,
bendita fue la decisión;
sin consulta ni discusión
no hubo que esperar ni un rato.
Ahora somos el reemplazo,
apóstoles del mundo de hoy;
les pedimos su intercesión
para realizar el trabajo
como lo hizo el grupo de antaño,
y que yo mismo, hoy, diga "voy"-

Amén.

3. Oración

Que sea yo el burrito

Señor, que sea yo el burrito
y no quiera ser jinete
aunque el trabajo sea fuerte;
porque tu ejemplo yo imito
cuando al hermano le sirvo
y, no, poniendo grillete.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A imitar el ejemplo de San Santiago,
que luego de buscar primeros puestos,
por desconocimiento del significado del Reino de Dios,
anunció a Jesús, enfrento la persecución,
y sufrió el martirio por la causa de Cristo,
estoy invitado en este día;
es mi acción, con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Fiesta de Santo Tomás, Apóstol: Juan 20,24-29


A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones

A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones,
para que cumpliesen sus misiones;
en esta fiesta de uno de tus enviados
queremos también ser afortunados,
y que tu Santo Espíritu nos de sus dones
al orar el Evangelio que hoy nos propones,
para que captemos el mensaje claro
y que en nuestra vida sea aplicado.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 20,24-29: Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

b) Contexto histórico y cultural

Tomás que no estaba junto a los demás discípulos cuando se apareció el Señor el Domingo de resurrección manifiesta una incredulidad inicial que es compensada con su sublime expresión de máxima fe al verle: ¡Señor mío y Dios mío!

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Apóstoles

Apóstoles, los emisarios,
que en esa divina misión
anunciaron la salvación
a un mundo muy necesitado;
al momento de ser llamados
escucharon la viva voz
del mismo Cristo, Hijo de Dios,
convirtiéndoles en enviados;
y, aceptando aquel encargo,
bendita fue la decisión;
sin consulta ni discusión
no hubo que esperar ni un rato.
Ahora somos el reemplazo,
apóstoles del mundo de hoy;
les pedimos su intercesión
para realizar el trabajo
como lo hizo el grupo de antaño,
y que yo mismo, hoy, diga "voy"-

Amén.

Paz que calma angustias

Es paz que calma angustias
en el medio del terror,
del corazón, dolor
por esperanzas mustias.

Se esfuman las penurias
apareció el Señor:
¡la gloria del Tabor!;
la muerte, en Él, no triunfa.

3. Oración

¡Señor mío y Dios mío!

A quien sin verle ha creído,
al resucitar glorioso,
el Señor llama dichoso;
es fe, divino sentido
que, en simiente, dado ha sido,
aunque a veces está en estío.

Es a Cristo el señorío,
de tal modo a Él sentirle
que nos lleve a decirle:
¡Señor mío y Dios mío!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Paz y fe son las motivaciones de la Palabra de Dios en este día;
la paz que sólo da Cristo,
y la fe en su resurrección;
las dos son don de Dios;
por ellas te doy gracias, Señor,
para que sean mis acciones desde hoy.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles: Mateo 16,13-19


A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones

A los Apóstoles, tu Espíritu les dio dones,
para que cumpliesen sus misiones;
en esta fiesta de uno de tus enviados
queremos también ser afortunados,
y que tu Santo Espíritu nos de sus dones
al orar el Evangelio que hoy nos propones,
para que captemos el mensaje claro
y que en nuestra vida sea aplicado.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 16,13-19: En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

b) Contexto histórico y cultural

San Pedro y San Pablo son dos importantes personajes del inicio de la cristiandad. Pedro, señalado como piedra o roca de la Iglesia por el mismo Jesús, fue uno de los doce Apóstoles; natural Betsaida, Galilea. Pablo, conocido como el Apóstol de los gentiles, no conoció personalmente al Señor, y se convirtió al cristianismo llamado en una visión por el propio Jesús. Ambos murieron martirizados en Roma por ordenes del emperador Nerón alrededor del año 67 de la era cristiana.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Pedro y Pablo

Ellos, Pedro y Pablo,
dos hombres de esfuerzos
quienes en comienzos
ninguno era santo.

Tuvieron un fallo:
a Cristo negaron,
pero lo enmendaron
al dar el gran paso.

Ahora en los santuarios
ambos son pilares;
para los altares,
santos adecuados.

Ahora por encargo:
uno de ellos, roca,
y el otro una boca,
de todo cristiano.

Apóstoles

Apóstoles, los emisarios,
que en esa divina misión
anunciaron la salvación
a un mundo muy necesitado;
al momento de ser llamados
escucharon la viva voz
del mismo Cristo, Hijo de Dios,
convirtiéndoles en enviados;
y, aceptando aquel encargo,
bendita fue la decisión;
sin consulta ni discusión
no hubo que esperar ni un rato.
Ahora somos el reemplazo,
apóstoles del mundo de hoy;
les pedimos su intercesión
para realizar el trabajo
como lo hizo el grupo de antaño,
y que yo mismo, hoy, diga "voy"-

Amén.

3. Oración

Ven y sígueme

"Ven y sígueme", oí,
y en pos tuyo ya voy;
tu discípulo soy,
sólo un nuevo aprendiz;
si cometo un desliz,
pues corrígeme hoy;
no me importa el rigor,
te seguiré siempre a ti.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Imitar el ejemplo
de San Pedro y de San Pablo
en el seguimiento a Jesús,
y atreverme a anunciarle
consciente del peligro,
es la invitación que se me hace en este día;
aceptarla es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio de la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista: Lucas 1,57-66.80


Con Él, mi ánimo levanto

Tu Espíritu Santo,
esclarecedor y animador,
te pedimos ahora, Señor;
así a tu mensaje santo
le desvela el manto
y nuestro interior
recibirá su esplendor;
con Él, mi ánimo levanto.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 1,57-66.80: Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados.

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

b) Contexto histórico y cultural

Isabel, de edad avanzada para la maternidad debido a su edad, había concebido en su vientre, de Zacarías, a quien sería el precursor del Mesías, Juan el Bautista. La incredulidad de su esposo lo lleva a la mudez que es superada en el pasaje del día de hoy.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Así como el Bautista

Quisiera yo esperarte
sabiendo que vendrás,
así como el Bautista;
incluso inquietarme
ansiando tu llegada,
así como el Bautista;
en la humildad amarte
sin buscar riquezas,
así como el Bautista;
poner el ego aparte
sin buscar grandezas,
así como el Bautista;
formar comunidades
que escuchen tu Palabra,
así como el Bautista;
a todos anunciarte
con los hechos de mi vida,
así como el Bautista;
sufrir sin que me espante
sólo por tu causa,
así como el Bautista;
y la vida entregarte
para acceder al Reino,
así como el Bautista.

Amén.

3. Oración

Al profeta del desierto

Al profeta del desierto,
Juan Bautista, precursor
del profeta de profetas,
hoy le pido intercesión:
al Cordero que mostraste
y luego siguieron dos
de los iniciados tuyos,
lleva mi preocupación
por la escasez de las voces
a anunciarle con ardor
sin temer a la pobreza,
tampoco a persecución;
ruega por los bautizados
para que el fuego de unción
se encienda y no se apague.
¡Reemprendamos la misión.!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A imitar el ejemplo del Bautista,
en su decisión, sencillez y disposición de servicio
para el anuncio del Reino de Dios,
se me invita en este día;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.