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Esperanza y anhelo

(Isaías 6,3: Y uno gritaba hacia el otro: ¡Santo santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria)
Es esperanza y anhelo
corear: Santo, Santo, Santo.
con los ángeles en canto
cuando yo parta del suelo;
y allá en el Reino del Cielo,
en célico bello rito
alabar en lo infinito
por tiempo que no se cuente,
de la gloria, a la fuente,
al Padre y su Hijo bendito.

Amén.

Como ángeles

(Lucas 20,36: Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección)
Como ángeles seremos,
en una vida inmortal,
después de resucitar
en los celestiales cuerpos.

En un mar de amor inmersos
por toda la eternidad,
a la Santa Trinidad,
Dios Padre, su Hijo el Cordero,
y el Espíritu de ellos,
en un continuo alabar.

Será el gozo sin cesar,
ya sin que exista el tiempo:
a Dios, dándole sus siervos
gloria en unanimidad.

La vida del Cielo

(Lucas 20,37: Que los muertos van resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza)
Quiero comenzar desde ahora
a vivir la vida del Cielo,
que sea más que un anhelo
porque Espíritu en mí mora;

así cuando llegue esa hora
en que deje este suelo,
completo será el consuelo
viviendo lo que ya aflora.

Amén.

Nuestra resurrección

(Mateo 27,52: y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron)
Nuestra resurrección sigue la tuya,
Señor; premio mayor de nuestra alianza;
promesa, como bienaventuranza,
que restaura la eternidad perdida
y, por tu sacrificio, es concedida;
aquí la aguardamos con gran confianza.

Amén.

Etapas

(Eclesiastés 3,1-2: Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado)
Etapas que pasan,
las nuestras finitas;
aunque, la infinita,
ellas no retrasan.

En una se inicia,
de vida, el albor,
que es progenitor
que alberga y auspicia.

Luego, sin malicias,
nos trae mucho amor
que envía el Creador;
motivo de albricias

Esponja que absorbe,
la inquieta niñez;
mucha candidez,
futuro del orbe.

Y en la adolescencia
la gran confusión!
mucha incomprensión;
que venga consciencia.

Llegado el derroche:
el brío juvenil
mueve todo a mil;
reino de la noche.

Luego la adultez,
la curva en su cumbre;
cambio de costumbre:
pensar de un juez.

Pronto, de la nada,
no hay fuerza de potro,
se depende de otro,
la piel ya está ajada.

Cuando todo pasa,
nuestra es la esperanza,
de feliz mudanza
a la eterna casa.

Amén.

No me has de intimidar

(Juan 11,25: Jesús le dijo: Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá)
No me has de intimidar, muerte;
a Jesús no lo venciste;
si tu existencia persiste
como inexorable suerte
tan sólo es para que alerte;
cesa, pues, de amenazar;
en mí, no habrás de triunfar;
aunque esta vida es finita,
con Cristo ya tengo cita
y oferta: resucitar.

Amén.

Victoria

(1 Pedro 1,3: Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva)
Del Cordero es la victoria,
hoy el cosmos tiene fiesta;
la vida vence en la gesta
a la tortura mortuoria.
Es para el Cristo la gloria,
quien tras trajinar amargo,
del pecado dio descargo
y la muerte nos fue quita,
cuando Él mismo resucita.
¡Cumplió, del  Padre, el encargo!

Lázaro, ven fuera

(Juan 11,44: El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar»)
Lázaro, ven fuera,
regresa a la vida,
sal ya, enseguida;
se abrió esa barrera.

Triunfo en anticipo,
es sólo un avance;
a este último trance
no le erijan cipo;

cese la mortuoria,
haya una demora;
cuando llegue la hora:
¡la final victoria!,

la de Jesucristo;
con Él, la conquisto.

Se acaba

(Salmo 102,12-13: Mis días son como sombras que se agrandan, y me voy secando como la hierba. Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente)
Lo que ahora vemos se acaba:
pronto quedamos sin fuerza,
no dura mucho belleza,
y blanca sale la barba;
el hablar se vuelve baba
porque los años ya pesan;
nuestra pasiones recesan
y poco somos en casa.
¡Sólo es Dios quien nunca pasa!,
escribió santa Teresa.

Hora

(Juan 12,27: Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: "Padre, sálvame de esta hora"? Pero para esto he llegado a esta hora)
Mi Señor, a Ti te llegó tu hora;
a los cristianos le llega algún día,
el que está listo, triunfa sin demora;
te pido que cuando llegue la mía
esté yo más preparado que ahora.

Amén.

Ceniza

(Génesis 3,19b: ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!)
Somos ceniza andante,
humus de lo que es perecedero;
del cosmos, polvo errante,
que ya sin ser viajero
será el habitante de un osero.

Humana realidad
centro de un torbellino mental:
¡la transitoriedad,
eclipse existencial!;
ahí fe y conversión son dúo vital;

fe en quien, como alborada
a lo oscuro, trae su luminiscencia:
Jesús, Dios y luz dada;
conversión y creencia
a Él, fuente de vida en trascendencia.

Por aquellos que han partido

(Lucas 23,42: Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino»)
Por aquellos que han partido
a la verdadera patria
que sea hoy nuestra plegaria
pues siguen siendo queridos.

Oremos por los amigos,
aquellos de nuestra casa,
ascendientes en la raza,
y hasta por desconocidos.

Que en ese juicio que enfrentan,
de Dios, les venga indulgencia,
y por su inmensa clemencia
les aligere sus penas.

Amén.

Resurrección

(Daniel 12,2: Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno)
Vida por siempre, al vencer el tiempo;
sinfonía infinita; ¡eternidad!
Algunos dicen ¿y será verdad?,
mas otros ya aguardan ese concierto.

Mejor no espero ser yo ya un muerto
para, resurrección, saber si habrá;
mi actual certeza es la seguridad
que de la muerte ya Jesús ha vuelto.

Amén.

Tú, que devuelves la vida

(Lucas 7,15: El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre)
Tú, que devuelves la vida,
te pido que me reanimes
como a ese que revives,
para que luego te siga
y a todo el mundo le diga
que, en ti, la muerte no existe.

Amén.

He venido a verte

(Juan 6,40: Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día)
Señor, he venido a verte
pues grande es mi hambre de ti,
de Dios, Hijo, enviado a mí,
a librarme de la muerte.
Este encuentro es acogerte,
la actitud es conversión,
ven y cumple tu misión
dando vida al que está muerto,
más árido que el desierto.
¡Dame tu resurrección!

Amén.

Como a Lázaro

(Juan 11,25-26a: Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás»)
Dame, Señor, como a Lázaro vida
para que pueda vencer a la muerte;
y poder por siempre, a tu lado, verte
luego de despertar mi fe dormida.
Levántame ahora de esta caída,
quita la losa con tu mano fuerte,
infunde tu aliento a mi alma inerte,
y muéstrame tu rostro en la acogida
al abrazarme como bienvenida
cuando, por ti, de la muerte despierte.

Amén.

Ineludible viaje

(Lucas 23,43: El le respondió: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso»)
Ineludible ese viaje;
desconocido trayecto,
aunque en camino directo,
sin requerir equipaje.

Rumbo al óbito, ¡el trance!,
conviértelo en un proyecto;
ve descartando lo abyecto
ya, para cuando te alcance.

Ahora disfruta el paisaje,
haz bien en cada momento
y ama mientras haya aliento,
hasta el tiempo de abordaje.

Amén.

El descanso

De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999)
No podría decir: ¡No quiero la muerte!
puesto que el Señor todo lo decide;
mas, llegado el tiempo, habré de ser fuerte
porque nadie llore lo que nadie impide.

Tal vez mi sonrisa animosa acierte
para que la fiera sombra no trepide,
y me guarde el gesto en el rostro inerte
como flor que brinda el que se despide.

No ha de ser difícil para mí el descanso,
ni el secar los ojos de lágrimas vanas;
no opondrá defensa mi espíritu manso,

rendirá la vida de dulce manera
por borrar ayeres, para los mañanas
pasarlos en paz, tal como Dios quiera.

Oración en el jardín

(Del español Enrique Diez-Canedo (1879-1944))
Yo me quiero morir como se muere
todos los años el jardín, y luego
renacer de igual modo que renace
todos los años el jardín. Se han ido
los pájaros; volaron, pero no tenían alas.
No me quiero morir como las hojas,
ni quiero ser el árbol de perenne
verdor adusto, ni el arbusto dócil
cortado en seto, sino el árbol libre,
desnudo atleta que en el suelo ahínca
las fuertes plantas y en el aire tuerce
los recios brazos; no el verdor eterno
sino la fronda renovada, el fruto
cuando el año lo envíe. Aquí me tienes,
Señor, desnudo como el árbol. Dame
tu bautismo de lluvias y tu crisma
de sol, y dame vestiduras nuevas,
inmaculadas. El jardín de invierno
callado está: mi corazón callado.
Habla tú; luego, vísteme de hojas.
Algo de tus palabras, al moverse,
repetirán, como inspiradas lenguas.

Semáforo

(Del poeta español Luis López Anglada (1919-2007))
  
Verde, amarillo, rojo; se ha quedado
la vida en una orilla. ¿Quién espera
más allá de la luz, en la otra acera?
¿Quién, que era luminoso y se ha apagado?

Verde; esperanza, prisa. ¿Quién ha dado
la orden de marcha? La ciudad entera
camina, va a la muerte, sale fuera
de las luces. ¿Quién queda aquí parado?

Rojo, amarillo, verde. Luz alterna.
Árbol de soledad. Señal eterna
para coronación de las esquinas.

Aquí, Señor, me tienes indeciso;
¿seguir, parar, morir? Da Tú el aviso,
que Tú sabrás por qué me lo iluminas.