Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la resurrección de Cristo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la resurrección de Cristo. Mostrar todas las entradas

Lejos huyó obscuridad

(Juan 6,39: La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día)
Lejos huyó obscuridad
con aquel funesto capuz
cuando volvió a brillar la luz
con el triunfo de la verdad.
Ahora exulte la cristiandad,
¡ha resucitado el Señor!;
démosle la gloria y honor
a Él; ¡no pudo vencerle el mal!
Desde ahora todo mortal,
al cielo, tiene un ascensor.

Amén.

Victorioso es que retorna

(1 Corintios 15,3b-4a: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día)
Victorioso es que retorna
Cristo tras vencer la muerte;
vida toma el cuerpo inerte
cuando en glorioso se torna;
hecho convertido en borna,
de resurrección, primicia;
nueva vía que ahora inicia
y nos da acceso gratuito:
¡conversión, en vez de rito,
practicando la justicia!

Amén.

Abril

(1 Corintios 15,3b-4: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura)
 
Abril entrando;
trae sus colores,
muchos amores,
y odio vitando.

El tiempo andando:
incomprensiones,
hay ambiciones;
¡Abril no es blando!

Del mal, el bando,
crea confusiones;
hay seducciones;
¿la pascua es cuándo?

Jesús orando,
y Abril de errores
con mil horrores
crucificando.

Jesús salvando:
de Abril, dolores;
de Abril, las flores:
Jesús amando.

Resucitando,
en Abril, honores;
suban loores
al Padre actuando.

Amén.

Domingo

(Mateo 28,1: Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro)
Recuerda victoria,
triunfo celestial
del bien sobre el mal;
¡día es de gloria!;

del Espíritu es
rebosante el día,
igual que se haría
en Pentecostés;

y se aparecía
una y otra vez,
Jesús, cada vez
siempre el mismo día;

en él doy honor,
celebro y distingo;
hablo del Domingo,
el día del Señor;

como no hay amnesia,
especial reunión
de su institución,
su querida Iglesia:

fiesta y memorial,
Santa Eucaristía
que bendice el día,
la dominical.

Sábado ha pasado,
Domingo es relevo,
ahora el tiempo es nuevo:
¡día santificado!

Amén.

Pascua no es un día

(Mateo 28,6a: No está aquí, porque ha resucitado)
Pascua no es un día;
es más, mucho más;
torna a eternidad
la época finita.
Triunfado ha, la vida;
muerte acabó ya;
gozo hay sin parar
en gloria infinita.

Cristo es que abre el paso,
a Él gloria y honor;
su resurrección
pase nos ha dado.
¡Aleluya!, en canto,
desde el corazón,
a Nuestro Señor,
¡aleluya!, exalto.

Ha resucitado

(Primera de Corintios 15,3b-4: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura)
Ha resucitado,
no triunfa la muerte;
todo se revierte;
el bien vence al hado
maligno malvado;
¡Cristo fue más fuerte!

La gloria es suya,
honor y alabanza;
nuestra la esperanza;
a Él: ¡aleluya!

Nuestra resurrección

(Mateo 27,52: y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron)
Nuestra resurrección sigue la tuya,
Señor; premio mayor de nuestra alianza;
promesa, como bienaventuranza,
que restaura la eternidad perdida
y, por tu sacrificio, es concedida;
aquí la aguardamos con gran confianza.

Amén.

¡Aleluya!

(Juan 20,22: También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar)
Había tristeza con trastorno mucho;
repetían las mentes aquel dolor
en medio de tu extremada pasión;
parecía ganar el mal del mundo.

Pero gran alegría quitó el luto
cuando la vida le gana a la muerte
y ya resucitado al mundo vuelves
manifestando que tu luz se impuso.

Tan inmenso es el gozo por tu triunfo,
que es una fiesta que tengo interior;
y rebosante de gran emoción,
cantándote ¡Aleluya! yo te exulto.

No me has de intimidar

(Juan 11,25: Jesús le dijo: Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá)
No me has de intimidar, muerte;
a Jesús no lo venciste;
si tu existencia persiste
como inexorable suerte
tan sólo es para que alerte;
cesa, pues, de amenazar;
en mí, no habrás de triunfar;
aunque esta vida es finita,
con Cristo ya tengo cita
y oferta: resucitar.

Amén.

Victoria

(1 Pedro 1,3: Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva)
Del Cordero es la victoria,
hoy el cosmos tiene fiesta;
la vida vence en la gesta
a la tortura mortuoria.
Es para el Cristo la gloria,
quien tras trajinar amargo,
del pecado dio descargo
y la muerte nos fue quita,
cuando Él mismo resucita.
¡Cumplió, del  Padre, el encargo!

Lázaro, ven fuera

(Juan 11,44: El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar»)
Lázaro, ven fuera,
regresa a la vida,
sal ya, enseguida;
se abrió esa barrera.

Triunfo en anticipo,
es sólo un avance;
a este último trance
no le erijan cipo;

cese la mortuoria,
haya una demora;
cuando llegue la hora:
¡la final victoria!,

la de Jesucristo;
con Él, la conquisto.

La victoria es tuya

(1 Tesalonicences 4,14: Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él)
La victoria es tuya,
mía la salvación;
en resurrección
se oiga el aleluya.

Me da alegría:
¡sigue nuestra alianza!
Muy grande esperanza
das al alma mía,
pues abres la vía
que a tu Reino alcanza.

Amén.

Aleluya

(Mateo 8,6a: No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho)
¡Colectiva exultación!,
nuestro canto es ¡Aleluya!
pues la Iglesia hoy hace suya,
de Cristo, resurrección;
pasados ya la aflicción,
el temor, la pesadumbre;
ahora ya hay certidumbre:
¡la muerte a Él no venció!
Con su triunfo regaló
poder subir a su cumbre.

Amén.

Resurrección

(Daniel 12,2: Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno)
Vida por siempre, al vencer el tiempo;
sinfonía infinita; ¡eternidad!
Algunos dicen ¿y será verdad?,
mas otros ya aguardan ese concierto.

Mejor no espero ser yo ya un muerto
para, resurrección, saber si habrá;
mi actual certeza es la seguridad
que de la muerte ya Jesús ha vuelto.

Amén.

Pascua

(Juan 20,20: Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor)
La Pascua es el paso,
la luz su señal;
reemplazo triunfal
del óbito, paso.
Divino traspaso,
Cristo es el canal;
victoria al final
que me abre hoy el paso.
¡Hoy dame en mi ocaso,
Cristo, luz pascual!

Amén.

Donde había tristeza, ahora hay retozo

(Juan 16,20: Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo)
Llanto por alejamiento forzoso;
triste gemido tenía mi lamento;
si no lo admito, es seguro que miento:
¿cómo reír cuando parte el esposo?

Y también horrible aquel alborozo
de los unidos en fatal concierto
con la finalidad de hacerte muerto,
intentando, a tu doctrina, el destrozo.

Pronto ese llanto se tornaría en gozo,
al tercer día de ese contratiempo,
resucitando Tú, creador del tiempo;
¡donde había tristeza, ahora hay retozo!

Paz que calma angustias

(Juan 20,19: llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»)
Es paz que calma angustias
en el medio del terror,
del corazón, dolor
por esperanzas mustias.

Se esfuman las penurias
apareció el Señor:
¡la gloria del Tabor!;
la muerte, en Él, no triunfa.

El asado está sabroso

(Juan 21,9: Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan)
El asado está sabroso
y no es por el pescado;
es que ese es un bocado
de un cocinero grandioso.

Su menú no es nada soso,
está bien condimentado;
y el platillo preparado
satisfaría hasta a un oso.

Cuando el chef salió del foso,
después de resucitado,
su alimento ha dejado
para un caminar glorioso.

¡Señor, nos has traído la paz!

(Lucas 24,36: Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes»)
Necesitábamos esa paz
pues muy grande era la turbación
que teníamos en el corazón
porque no veíamos tu faz.

Al verte, recibimos solaz,
dejó de existir la confusión;
discúlpanos por la reacción;
¡Señor, nos has traído la paz!

A nuestro lado camina

(Lucas 24,15: Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos)
Siendo desapercibida
su presencia tan discreta,
Jesús siempre nos alienta
y a nuestro lado camina.

Con su presencia divina,
al notar nuestra tristeza,
Él provee fortaleza
cuando el ánimo declina.

La Escritura nos explica,
a Moisés y los profetas,
para que la mente entienda
y que la fe siga viva.

Al quedarse en nuestra vida,
conocemos su presencia
al sentarse en la mesa
cuando parte la comida.