Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el pecado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el pecado. Mostrar todas las entradas

Alas

(Filipenses 3,14: y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús)

Gusano, si: eso soy:
y no sólo al andar,
Señor, también al actuar:
en lo bajo es que estoy
y enlodado es que voy
por el cieno, ¡vil señuelo!
Pero me ofreces el Cielo
y, confiado en Ti, así avanzo;
aunque, ¡alto estás!, ¡no te alcanzo!,
dame alas para el vuelo.

Acto penitencial

(Salmo 51,6: Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos)
Superfluo es que prueba yo quiera,
o a algún fiscal criminal
para un acto penitencial
con una revisión sincera.

Mi mente anduvo bien ligera,
su vuelo fue alto demás;
lo limpio y puro quedó atrás;
ha sido muy mala viajera.

La que a la entereza hace mengua,
corta que corta a todo dar
por no actuar y controlar;
filosa cuchilla: mi lengua.

¿Alguna acción que hoy me apena?
ciertamente hubo en mi actuar;
bastante hay para mejorar:
la lista está bastante llena.

Y, de todo, lo que más pesa:
el bien no hecho, eso es mortal;
pues la indiferencia es fatal,
hace, a la humanidad, lesa.

¡Señor, no quiero esta condena!
¿Ya no te veo caridad?
¿Adónde fuiste con piedad?
¡Vengan ya, a aliviar mi pena!

Amén.

Igual que Zaqueo

(Lucas 19,8: Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más»)
Igual que Zaqueo:
ladrón y chiquito,
Señor, yo lo admito,
pecado es que arreo.

No amar es un robo:
todos, has amado,
y amar has mandado;
¡amar hasta al lobo!

Y en cuanto a bajito,
no es por la estatura
ni falta de altura;
es porque te evito;

pero en lo adelante
más de cuatro veces,
yo daré con creces
cariño faltante.

Me dices, Señor:
da frutos de amor.

Amén.

Palabra creadora

(Salmo 51,12: Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu)
Palabra creadora
que aún en mi nada,
sin magia y sin hada,
me es engendradora

y transformadora
de mi aura dañada;
de un alma ya ajada,
es restauradora.

Es esta la hora;
venga la estocada
con cortante espada
que me salve ahora.

Amén.

Reconciliado contigo

(Ezequiel 18,30b: Conviértanse y apártense de todas sus rebeldías, de manera que nada los haga caer en el pecado)
Reconciliado contigo
por tu divina clemencia,
muy grata me es la indulgencia
que me convierte en tu amigo,
aunque merecía un castigo.
Te pido, Señor, la ayuda
para una actuación sesuda
y evitar la recaída
que me aparta de tu vida;
¡que, al pecado, mi alma eluda!

Amén.

Arrepentido

(Lucas 13,3b: y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera)
Arrepentido, ahora me arrepiento
de no decidir arrepentirme antes;
es contrición, Señor, remordimiento;
por favor, no transcurran más instantes
sin que aceptes este arrepentimiento.

Amén.

Ayuno

(Mateo 9,15b: Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán)
Señor, que lo esencial en mi ayuno
no sea tan sólo de los alimentos,
sino aquello con lo que me desuno
de Ti: aquellos malos sentimientos
hacia hermanos y todo acto infortuno.

Amén.

Lo quisiera borrar

(1 Juan 1,9: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad)
Lo quisiera borrar;
fue un día que apesta
y muy mala, funesta,
fue mi forma de actuar;

al pecado asentí;
sé que así te contristo,
mi Señor Jesucristo
ten compasión de mí.

Amén.

Si no hubieses venido a nosotros

(Lucas 5,32: Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan)
Si no hubieses venido a nosotros
y hubiesen sido otros los llamados,
tan sólo sería yo un desgraciado,
algo así como un perro sarnoso,

por el pecado, que es una sarna
putrefacta que todo roe e infecta 
y además que molesta e inquieta
todo en el interior, dentro del alma;

pero, por gracia, viniste a los sucios
como yo para hacer que seamos limpios,
como límpida agua de un arroyito
que convierte en lozano lo que es mustio.

Si sólo hubieras venido al que es bueno

(Lucas 19,10: porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido)
Si sólo hubieras venido al que es bueno,
pobre de mí, estaría perdido;
Tú viniste al que es baja del veneno
del pecado; lo quieres redimido
después de haberlo limpiado del cieno.

Amén.

Dame de esa agua

(Juan 4,14: pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna)
Señor, dame de esa agua
pues la mía vuelve a dar sed;
si de esa puedo beber,
de ti, calmaré las ansias
de poder lavar mi alma,
y tu manantial podré ser.

Amén.

Desigual intercambio

(Juan 6,56: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él)
A mi favor, desigual intercambio,
donde, tu Cuerpo y tu Sangre, es ofrenda,
yo, por mi parte, no doy nada a cambio;

Tú eres dación de rescate, la prenda
por mí, a quien el pecado marchita,
esclavizado, fuera de tu senda;

mas, tu bondad, el amor no me quita,
y permanece, por mí, en espera,
como a la amada en cita bendita;

ya que, de ti, no quiero estar fuera,
del pecado, del maligno, excremento,
dame, Señor, el perdón que libera;
y sáciame con tu Pan Sacramento.

Amén.

Publicano

(Lucas 19,1-2: Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos)
¡Publicano!, me señalan,
es cierto, soy pecador,
de faltas, el mal olor.
Me intriga Jesús que hoy pasa
y a quien la gente le aclama;
no es que soy un husmeador,
mas buscaré posición.
¡Oh! por mi nombre me llama!
y me dice ven y baja
¡me selecciona anfitrión!;
¿a mi morada el Señor?
¿por qué hasta mí te rebajas?
¡Tu misericordia, Dios,
no excluye ni al pecador!

Especialista en otros

(Mateo 7,1: No juzguen, para no ser juzgados)
Como especialista en otros
mi trabajo es minucioso
rastreo lo defectuoso:
lista de peros estotros;

busco sucio, polvo, piojo,
tacha y desperfecto todo,
hasta considerar lodo
una paja en cualquier ojo.

Yo mismo no me inspecciono
pues todavía no estoy loco;
en mi ojo una viga es poco;
¡no importa!; no lo menciono.

Tuerto y manco

(Mateo 5,29: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena)
No, Señor, ¿perder el Cielo?
por nada del mundo quiero;
si es por la vista o el tacto,
a ti yo voy tuerto y manco.

Tengo que hacer una dieta

(Marcos 7,15: Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre)
Tengo que hacer una dieta
para poder desintoxicarme;
a ver si consigo que paren
mis tantas acciones funestas.

No importa tanto la ingesta,
porque es lo que de mí sale
que el Señor quiere que sane
para que mi mente esté quieta

Por tanto, la dieta es inversa,
pues es ayunar las maldades
con todas mis perversidades;
y así mi corazón tendrá fiesta.

Amén.

Oveja perdida

(Mateo 18,12: ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?)
Por novedad, otro pasto
buscar, de amparo es malgasto;
sin un adiós, escondida
la salida, como huida;

en un instante ya hay daño:
se está lejos del rebaño;
como una oveja perdida,
arriesgada está la vida

que se torna en un fracaso
al no reencontrar el paso;
la amenaza ya existía,
el peligro ya sentía.

¡Lejos he ido, demasiado!
Pastor, ven pronto a mi lado;
 perdóname la osadía;
 fue un error, y lo sabía.

Y me dices, perdonado:
ven a mí, oveja perdida;
por ti yo entrego la vida
aun sabiendo que has errado;
tu llamada he esperado,
ansioso, porque eres mía;
el rebaño se moría
y triste estaba también
pues faltabas de las cien;
desde hoy, plena es mi alegría.

A lo ultimo

(Del poeta español Javier de Bengoechea (1919-2009))
Tino de Dios, finísimo, en lo oscuro
del hombre que ha pecado, y pecaría;
pecado con caliente puntería:
el hombre, y Dios enfrente, a duelo puro.

Pero el brazo de Dios, es firme y duro.
Busca al hombre que lucha y se desvía,
se le acerca, y aún más le cercaría,
y dispara el perdón sobre seguro.

Ay, esa sien del hombre traspasado
por el tiro de gracia del olvido...
Ya ni sangre, ni rabia, ni pecado.

Una ira dulcísima lo ha herido.
Una rosa que yace en su costado
Blanco de Dios, su corazón ha sido.

Misericordia

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Desde lejos, Señor, hemos venido,
peregrinando al pie de tu santuario,
para entonar un himno extraordinario,
el Miserere, el salmo dolorido.

Con gran pesar y el pecho compungido,
subo la escalinata del Sagrario,
donde moras oculto y solitario
e imploro tu perdón, pues te he ofendido.

Te ofendimos, pecamos gravemente,
entre vicios, peleas y altercados
con la maldad y culpa de unos y otros.

Humillando hasta el polvo nuestra frente,
perdónanos, Señor, nuestros pecados
y ten misericordia de nosotros.

Al oído del Cristo

(De la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957))
I
Cristo, el de las carnes en gajos abiertas;
Cristo, el de las venas vaciadas en ríos:
estas pobres gentes del siglo están muertas
de una laxitud, de un miedo, de un frío!

A la cabecera de sus lechos eres,
si te tienen, forma demasiado cruenta,
sin esas blanduras que aman las mujeres
y con esas marcas de vida violenta.

No te escupirían por creerte loco,
no fueran capaces de amarte tampoco
así, con sus ímpetus laxos y marchitos.

Porque como Lázaro ya hieden, ya hieden,
por no disgregarse, mejor no se mueven.
¡Ni el amor ni el odio les arrancan gritos!
II
Aman la elegancia de gesto y color.
y en la crispadura tuya del madero,
era tu sudar sangre, tu último temblor
y el resplandor cárdeno del Calvario entero

les parece que hay exageración.
y plebeyo gusta; el que Tú lloraras
y tuvieras sed y tribulación,
no cuaja en sus ojos dos lágrimas claras.

Tienen ojo opaco de infecunda yesca,
sin virtud de llanto, que limpia y refresca;
tienen una boca de suelto botón

mojada en lascivia, ni firme ni roja,
¡y como de fines de otoño, así, floja
e impura, la poma de su corazón!
III
¡Oh Cristo! un dolor les vuelva a hacer viva
l´alma que les diste y que se ha dormido,
que se la devuelva honda y sensitiva,
cara de amargura, pasión y alarido.

¡Garfios, hierros, zarpas, que sus carnes hiendan
tal como se hienden quemadas gavillas;
llamas que a su gajo caduco se prendan
llamas de suplicio: argollas, cuchillas!

¡Llanto, llanto de calientes raudales
renueve dos ojos de turbios cristales
y les vuelva el viejo fuego del mirar!

¡Retóñalos desde las entrañas, Cristo!
Si ya es imposible, si tú bien lo has visto,
si son paja de eras... ¡desciende a aventar!