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Reconciliado un perdido

(Juan 20,23: Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan)
Reconciliado un perdido;
en este mismo momento
bendigo este Sacramento
pues hondo estaba sumido.
Como Pedro, comprendido
por ti, habiéndote negado,
así he sido perdonado;
Señor, agradecido estoy
por este regalo de hoy.
¡Protégeme del pecado!

Amén.

¿Te sientes de malas?

(Mateo 6,10b: que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo)
¿Te sientes de malas?
¿fortuna se ha ido,
ya no tienes tino,
te han dado la espalda?

¿Frustrado por todo,
al mirar la luna
no ves luz alguna
y escaso es el gozo?
¿Es todo ya soso,
se perdió la ruta,
la vida te abruma
con golpe tras otro?

No busques por fuera
causa y solución;
mira en tu interior:
ahí, flojas, hay tuercas.

Es tiempo de un giro,
cambio de actitud;
sacar ya la luz
que te trajo Cristo,
y hoy tienes contigo
guardada en baúl.

Respira profundo
y a Dios, gracias, dale
por buenos instantes
que han sido tuyos;
perdón por oscuros
disfrute en los males;
del bien, son distantes;
repulsa en conjuro.

Y reconciliado
con quien todo puede,
que sana y que hiere,
tú ponte en sus manos:
que ha seleccionado
lo que te conviene;
porque siempre, siempre,
el Padre de lo Alto,
a cada hijo amado,
lo mejor confiere.

Amén.

¡De su perdón y amor, no quedes fuera!

(Lucas 23,39-40: Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba, diciéndole: «¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él?)
Uno actuó diferente a su colega
con el que compartía el suplicio,
por contagio atacaba a Jesucristo
y lo que obtuvo fue peor condena
juzgando al Cristo como a un cualquiera,
y no cambiando su errado camino;
yo, pensaría, ya estoy perdido,
pues continúo siendo igual fiera.

Mientras que el que vio en Jesús la realeza,
implorando al único Rey genuino,
a último instante tuvo un buen tino,
pues consiguió el perdón de sus penas.

Tú y yo, ¿cómo enfrentamos el dilema?
¿ofendiendo al Cristo ya herido,
o lo hacemos Rey y nos convertimos?
¡De su perdón y amor, no quedes fuera!

Para yo subir, Dios baja

(Lucas 19,5: Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa»)
Para yo subir, Dios baja
trayendo a todos perdón;
yo estaba lejos, ya no;
por mi nombre se me llama;
a nadie Dios le rechaza:
si se arrepiente el pecador,
le alcanzará la salvación
a él y a toda su casa.

Reconciliado contigo

(Ezequiel 18,30b: Conviértanse y apártense de todas sus rebeldías, de manera que nada los haga caer en el pecado)
Reconciliado contigo
por tu divina clemencia,
muy grata me es la indulgencia
que me convierte en tu amigo,
aunque merecía un castigo.
Te pido, Señor, la ayuda
para una actuación sesuda
y evitar la recaída
que me aparta de tu vida;
¡que, al pecado, mi alma eluda!

Amén.

Si no hubieses venido a nosotros

(Lucas 5,32: Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan)
Si no hubieses venido a nosotros
y hubiesen sido otros los llamados,
tan sólo sería yo un desgraciado,
algo así como un perro sarnoso,

por el pecado, que es una sarna
putrefacta que todo roe e infecta 
y además que molesta e inquieta
todo en el interior, dentro del alma;

pero, por gracia, viniste a los sucios
como yo para hacer que seamos limpios,
como límpida agua de un arroyito
que convierte en lozano lo que es mustio.

Sé que no dirás no

(Lucas 5,18: Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús)
Lo que pido se parece
a lo que el lisiado aspiró
y sé que no dirás no,
pues, creer en Ti, lo ofrece:

de mi cuerpo, la salud,
para mi alma tu perdón,
y que tu Iglesia sea acción
con solidaria actitud.

Amén.

Perdona y ama

(Lucas 7,47: Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor)
Perdona y ama enseñas hoy;
por tu perdón, gracias te doy;
por tanto amor, gracias, Señor.
Amarte a Ti y al Padre Dios;
al hermano darle perdón,
y para siempre mucho amor.

Amén.

Perdón

(Mateo 18,21: Entonces se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»)
Pedimos en el Padrenuestro
Dios perdone nuestras ofensas,
pues perdonamos las ajenas;
pregunto: ¿si no hacemos eso,
cómo de Dios perdón queremos?;
si pido que indulte mi pena,
con aquel que tengo pendencia
mejor hoy procuro un arreglo.

Amén.

Ofensas

(Mateo 6,12: Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido)
¿No quiso ofender?; pasa esto a cualquiera;
de este verano, calor es producto;
se suda demás y sale por ducto,
y es muy posible que ni agua bebiera.

¿Volvió a ofender?; tal vez no es que quiera;
muy difíciles son estos asuntos
al repetirse los males tan juntos;
tal vez no pensaba que eso doliera.

Si te dices: ¡no seas cándido, es fiera!;
pues tantas faltas ya te hacen un bulto,
en ti no quede rencor insepulto,
si pide perdón por falla artera;
pues, te perdona Dios, aunque le hieras,
si arrepentido le pides indulto.

Amén.

Culpa, mi conciencia no niega

(Juan 8,4-5: dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?»)
Culpa, mi conciencia no niega,
por haber pecado del cuerpo;
vergonzoso ha sido el tropiezo
y hoy esta ignominia me quema.

De la humillación ya estoy muerta
pues, del acusador, el dedo,
ya me ha lapidado de miedo
sin haber tirado una piedra.

Están ahí los que reprueban
al considerarse perfectos,
los que me retiran su afecto
y quienes al perdón se niegan.

En tu corrección hay clemencia,
Señor, pues sólo Tú eres bueno;
al decirme: "no te condeno",
me revives con tu indulgencia.

Amén.

Desigual intercambio

(Juan 6,56: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él)
A mi favor, desigual intercambio,
donde, tu Cuerpo y tu Sangre, es ofrenda,
yo, por mi parte, no doy nada a cambio;

Tú eres dación de rescate, la prenda
por mí, a quien el pecado marchita,
esclavizado, fuera de tu senda;

mas, tu bondad, el amor no me quita,
y permanece, por mí, en espera,
como a la amada en cita bendita;

ya que, de ti, no quiero estar fuera,
del pecado, del maligno, excremento,
dame, Señor, el perdón que libera;
y sáciame con tu Pan Sacramento.

Amén.

Acato tu justo juicio

(Lucas 12,58: Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel)
Acato tu justo juicio
pues el de hombres es sucio,
con un dictamen espurio,
y plagado de prejuicios.

¿Ofensa?, ya es homicidio,
no se admite entre lo tuyos;
procurando perdón mutuo,
Señor, hoy me reconcilio.

Amén.

Perdón y amor

(Lucas 7,47: sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor)
Perdón y amor juntos van de manos,
uno es al otro muy similar
como gemelos, un lindo par,
que nadie duda que son hermanos.

Y si amando al Amor se es perdonado,
tengo que amar con intensidad
para compensar la cantidad
y lo pesado que es mi pecado.

Señor, no veas mi oscuro pasado,
y si lo miras tenme piedad;
de todo hubo, ¡que suciedad!,
dale descargo a este enlodado.
que al amar, mi amor sea de tu agrado,
y tu perdón dé tranquilidad.

Amén.

Lo que enseña el Señor

(Mateo 5,38-39a: Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal)
Esto es lo que enseña el Señor:
no respondas con agresión
y olvida la ley del talión;
si te han agraviado: el perdón;
a quien te pide: donación;
si hay un perdido: orientación,
y si no te escucha: oración;
a la indiferencia: atención;
al desesperado: adhesión;
¿rencilla?: reconciliación;
y, a quien te odia, dale amor.
¡Así actúas como quiere Dios!

Amén.

Perdón siempre

(Mateo 21,21: Entonces se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»)
De tu hermano, las ofensas,
trata de que no te inquieten
aunque duelan como un callo
o algún cansado juanete;
si es que das una respuesta
trata que no sea tan fuerte
ni mucho menos desquite
para que el dolor no aumente.
Cristo propone el indulto,
ser ante todo indulgente;
aunque es cierto que no es fácil
con quien te clava los dientes,
con aquel que te desprecia
y hasta odio hacia ti siente;
perdón en todo momento,
no tan sólo siete veces
que digamos es bastante,
son setenta veces siete,
le dijo a Pedro el Maestro;
el significado es: ¡siempre!;
así nos lo enseñó Jesús
hasta en la cruz de su muerte.

Amén.

La compasión

(Lucas 6,36: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso)
La compasión debe ser guía
en el trato entre los hermanos;
para que todos los humanos
convivamos en armonía.

Evitar juzgar en la vida,
para tampoco ser juzgado;
porque hacerlo es arriesgado,
y así evitaremos porfía.

No condenar ni por falsía,
si no quieres ser condenado;
porque puedes estar errado
y serías tú quien se hundiría.

Perdona siempre, cada día,
y entonces serás perdonado;
dejar las ofensas de lado
hace que el mundo sonría.

Cuando des, hazlo sin medida,
así recibirás de todo;
porque si tú aplicas el codo,
tu entrada no será fluida.

Amén.

La oración que agrada a Dios

(Mateo 6,7: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados)
La oración que agrada a Dios:
concisa, no palabrera;
en que reconozca de Él
su voluntad y grandeza,
en que pida por lo de hoy,
mañana oraré a la vuelta;
pedir también protección
contra el maligno que tienta;
siempre incluir el perdón;
pedir a Dios lo conceda
cuando yo también perdone,
sino me vendrá condena.
Por eso en una plegaria,
hoy hurgando en mi conciencia
lo relativo al perdón
que el Padrenuestro me expresa,
me sale del corazón:
Padre, perdona mi ofensa,
que no es una, son bastantes
algunas de ellas, inmensas;
ayúdame a sanar
personales diferencias
prolongadas en el tiempo
como interminables guerras
convertidas en costumbre,
ya no tanto por afrenta;
¡Señor, hazme perdonar,
para lograr tu clemencia!

Amén.

Señor, Señor

(Mateo 7,21: No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo)
Mucho en mí hay por corregir:
caminos en el error;
haber causado dolor;
desvíos, ni que decir.

No es falta de información:
tu Palabra dicha está
y en el aire fluye ya;
hoy me arrepiento, perdón;

de ella seré cumplidor,
erigiendo sobre roca;
y no sólo con la boca
llamarte ¡Señor, Señor!

Amén.

A lo ultimo

(Del poeta español Javier de Bengoechea (1919-2009))
Tino de Dios, finísimo, en lo oscuro
del hombre que ha pecado, y pecaría;
pecado con caliente puntería:
el hombre, y Dios enfrente, a duelo puro.

Pero el brazo de Dios, es firme y duro.
Busca al hombre que lucha y se desvía,
se le acerca, y aún más le cercaría,
y dispara el perdón sobre seguro.

Ay, esa sien del hombre traspasado
por el tiro de gracia del olvido...
Ya ni sangre, ni rabia, ni pecado.

Una ira dulcísima lo ha herido.
Una rosa que yace en su costado
Blanco de Dios, su corazón ha sido.