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Fe

(Del poeta español Javier de Bengoechea (1919-2009))
No me digáis que el hombre es sólo el hombre.
Haría falta fe para creerlo.
Una gran fe, difícil y abundante:
esa fe de creer en lo que vemos.

Yo no tengo la fe de los que dicen
que Dios no existe, pero existen ellos,
y se miran y afirman: esto es todo,
y son su claro y único argumento.

Han bajado a las cuevas de sus frentes
iluminados por el pensamiento.
No estaba Dios. Nos han tranquilizado:
bajad sin esperanzas y sin miedo.

El hombre es hombre y nada más que hombre,
por estos, y por estos, y por estos
seguros raciocinios. Hablan claro,
y explican el porqué de cada hueso.

Algunos tienen fe, y se lo creen
incluso testifican con los muertos.
No hay que pensar ¿de dónde hemos venido?
si está claro hasta dónde descendemos.

Pero yo, no. Yo, no. La fe que tienen
no llega a mí. Me falta. Yo no creo.
No sé, no sé, ni sabe nadie. Nadie.
Lo testifico yo con el misterio.

El misterio es seguro. Existe. ¡Mira!
Tapa mis ojos y me deja ciego.
Cierra mi boca con su tacto oscuro.
Es la mano de Dios.
Y yo la beso.

A lo ultimo

(Del poeta español Javier de Bengoechea (1919-2009))
Tino de Dios, finísimo, en lo oscuro
del hombre que ha pecado, y pecaría;
pecado con caliente puntería:
el hombre, y Dios enfrente, a duelo puro.

Pero el brazo de Dios, es firme y duro.
Busca al hombre que lucha y se desvía,
se le acerca, y aún más le cercaría,
y dispara el perdón sobre seguro.

Ay, esa sien del hombre traspasado
por el tiro de gracia del olvido...
Ya ni sangre, ni rabia, ni pecado.

Una ira dulcísima lo ha herido.
Una rosa que yace en su costado
Blanco de Dios, su corazón ha sido.

Estoy

(Del poeta español Javier de Bengoechea (1919-2009))
La escalera del viento hacia tu altura,
se deshace en mis pies, y yo no puedo
subir, oh Dios, y sin subir, me quedo
flotando como pluma a la ventura.

¿En dónde estoy, oh Dios, o en qué postura
pondré mi vida, o cómo desenredo
los hilos de mi ansia, y me hallo, y cedo
—a quién, mi Dios— mi peso de amargura?

Así impaciente, por llegar, me estiro,
y me rompo la vida, y más me afano,
y arriba voy volando en un suspiro...

Mas tu cielo es un velo tan lejano...
¿En dónde estoy, mi Dios, en dónde? Y miro,
y estoy sobre la palma de tu mano.

Acto de fe

(Del poeta español Javier de Bengoechea (1919-2009))
Yo te ofrezco, Señor, mi paso humilde
de pobre caracol, por las veredas
empinadas y estrechas de tus límites.

No me des nubes, ni me prestes alas:
para llegar a Ti, yo quiero andar
a pie, por los caminos de tu gracia.

Que no note tu ayuda. Que mi paso
no tenga que apoyarse en las muletas
para enfermos sin fe, de tu milagro.

No montes para mí la gran tramoya
de tu dúo difícil con el trueno,
sino el sencillo charlar de la parábola.

Ni es preciso, Señor, que te molestes
en explicarme a mí tu teorema
con un extraño número de peces.

Yo siento tu delicia en el sencillo
acariciar el viento mi fatiga,
cuando mueves tus manos de abanico.

Todo lo sé, porque el dolor ahora
es el milagro que mejor me explica
el luminoso enigma de tu sombra.

Porque puedes multiplicar mi hambre,
y yo te seguiré por los caminos,
sin recurrir al truco de los panes.