(Mateo 14,31: En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»)
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Temor
(Lucas 8,24: Los discípulos se acercaron y lo despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, nos hundimos!». El se despertó e increpó al viento y a las olas; estas se apaciguaron y sobrevino la calma)
es este sudor helado
por miedo indisimulado
que es típico del terror.
Ven, acude a mí, Señor;
muy alta está la marea
y este viento me marea,
feroz, a mi alrededor
con un soplo que es horror.
Tu voz quiero oír ahora,
la constante defensora
que no teme lo anormal
y ante quien tiembla hasta el mal,
pues, del bien, ella es autora.
Venga ya esa auxiliadora
en quien pongo mi confianza
y diga yo a esta acechanza:
bien fallida fuiste otrora.
Amén.
Filipenses, cuatro trece
(Filipenses 4,13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece)
¿En contra están los vientos?
¿No alcanzable está la meta
y la esperanza se agrieta
por tantos impedimentos
convertidos en tormentos?
Cuando el problema aparece,
Cristo a mí me fortalece;
donde barreras había,
puedo lo que no podía.
Filipenses, cuatro trece.
Cadena de sucesos
(Salmo 31,3: inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme. Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo)
tan continua y sin parar!
¡Si la pudiera pausar!
Parecen hechos aviesos.
Es que el de hoy es un día de esos
en que salen mal las cosas:
las ideas son brumosas
como si faltaran sesos;
los músculos como tiesos,
el coco tendrá dolor;
los nervios, aún peor,
de las manos algo se cae,
incluso el ánimo decae.
¡El día no es el mejor!
Acudo a mi protector
que da, a cada ola, resaca:
¡a este sunami, aplaca;
oh complaciente Señor!
Amén.
Apoyo
(Salmo 23,4b: tu vara y tu cayado me infundirán aliento)
Requiero el apoyo,
Señor, del cayado
que, estando a tu lado,
me saca del hoyo;
ya es todo un embrollo
que me tiene atado;
ven pronto a mi lado,
sácame del tollo.
Amén.
Cuando empieza la tormenta
(Juan 6,17: El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento)
Cuando empieza la tormenta
tu llegada me conforta,
y si es fuerte no me importa
porque Tú eres quien la enfrenta.
Y si la duda comienza
tu Palabra la controla
para que, del temor, la ola,
de ningún modo me venza;
el consuelo de un "no temas"
asegura mi custodia,
contra el temporal, ¡victoria!:
se doblegan los problemas.
se doblegan los problemas.
Señor, pronta es tu asistencia,
sobre todo auxiliadora,
ya la mar se encuentra ahora
sosegada en tu presencia.
Como el pajarillo
(Mateo 10,29 ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo)
Como a un pajarillo adorable,
además de sencillo, esplendoroso,
y que emprende su vuelo ante el acoso,
así protege Dios al vulnerable
pues con él, el Señor, siempre es graciable.
Yo no tengo por qué estar temeroso
aunque hondo ya esté dentro de un foso,
y planeándose estén maquinaciones
o haya en mi contra perversas acciones;
que un ave, para Dios, soy más valioso.
Amén.pues con él, el Señor, siempre es graciable.
Yo no tengo por qué estar temeroso
aunque hondo ya esté dentro de un foso,
y planeándose estén maquinaciones
o haya en mi contra perversas acciones;
que un ave, para Dios, soy más valioso.
¡Digamos adiós a la preocupación!
de Dios que está siempre a nuestro favor;
más importante es seguir al Señor,
el resto que venga de modo infuso
y con lo material también incluso;
si confiamos en Él: ¡cero temor!
si confiamos en Él: ¡cero temor!
Somos la obra de su predilección;
¡digamos adiós a la preocupación!
Amén.
¡digamos adiós a la preocupación!
Amén.
Ánimo me das
(Lucas 21,28: Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación)
Hoy ánimo me das
ante tan gran horror,
y no tengo temor
aunque hay calamidad
pues Tú me hablaste ya;
gracias te doy, Señor.
Amén.
Nuestra Señora de las Mercedes
(Juan 2,3: Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»)
Nuestra Señora de las Mercedes,
mi virgencita de los favores;
tú, para paliar mis sinsabores,
ante tu Hijo, por mi intercedes,
realiza Él cuanto tú concedes
a aquellos que padecen dolores;
presenta mis penas, son horrores
que golpean tan duro como arietes
que golpean tan duro como arietes
¡qué se abran estos férreos grilletes!
porque, cárceles son, los temores.
Amén.
Ven pronto a mi barca
(Mateo 14,24: La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra)
Señor, ven pronto a mi barca,
pues temblando estoy del miedo;
disimularlo no puedo,
en mi cara está su marca;
aunque mi oración es parca
e incolora como el suero,
atiéndeme que me muero,
a mi temor, tráeme calma;
en tu amor confío mi alma
pues me quieres y te quiero.
pues me quieres y te quiero.
Amén.
Pandemia
(Salmo 9,14: El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción; me tomó y me alzó de las puertas de la Muerte)
De a dos metros separados,
mascarillas protectoras,
barreras separadoras;
no hay saludos, no hay agrados.
Sería ser un moribundo,
un sacado de la lista
sin victoria ni conquista
caminando por un mundo
que es erial, nada fecundo.
Pero ya hemos de abrazarnos
entre todos los hermanos,
la pandemia cesará,
Cristo ya la acabará
y nos daremos las manos.
y nos daremos las manos.
Y al unirnos nueva vez,
el gozo resurgirá;
alegría más allá,
alegría más allá,
¡amor pleno otra vez!
Amén.
Amén.
Confianza
(Salmo 56,4: Cuando me asalta el temor, yo pongo mi confianza en Ti, Dios Altísimo)
¿Por qué dudamos, Señor,
ante esta peste de miedo?
Es lejanía del Credo
en colectivo pavor.
A Ti me acojo, Señor,
tu voluntad sea hecha.
Tú sabrás si esa flecha
que hiere a mi alrededor
con su estela de dolor,
que enferma y amilana,
me hace, de ella, también diana;
y aunque mi carne la hienda
y que ahora no se entienda,
si hay fe en Ti, Cielo se gana.
Das más que sólo un mañana,
ofreces eterno amor.
¡Sea lo que digas, Señor!,
tu plan mucho más que sana.
Amén.
Amén.
Herodes está intranquilo
(Lucas 9,7: El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: «Es Juan, que ha resucitado»)
Herodes está intranquilo,
tan inquieto que se nota;
pues a todos interroga
lo que de Jesús han dicho:
¿Quién es este campesino
de quien oigo tantas cosas,
que a todos alborota
y que habla de un camino?
¿Será Elías aparecido
o Juan fuera de la fosa?
¿Cómo es que un extraño osa
no decirme a lo que vino?
Para verlo me desvivo,
¿busca fama? ¿cuánto cobra?
Todas las preguntas sobran
si realmente él es divino;
¡mejor veré si me avivo;
no me gusta esta zozobra!
De Dios no vienen las cargas
(Mateo 23,13: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran)
De Dios no vienen las cargas,
pues Él no pone ninguna;
Jesús cargó ya las tuyas,
estas son cosas humanas.
Muchos con ellas se espantan,
y las pesadas disgustan,
pero los que las impulsan,
cagarlas, ellos ni tratan.
¡Ánimo! ¡Cuánto lo necesitamos!
(Juan 16,33: Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo)
¡Ánimo! ¡Cuánto lo necesitamos!
tanto en el festejo, como en la prueba
no dejemos que la esperanza muera,
pues, que no haya paz, lo procura el diablo;
aunque él, de la maldad es el amo,
ya, a su embate, tenemos defensa;
contigo, ya no seremos su presa,
porque contra él, Señor, has triunfado.
Fabricante de paz
(Juan 14,27: Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!)
Conozco de un fabricante de paz
que posee un alto inventario;
su producción tiene un ritmo diario
que, abastecer todo el mundo, es capaz.
Por su producto, a nadie va a cobrar,
pues aunque trabaja en todo horario,
él no recibe ningún salario,
y entrega gratis a todo lugar.
Su factoría de tranquilidad
aunque es humilde, es un santuario,
el almacén es todo un sagrario,
y su marca es: Jesús, Rey de la paz.
Buen Pastor
(Juan 10,27: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen)
Escuché una canción,
solícito Buen Pastor,
que me llega al corazón
calmando todo temor;
me quita toda aflicción
y me hace sentir amor;
es una composición
cantada con mucho ardor.
La letra es de salvación
sobre un Pastor redentor
que nos ama con pasión
y que es nuestro protector.
Al oír la entonación,
supe que eres el cantor;
es tu voz, sin confusión,
Jesucristo, buen Pastor.
Me conoces, buen Pastor
(Juan 10,11 Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas)
Me conoces, buen Pastor,
pues me oyes aunque no hable;
pese a que el sufrimiento calle
y finja una alegre voz;
pastoreas el corazón
conociendo al detalle,
dichas y calamidades,
si hay acierto o frustración.
Sordo soy a otra voz,
que no sea tuya, que llame;
con eso evito me engañe
el lobo o un mal pastor.
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