Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la oración. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la oración. Mostrar todas las entradas

A ese hijo mío que en tierra aún está

(Mateo 6,9: Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre)
Jesús, en la oración, también Maestro,
nos enseñó como orar a su Padre;
pienso en los términos con que Dios Padre
respondería a nuestro Padrenuestro:

"A ese hijo mío que en tierra aún está,
santifica allí tu nombre y tu vida;
sólo así, al Reino, tendrás la subida
a la que aspiras tener desde allá.

Haces bien en pedir mi voluntad;
cúmplela en la tierra, tú, desde ahora,
beneficioso será en tu hora
que reconozcas ya mi potestad.

En cuanto al pan, siempre doy abundante
para el corazón y para la panza;
cuestiónate por qué es que no alcanza;
y, si en ti no hay respuesta, es inquietante.

Sobre ofensas, veré lo que dispones;
si, afligido, perdón pides, perdono;
siempre que en ti no haya ningún encono,
porque se condiciona a que perdones.

De tentaciones, las de Beelzebú,
protegerte yo trato y trataré;
con mis ángeles te protegeré;
pero haz tu parte: ¡no las busques tú!

Y, por último, acerca de ese mal;
no es invencible; mi Hijo lo venció
y con su triunfo la vía te dio;
hoy, hijo, cumple el pacto bautismal."

Amén.

Persiste y persevera

(Lucas 18,1: Después le enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse)
Persiste y persevera
ante Dios tu petición,
pues el oye la oración,
si a Él con fe se le ruega.

Repítele y reitera,
que a Él le gusta oír tu voz;
ya te ha puesto su atención
y quiere tu insistencia.

Al tiempo de la respuesta,
que Él considere mejor,
atenderá tu clamor,
si es de tu conveniencia.

Amén.

Así sea mi oración

(Salmo 145,18: El Señor está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad)
Sea así mi oración:
contacto al Excelso
en lenguaje relso,
del cielo unción;

ninguna palabra
si no hay sentimiento;
no sea fingimiento
tras abracadabra;

mucho agradeciendo
al Amor que me ama;
que suba la flama
no solo pidiendo;

mejor el silencio;
que el Espíritu hable
blandiendo su sable,
cortando lo necio.

Que así hable con Dios
sin ningún libreto,
el ánimo quieto
¿la lógica?: ¡adiós!;

que sea llanto y gozo
bien emulsionado;
por Dios, escuchado,
en santo alborozo.

Amén.

Entrega especial

(Juan 16,23: Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre)
Él dijo: "pidan y se les dará"
por tanto, el que con fe al Señor ruega,
y confiado, pacientemente espera,
si le conviene, lo recibirá.

Es, en su Nombre, "entrega especial";
es decir, no es un envío cualquiera
pues lo pedido en su momento llega
sin ningún traspiés, con seguridad.

Amén

Ven, Espíritu, en unción

(Hebreo 4,12a: Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo)
Ven, Espíritu, en unción,
al escuchar mi clamor;
inúndame con tu amor
inspirando mi oración:
¡que salga del corazón!,
y que para hacerlo se abra
por la acción de la Palabra
de Dios que es penetrante;
ese instrumento cortante
que puede hacerme una labra.

Amén.

Al orar los Santos Libros

(Santiago 1,22: Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos)
Espíritu Divino,
Paráclito Señor,
al orar los Santos Libros
quiero pedirte un don:
tu luz, ahora yo pido,
me ilumine el corazón
para poder ver el camino
que hoy me señala Dios;
disponerme a seguirlo
con confianza y sin temor,
y con tu ánimo vivirlo
para siempre con ardor.

Ora clamando justicia

(Lucas 18,7: Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?)
Ora clamando justicia
que el Juez justo escuchará;
no es demora, ten paciencia
que ya el dictamen dará,
pues ha iniciado la audiencia.

Amén.

En mi oración

(Romanos 8,26a: Igualmente, el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido)
Aumenta en mi la fe, Señor,
la certeza de tu actuación
de cuanto pido en oración;
que tu Espíritu en mi interior,
transmitiendo tu gran amor,
sea el que obre en intercesión.

Amén.

Con nosotros estás

(Mateo 18,20: Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos)
Con nosotros estás,
te sentimos, Señor;
presides la reunión;
lo que oremos harás,
si tenemos piedad;
te pedimos amor
al hacer corrección
y, en tu Nombre, unidad.

Amén.

¡Con María mediante!

(Juan 19,27a: Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre»)
Después de pedir a Jesús,
con un Rosario a María
se hace expedita la vía
más rápida que un obús
pues adicionaste un buen plus:
de la oración, ayudante,
que actúa como lubricante
que facilita tu ruego
y le incrementa su fuego.
¡A orar, con María mediante!

Amén.

Con tu Espíritu

(Lucas 11,28: Jesús le respondió: Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican)
Con tu Espíritu, ilumíname,
Señor, e inunda mi corazón,
en este instante de oración
pues quiero de ti llenarme;
gusto, por tu Palabra, dame,
y una actitud de conversión
que me llene de emoción
al leer orando, de hoy, tu mensaje.

Oración y penitencia

(Mateo 13,24-25: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue)
Aun preparando la tierra
y haciendo una buena siembra
va a aparecer la maleza:
la indeseada mala hierba;
cuando el enemigo tienta,
ahí es cuando la inserta.
Oración y penitencia:
herbicida de excelencia;
así al efectuar la siega
será grande la cosecha.

Pedir en tu santo nombre

(Juan 14,14: Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré)
Pedir en tu santo nombre
es garantía de obtención
cuando es con buena intención
y para una causa noble;

aunque ahora no lo logre
esperaré en ti, Señor;
me habrás de dar lo mejor
y su tiempo lo conoces.

Amén

Miércoles de Cenizas

(Génesis 3,19b: ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!)
Es Miércoles de Cenizas,
de la Cuaresma, la puerta;
para unos, tan fina dieta
que hasta comerán delicias;
para otros, un cambio inicia;
aunque, cierto, es una cuesta
con una anhelada meta
que procura la justicia
de Dios, que Cristo auspicia,
por la cual su vida entrega.

De Dios, loa la grandeza,
pues ante Él somos ceniza;
ora y tu andar revisa,
reconoce tus bajezas,
ayuna lo que te afecta,
y caridad nunca omitas.

Amén.

Ayuno, oración y limosna

(Mateo 6,1: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo)
No es el vientre la única vía de ayuno;
la boca lo es, corazón y cabeza
también; de lo contrario, es una dieta;
privación sólo, mérito ninguno.

Y respecto a la forma de oración:
que ejercicio no sea de oratoria;
porque aunque sea, en letras, copiosa
Dios no la oye ni en amplificador.

Algo muy grave respecto a limosna
es perseguir con ella el propio honor;
no ligan caridad y exhibición,
y poco vale si tan sólo adorna.

Mas con ayuno y la caridad  plena,
mi oración, Dios, la atiende enseguida;
y como honores son paga perdida,
obtendré, del Padre, la recompensa.

Amén.

Pedir, buscar y llamar

(Mateo 7,7: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá)
Pedir y pedir, siempre pedir
a Dios; cosas buenas el dará
a aquel que persiste sin cesar,
pues quien le pide va a recibir.
Si, como Él, soy con el infeliz,
mi premio pronto me llegará.

También toda gracia hay que buscar
aun la tengas frente a tu nariz
porque al hallarla vas a reír;
¡siempre quien busca habrá de encontrar!

Y por nada dejar de llamar,
tocar y tocar, hay que insistir;
aunque la puerta tarde en abrir,
el que esté adentro despertará;
pero quien siempre será cordial
será el Padre Dios al acudir.

La oración que agrada a Dios

(Mateo 6,7: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados)
La oración que agrada a Dios:
concisa, no palabrera;
en que reconozca de Él
su voluntad y grandeza,
en que pida por lo de hoy,
mañana oraré a la vuelta;
pedir también protección
contra el maligno que tienta;
siempre incluir el perdón;
pedir a Dios lo conceda
cuando yo también perdone,
sino me vendrá condena.
Por eso en una plegaria,
hoy hurgando en mi conciencia
lo relativo al perdón
que el Padrenuestro me expresa,
me sale del corazón:
Padre, perdona mi ofensa,
que no es una, son bastantes
algunas de ellas, inmensas;
ayúdame a sanar
personales diferencias
prolongadas en el tiempo
como interminables guerras
convertidas en costumbre,
ya no tanto por afrenta;
¡Señor, hazme perdonar,
para lograr tu clemencia!

Amén.

Fe y oración

(Marcos 9,18: Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron)
No se puede lograr mucho
con fe y oración ausentes;
es por eso que te pido,
Señor, que mi fe incrementes;
porque la amenaza existe,
y aunque no rechine dientes
yo, como aquel epiléptico
ni en el suelo me revuelque,
el maligno está al acecho
y en cualquier momento agrede;
con éxito combatirlo
lo logra sólo quien cree
en Ti y te habla en oración;
Señor, ese, en Ti le vence.
Crezca yo en fe y oración,
Señor; sé que Tú lo quieres
y también que ayude a otros;
por todo eso elevo preces.

Amén.

La humildad

(Marcos 7,28: Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos»)
La humildad obtiene más logros
que reclamación insensata.
¿Por qué una exigencia porfiada
si la decisión es del otro?

No consigue un proceder hosco
que una petición sea escuchada;
la fórmula a ser aplicada:
confianza y evitar ser tosco.

Tú, como Dios lo alcanza todo,
ora con actitud confiada,
pide sin ofender en nada,
y el Señor premiará tu modo.

Amén.

Plegaria

(Lucas 1,18: Pero Zacarías dijo al Angel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada»)
Quiero, a Dios, en una plegaria
pedir auxilio en mi oración;
para que no sea rutinaria
y a su Palabra: atención;
que distinga cuando Dios habla
y le entienda sin confusión;
también una fe no precaria,
sin duda ni vacilación.
Clamo a Dios esta necesaria 
petición de ayuda y perdón:

Porque tu espera he descuidado,
Señor, pido ayuda y perdón;
porque a veces no te he escuchado,
te pido oídos y perdón;
si tu voz no he identificado,
Señor, dame auxilio y perdón;
por tu mensaje no captado,
pido entendimiento y perdón;
por cuantas veces he dudado,
dame fe y mucho perdón.

Amén.