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Liturgia

(Sabiduría 4,10: Ante él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión;)
Liturgia en la tierra
dirigida al cielo,
ritual en el suelo
que a anhelo se aferra.

grandeza se invoca,
tiene que ser fina
porque desafina
si, belleza, hay poca;

corazón sencillo,
ministro que aploma,
armonioso brillo,

sutil el aroma
y voces sin grillo:
¡Dios mismo se asoma!

Amén.

Las notas de la Iglesia

(Mateo 16,18a: Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia)
Una es la Iglesia de Cristo,
nuevo pueblo de Israel;
unida la quiere Él
pues una sola ha previsto;

que como el Padre sea santa,
y como su Hijo también;
Cielo, mejor que el Edén,
simiente que ella nos planta.

Ir en misión, recorrer;
que a todos los pueblos vaya,
doquiera que gente haya;
¡católica ha de ser!;

y además de católica,
Apóstoles son su base,
rocas de la inicial fase;
¡también ella es apostólica!

De la Iglesia, son las notas;
lo que falte, corrijamos;
en progreso, juntos vamos;
de ese río, somos gotas.

Amén.

Pedro y Pablo

(Mateo 16,18: Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella)
Ellos, Pedro y Pablo,
dos hombres de esfuerzos
quienes en comienzos
ninguno era santo.

Tuvieron sus fallos:
a Cristo negaron,
pero luego ambos
dieron el gran paso;

y de sus contrarios
sufrieron embates;
ahora, en los altares,
santos adecuados;

hoy son por encargo
uno de ellos roca,
y otro pluma y boca,
del mundo cristiano.

Sé que no dirás no

(Lucas 5,18: Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús)
Lo que pido se parece
a lo que el lisiado aspiró
y sé que no dirás no,
pues, creer en Ti, lo ofrece:

de mi cuerpo, la salud,
para mi alma tu perdón,
y que tu Iglesia sea acción
con solidaria actitud.

Amén.

Con nosotros estás

(Mateo 18,20: Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos)
Con nosotros estás,
te sentimos, Señor;
presides la reunión;
lo que oremos harás,
si tenemos piedad;
te pedimos amor
al hacer corrección
y, en tu Nombre, unidad.

Amén.

El respeto a su casa

(Marcos 11,17: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones)
El respeto a su casa,
que Él ha hecho mía,
Jesucristo pedía
y hoy me lo recalca.
¡Ven acá y restaura!
dijo a san Francisco;
y hoy me dice lo mismo:
¡ven cuídala sin pausa!

Amén.

Tú que eres la piedra angular

(Marcos 12,10-11: ¿No han leído este pasaje de la Escritura: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"?)
Tú que eres la piedra angular,
anéxame al edificio;
el que, por tu sacrificio,
alberga de Dios, el altar.

Pero mi consistencia es banal,
no estoy hecho de silicio;
por favor hazme propicio,
y digno como un pedernal.

Amén.

No podían quedarse con la viña

(Marcos 12,9: ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros)
No podían quedarse con la viña
esos malvados arrendatarios;
aunque maltrataran emisarios
y al Hijo recibieran con riña;

pues con aquella muerte oblativa,
acontecida allá en el calvario,
la viña ahora tiene un sagrario
y ya pasó a ser bien productiva,
pues cambiaron a la directiva
por otra fiel a su propietario.

Él te nombró piedra

(Mateo 16,18: Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella)
Él te nombró piedra,
como roca fuerte;
conduce a la gente
y vence la fiera;

ama las ovejas
y sé diligente,
pues Cristo las quiere,
y el cuido te deja.

Del Reino en la tierra,
Pedro, eres regente,
superintendente,
de toda la Iglesia.

Con Cristo, por el camino

(Luca 8,2: Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades)
Con Cristo, por el camino,
por pueblos y cada aldea
la Buena Nueva se arrea
con un mensaje divino:
el Reino de Dios ya vino
y el mal ya se tambalea.

Jesús la Iglesia la crea
con doce de sus amigos
y unas mujeres testigos
que comparten su tarea.

Tomemos tú y yo la tea
sin ser, del tiempo, mezquinos;
con Cristo, por los caminos,
¡hagamos que el mundo crea!

Amén.

Soy oveja del rebaño

(Juan 21,15: Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos»)
Soy oveja del rebaño,
apaciéntame, Simón,
al pasto de salvación
condúceme, tú, sin daño.

Protégeme del extraño
cuando se torna en agresor;
también de cualquier impostor
que se acerque con engaño.

Como a Jesús has amado,
que me ames, pide el Señor;
el te ha nombrado pastor
y te puso a mi cuidado.

Que le sigas, te ha llamado
con amor el Buen Pastor;
sigue en pos de Él tu labor,
y llévame hasta su lado.

Amén.

Uno como el Padre y el Hijo

(Juan 17,21: Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste)
Uno como el Padre y el Hijo,
en una cohesión bien perfecta
sin las divisiones en sectas:
¡nosotros, en ellos unidos!

Es lo que se nos ha pedido
para que el mundo se convierta;
con la unión, la fe se fomenta,
pero, no es así, desunidos.

Al Padre le ha orado el Hijo
para que en nosotros se diera
el amor y unidad sincera;
¡a lograrlo!, lo quiere Cristo.

Amén.

Santifiquemos el mundo

(Juan 17,18: Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo)
Santifiquemos el mundo
enseñándoles la verdad,
la santa Palabra que da
la salvación como fruto.

Es el mensaje fecundo
que, enviados, vamos a llevar
donde lo que impera es maldad
y el amor no abunda mucho.

Vayamos ya en conjunto;
salgamos en misión santa;
siendo Cristo quien nos manda,
asegurado está el triunfo.

Amén.

El "nosotros" de Cristo es sin candado

(Marcos 9,39: Pero Jesús les dijo: No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí)
El "nosotros" de Cristo es sin candado;
es como casa que no cierra puerta
y de par en par la mantiene abierta
para quien se arrepiente del pecado.

Y si, alguien lo pone, queriéndose aislado,
muy pronto, Jesús, la llave le inserta,
quedando otra vez la entrada reabierta,
y, censurado, por Él, el cismado.

Porque Él no desea un grupo cerrado,
ni que la Iglesia se convierta en muerta,
tampoco quiere su casa desierta
ni que quien entre se vaya ahuyentado.

Sin excepción, todo el mundo es llamado,
porque la redención es una oferta
de Dios, que con su hijo nos liberta
y, quien la acepta, no es condenado.

Amén.

Aunque no somos de Galilea

(Marcos 3,13: Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso)
Aunque no somos de Galilea
ni parientes de aquellos doce,
para que esto se desempoce
y católica la Iglesia sea,
que nos amemos, Jesús desea,
no haya disgusto, tampoco roce;
y eso sólo el corazón conoce
cuando el Espíritu se menea.
Evangelizar, nuestra, es tarea;
que a cada uno esto alboroce:
la acción de Dios a todos reboce
y a Jesucristo hoy el mundo vea
para que su Palabra arda como tea
y el universo con ella goce.

Amén.

Pedro, roca; Pablo, espada

Himno de la Liturgia de las Horas
Pedro, roca; Pablo, espada.
Pedro, la red en las manos;
Pablo, tajante palabra.

Pedro, llaves; Pablo, andanzas.
Y un trotar por los caminos
con cansancio en las pisadas.

Cristo tras los dos andaba:
a uno lo tumbó en Damasco,
y al otro lo hirió con lágrimas.

Roma se vistió de gracia:
crucificada la roca,
y la espada muerta a espada.

Amén.

En tierra extraña peregrinos

Himno de la Liturgia de las Horas
En tierra extraña peregrinos
con esperanza caminamos,
que, si arduos son nuestros caminos,
sabemos bien a dónde vamos.
En el desierto un alto hacemos,
es el Señor quien nos convida,
aquí comemos y bebemos
el pan y el vino de la Vida.
Para el camino se nos queda
entre las manos, guiadora,
la cruz, bordón, que es la vereda
y es la bandera triunfadora.
Entre el dolor y la alegría,
con Cristo avanza en su andadura
un hombre, un pobre que confía
y busca la ciudad futura. Amén.

Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia

Himno de la Liturgia de las Horas
Ruega por nosotros,
Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.

A nuestros corazones

Himno de la Liturgia de las Horas
A nuestros corazones
la hora del Espíritu ha llegado,
la hora de los dones
y del apostolado:
lenguas de fuego y viento huracanado.

Oh Espíritu, desciende,
orando está la Iglesia que te espera;
visítanos y enciende,
como la vez primera,
los corazones en la misma hoguera.

La fuerza y el consuelo,
el río de la gracia y de la vida
derrama desde el cielo;
la tierra envejecida
renovará su faz reverdecida.

Gloria a Dios, uno y trino:
al Padre creador, al Hijo amado,
y al Espíritu divino
que nos ha regalado;
alabanza y honor le sea dado. Amén.

A los Apóstoles

Himno de la Liturgia de las Horas
Vosotros, que escuchasteis la llamada 
de viva voz que Cristo os dirigía, 
abrid nuestro vivir y nuestra alma 
al mensaje de amor que él nos envía. 

Vosotros, que invitados al banquete 
gustasteis el sabor del nuevo vino, 
llenad el vaso, del amor que ofrece, 
al sediento de Dios en su camino. 

Vosotros, que tuvisteis tan gran suerte 
de verle dar a muertos nueva vida, 
no dejéis que el pecado y que la muerte 
nos priven de la vida recibida. 

Vosotros, que lo visteis ya glorioso, 
hecho Señor de gloria sempiterna, 
haced que nuestro amor conozca el gozo 
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.