Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas con plegarias. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas con plegarias. Mostrar todas las entradas

¡Dulce es el Verbo de Dios!

(1 Pedro 2,2: Como niños recién nacidos, deseen la lecho pura de la Palabra, que los hará crecer para la salvación)
Señor Jesús,
Palabra viviente de Dios
que de tu Padre eres la audible voz
que calma hoy mi inquietud,
que yo escuche lo que dices Tú
de lo que acontece a mi alrededor;
que tu Palabra guíe siempre mi acción
y, al ser tuya, sea mi faro de luz;

tu Espíritu me dé entendimiento
sembrándola en mi corazón,
y germinando en mi interior
conduzca mis sentimientos;

que con ella yo acalle los ruidos
que sé que habrán de venir
tratando de apartarme de Ti
pues eso procura el maligno;
que yo asuma, Señor, el camino
que tu Palabra me invita a seguir
ahora y en el porvenir,
pues me quieres, Tú, como amigo.

Señor, no dejes nunca de hablarme,
quiero oír siempre tu voz.
¡Dulce es el Verbo de Dios!,
el don de la escucha, dame.

Amén.

Cuando los recuerdos se olviden

(Isaías 46,4: Hasta que envejezcan, yo seré siempre el mismo, y hasta que encanezcan, yo los sostendré. Yo he obrado, y me haré cargo de eso: los sostendré y los libraré)
Cuando los recuerdos se olviden
y las ideas no se hilvanen
porque la mente ya falle
y casi todo culmine,

repetiremos las cosas,
fastidiaremos a algunos,
ya no seremos robustos
y la salud será poca;

poco importarán las caras
y mucho menos los nombres,
dependeremos del noble
y la paciencia en las faltas.

A mi farol, hoy te pido,
Tú que prendiste esa llama
que hoy pareciera que apaga,
Señor, mantén con tu brillo;

y si, al final, tus simientes
en mí dieran algún fruto,
aunque haya sido sin jugo,
deja que a tu Reino yo entre.

Amén.

Mil veces Jesús

(Filipenses 2,10: para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos)

Jesús, mil veces Jesús
en el nombre de Jesús;
sólo Jesús y Jesús;
una oración a Jesús,
siempre Jesús y Jesús.

Jesús, Jesús y Jesús:
en mis labios es Jesús,
sentimiento en Jesús,
una y otra vez Jesús,
sólo el nombre de Jesús.

Jesús, mil veces Jesús;
eternamente Jesús,
seguidamente Jesús;
únicamente: Jesús;
sin parar: Jesús, Jesús...

Amén.

Trabajo

(Génesis 3,19a: Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado)
"Trabajarás con tus manos
para ganar el sustento";
consecuencias de un evento
de los primeros humanos.
¡Qué hacer, Señor, hoy danos!
Si el patrón no nos rechaza,
oiremos su bocaza
profiriendo sinsabores
y pagará las labores
que da para poca hogaza.

Pero queda algo bueno,
la labor, que es una huella
que dice mientras destella:
"de tu ser, esto está lleno".
Hazlo, pues, Señor, ameno,
y al trabajo de mis manos
libéralo de desganos;
que, a lo mandado, es respuesta,
pues el holgazán apesta.
¡Qué hacer, Señor, hoy danos!

Amén.

Bendito el que viene

(Lucas 19,38: Y decían:¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!)
Bendito el que viene
en el nombre del Señor,
también sea mi aclamación
que a todos los confines llegue;
y que al decirla se renueve
en todos el corazón,
para alcanzar la salvación
que Él nos da con su muerte.

Amén.

Ayúdame a que vea

(Juan 8,12b: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida)
Señor, ayúdame a que vea
la luz que sale de tu tea;
con ella, mi interior revea
y que siguiéndote te crea;
también que auxilie en la tarea
de que todos a Ti te vean.

Amén.

Por aquellos que han partido

(Lucas 23,42: Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino»)
Por aquellos que han partido
a la verdadera patria
que sea hoy nuestra plegaria
pues siguen siendo queridos.

Oremos por los amigos,
aquellos de nuestra casa,
ascendientes en la raza,
y hasta por desconocidos.

Que en ese juicio que enfrentan,
de Dios, les venga indulgencia,
y por su inmensa clemencia
les aligere sus penas.

Amén.

Nuestra Señora de las Mercedes

(Juan 2,3: Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»)
Nuestra Señora de las Mercedes,
mi virgencita de los favores;
tú, para paliar mis sinsabores,
ante tu Hijo, por mi intercedes,
realiza Él cuanto tú concedes
a aquellos que padecen dolores;
presenta mis penas, son horrores
que golpean tan duro como arietes
¡qué se abran estos férreos grilletes!
porque, cárceles son, los temores.

Amén.

José

(Mateo 1,24: Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa)
Hombre hábil, inteligente;
cuando no entiende, crítico,
sin actuar como cínico;
de la Palabra un oyente,
siempre ante Dios obediente;
bien familiar, un buen don,
de obreros, santo patrón;
tantas virtudes, José,
de santidad, modelo es;
que yo le imite, Señor.

Amén.

Cuarentena, en oración

(Mateo 7,7: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá)
¿Qué hacer en amenaza?
¿A quién se debe acudir?
Momento es de decidir
buscar la mejor coraza.

Me retiro en cuarentena,
aislado en reflexión;
no en vana inacción
ni sordo a congoja ajena,
pero sí con mucha pena
viendo falta de oración
por la contaminación,
y no sólo de estos virus
como el coronavirus,
pido a Dios su santa acción.

¡Ven y actúa, Santo Dios!
Que tu amor se disemine
y a todos descontamine;
es vacuna que trae pros.

Amén.

Esclarece hoy mi vista

(Marcos 8,23b: Jesús le preguntó: «¿Ves algo?»)
Esclarece hoy mi vista,
Señor; ayúdame a ver;
y que con todo mi ser,
en verte, siempre yo insista.

Amén.

Mi lámpara

(Mateo 25,3: Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite)
Para tener mi lámpara encendida
y rebosante de aceite mi alcuza,
Señor, yo te suplico hoy la ayuda:
mantén mi alma por siempre abastecida
de la esperanza en ti, y siempre viva
para que el cansancio nunca me aturda.

Amén.

¡Gravísimo error!

(Mateo 11,20: Entonces Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido)
No haber creído, ¡gravísimo error!
peor aún los que hoy no creen tampoco,
como si lo que has hecho fuera poco:
encarnación, muerte y resurrección.

Imposible es no llamarte Señor;
ante tu grandeza me sobrecojo,
pues todo lo que hoy observan mis ojos
son manifestación de tu amor.

Por las Corozaín de hoy, oración;
por las Betsaidas actuales mis votos;
por quienes en Ti no creen, hoy te imploro
para lograr en ellos conversión.

Amén.

La oración que agrada a Dios

(Mateo 6,7: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados)
La oración que agrada a Dios:
concisa, no palabrera;
en que reconozca de Él
su voluntad y grandeza,
en que pida por lo de hoy,
mañana oraré a la vuelta;
pedir también protección
contra el maligno que tienta;
siempre incluir el perdón;
pedir a Dios lo conceda
cuando yo también perdone,
sino me vendrá condena.
Por eso en una plegaria,
hoy hurgando en mi conciencia
lo relativo al perdón
que el Padrenuestro me expresa,
me sale del corazón:
Padre, perdona mi ofensa,
que no es una, son bastantes
algunas de ellas, inmensas;
ayúdame a sanar
personales diferencias
prolongadas en el tiempo
como interminables guerras
convertidas en costumbre,
ya no tanto por afrenta;
¡Señor, hazme perdonar,
para lograr tu clemencia!

Amén.

Tu Santo Espíritu, dame

(Marcos 3,29: Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre)
En mentes siempre hay revuelo,
fe y duda están en combate;
tuyo sea mi pensamiento:
tu Santo Espíritu, dame.

Fluidez al hablar no tengo
puedo errar al expresarme
Señor, orienta mi verbo:
tu Santo Espíritu, dame.

Con tu Espíritu por dentro,
buen guía tiene mi carne;
es por eso que te ruego:
tu Santo Espíritu, dame.

Amén.

Plegaria

(Lucas 1,18: Pero Zacarías dijo al Angel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada»)
Quiero, a Dios, en una plegaria
pedir auxilio en mi oración;
para que no sea rutinaria
y a su Palabra: atención;
que distinga cuando Dios habla
y le entienda sin confusión;
también una fe no precaria,
sin duda ni vacilación.
Clamo a Dios esta necesaria 
petición de ayuda y perdón:

Porque tu espera he descuidado,
Señor, pido ayuda y perdón;
porque a veces no te he escuchado,
te pido oídos y perdón;
si tu voz no he identificado,
Señor, dame auxilio y perdón;
por tu mensaje no captado,
pido entendimiento y perdón;
por cuantas veces he dudado,
dame fe y mucho perdón.

Amén.

Ninguna soledad como la mía

(Del escritor y poeta mexicano Carlos Pellicer (1899-1977))
Ninguna soledad como la mía. 
Lo tuve todo y no me queda nada. 
Virgen María, dame tu mirada 
para que pueda enderezar mi guía. 

Ya no tengo en los ojos sino un día 
con la vegetación apuñalada. 
Ya no me oigas llorar por la llorada 
soledad en que estoy, Virgen María. 

Dame a beber del agua sustanciosa 
que en cada sorbo tiene de la rosa 
y de la estrella aroma y alhajero. 

Múdame las palabras, ven primero 
que la noche se encienda y silenciosa 
me pondrás en las manos un lucero. 

Todos los Santos

(Del español Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870))
Patriarcas que fuísteis semillas
Del árbol de la fe en siglos remotos,
Al vencedor divino de la muerte
Rogadle por nosotros.
Profetas que rasgásteis inspirados
Del porvenir el velo misterioso,
Al que sacó la luz de las tinieblas
Rogadle por nosotros.
Apóstoles que echásteis en el mundo
De la Iglesia el cimiento poderoso,
Al que es de la verdad depositario
Rogadle por nosotros.
Mártires que gozásteis vuestra palma
En la arena del circo en sangre roja,
Al que os dio fortaleza en los combates
Rogarle por nosotros.
Vírgenes bellas cual las azucenas,
Que el verano vistió de nieve y oro,
Al que es fuente de vida y hermosura
Rogadle por nosotros.
Soldados del ejército de Cristo,
Santas y santos todos,
Rogadle que perdone nuestras culpas
A Aquél que vive y reina entre vosotros.

Súplica

(Del poeta, crítico e historiador español Antonio Oliver Belmas (1903-1968))
¡Oh Dios, cuan infinita es tu piedad! 
Para Ti no hay vencedores ni vencidos, 
no hay naciones ni razas, 
no hay inteligentes ni torpes, 
no hay pobres ni millonarios. 
Tú a todos nos abrazas en la tierra; 
de todos tomas el alma; 
de todos, Señor, sacas flores. 
Yo te pido que me hagas piadoso; 
que mi dolor nada sea junto al dolor de mi prójimo, 
que ni odie ni desprecie. 
Haz que me duelan las carnes con frío, 
las carnes de los que no tienen ropa; 
arráncame de la lujuria, 
de la vanidad y la soberbia. 
Quítame, Dios mío, de la ira 
y de sus terribles hogueras.
Tanto en la vida como en la muerte, 
no me niegues, Señor, el sosiego. 
Dame la paz que enguirnaldan tus ángeles 
bajo el mediopunto del iris.

El himno cotidiano

(De la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957))
En este nuevo día
que me concedes, ¡oh Señor!,
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.

 Dame Tú el don de la salud,
la fe, el ardor, la intrepidez,
séquito de la juventud;
y la cosecha de verdad,
la reflexión, la sensatez,
séquito de la ancianidad.

 Dichoso yo si, al fin del día,
un odio menos llevo en mí;
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.

 Y si por la rudeza mía
nadie sus lágrimas vertió,
y si alguien tuvo la alegría
que mi ternura le ofreció.

 Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.

 Y más potente me incorpore,
sin protestar, sin blasfemar.
Y mi ilusión la senda dore,
y mi ilusión me la haga amar.

 Que dé la suma de bondad,
de actividades y de amor
que a cada ser se manda dar:
suma de esencias a la flor
y de albas nubes a la mar.

 Y que, por fin, mi siglo engreído
en su grandeza material,
no me deslumbre hasta el olvido
de que soy barro y soy mortal.

 Ame a los seres este día;
a todo trance halle la luz.
Ame mi gozo y mi agonía:
¡ame la prueba de mi cruz!