Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la salvación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la salvación. Mostrar todas las entradas

Lejos huyó obscuridad

(Juan 6,39: La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día)
Lejos huyó obscuridad
con aquel funesto capuz
cuando volvió a brillar la luz
con el triunfo de la verdad.
Ahora exulte la cristiandad,
¡ha resucitado el Señor!;
démosle la gloria y honor
a Él; ¡no pudo vencerle el mal!
Desde ahora todo mortal,
al cielo, tiene un ascensor.

Amén.

Alas

(Filipenses 3,14: y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús)

Gusano, si: eso soy:
y no sólo al andar,
Señor, también al actuar:
en lo bajo es que estoy
y enlodado es que voy
por el cieno, ¡vil señuelo!
Pero me ofreces el Cielo
y, confiado en Ti, así avanzo;
aunque, ¡alto estás!, ¡no te alcanzo!,
dame alas para el vuelo.

Cargar la cruz

(Juan 19,17a: Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota»)
¡Cargar la cruz!;
fácil decir,
duro es vestir
negro capuz;

dice la gente
con catalejos:
"que esté allá lejos,
nunca en mi frente".

Jesús con ella,
que no era de Él,
sabiendo a hiel
no dio querella;

y en ella muerto,
por sólo amor,
el Redentor
el cielo ha abierto.

Para admitir
mi propia cruz,
a Cristo, luz,
voy a pedir:

A tu pasión
mi dolor uno;
valor ninguno
en dimensión;
y aunque vil don,
sea oportuno;

y al alma mía
da fortaleza
con entereza
y valentía,
Señor, hoy día,
aunque remeza.

Amén.

Verdad

(Juan 8,32: conocerán la verdad y la verdad los hará libres)
Pretendida por muchos
cual, de indescriptible valor, gema,
no sólo es para duchos,
del pensamiento, crema,
ni, de filósofos, un común tema;

es gratuito tesoro
que es don, un regalo asequible
más valioso que el oro;
a todos disponible
y conocerla es imprescindible.

Hablo de la verdad,
que, de todo saber, es la esencia;
la total claridad
que ilumina conciencia
e indica, del Absoluto, presencia;

existe una sola.
La acomodada es siempre engañosa:
falsedades en ola.
La real es gloriosa:
es, por Jesús, redención bien copiosa;

ella abre los candados,
de los amarres es desatadora
que suelta encadenados
y sigue actuando ahora
como única Verdad liberadora.

Juan, tres del dieciséis al diecisiete

(Juan 3,16 -17: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él)
Juan, tres del dieciséis al diecisiete,
declaración de un intenso amor;
amor extremo de Dios creador
por el hombre, su reacio mozalbete;

a éste el pecado lo ató con grillete
y, a él, Dios le envía como salvador
a su Hijo, no como condenador,
aunque se merezca el fuego y el fuete.

Creer en Jesús es tique de entrada
a vida eterna en divino concierto
de nota alegre y glorificada.

Pero pierde esa fiesta y sigue muerto,
porque él mismo escogió vía errada,
aquel que de Cristo no es un inserto.

Fiesta

(Lucas 1,43: ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?)
En vientres hay fiesta
llegada María
adonde su tía;
de ángeles, la orquesta.

Dos damas con fetos,
siendo uno Señor
y otro precursor
que ahora están inquietos.

Son niños saltando
en santas placentas;
las madres contentas,
los cuatro gozando.

Del cielo, hay un canto,
y ellas con sus risas
ya sienten las brisas
de Espíritu Santo.

Voz de profecía
que todo lo aclara:
Isabel declara
bendita a María,

Madre del Señor;
y a su humilde lar,
para ellos entrar,
no merecedor.

Hay gozo en avance
previo a la misión
de la salvación;
esa será un trance
pero no percance,
sino redención,

que hoy por esa gesta
sigue aquella fiesta.

Vía crucis

(Juan 19,17: Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota»)
Hoy yo alabo al Señor
con esta oración que en versos efundo
porque, del destructor
que del mal es oriundo,
redimió con su santa cruz al mundo.

Fue en vía crucis sacral
que el amor, en sangrante travesía
que aún vence óbito igual,
tornó cruel villanía
en la triunfante y salvífica vía.

I
Muerte fue la sentencia;
falsos testigos ante inicuo juez;
del Sanedrín, la influencia.
Jesús opta mudez
al sufrir la maldad e insensatez.

Al escoger lo errado
en vez de a Jesús, soy yo quien condena:
¡muere!, fallo he dictado.
Mi alma se gangrena
y Él, como en su juicio, sufre y se apena.

II
Jesús carga esa cruz
de incómodos y duros maderos;
de buey, tratan la Luz,
con tales lastres fieros
unos guardias que son como arrieros.

Mis yerros, sobrepeso
son, a esa carga; y aunque Él no protesta,
culpable soy, confieso,
de algo que a Dios molesta
al cometer el pecado que apesta.

III
Cae por primera vez;
sangre perdida por fuertes azotes,
vejado con brutez
por armados bravotes;
de cansancio y dolor, ya hay más que brotes.

No le vieron renombre;
Dios con nosotros, bajado del Cielo
aquí sufre como hombre
que, por desprecio y celo,
herido es por, de todos, el hielo.

IV
Y Él, a su madre, encuentra,
porque presente allí estaba María
cuando el abandono entra.
Ahí ya ella sentía
el espadazo de la profecía.

De Hijo y Madre, el dolor,
enseñanza me deje, no tristeza:
el familiar amor,
en pruebas, entereza,
y, hasta en caídas, la firmeza.

V
La ayuda de un cirineo,
al exhausto Jesús le da un respiro,
al ir desde su empleo
a su hogar en retiro;
y, aunque fue por fuerza, la admiro.

Dichoso ese Simón,
estuvo en lugar y tiempo precisos.
Ayudar es un don
del que somos omisos;
de ayuda, no sea yo de los remisos.

VI
Su rostro le enjuga
una mujer cuyo nombre es Verónica.
Su tez, que se desjuga,
ya semeja agónica
y es limpiada en acción, por siempre, icónica.

Es limpieza amorosa,
no quiere ver en su rostro el dolor,
sino cara donosa.
¿Ese amor y valor,
qué me impide expresarlo al Señor?

VII
La caída segunda
de Jesús muestra fatiga en aumento
y que el suplicio abunda
en un trato tan cruento.
Sufrimiento y dolor. ¡Cuánto tormento!

Es Dios que se ha hecho humano;
anonadada la Divinidad,
que se hace hermano
y sufre en verdad;
hoy me dice: ¿por qué tanta maldad?

VIII
Jesús, a las mujeres
de Sión, que lloran y, por Él, lamentan:
entonen misereres
pues males que aspavientan
ya en sus propias casas se aposentan.

Como a ellas, me apena
y parte el alma ver tanto sufrir;
parte soy de esa escena:
si a Él voy a seguir,
mi sufrimiento me ha de venir.

IX
La tercera caída,
el preludio, parece, del final;
con la cruz, a Él, unida
con su peso brutal;
¡más sufrimiento a la espera mortal!

Repetidas las veces
que yo he caído y vuelto a caer
de bruces a las heces.
Aquí enseña que hacer:
levantarme y seguir para vencer.

X
Jesús es despojado:
reparten y sortean vestiduras;
¡ropa santa en mercado!
Son acciones oscuras,
ofensas de soldados caraduras.

En abuso que irrita,
despojo le hicieron sin resistencia;
ese ejemplo me invita
superar la violencia
manifestando cual es mi creencia.

XI
En la cruz es clavado
como un criminal; fue a sangre fría
y cada golpe dado
aflige todavía,
pues sangre vertió Dios en agonía.

Y hoy mis clavos le duelen,
son mis agravios siendo martillados
con mazazos que muelen;
pero allí clavados,
Jesucristo ha dejado mis pecados.

XII
En la cruz, Jesús muere
en un hecho salvífico supremo;
muestra cuánto nos quiere
su Padre, hasta el extremo,
dando su Hijo como un chance postremo.

En esa cruz, así
sacrificado, contemplo al Cordero;
lo ha entregado, por mí,
aquel que tanto hiero,
Dios Padre, que así me dice: te quiero.

XIII
En brazos de su Madre,
de aquella cruz, Jesús es descendido
aún eso alma taladre
a quien, a Él, le ha parido.
¡La grandiosa misión ya se ha cumplido!

Hoy contemplo ese abrazo
de interminable amor, maternal gesto
después de aquel lanzazo.
Que no haga yo lo opuesto
a quien me ha dado su amor manifiesto.

XIV
En el sepulcro es puesto
el cuerpo por José de Arimatea;
propia tumba ha dispuesto
para que de Jesús sea;
con acciones y bienes le homenajea.

De bienes, desprendido,
es quien su corazón es bondadoso
y, a Dios, agradecido.
Me haga Él, dadivoso
como José fue; con Dios, generoso.


Esa vía recorrió
por mí, aún hice lo que ofende a Él;
ingrato he sido yo
con Jesús: ¡un infiel!
Piedad, misericordia, pido de Él.

Vía crucis, mío sea ya;
llevar su cruz, similar travesía
ahora aquí, ya no allá;
y Aquél que antes yo hería,
en este caminar, sea mi guía.

Amén.

Señor, dame Tú la fuerza

(Lucas 21,34-35: Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra)
Señor, dame Tú la fuerza
y conciencia del momento,
cuando el terrible tiempo
que implacablemente llega,
convertido en la gran prueba
estremezca mis cimientos.
Que frente a esos fuertes vientos
tu Palabra sea el alerta
para mantenerme en vela,
la oración el alimento,
y tu Espíritu el aliento,
que me lleven a la meta.

Amén.

Para yo subir, Dios baja

(Lucas 19,5: Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa»)
Para yo subir, Dios baja
trayendo a todos perdón;
yo estaba lejos, ya no;
por mi nombre se me llama;
a nadie Dios le rechaza:
si se arrepiente el pecador,
le alcanzará la salvación
a él y a toda su casa.

Palabra creadora

(Salmo 51,12: Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu)
Palabra creadora
que aún en mi nada,
sin magia y sin hada,
me es engendradora

y transformadora
de mi aura dañada;
de un alma ya ajada,
es restauradora.

Es esta la hora;
venga la estocada
con cortante espada
que me salve ahora.

Amén.

Bendito el que viene

(Lucas 19,38: Y decían:¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!)
Bendito el que viene
en el nombre del Señor,
también sea mi aclamación
que a todos los confines llegue;
y que al decirla se renueve
en todos el corazón,
para alcanzar la salvación
que Él nos da con su muerte.

Amén.

Cómo le hemos de recibir

(Isaías 1,3: El buey conoce a su amo y el asno, el pesebre de su dueño; ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento!)
El Hijo del Absoluto
sobre un lecho de forraje;
y un reducido bestiaje
saluda el divino Fruto.

Ya desde el primer minuto,
tanto el buey como el jumento,
dan, de cuna, su alimento;
ninguno de ellos bruto
pues a Dios daban tributo.
Su ayuno sirve de cama
al niño que amor derrama;
y en un gesto religioso
en aquel instante hermoso
cada uno como que aclama.

Muy distinto, en una trama,
los "sabiondos" actuarían:
a Jesús no reconocerían,
condenándole en un drama
buscando apagar su llama;
una cruz darían por lecho,
no de paja ni de afrecho,
y el tributo sería el odio.
Sangriento y cruel episodio
con que, Él, nos salvaría, de hecho.

Se nos ha dado el derecho:
igual que entonces, decidir
cómo le hemos de recibir;
¡qué sea de nuestro provecho!

Amén.

Hora

(Juan 12,27: Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: "Padre, sálvame de esta hora"? Pero para esto he llegado a esta hora)
Mi Señor, a Ti te llegó tu hora;
a los cristianos le llega algún día,
el que está listo, triunfa sin demora;
te pido que cuando llegue la mía
esté yo más preparado que ahora.

Amén.

Si sólo hubieras venido al que es bueno

(Lucas 19,10: porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido)
Si sólo hubieras venido al que es bueno,
pobre de mí, estaría perdido;
Tú viniste al que es baja del veneno
del pecado; lo quieres redimido
después de haberlo limpiado del cieno.

Amén.

Tu Reino

(Lucas 17,22b: Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán)
Aquellos tiempos los disfrutaría,
pero en nosotros no estás en ausencia
porque, en mí, estos pueden ser tu días,
Señor, y de tu Reino la presencia,
si es que la salvación yo la hago mía.

Amén.

Invitación

(Lucas 14,23b: Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa)
Señor, a ese convite que me has hecho,
que ahora mismo yo decida asistir;
no sólo porque seré satisfecho
sino por lo que allí vas a servir:
la salvación, que es de eterno provecho.

Amén.

Tú vienes de arriba

(Juan 3,34: El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida)
Señor, Tú vienes de arriba
como Palabra de Dios;
contigo me hablan los dos,
y no es para que la escriba,
es más bien que la suscriba
y convertirla en acción;
de Espíritu, dame unción,
que de la fe es el abono,
para, en tu voz, el abandono,
me lleve a la salvación.

Amén.

No podían quedarse con la viña

(Marcos 12,9: ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros)
No podían quedarse con la viña
esos malvados arrendatarios;
aunque maltrataran emisarios
y al Hijo recibieran con riña;

pues con aquella muerte oblativa,
acontecida allá en el calvario,
la viña ahora tiene un sagrario
y ya pasó a ser bien productiva,
pues cambiaron a la directiva
por otra fiel a su propietario.

Publicano

(Lucas 19,1-2: Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos)
¡Publicano!, me señalan,
es cierto, soy pecador,
de faltas, el mal olor.
Me intriga Jesús que hoy pasa
y a quien la gente le aclama;
no es que soy un husmeador,
mas buscaré posición.
¡Oh! por mi nombre me llama!
y me dice ven y baja
¡me selecciona anfitrión!;
¿a mi morada el Señor?
¿por qué hasta mí te rebajas?
¡Tu misericordia, Dios,
no excluye ni al pecador!

De tu Reino soy

(Lucas 13,18 Jesús dijo entonces: ¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo?)
De tu Reino soy,
porque me salvaste, Señor;
en tu Reino estoy,
por el Bautismo, Señor;
y a tu Reino voy
con tu auxilio, Señor.

Amén.