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Cuenta tras cuenta

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
Con cuenta tras cuenta
le pido a María,
pues la pena mía
a su Hijo presenta
ya que es su asistenta;
y mi alma confía
que nunca sería
la respuesta lenta;

las cuentas prosigo,
rezo con paciencia
buscando clemencia
por lo que persigo;
por eso le digo
con santa insistencia:

María, María,
con avemaría
en mucha cuantía;
¡rezo que confía!

Amén.

Fiesta

(Lucas 1,43: ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?)
En vientres hay fiesta
llegada María
adonde su tía;
de ángeles, la orquesta.

Dos damas con fetos,
siendo uno Señor
y otro precursor
que ahora están inquietos.

Son niños saltando
en santas placentas;
las madres contentas,
los cuatro gozando.

Del cielo, hay un canto,
y ellas con sus risas
ya sienten las brisas
de Espíritu Santo.

Voz de profecía
que todo lo aclara:
Isabel declara
bendita a María,

Madre del Señor;
y a su humilde lar,
para ellos entrar,
no merecedor.

Hay gozo en avance
previo a la misión
de la salvación;
esa será un trance
pero no percance,
sino redención,

que hoy por esa gesta
sigue aquella fiesta.

Él te escogió

(Juan 2,5: Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».)
Él te escogió,
¡oh Virgen pura
sin tacha alguna,
Madre de Dios!;
de encarnación
fuiste la ruta;
gran misión tuya:
¡canal de Dios!

Y sigues siendo
bendito puente,
ola que mueve
y lleva al puerto;
a Cristo, acceso,
al que concede
y a tiempo atiende
tus pedimentos.

A ti hoy acudo,
¡oh Madre nuestra
siempre dispuesta!,
como conducto;
lleva mis sustos,
sombras siniestras,
y toda pena,
al Hijo tuyo.

Amén.

Dichosa doncella

(Mateo 1,23: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros»)
Dichosa doncella, María;
vientre para el Rey de la gloria
como hombre a insertarse en la historia,
que nuestro Padre Dios escogía.
Desde el momento en que nacía
ángeles guían su trayectoria;
la humildad la hace meritoria
de la elección que se le hacía.

Bienaventurada María,
siempre atenta al alma que llora;
ante su Hijo intercesora;
en que nació, bendito el día.

Amén.

Magnificat

(Lucas 1,46: María dijo entonces: Mi alma canta la grandeza del Señor)
Porque, en ti, Dios se ha fijado,
¡bienaventurada!, María;
tu sencillez le ha gustado,
tu dicha es ahora alegría.
Tu alabanza le fue de agrado
y, tú, maravillas verías,
pues tu humildad Él ha mirado
y, de su Hijo, Madre serías.

Donde unos buscan posiciones,
del Señor, te haces la esclava;
y es en tu espíritu de pobre
que Dios su gran bondad derrama.
Diferente a la de los hombres,
la justicia de Dios es clara:
los humildes van a la cumbre
y a los soberbios Dios los baja.

Canal impoluto

(Lucas 1,42: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!)
Canal impoluto,
así fue engendrado;
ya predestinado
para el Absoluto

que en un tiempo dado
por éste vendría;
y al mal vencería;
¡vientre inmaculado!

La virgen María:
la limpia doncella
que, por misión, ella,
pura nacería;

sin la obscura huella
de aquella caída
que arruinó la vida
haciéndonos mella.

A ella agradecida,
mi alma hoy aclama;
¡sin mácula!, llama
a la bendecida.

Amén.

Te alegres, María

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
Te alegres, María...
repito y repito,
sea alto o bajito,
en bella armonía;

le digo a María
el saludo aquel
del Ángel Gabriel,
dicho en sinfonía.

Una y otra cuenta,
misterio tras otro;
no hay que ir como un potro:
¡qué el rezo se sienta!

Te alegres, María...,
en bella armonía.

Amén.

María es subida hasta el cielo

(Lucas 1,49: el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!)
María es subida hasta el cielo
a su Hijo la llama el Padre;
premio a su misión de Madre,
de ejecución, un modelo.
Va con ángeles en vuelo,
por legiones, escoltada
a la celestial morada,
donde su corte hoy espera
a la ascendente viajera
con liturgia de llegada.

¡Arriba, y ya con funciones!
Las mismas que ya tenía;
piadosa era María,
sigue con esas acciones:
ante el Hijo intercesiones.
Y si, de Él, antes de su hora,
logró como intercesora
aquel milagro festivo,
a mi pedir rogativo,
¿qué no ha de lograr ahora?

Se oyen ya las rosas

(Lucas 1,41b-42: e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!)
Se oyen ya las rosas,
ha llegado octubre;
todo ya se cubre
de odas elogiosas

A María, las rosas;
por su Hijo, más rosas;
rosas, lluevan rosas;
muchas, muchas rosas.

Ya es todo un rosario
de agradable aroma
y María se asoma;
¡ahora es un Sagrario!

Lánzale tus rosas,
muchas, muchas rosas.

Amén.

Ven visítame a mí

(Lucas 1,39-40: En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel)
Visitaste a Isabel,
ven visítame a mí
adonde estoy, aquí;
pues contigo va Él;

y además del Señor
su Espíritu viene;
que de ustedes se llene
todo mi alrededor.

Copiosa bendición

que limpiando mi entorno
sana todo trastorno;
¡santa visitación!

Amén.

María, María

(Lucas 1,48b-49: En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!)
María, María,
gracias por el sí,
¡Espíritu en ti!,
por Dios que venía.

María, María,
del Hijo del Padre,
dulcísima Madre,
también lo seas mía.

María, María,
que ante las barreras
buscaste maneras,
sea esa mi vía.

María, María,
gran misión cumplida;
tu forma de vida
mi espíritu ansía.

María, María,
la dado en Caná
pídele a quien da,
para mi sequía.

María, María,
piloto a Jesús
en repleto bus,
que seas tú mi guía.

María, María,
buena intercesora,
por mí ruega ahora,
este y cada día.

María, María,
la que siempre implora;
en mi final hora,
ruega Virgen mía.

Amén.

Ser tu hermano

(Mateo 12,50: Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre)
Ser tu hermano, Cristo,
María mi modelo,
más que un anhelo
ahora, es mi objetivo;
para conseguirlo
requiero de esfuerzo,
yo solo no puedo,
Señor, dame auxilio.

Amén.

Un Ave María

(Lucas 1,43: ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?)
Un Ave María del corazón
ahora quiero dedicarte, María:
al recordar el saludo del ángel
puedo imaginar, en ti, la alegría;
alégrate, dijo, llena de gracia;
alégrame, te digo, Virgen mía;
Dios está contigo, te ha bendecido
de entre las mujeres a ti escogía
para encanarse el Verbo: Jesús,
que tu virginal vientre fue la vía;
por eso te llamo: Madre de Dios,
que al saludarte lo dijo tu tía:
"la madre de mi Señor me visita".
Ruega ahora con tu plegaria pía
por mí, que sigo siendo un pecador,
de la santidad, aún en lejanía;
ruega que cuando me llegue la muerte,
ya arrepentido de mi villanía,
pueda llamar a Dios como mi Padre,
hermano a Jesús, y a ti Madre mía.

Amén.

¡Con María mediante!

(Juan 19,27a: Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre»)
Después de pedir a Jesús,
con un Rosario a María
se hace expedita la vía
más rápida que un obús
pues adicionaste un buen plus:
de la oración, ayudante,
que actúa como lubricante
que facilita tu ruego
y le incrementa su fuego.
¡A orar, con María mediante!

Amén.

Nuestra Señora de las Mercedes

(Juan 2,3: Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»)
Nuestra Señora de las Mercedes,
mi virgencita de los favores;
tú, para paliar mis sinsabores,
ante tu Hijo, por mi intercedes,
realiza Él cuanto tú concedes
a aquellos que padecen dolores;
presenta mis penas, son horrores
que golpean tan duro como arietes
¡qué se abran estos férreos grilletes!
porque, cárceles son, los temores.

Amén.

Gracias

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
¡Oh Virgen de la Altagracia
nacida llena de gracia!;
tu maternidad regracia
cuando tu vientre te agracia.
Condúcenos a la Gracia
que con su Padre congracia
venciendo al que desagracia.
¡Gracias por parir la Gracia!

Amén.

Rosario

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
A María lancémosle rosas,
pues es de Cristo la Madre hermosa,
que por creer le llaman dichosa
y el Espíritu en ella se posa.

Alegres son las rosas gozosas,
muy importantes las dolorosas,
triunfantes son las rosas gloriosas,
y nos alumbran las luminosas.

Bendita es la Virgen donosa,
humilde, generosa y piadosa;
honremos hoy la madre amorosa
orando su Rosario con rosas.

Amén.

Al Cielo es asunta María

(Lucas 1,45: Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor)
Al Cielo es asunta María;
la ascienden el Padre y el Hijo
al alto divino cobijo
que por su labor merecía.

Misión cumplida, le dirían,
al recibir con regocijo
a quien su "hágase en mi" bendijo
cuando a su encargo asentía.

Completa ahora es la alegría
al ver la Gloria de su Hijo
después de ese crucifijo
con que la salvación traería.

A ella yo quiero en este día
honrar, y mis loas dirijo;
y considerándome su hijo,
quiero llamarle Madre mía.

No caben en una sola canasta

(lucas 1,41-42: Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!)
No caben en una sola canasta
los frutos del Espíritu en María;
seguro que un camión rebosaría
al recolectar su cosecha vasta.

A Isabel, llevó junto a su fragancia:
caridad, gozo y paz con alegría;
paciencia y mansedumbre fueron su guía;
bondad y dulzura con perseverancia;

fe, modestia, castidad y templanza.
¡Es el Espíritu actuando en María
que en frutera de Dios la convertía!
¡La Virgen Santa merece loanza!

Señor, admiro a tu madre

(Marcos 3,35: Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre)
Señor, admiro a tu madre
porque, con corazón sano,
tu crianza tuvo a su cargo
como lo quiso Dios Padre;

¡obediente formidable!,
no importa el riesgo del paso,
pues, acatar el encargo
de Dios, es más importante.

¡Cuánto esmero al cuidarte
María tuvo en sus manos,
contigo al hacerte humano,
cuando de su vientre naces!

Por sus dotes ejemplares
es que Mamá yo le llamo;
porque quiero ser tu hermano
para que Tú así me llames.

Amén.