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Él te escogió

(Juan 2,5: Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».)
Él te escogió,
¡oh Virgen pura
sin tacha alguna,
Madre de Dios!;
de encarnación
fuiste la ruta;
gran misión tuya:
¡canal de Dios!

Y sigues siendo
bendito puente,
ola que mueve
y lleva al puerto;
a Cristo, acceso,
al que concede
y a tiempo atiende
tus pedimentos.

A ti hoy acudo,
¡oh Madre nuestra
siempre dispuesta!,
como conducto;
lleva mis sustos,
sombras siniestras,
y toda pena,
al Hijo tuyo.

Amén.

María, María

(Lucas 1,48b-49: En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!)
María, María,
gracias por el sí,
¡Espíritu en ti!,
por Dios que venía.

María, María,
del Hijo del Padre,
dulcísima Madre,
también lo seas mía.

María, María,
que ante las barreras
buscaste maneras,
sea esa mi vía.

María, María,
gran misión cumplida;
tu forma de vida
mi espíritu ansía.

María, María,
la dado en Caná
pídele a quien da,
para mi sequía.

María, María,
piloto a Jesús
en repleto bus,
que seas tú mi guía.

María, María,
buena intercesora,
por mí ruega ahora,
este y cada día.

María, María,
la que siempre implora;
en mi final hora,
ruega Virgen mía.

Amén.

Un Ave María

(Lucas 1,43: ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?)
Un Ave María del corazón
ahora quiero dedicarte, María:
al recordar el saludo del ángel
puedo imaginar, en ti, la alegría;
alégrate, dijo, llena de gracia;
alégrame, te digo, Virgen mía;
Dios está contigo, te ha bendecido
de entre las mujeres a ti escogía
para encanarse el Verbo: Jesús,
que tu virginal vientre fue la vía;
por eso te llamo: Madre de Dios,
que al saludarte lo dijo tu tía:
"la madre de mi Señor me visita".
Ruega ahora con tu plegaria pía
por mí, que sigo siendo un pecador,
de la santidad, aún en lejanía;
ruega que cuando me llegue la muerte,
ya arrepentido de mi villanía,
pueda llamar a Dios como mi Padre,
hermano a Jesús, y a ti Madre mía.

Amén.

Nuestra Señora de las Mercedes

(Juan 2,3: Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino»)
Nuestra Señora de las Mercedes,
mi virgencita de los favores;
tú, para paliar mis sinsabores,
ante tu Hijo, por mi intercedes,
realiza Él cuanto tú concedes
a aquellos que padecen dolores;
presenta mis penas, son horrores
que golpean tan duro como arietes
¡qué se abran estos férreos grilletes!
porque, cárceles son, los temores.

Amén.

Oración

(Del poeta y escritor español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Oh Santa Virgen María,
Madre de Dios, Madre nuestra,
tu gran bondad nos demuestra
que tu gran amor nos guía
día y noche, noche y día.
Recibe en esta mañana
mi humilde ofrenda temprana
y mi oración, porque Tú eres
entre todas las mujeres
su gran Reina soberana.

Oh Madre de inmensa piedad

(De "Imitación de María" atribuido a Tomás de Kempis)
Oh Madre de inmensa piedad, de grandísima misericordia y caridad;
Virgen incomparable, amable y venerable para todos;
Madre singular del Hijo de Dios, que nació de ti,
como también Madre universal de todos los cristianos
y Madre particular y especial
en relación con el grado de devoción que abrigamos hacia ti;
Virgen Reina del mundo y Señora de los ángeles,
atráeme a ti, para que no permanezca bajo el peso de mis pecados.
Distribuye la gracia, salvífico rocío del cielo, de la que eres Medianera,
a fin de que yo merezca experimentar
que eres la Madre de la gracia y la fuente de la misericordia.

María

(De "Oraciones de vida" por Karl Rahner)

¡Virgen santa, verdadera madre del Verbo eterno que ha venido a nuestra carne y a nuestro destino; mujer que has concebido en la fe y en tu seno bendito la salvación de todos nosotros; madre, pues, de todos los redimidos, siempre viviente en la vida de Dios, cercana a nosotros, pues los unidos a Dios son los que nos están más próximos!

Con agradecimiento de redimidos alabamos la eterna misericordia de Dios que te ha redimido. Cuando comenzaste a existir ya te había prevenido la gracia santificante, y esa gracia que no tuvo en ti que arrepentirse ya no te ha dejado de su mano. Tú has seguido el camino de todos los hijos de esta tierra, los estrechos senderos que parecen serpentear sin sentido fijo a través del tiempo, caminos de vulgaridad y de dolores hasta la muerte. Pero caminos de Dios, senderos de la fe y del incondicional «hágase en mí según tu palabra».

Y en un momento que ya no se borrará de la historia, sino que permanece por toda la eternidad, tu palabra fue la palabra de la humanidad y tu sí se convirtió en el amén de toda la creación al sí decidido de Dios, y tú concebiste en la fe y en tu seno al que es al mismo tiempo Dios y hombre, creador y criatura, felicidad inmutable y que no conoce cambio y destino amargo, consagrado a la muerte, destino de esta tierra, Jesucristo, nuestro Señor.

Por nuestra salvación has dicho el sí; por nosotros has pronunciado tu «hágase»: como mujer de-nuestra raza has acogido para nosotros y cobijado en tu seno y en tu amor a aquel en cuyo solo nombre hay salvación en el cielo y en la tierra. Tu sí ha permanecido siempre y ya nunca ha vuelto atrás. Ni aun cuando se hizo patente en la historia de la vida y de la muerte de tu Hijo quién era en realidad aquel a quien tú habías concebido; el cordero de Dios, que tomó sobre sí los pecados del mundo; el hijo del hombre, a quien el odio contra Dios de nuestra generación pecadora clavó en la cruz y, siendo luz del mundo, arrojó a las tinieblas de la muerte, que era nuestro propio y merecido destino.

De ti, Virgen santa, que como segunda Eva y madre de los vivientes estabas de pie bajo la cruz del Salvador —árbol verdadero del conocimiento del bien y del mal, verdadero árbol de vida—, se mantenía en pie la humanidad redimida, la Iglesia, bajo la cruz del mundo y allí concebía el fruto de la redención y de la salvación eterna.

He aquí reunida, Virgen y Madre, esta comunidad de redimidos y bautizados; aquí precisamente, en esta comunidad, en donde se hace visible y palpable la comunidad de todos los santos, imploramos tu intercesión. Pues la comunión de los santos comprende a los de la tierra y a los del cielo, y en ella nadie vive sólo para sí. Ni siquiera tú. Por eso ruegas por todos los que en esta comunión están unidos a ti como hermanos y hermanas en la redención. Y por eso mismo confiamos e imploramos tu poderosa intercesión, que no niegas ni aun a los que no te conocen.

Pide para nosotros la gracia de ser verdaderamente cristianos: redimidos y bautizados, sumergidos cada vez más en la vida y en la muerte de nuestro Señor, viviendo en la Iglesia y en su Espíritu, adoradores de Dios en espíritu y en verdad, testigos de la salvación por toda nuestra vida y en todas las situaciones, hombres que pura y disciplinadamente, y buscando sinceramente la verdad en todo, configuran su vida con valentía y humildad, vida que es una vocación santa, una llamada santa de Dios. Pide que seamos hijos de Dios que, según la palabra del apóstol, han de lucir como estrellas en el seno de una generación corrompida y depravada (Filip 2,15) alegres y confiados, edificando sobre el Señor de todos los tiempos, hoy y para siempre.

Nos consagramos a ti, santa Virgen y Madre, porque ya te estamos consagrados. Como no estamos solamente fundamentados sobre la piedra angular, Jesucristo, sino también sobre los apóstoles y profetas, así también nuestras vidas y nuestra salvación dependen permanentemente de tu sí, de tu fe y del fruto de tus entrañas. Así pues, al decir que queremos consagrarnos a ti, no hacemos más que reconocer nuestra voluntad de ser lo que ya somos, nuestra voluntad de acoger en espíritu, de corazón y de hecho, en toda la realidad de! hombre interior y exterior, io que ya somos. Con una consagración semejante intentamos sólo acercarnos en la historia de nuestra vida a la historia de la salvación que Dios ha efectuado y en la que ya ha dispuesto de nosotros. Nos llegamos a ti porque en ti sucedió nuestra salvación y tú la concebiste.

Ya que te estamos consagrados y nos consagramos a ti, muéstranos a aquel que ha sido consagrado en tu gracia, Jesús, el hendido fruto de tus entrañas; muéstranos a Jesús, el señor y salvador, la luz de la verdad y advenimiento de Dios a nuestro tiempo; muéstranos a Jesús, que ha padecido verdaderamente y verdaderamente ha resucitado, hijo del Padre e hijo de la tierra, porque es tu hijo; muéstranos a aquel en quien realmente somos liberados de las fuerzas y potencias que todavía vagan bajo el cielo, liberados aun cuando el hombre de la tierra les permanezca sumiso; muéstranos a Jesús ayer, hoy y por la eternidad. Dios te salve, María, llena eres de gracia... Amén.

Amor a la oración y a la soledad

(De "Las Glorias de María" por San Alfonso María de Ligorio)
Virgen santísima,
consíguenos el amor a la oración y a la soledad 
para que desprendiéndonos del amor desordenado a las criaturas
podamos aspirar sólo a Dios
y al paraíso en el que esperamos vernos un día para siempre,
alabando y amando juntos contigo a tu Hijo Jesús
por los siglos de los siglos.
Amén.

A Nuestra Señora

(Del "Libro de la Virgen María" por San Juan de Ávila)
¡Oh bendita, que hallaste gracia, engendradora de la vida, Madre de la salud!,
humildemente te suplicamos que por ti nos reciba el que por ti fue dado a nosotros.
Excuse tu santidad e integridad acerca de Él las culpas de nuestra corrupción;
y tu humildad, agradable a Dios, nos alcance perdón de nuestra soberbia;
tu copiosa caridad cobije la muchedumbre de nuestros pecados,
y tu gloriosa fecundidad nos haga a nosotros fecundos de merecimientos.
Señora nuestra, medianera nuestra, reconcílianos con tu Hijo bendito,
alcánzanos de Él gracia para que, salidos de este destierro,
nos lleve donde gocemos de su santísima gloria.

Oh María

De la Carta Encíclica Evangelium vitae del Papa Juan Pablo II
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.

Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia

Himno de la Liturgia de las Horas
Ruega por nosotros,
Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra,
de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres,
de la mar estrella,
llévanos a Cristo,
danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre,
la de gracia llena,
del Señor la esclava,
del mundo la reina.
Alza nuestros ojos
hacia tu belleza,
guía nuestros pasos
a la vida eterna.

Oh bienaventurada y dulcísima Virgen María

Oración de Santo Tomás de Aquino

Oh bienaventurada y dulcísima Virgen María, Madre de Dios, toda llena de misericordia, hija del Rey supremo, Señora de los Angeles, Madre de todos los creyentes: hoy y todos los días de mi vida, deposito en el seno de tu misericordia mi cuerpo y mi alma, todas mis acciones, pensamientos, intenciones, deseos, palabras, obras; en una palabra, mi vida entera y el fin de mi vida; para que por tu intercesión todo vaya enderezado a mi bien, según la voluntad de tu amado Hijo y Señor nuestro Jesucristo, y tú seas para mi, oh Santísima Señora mía, consuelo y ayuda contra las asechanzas y lazos del dragón y de todos mis enemigos.

Dígnate alcanzarme de tu amable Hijo y Señor nuestro Jesucristo, gracias para resistir con vigor a las tentaciones del mundo, demonio y carne, y mantener el firme propósito de nunca más pecar, y de perseverar constante en tu servicio y en el de tu Hijo.

También te ruego, oh Santísima Señora mía, que me alcances verdadera obediencia y verdadera humildad de corazón, para que me reconozca sinceramente por miserable y frágil pecador, impotente no sólo para practicar una obra buena, sino aun para rechazar los continuos ataques del enemigo, sin la gracia y auxilio de mi Creador y sin el socorro de tus santas preces.

Consígueme también, oh dulcísima Señora mía, castidad perpetua de alma y cuerpo, para que con puro corazón y cuerpo casto, pueda servirte a ti y a tu Hijo en tu Religión.

Concédeme pobreza voluntaria, unida a la paciencia y tranquilidad de espíritu para sobrellevar los trabajos de mi Religión y ocuparme en la salvación propia y de mis prójimos.

Alcánzame, oh dulcísima Señora, caridad verdadera con la cual ame de todo corazón a tu Hijo Sacratísimo y Señor nuestro Jesucristo, y después de él a ti sobre todas las cosas, y al prójimo en Dios y para Dios: para que así me alegre con su bien y me contriste con su mal, a ninguno desprecie ni juzgue temerariamente, ni me anteponga a nadie en mi estima propia.

Haz, oh Reina del cielo, que junte en mi corazón el temor y el amor de tu Hijo dulcísimo, que le dé continuas gracias por los grandes beneficios que me ha concedido no por mis méritos, sino movido por su propia voluntad, y que haga pura y sincera confesión y verdadera penitencia por mis pecados, hasta alcanzar perdón y misericordia.

Finalmente te ruego que en el último momento de mi vida, tú, única madre mía, puerta del cielo y abogada de los pecadores, no consientas que yo, indigno siervo tuyo, me desvíe de la santa fe católica, antes usando de tu gran piedad y misericordia me socorras y me defiendas de los malos espíritus, para que, lleno de esperanza en la bendita y gloriosa pasión de tu Hijo y en el valimiento de tu intercesión, consiga de él por tu medio el perdón de mis pecados, y al morir en tu amor y en el amor de tu Hijo, me encamines por el sendero de la salvación y salud eterna. Amén.

Virgen María, la mujer en llamas

Himno de la Liturgia de las Horas
Virgen María, la mujer en llamas:
Dios que te quiso para Madre omnímoda
puso en tu pecho un Corazón inmenso
más que el océano.

Tú, que acogiste la Palabra eterna
y sus palabras conservabas ávida,
haz, como el tuyo, nuestros corazones
cofres del Verbo.

Tú, que subiste hasta el Calvario intrépida
llevando el pecho por la espada herido,
danos piadosa un corazón magnánimo
hasta la muerte.

Tú que esperaste con tus nuevos hijos
la llama viva en que se dio el Espíritu,
logra que surjan por el ancho mundo
nuevos Cenáculos.

Gloria a la augusta Trinidad por siempre
que, al habitar tu Corazón purísimo,
hizo el troquel para una Iglesia santa,
santa y católica.
 Amén.

A Nuestra Señora del Rosario

Plegaria del Papa Juan Pablo II
Oh Rosario bendito de María,
dulce cadena que nos vuelves a unir con Dios,
vínculo de amor que nos unes a los Ángeles.

Torre de salvación en los asaltos del infierno.

Puerto seguro en el naufragio común,
nosotros no te dejaremos jamás.

Tú serás consuelo en la hora de la agonía,
a ti el último beso de la vida que se apaga.

Y el último acento de nuestros labios será tu nombre suave,
oh Reina del Rosario de Pompeya,
oh Madre nuestra querida,
oh Refugio de los pecadores,
oh Soberana consoladora de los afligidos.

Seas bendita en todas partes,
hoy y siempre,
en la tierra y en el cielo.

Amén.

Oración a la Virgen para alcanzar una buena muerte

De "Las Glorias de María" de San Alfonso María de Ligorio
María, dulce refugio de los pecadores,
cuando mi alma esté para dejar este mundo,
Madre mía, por el dolor que sentiste
asistiendo a vuestro Hijo que moría en la cruz,
asísteme también con tu misericordia.
Arroja lejos de mí a los enemigos infernales
y ven a recibir mi alma
y presentarla al Juez eterno.
No me abandones, Reina mía.
Tú, después de Jesús, has de ser
quien me reconforte en aquel trance.
Ruega a tu amado Hijo que me conceda,
por su bondad, morir abrazado a sus pies
y entregar mi alma
dentro de sus santas llagas, diciendo:
Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía.
Amén.

Oración del Scout a María

Escrita por el Papa Juan XXIII
¡Oh María! Vuestro nombre está sobre mis labios 
y sobre el corazón desde el comienzo de mi vida.

Desde mi infancia aprendí a amaros como a una madre, 
a invocaras en los peligros, a confiar en vuestra intercesión.

Vos leéis en mi ánimo el anhelo que siento de escrutar la verdad, 
de practicar la virtud, de ser prudente y justo, fuerte y paciente, hermano para todos.

¡Oh María! Sostened mi propósito de vivir como fiel discípulo de Jesús 
para edificar la sociedad cristiana y alegrar a la Santa Iglesia Católica.

A Vos, Madre, os saludo mañana y tarde; 
a Vos invoco a lo largo del camino; 
de Vos espero la inspiración y la fortaleza 
para coronar los sagrados empeños de mi vocación terrena, 
para dar gloria a Dios, para alcanzar la eterna salvación.

¡Oh María! Como Vos en Belén y en el Gólgota, 
también yo quiero permanecer siempre junto a Jesús. 
Él es el Rey inmortal de los siglos y de los pueblos. Amen.

¡Dios te salve, María, llena de gracia!

(Del poeta popular panameño José Dolores Urriola (1834-1883))
Bella como la aurora matutina,
dulce como el consuelo en la desgracia,
pura como de Dios la luz divina.
¡Dios te salve, María, llena de gracia!

Del mísero afligido eres consuelo,
la escogida entre todas las mujeres,
María, Madre de Dios, Reina del Cielo,
el Señor es contigo, bendita tú eres.

¿Quién en tu dulce amor, quién no confía?
¿Y quién te busca a ti que no te encuentre?
Bendita eres mil veces, Madre mía,
y Bendito el Fruto de tu vientre.

Santa Madre de Dios, por los dolores
que sufriste por tu Hijo, al verlo inerte,
Virgen, ruega por nos los pecadores,
Ahora y en la hora de la muerte.

Acto de consagración de la República Dominicana a la Virgen de la Altagracia

(Oración del Papa Juan Pablo II el 12 de octubre de 1992)

Dios te salve, María, llena de gracia:
Te saludo, Virgen María, con las palabras del Ángel.
Me postro ante tu imagen, Patrona de la República Dominicana,
para proclamar tu bendito nombre de la Altagracia.
Tú eres la “llena de gracia”, colmada de amor por el Altísimo,
fecundada por la acción del Espíritu,
para ser la Madre de Jesús, el Sol que nace de lo alto.
Te contemplo, Virgen de la Altagracia,
en el misterio que revela tu imagen:
el Nacimiento de tu Hijo, Verbo encarnado,
que ha querido habitar entre nosotros,
al que tú adoras y nos muestras
para que sea reconocido como Salvador del mundo.
Tú nos precedes en la obra de la nueva Evangelización
que es y será siempre anunciar y confesar a Cristo
“Camino, Verdad y Vida”.

Santa María, Madre de Dios:
Recuerdo ante tu imagen, en este 12 de octubre de 1992,
el cumplimiento de los quinientos años
de la llegada del Evangelio de Cristo a los pueblos de América,
con una nave que llevaba tu nombre y tu imagen: la “Santa María”.
Con toda la Iglesia de América entono el canto del “Magnificat”,
porque, por tu amor maternal, Dios vino a visitar a su pueblo
en los hijos que habitaban estas tierras,
para poner en medio de ellos su morada,
comunicarles la plenitud de la salvación en Cristo
y agregarlos, en un mismo Espíritu, a la Santa Iglesia Católica.
Tú eres la Madre de la primera Evangelización de América,
y el don precioso que Cristo nos trajo
con el anuncio de la salvación.

Reina y Madre de América:
Te venero, con los pastores y fieles de este Continente,
en todos los santuarios e imágenes que llevan tu nombre,
en las catedrales, parroquias y capillas,
en las ciudades y aldeas, junto a los océanos, ríos y lagos,
en medio de la selva y en las altas montañas.
Te invoco con los idiomas de todos sus habitantes
y te expreso el amor filial de todos los corazones.
Desde hace quinientos años estás presente
a lo largo y ancho de estas tierras benditas que son tuyas,
porque decir América es decir María.
Tú eres la Madre solícita y amorosa de todos tus hijos
que te aclaman como “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

Madre de Cristo y de la Iglesia:
Te presento y consagro, como Pastor de la Iglesia universal,
a todos tus hijos de América:
a los obispos, sacerdotes, diáconos y catequistas;
religiosos y religiosas;
a quienes viven su consagración en la vida contemplativa
o la testimonian en medio del mundo.
Te encomiendo a los niños y a los jóvenes,
a los ancianos, a los pobres y a los enfermos,
a cada una de las Iglesias locales,
a todas las familias y comunidades cristianas.
Te ofrezco sus gozos y esperanzas, sus temores y angustias,
sus plegarias y esfuerzos para que reine la justicia y la paz,
iluminados por el Evangelio de la verdad y la vida.
Tú, que ocupas un puesto tan cercano a Dios y a los hombres,
con tu mediación maternal presenta a tu Hijo Jesucristo
la ofrenda del Pueblo sacerdotal de las Américas;
implora el perdón por las injusticias cometidas,
acompaña con tu cántico de alabanza
nuestra acción de gracias.

Virgen de la Esperanza y Estrella de la Evangelización:
Te pido que conserves y acrecientes el don de la fe
y de la vida cristiana,
que los pueblos de América recibieron hace cinco siglos.
Intercede ante tu Hijo para que este Continente
sea tierra de paz y de esperanza,
donde el amor venza al odio, la unidad a la rivalidad,
la generosidad al egoísmo, la verdad a la mentira,
la justicia a la iniquidad, la paz a la violencia.
Haz que sea siempre respetada la vida
y la dignidad de cada persona humana,
la identidad de las minorías étnicas,
los legítimos derechos de los indígenas,
los genuinos valores de la familia
y de las culturas autóctonas.
Tú, que eres Estrella de la Evangelización,
impulsa en todos el ardor del anuncio de la Buena Nueva
para que sea siempre conocido, amado y servido
Jesucristo, fruto bendito de tu vientre,
Revelador del Padre y Dador del Espíritu,
“el mismo ayer, hoy y siempre”. Amén.

Oh María

De la Carta Encíclica Evangelium Vitae del Papa Juan Pablo II
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.

Letanías Lauretanas

Para rogar a Dios y a la Virgen María
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo. Redentor del Mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.
Madre de la Divina Gracia, ruega por nosotros.
Madre Purísima, ruega por nosotros.
Madre Castísima, ruega por nosotros.
Madre y Virgen, ruega por nosotros.
Madre sin mancha, ruega por nosotros.
Madre Inmaculada, ruega por nosotros.
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del buen consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen venerada, ruega por nosotros.
Virgen laudable, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Sede de sabiduría, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual, ruega por nosotros.
Vaso honorable, ruega por nosotros.
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros.
Rosa Mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de Marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros.
Arca de la Alianza, ruega por nosotros.
Puerta del Cielo, ruega por nosotros.
Estrella de la mañana, ruega por nosotros.
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina llevada al cielo, ruega por nosotros.
Reina del Sacratísimo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la paz, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.