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¡Dulce es el Verbo de Dios!

(1 Pedro 2,2: Como niños recién nacidos, deseen la lecho pura de la Palabra, que los hará crecer para la salvación)
Señor Jesús,
Palabra viviente de Dios
que de tu Padre eres la audible voz
que calma hoy mi inquietud,
que yo escuche lo que dices Tú
de lo que acontece a mi alrededor;
que tu Palabra guíe siempre mi acción
y, al ser tuya, sea mi faro de luz;

tu Espíritu me dé entendimiento
sembrándola en mi corazón,
y germinando en mi interior
conduzca mis sentimientos;

que con ella yo acalle los ruidos
que sé que habrán de venir
tratando de apartarme de Ti
pues eso procura el maligno;
que yo asuma, Señor, el camino
que tu Palabra me invita a seguir
ahora y en el porvenir,
pues me quieres, Tú, como amigo.

Señor, no dejes nunca de hablarme,
quiero oír siempre tu voz.
¡Dulce es el Verbo de Dios!,
el don de la escucha, dame.

Amén.

Palabra actuante de Dios

(Lucas 11,28: Jesús le respondió: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican»)
Palabra actuante de Dios
que la creación es tu hechura,
Verbo elocuente del Padre
bajado de las alturas, 
Tú que te acercas y hablas
con tu Palabra profusa
donde quiera que yo esté
para mostrarme la ruta
y así poder desechar
las tantas sendas polutas,
ven, sana en mí la sordera
del corazón, la amargura;
perdona mis lejanías
con tantas tontas excusas;
apártame de las prisas
cuando procuro tu ayuda;
estar yo atento y dispuesto
te pido, soy tu criatura,
para acatar lo que dices
que siempre es buena ventura,
pues dicha tiene quien cumple
a tu Palabra que escucha.
Amén.

Verso que no es verso

(Proverbios 12,25: La inquietud deprime el corazón del hombre, pero una buena palabra lo reconforta)
Verso que no es verso,
rima que no es rima;
como no sublima:
¡poema reverso!

Hoy estando inmerso
en baja autoestima
ven, Señor, anima
y haz mi escrito terso.

Amén.

Transfigúrame en ti

(Marcos 9,5: Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»)
Transfigúrame en ti
Tú, único radiante;
haz que se abrillante
tu luz, Señor, en mí;

pues ya mi alma obscura
se paso de opaca;
ponle una casaca
de tu tersa blancura;

y a Ti, a Moisés y Elías,
cuando quites mis brozas,
les construiré sus chozas
aquí en el alma mía.

Amén.

Mil veces Jesús

(Filipenses 2,10: para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos)

Jesús, mil veces Jesús
en el nombre de Jesús;
sólo Jesús y Jesús;
una oración a Jesús,
siempre Jesús y Jesús.

Jesús, Jesús y Jesús:
en mis labios es Jesús,
sentimiento en Jesús,
una y otra vez Jesús,
sólo el nombre de Jesús.

Jesús, mil veces Jesús;
eternamente Jesús,
seguidamente Jesús;
únicamente: Jesús;
sin parar: Jesús, Jesús...

Amén.

Más que en María Magdalena

(Lucas 8,2b: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios)
Como, de hoy, Magdalena,
por los pardos sedimentos
y, de ofensas, los hambrientos,
adolorida es mi pena;
también, de esos, la condena
y, digamos, malquerencia,
ha abatido mi conciencia
igual que entonces a aquella;
Señor, del mal que atropella,
líbrame ahora en urgencia.

Amén.

Ayuno

(Mateo 9,15b: Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán)
Señor, que lo esencial en mi ayuno
no sea tan sólo de los alimentos,
sino aquello con lo que me desuno
de Ti: aquellos malos sentimientos
hacia hermanos y todo acto infortuno.

Amén.

Que pueda ver tu gloria

(Marcos 9,2: Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevo a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos)
Señor, ¡contemplar, pueda yo, tu gloria!;
manifiéstate a mi como a aquellos tres
y ese anticipo que diste en la historia
a ellos, también a mí Tú me lo des
hoy, y que sea constante esa euforia.

Amén.

Confianza y fe

(Marcos 4,40: Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?»)
Confianza y fe en ti me pides,
Señor, en la tempestad;
confiar en que me acompañas
y, en tus manos, todo está;
tener fe, aunque parezca
esta barca zozobrar.

Amén.

Sarmiento

(Juan 15,5: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer)
Tu Palabra, en transfusión,
como savia de la vid
al sarmiento sea el quid
para mantener pasión
y dar fruto en conversión.
Ven viñador haz tu injerto,
conviérteme en un sarmiento,
a tu vid, muy bien unido;
de corazón te lo pido
pues suelto no me alimento.

Amén.

Siempre en Ti

(Marcos 5,36b: dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas»)
Siempre en Ti, Señor,
mi anhelo sea en Ti:
cuando Tú no estás,
yo te busque a Ti;
cuando Tú me hables,
yo te escuche a Ti;
cuando haya pecado,
me convierta a Ti;
en la confusión,
que yo crea en Ti;
cuando asome duda,
tenga fe en Ti;
en necesidad,
yo te pida a Ti;
cuando Tú demoras,
que espere por Ti;
en cada fracaso,
me refugie en Ti;
¿desesperación?,
yo confíe en Ti;
y siempre, Señor,
me abandone en Ti.

Amén.

Luz

(Mateo 6,23b: Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!)
Más que el de una bombilla,
sea el resplandor de mi luz;
que sea como el de Jesús,
que más que el sol siempre brilla;
no baste una lamparilla
pues mucha es la obscuridad.
Dame, Señor, claridad,
convirtiéndome en espejo
que refleje tu verdad.

Amén.

Tú que eres la piedra angular

(Marcos 12,10-11: ¿No han leído este pasaje de la Escritura: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"?)
Tú que eres la piedra angular,
anéxame al edificio;
el que, por tu sacrificio,
alberga de Dios, el altar.

Pero mi consistencia es banal,
no estoy hecho de silicio;
por favor hazme propicio,
y digno como un pedernal.

Amén.

Paz

(Juan 16,33: Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo)
Paz que anime al confundido
que, desorientado, es triste,
como a tus amigos diste,
es lo que hoy, Señor, te pido.
¡Desconcierto y mucho ruido,
el mundo está atribulado!;
¿dónde está la paz que has dado?
¡Aunque aún reine la malicia,
hazme tuya tu justicia
para ser pacificado!

Amén.

Pon tus mandatos en mi corazón

(Juan 14,15: Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos)
Pon tus mandatos en mi corazón,
con extensiones allá hasta mi mente
para que integren hasta el subconsciente,
Señor, y cumplirlos sin condición.

No sea obedecer por obligación,
sino necesidad que el ser siente
de corresponder, siendo consecuente,
amándote a Ti que me has dado amor.

Amén.

Te fuiste y volviste

(Juan 14,28a: Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes»)
Fuiste y volviste, Señor;
presente estás cada día
en los sencillos y humildes
de quienes eres la vía;
también en los sacramentos,
y siempre en la Eucaristía.
Hazme verte hoy, Jesús,
que siempre ame, sin falsía,
y, en los otros vea tu rostro,
al servir con alegría.
De una manera directa,
cuando a mi me llegue el día,
contemplarte cara a cara
ahora es la esperanza mía;
dame espera con sosiego,
mucha paz, y vida pía.

Amén.

Fortaleza pido

(Juan 15,20b: Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes)
Señor, fortaleza pido,
y el necesario valor
para vencer el temor
cuando soy perseguido
por quienes te han combatido.
Hay sufrimiento inherente,
con odio del oponente,
en ser parte de los tuyos;
no soy del mundo y los suyos,
por favor, hazme valiente.

Amén.

Paz

(Mateo 5,44: Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores)
Señor, has llamado dichoso
al trabajador por la paz;
yo te pido, en mi, erradicar
la violencia y el alboroto
con que muchas veces reacciono
maltratando a los demás;
pueda yo, Señor, siempre amar
y, como hijo de Dios, ser otro.

Amén.

Gracias por llamarme

(Lucas 9,1: Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades)
Gracias por llamarme,
me quieres a tu disposición,
para servirte y ayudarte,
Señor, en tu misión.

Siendo esa mi obligación,
como bautizado que soy;
te pido ser, por favor,
instrumento tuyo, desde hoy.

Amén.