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Alas

(Filipenses 3,14: y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús)

Gusano, si: eso soy:
y no sólo al andar,
Señor, también al actuar:
en lo bajo es que estoy
y enlodado es que voy
por el cieno, ¡vil señuelo!
Pero me ofreces el Cielo
y, confiado en Ti, así avanzo;
aunque, ¡alto estás!, ¡no te alcanzo!,
dame alas para el vuelo.

Credo

(Juan 11,40: Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»)
Asumo como ideario
el Credo y lo hago propio;
es mi ideal primario,
de él deriva cualquier otro;
algo contrario de ahí,
sería necedad de un tonto.
Creo que hay un Dios verdadero;
uno, existe uno sólo;
aunque falsos hay bastantes:
ídolos hasta con trono
cosas, personas, dinero,
y he mencionado pocos.
Es Padre, porque hay un Hijo
que nos hizo hijos a todos;
Padre que actúa como madre
con sus hijos, ¡amoroso!;
nada limita su acción
porque es todopoderoso;
es creador de cuanto existe,
lo cercano y lo remoto,
lo visible y lo que no;
es su hechura, ¡el gran cosmos!
También creo en Jesucristo,
que es el Hijo de Dios, voz,
palabra en la creación
por la que se hizo todo;
que en la plenitud del tiempo
se encarnó entre nosotros
por el Espíritu Santo
que, de un espiritual modo,
fecundó a María, virgen;
y al padecer por nosotros
y morir crucificado,
desde ahí, salvados somos;
y con su resurrección
y, al cielo, ascensión, glorioso
con su Padre reina ya.
Creo que igualmente glorioso
es el Espíritu Santo;
del Padre y el Hijo, el soplo,
que es Señor como ellos,
y, de vida, es dadivoso,
fue impulso de los profetas
siendo, de sus voces, tono.
También creo en la Iglesia
que, unidos, somos nosotros;
proyecto de santidad,
¡de hoy, los santos, sin ser sosos!;
es Iglesia Católica,
pues todo el mundo es su entorno;
y, de ella, los Apóstoles,
son fundamento de apoyo.
Creo en la comunión de santos
pidiendo unos por otros;
unidos como en un cuerpo
los vivos y muertos, ¡todos!;
y, al haber sido salvados,
también actuamos nosotros.
De la amnistía de las faltas,
creo que Dios es generoso,
quiere que todos se salven,
que abandonemos el lodo,
y los pecados perdona
al corazón pesaroso.
Creo en la resurrección
ante Él, juez justo y grandioso,
al fin de todos los tiempos,
de nuestros restos corpóreos;
y que habremos de enfrentar
un juicio personal todos,
unos para la condena
y otros para eterno gozo
en compañía de Dios;
ese gozo me propongo,
y espero que tú también,
pues Cristo murió por todos.
Esto es lo importante en que creo
que el apostólico foro
y el Espíritu en la Iglesia
nos han transmitido a coro;
doctrina para salvarme,
si busco otra me equivoco.

Amén.

Fe, esperanza y caridad

(1 Corintios 13,13: Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad. Pero la mayor de todas ellas es la caridad)
Fe, esperanza y caridad,
las virtudes teologales;
los obsequios esenciales
que Dios da por su bondad.

¡Fe! ¡Creer sin aún ver!
Es confiar en las promesas
aún las rutas luzcan lesas,
el proyecto por caer,
y te digan: "no va a ser";
y aunque te llamen iluso,
en ti está de modo infuso,
pide, pídele a Dios fe;
ve a buscarla donde esté;
haz crecer lo que en ti Él puso

¡Nunca muera la esperanza!;
es abono de la espera
que al cansancio aligera
cuando crees que no se avanza
y te inquieta la tardanza.
Lo que Dios ha prometido,
ya será un hecho cumplido
espéralo con firmeza;
puedes tener la certeza
pues, por Él, eres querido.

¡Que no falte Caridad!;
de las tres, más importante,
dice Pablo: está adelante.
Amar siempre; de verdad;
que haya solidaridad
al sufrimiento y dolor
como expresión del amor;
combate desigualdades
para que a Dios siempre agrades
y consigas su favor.

Búscalas, pídelas ya,
pues son divina virtud;
pedirlas sea la actitud;
si las pides, Dios las da.

Miedo

(Mateo 14,31: En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»)
Señor, ¡qué miedo!
ante este evento
que es un mal viento;
¿cómo procedo?

Seguir, no puedo,
si no te siento;
dame tu aliento
que infunda el credo.

No es desespero,
pero en las sienes,
dolor, no quiero.

Entre vaivenes,
sufriendo espero;
¿cuándo es que vienes?

Amén.

Etéreo

(2 Pedro 3,13: Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en que habite la justicia)
Etéreo anhelo:
pasado el cuerpo,
el alma en vuelo
allá en el cielo;

el bien infuso
en nuevo mundo
donde lo oscuro
ya sea sepulto,

y ver la luz,
la eterna luz,
en plenitud,
la de Jesús;

y ya, sin tiempo,
fe en cumplimiento;
fue más que anhelo:
¡etéreo cierto!

Filipenses, cuatro trece

(Filipenses 4,13: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece)
¿En contra están los vientos?
¿No alcanzable está la meta
y la esperanza se agrieta
por tantos impedimentos
convertidos en tormentos?
Cuando el problema aparece,
Cristo a mí me fortalece;
donde barreras había,
puedo lo que no podía.
Filipenses, cuatro trece.

¿Te sientes de malas?

(Mateo 6,10b: que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo)
¿Te sientes de malas?
¿fortuna se ha ido,
ya no tienes tino,
te han dado la espalda?

¿Frustrado por todo,
al mirar la luna
no ves luz alguna
y escaso es el gozo?
¿Es todo ya soso,
se perdió la ruta,
la vida te abruma
con golpe tras otro?

No busques por fuera
causa y solución;
mira en tu interior:
ahí, flojas, hay tuercas.

Es tiempo de un giro,
cambio de actitud;
sacar ya la luz
que te trajo Cristo,
y hoy tienes contigo
guardada en baúl.

Respira profundo
y a Dios, gracias, dale
por buenos instantes
que han sido tuyos;
perdón por oscuros
disfrute en los males;
del bien, son distantes;
repulsa en conjuro.

Y reconciliado
con quien todo puede,
que sana y que hiere,
tú ponte en sus manos:
que ha seleccionado
lo que te conviene;
porque siempre, siempre,
el Padre de lo Alto,
a cada hijo amado,
lo mejor confiere.

Amén.

Cuando los recuerdos se olviden

(Isaías 46,4: Hasta que envejezcan, yo seré siempre el mismo, y hasta que encanezcan, yo los sostendré. Yo he obrado, y me haré cargo de eso: los sostendré y los libraré)
Cuando los recuerdos se olviden
y las ideas no se hilvanen
porque la mente ya falle
y casi todo culmine,

repetiremos las cosas,
fastidiaremos a algunos,
ya no seremos robustos
y la salud será poca;

poco importarán las caras
y mucho menos los nombres,
dependeremos del noble
y la paciencia en las faltas.

A mi farol, hoy te pido,
Tú que prendiste esa llama
que hoy pareciera que apaga,
Señor, mantén con tu brillo;

y si, al final, tus simientes
en mí dieran algún fruto,
aunque haya sido sin jugo,
deja que a tu Reino yo entre.

Amén.

El año

(Salmo 102,27-28): ellos se acaban, y tú permaneces; se desgastan lo mismo que la ropa, los cambias como a un vestido, y ellos pasan. Tú, en cambio, eres siempre el mismo,  tus años no tienen fin.
Hojas caen del calendario;
ya caduca, se disuelve;
cuando pasa, ya no vuelve,
aunque no así el afán diario.

Cuando un año terminó,
"¡ya por fin!", alguien dirá;
pensaba: "¿no acabará?";
bonanza, a otro, deparó,
ese tiempo que pasó
subiéndole de peldaño.
Conmigo no fue tacaño;
confié en Dios, mi suplidor,
que me dio pan y su amor,
que a El pido en el nuevo año;

y aunque sigan los afanes
que requieren acrobacias,
también por ellos doy gracias;
¡de Dios, buenos son los planes!

Amén.

Etapas

(Eclesiastés 3,1-2: Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado)
Etapas que pasan,
las nuestras finitas;
aunque, la infinita,
ellas no retrasan.

En una se inicia,
de vida, el albor,
que es progenitor
que alberga y auspicia.

Luego, sin malicias,
nos trae mucho amor
que envía el Creador;
motivo de albricias

Esponja que absorbe,
la inquieta niñez;
mucha candidez,
futuro del orbe.

Y en la adolescencia
la gran confusión!
mucha incomprensión;
que venga consciencia.

Llegado el derroche:
el brío juvenil
mueve todo a mil;
reino de la noche.

Luego la adultez,
la curva en su cumbre;
cambio de costumbre:
pensar de un juez.

Pronto, de la nada,
no hay fuerza de potro,
se depende de otro,
la piel ya está ajada.

Cuando todo pasa,
nuestra es la esperanza,
de feliz mudanza
a la eterna casa.

Amén.

Dolor

(Salmo 56,2: Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian, todo el día me combaten y me oprimen)
Tanto me hiere la lanza
que irritante es el dolor;
en Ti el refugio, Señor,
el consuelo y la esperanza;
ven, ahora, sin tardanza
y haz que cese este suplicio.
Señor, siempre eres propicio
y, a quien llama, atenderás;
ya agradezco qué harás
y en avance lo acaricio.

Amén.

Con las últimas neuronas

(Eclesiastés 1,17: Me dediqué a conocer la sabiduría, la ciencia, la locura y la necedad, y advertí que también eso es correr tras el viento)
Si antes me llega el Alzheimer
en lo que aguardo mi hora
se borrarán los recuerdos,
lo que paso hace una hora;
no servirá ni una agenda
tampoco colocar notas;
los rostros, al serme nuevos,
sus nombres hasta se borran.
Dones, Señor, yo te pido
para todas las personas
que trajinarán conmigo,
ya que fácil no es esa obra;
aguante con lo que digo
o si repito las cosas,
y si hay gestos indebidos
o sale una palabrota
son defectos de consciencia:
malas células nerviosas.
Para mí, Señor, suplico
no tanto la cura docta
y hasta mucho sería pedir
la sanación milagrosa
pues mortales aquí somos
y el tiempo algún día se agota,
más bien, que lo que me has dado:
amor, noción salvadora,
y la unción de tu Espíritu,
aunque ya no ore mi boca,
estén en circuito activo
con las últimas neuronas.

Amén.

Señor que has de venir

(Lucas 3,15: Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías)
Señor que has de venir,
que la espera no me canse,
ni me haga desesperarme,
porque tarde en ocurrir;
ayúdame a insistir
y por siempre esperarte.

Amén.

¡Digamos adiós a la preocupación!

(Mateo 6,34: No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción)
Confiemos en el cuidado profuso,
de Dios que está siempre a nuestro favor;
más importante es seguir al Señor,
el resto que venga de modo infuso
y con lo material también incluso;
si confiamos en Él: ¡cero temor!

Somos la obra de su predilección;
¡digamos adiós a la preocupación!

Amén.

Cuídate

(Lucas 6,39: Les hizo también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?)
Cuídate de algunas "ayudas",
porque pueden tener su veneno
para conducirte al infierno,
si es que tu creencia se muda.
En mi, no podrán sembrar la duda,
tampoco abonar el terreno;
que ni traten lavar mi cerebro,
porque mi fe ya no es tan cruda.

Amén.

Grande es el premio

(Lucas 21,17: Serán odiados por todos a causa de mi Nombre)
Grande es el premio, después del acoso
que me advertiste de difícil prueba;
dame tu auxilio, Todopoderoso,
y al momento que de tu cáliz beba
diga "amo a Cristo" confiado y brioso.

Amén.

Aguarda a tu Señor

(Lucas 17,26: En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempo de Noé)
Aguarda a tu Señor confiado;
que vendrá, es un hecho seguro;
que no te llegue descuidado
al creer lejos el futuro;
¿tentaciones?: ¡mucho cuidado!

Amén.

Confianza y fe

(Marcos 4,40: Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?»)
Confianza y fe en ti me pides,
Señor, en la tempestad;
confiar en que me acompañas
y, en tus manos, todo está;
tener fe, aunque parezca
esta barca zozobrar.

Amén.

Gracias

(Salmo 107,1: ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!)
Dichoso es todo el agradecido
que ya agradece desde la promesa;
fruto lejano, pero fe confiesa
en que tendrá lo aún no recibido;
contrasta con aquél que ingrato ha sido
que le ha pedido a Dios en fase adversa
y, no acude a Él, cuando ya ésta es tersa.
A Dios le sea yo siempre agradecido:
por tanto con lo que Él me ha bendecido,
hoy le alaba, en gratitud, mi alma inmersa.

Amén.

Ceniza

(Génesis 3,19b: ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!)
Somos ceniza andante,
humus de lo que es perecedero;
del cosmos, polvo errante,
que ya sin ser viajero
será el habitante de un osero.

Humana realidad
centro de un torbellino mental:
¡la transitoriedad,
eclipse existencial!;
ahí fe y conversión son dúo vital;

fe en quien, como alborada
a lo oscuro, trae su luminiscencia:
Jesús, Dios y luz dada;
conversión y creencia
a Él, fuente de vida en trascendencia.