Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la caridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la caridad. Mostrar todas las entradas

Acto penitencial

(Salmo 51,6: Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos)
Superfluo es que prueba yo quiera,
o a algún fiscal criminal
para un acto penitencial
con una revisión sincera.

Mi mente anduvo bien ligera,
su vuelo fue alto demás;
lo limpio y puro quedó atrás;
ha sido muy mala viajera.

La que a la entereza hace mengua,
corta que corta a todo dar
por no actuar y controlar;
filosa cuchilla: mi lengua.

¿Alguna acción que hoy me apena?
ciertamente hubo en mi actuar;
bastante hay para mejorar:
la lista está bastante llena.

Y, de todo, lo que más pesa:
el bien no hecho, eso es mortal;
pues la indiferencia es fatal,
hace, a la humanidad, lesa.

¡Señor, no quiero esta condena!
¿Ya no te veo caridad?
¿Adónde fuiste con piedad?
¡Vengan ya, a aliviar mi pena!

Amén.

Fe, esperanza y caridad

(1 Corintios 13,13: Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad. Pero la mayor de todas ellas es la caridad)
Fe, esperanza y caridad,
las virtudes teologales;
los obsequios esenciales
que Dios da por su bondad.

¡Fe! ¡Creer sin aún ver!
Es confiar en las promesas
aún las rutas luzcan lesas,
el proyecto por caer,
y te digan: "no va a ser";
y aunque te llamen iluso,
en ti está de modo infuso,
pide, pídele a Dios fe;
ve a buscarla donde esté;
haz crecer lo que en ti Él puso

¡Nunca muera la esperanza!;
es abono de la espera
que al cansancio aligera
cuando crees que no se avanza
y te inquieta la tardanza.
Lo que Dios ha prometido,
ya será un hecho cumplido
espéralo con firmeza;
puedes tener la certeza
pues, por Él, eres querido.

¡Que no falte Caridad!;
de las tres, más importante,
dice Pablo: está adelante.
Amar siempre; de verdad;
que haya solidaridad
al sufrimiento y dolor
como expresión del amor;
combate desigualdades
para que a Dios siempre agrades
y consigas su favor.

Búscalas, pídelas ya,
pues son divina virtud;
pedirlas sea la actitud;
si las pides, Dios las da.

A aquel de blanca cabeza

(Proverbios 16,31: Corona de gloria son los cabellos blancos, y se la encuentra en el camino de la justicia)
Esa frecuente torpeza,
desatino por la edad,
acéptala con bondad
y hasta con cierta dulceza
a aquel de blanca cabeza
a la que aspiras también;
sin burlas y sin desdén
tolera cada ocurrencia,
pídele a Dios la paciencia,
y Él premiará ese bien.

Amén,

Epifanías

(Mateo 2,11a: y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje)
¡Epifanía!
Se manifiesta
con su propuesta,
Él, cada día.

Pero es plural,
pues fueron varias
bien necesarias
venciendo el mal.

Lo hizo en Belén
a los pastores,
espectadores
de luz del bien;

y a aquellos magos
que desde oriente,
con luz al frente
traían halagos.

Dice en el Templo,
Simeón, el viejo,
viendo el reflejo:
"su luz contemplo".

Juan, en el río,
agua le ha echado,
lo ha bautizado
después de crío;
y el Santo Trío,
manifestado:
"este es mi amado,
el Hijo mío".

También Caná
con buena copa;
toda una tropa
vio gloria allá.

Y a tres amigos
se transfigura:
¡gloria en figura!
y ellos testigos.

Resucitado,
de gloria plena,
a Magdalena
a hablar la ha enviado.

Y en Emaús,
a un dúo que huía:
¡Epifanía!, 
llegó Jesús.

Los once, luego,
grupo temblando;
Jesús, llegando,
les trae sosiego.

¡Epifanías!,
varias de ayer
y hoy por doquier
viene el Mesías

y aún continúa
su Epifanía
abriendo vía,
y en ella actúa:

como el sediento,
o aquel sufrido
y su quejido,
es el hambriento
y el harapiento,
es el herido,
el perseguido
y el sufrimiento;

en Sacramento,
y en el Sagrario,
nos viene a diario
hasta en el viento.

Y a ti y a mí,
todos los días
Epifanías:
Jesús aquí.

Samaritano

(Lucas 10,36: ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?)
Del samaritano
se esperaba poco;
sin hacerse el loco,
mucho hizo su mano;

mas de ti y de mí
¡se esperaba tanto...!
Fuimos desencanto
siempre en ralentí:

dos indiferentes.
¡Seamos ya conscientes!

Amén.

Corazón dadivoso

(Marcos 12,42: Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre)
Dame un corazón dadivoso
para ofrendar mis moneditas
como aquella pobre viudita
que lo da todo de su poco.

Dijiste que, "en dar hay más gozo
que en recibir"; frase bendita;
porque eso, Señor, Tú lo aplicas,
pues ¿cuánto es dos, si Tú das todo?

Amén.

Ayúdame a ayudar

(Lucas 10,36b: Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera»)
Lecciones nos diste sobre amar;
verbo cuya acción es caridad
que supera religiosidad,
capaz de, cuanto se tiene, dar.

Señor, hoy ayúdame a ayudar,
porque tú nos has dicho "amad",
y donde hay tanta necesidad,
no hacerlo, equivale a odiar.

Amén.

Colirio

(Mateo 25,40b: Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo)
No te vi en alguien carente
a quien no presté atención;
de caridad, fue omisión,
Señor, no te hice presente.
Dame lo que en mí fue ausente:
colirio de verte a ti.
A mi lado y no te vi;
te esperaba en otro aspecto;
hoy mis ojos desinfecto:
¡caridad es verte a ti!

Amén.

¿Por qué no soy siempre así?

(Mateo 5,20: Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos)
Hoy pude reconocerte,
después de haberte ignorado,
Señor, te vi a mi lado
en ese pobre yacente.
No contesté de repente,
ni airado yo actué tampoco
como a veces me desboco;
¿por qué no soy siempre así?
Aunque hubo un desliz en mí,
de ti, estoy más cerca, un poco.

Miércoles de Cenizas

(Génesis 3,19b: ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!)
Es Miércoles de Cenizas,
de la Cuaresma, la puerta;
para unos, tan fina dieta
que hasta comerán delicias;
para otros, un cambio inicia;
aunque, cierto, es una cuesta
con una anhelada meta
que procura la justicia
de Dios, que Cristo auspicia,
por la cual su vida entrega.

De Dios, loa la grandeza,
pues ante Él somos ceniza;
ora y tu andar revisa,
reconoce tus bajezas,
ayuna lo que te afecta,
y caridad nunca omitas.

Amén.

Caridad me pides

(Lucas 14,13: Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos)
Caridad me pides, caridad te pido;
si caridad concedo, caridad recibo;
cuando, del pobre, atiendo el quejido,
entonces por ti, mi Señor, soy querido.

Amén

Sustento necesitamos

(Mateo 19,22: el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes)
Sustento necesitamos,
y hasta ahorro es bienvenido,
pero se torna ambición
cuando hay afán desmedido
del dinero esclavizante
que comienza en apetito;
por eso, en muchos, riqueza
es, de condena, un peligro.
A mi, Señor, Tú me has dado
más de lo que necesito,
con una que otra escasez,
pero, en tu amor, soy muy rico,
y es motivo de agradecer;
si en bienes ahora me achico,
dame el pan de cada día
y ayúdame a compartirlo.

Amén.

Ayuno, oración y limosna

(Mateo 6,1: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo)
No es el vientre la única vía de ayuno;
la boca lo es, corazón y cabeza
también; de lo contrario, es una dieta;
privación sólo, mérito ninguno.

Y respecto a la forma de oración:
que ejercicio no sea de oratoria;
porque aunque sea, en letras, copiosa
Dios no la oye ni en amplificador.

Algo muy grave respecto a limosna
es perseguir con ella el propio honor;
no ligan caridad y exhibición,
y poco vale si tan sólo adorna.

Mas con ayuno y la caridad  plena,
mi oración, Dios, la atiende enseguida;
y como honores son paga perdida,
obtendré, del Padre, la recompensa.

Amén.

La caridad

(Lucas 16,19-20: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro)
La caridad con el que no tiene
debe ser tema de reflexión,
pues motivo es de preocupación
la gran desigualdad existente.

Hay quien se come todo un banquete,
atiborrándose el barrigón;
otro, en su panza, tiene vapor,
y en el bolsillo sólo un boquete.

No sólo es un asunto del vientre,
sobre todo lo es del corazón;
pero en una rara relación:
el vientre lleno, amor no siente.

Es dichoso aquel que se conduele
del pobre y le tiene compasión;
su limosna será en oblación
para aquel nacido en el pesebre.

Amén.

La compasión

(Lucas 6,36: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso)
La compasión debe ser guía
en el trato entre los hermanos;
para que todos los humanos
convivamos en armonía.

Evitar juzgar en la vida,
para tampoco ser juzgado;
porque hacerlo es arriesgado,
y así evitaremos porfía.

No condenar ni por falsía,
si no quieres ser condenado;
porque puedes estar errado
y serías tú quien se hundiría.

Perdona siempre, cada día,
y entonces serás perdonado;
dejar las ofensas de lado
hace que el mundo sonría.

Cuando des, hazlo sin medida,
así recibirás de todo;
porque si tú aplicas el codo,
tu entrada no será fluida.

Amén.

Pedir, buscar y llamar

(Mateo 7,7: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá)
Pedir y pedir, siempre pedir
a Dios; cosas buenas el dará
a aquel que persiste sin cesar,
pues quien le pide va a recibir.
Si, como Él, soy con el infeliz,
mi premio pronto me llegará.

También toda gracia hay que buscar
aun la tengas frente a tu nariz
porque al hallarla vas a reír;
¡siempre quien busca habrá de encontrar!

Y por nada dejar de llamar,
tocar y tocar, hay que insistir;
aunque la puerta tarde en abrir,
el que esté adentro despertará;
pero quien siempre será cordial
será el Padre Dios al acudir.

Como el venero

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Recibe el don del cielo, y nunca pidas
nada a los hombres, pero da si puedes,
da sonriendo y con amor; no midas
jamás la magnitud de tus mercedes.

Nada te debe aquel a quien le diste;
por eso tú su gratitud esquiva.
Él fue quien te hizo el bien, ya que pudiste
ejercer la mejor prerrogativa,

que es el dar, y que a pocos Dios depara.
Da, pues, como el venero cristalino,
que siempre brinda más del agua clara
que le pide el sediento peregrino.

Kyrie Eleison

(Del poeta español Manuel Machado (1874-1947))
La Caridad, la Caridad, la Caridad…
Tus llagas otra vez, Señor, al mundo muestra,
y tu corona de espinas, y tu diestra
horadada por el clavo de la impiedad.

Dinos de nuevo aquella palabra que nos hace
llorar, y nos derrite la maldad en el pecho,
y nos da paz, amor y olvido. Y satisface
como el correr seguro del río por su lecho.

Y que un pasaje matinal, y que una buena
esperanza nos den la alegría piadosa,
y que sea el amor de Dios nuestra verdad.

Que seamos buenos para librarnos de la pena.
Y que nunca olvidemos esta única cosa:
¡La Caridad, la Caridad, la Caridad!…

La caridad

(De "Motivos de San Francisco", poemas en prosa de la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957), inspirados directamente en las Florecillas de San Francisco y sus Hermanos)

Nosotros llamamos caridad a poner en la mano extendida una moneda grande, o a pagar una cama de hospital, Francisco, Tú no. Cuando dabas, eras tú mismo lo que dabas.

Conociste la lepra y te quedaste sentadito horas y horas lavando la podre. Parecía que eras tú mismo el agua y el aceite; y también la venda.

Te dabas tú en las frutas jugosas que ponías en la boca del calenturiento. A los frailes no sólo le ofrecías el convento; te dabas tú en paciencia larga. Solían ser muy charladores y necesitaban una gran paciencia. Y cuando echabas de comer al lobo de Gubbio, también te dabas tú con las caricias que le hacías en el cuello mientras comía.

Y cuando hacías canciones también te dabas tú todito, con tu corazón ardiendo.

Y por eso, Francisco, te gastaste como las lunas en su cuarto menguante. Eras ya como una broma de la carne, que hablaba y que ya apenas tenía garganta. Tus manos se adelgazaron hasta ser transparentes como la hoja de otoño. Tu carne era un espejismo de la vieja carne que tuviste; tu milagro tenía más realidad que tu pobre cuerpo. Te habías desteñido en el bajo relieve de la tierra, y apenas se te veía. Lo mismo que la luna en el cuarto menguante.

Tú descubriste una verdad escondida; que no tenemos derecho a dar sino a nosotros mismos. Las demás cosas son de la tierra.

Cuando regalamos cosecha de frutos, es el surco generoso el que da; y cuando regalamos vestidos, es el hilandero fatigado el que regala. Pero cuando nos damos a nosotros mismos, entonces sí, damos de verdad.

Nosotros, Francisco, entregamos lo que nos sobra. Estamos tan llenos, que nos cansamos un poco con la brazada de ricas mazorcas de la vida. Se nos rompen los sacos de oro del trigo, y entonces cedemos, por no doblarnos a recoger lo caído. Tú te diste, te diste, te diste.

Súplica

(Del poeta, crítico e historiador español Antonio Oliver Belmas (1903-1968))
¡Oh Dios, cuan infinita es tu piedad! 
Para Ti no hay vencedores ni vencidos, 
no hay naciones ni razas, 
no hay inteligentes ni torpes, 
no hay pobres ni millonarios. 
Tú a todos nos abrazas en la tierra; 
de todos tomas el alma; 
de todos, Señor, sacas flores. 
Yo te pido que me hagas piadoso; 
que mi dolor nada sea junto al dolor de mi prójimo, 
que ni odie ni desprecie. 
Haz que me duelan las carnes con frío, 
las carnes de los que no tienen ropa; 
arráncame de la lujuria, 
de la vanidad y la soberbia. 
Quítame, Dios mío, de la ira 
y de sus terribles hogueras.
Tanto en la vida como en la muerte, 
no me niegues, Señor, el sosiego. 
Dame la paz que enguirnaldan tus ángeles 
bajo el mediopunto del iris.