Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el Adviento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el Adviento. Mostrar todas las entradas

Hay que cambiar

(Juan 5,33: Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad)
El Bautista anunció la Verdad
como vía de salir del error,
pues a ella él le precedió;
denunció la falsedad de actuar
y las obras de la obscuridad
de los que a la luz tienen horror.

¡Ya muy pronto viene el Señor,
cambien ya su forma de actuar,
le dijo a Maldad y a Falsedad
procurando de ellas reacción;
ellas le prestaban atención
pues les gustaba oír a Juan;
no cambiaron su forma de actuar;
ninguna de ellas se convirtió.

Ante Jesús, que una vez llegó,
no nos pase a nosotros igual:
no es sólo gustar; hay que cambiar.
¡Nueva vez llega el Hijo de Dios!

Amén.

Ya estamos en Adviento

(1 Tesalonicenses 5,23: Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser –espíritu, alma y cuerpo– hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo)
Percibo todo distinto;
mi alma parece que danza
pues todo huele a esperanza.
No es sentimiento sucinto,
hoy me lo dice el instinto:
muy diferente es el viento;
que un cambio viene, ya siento;
del cielo escucho una arenga:
¡no hay nada que le detenga
pues ya estamos en Adviento!

Despiértame

(Lucas 21,36: Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante del Hijo del hombre)
Despiértame, Señor, si me duermo,
y si acaso la alerta me falla
ven corrígeme con una vara;
pues hay que mantenerse despierto
y para recibirte dispuesto
porque es inminente tu llegada.
Si, por no prever, algo faltara,
y en pereza malgastase el tiempo,
después no servirían los lamentos
pues ya no contemplaría tu cara.

Amén.

Jesús ya va a llegar

(Lucas 1,45: Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor»)
Jesús ya va a llegar,
muy pronto ha de venir;
la virgen va a parir
y Él pronto nacerá.
El mundo cambiará,
tendremos donde ir
pues Él nos va instruir
cómo nos salvará.

Señor que has de venir

(Lucas 3,15: Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías)
Señor que has de venir,
que la espera no me canse,
ni me haga desesperarme,
porque tarde en ocurrir;
ayúdame a insistir
y por siempre esperarte.

Amén.

¡Ahora sí!

(Lucas 21,28: Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación»)
¡Ahora sí!; que este adviento sea
mi anhelada renovación,
y pueda alcanzar conversión
en este tiempo que es de espera.
Sabiendo que Cristo ya llega,
no hay temor, sino convicción,
quiero ya la liberación
y así empezar mi vida nueva.

Amén.

Construyan una pista

(Isaías 40,3: Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!)
Busquen la dinamita,
traigan la excavadora
con la niveladora,
construyan una pista;
es más que una visita
Aquel que llega ahora
y ya se ve la aurora
de su luz infinita.

Para la construcción:
no haya asfalto ni arcilla,
tampoco la gravilla,
y nada de hormigón;
tan sólo es conversión;
y la ruta, sencilla,
no medida por milla,
llegue hasta el corazón.

Amén.

Ansiedad

(Marcos 13,33: Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento)
Esta ansiedad es por ti,
pero alerta, sin temor
aguardando tu amor
que ya viene hacia mí;

has prometido un festín,
Señor, y hambriento ya estoy;
ven pronto, Jesús, ven hoy,
a esta espera ponle fin.

Amén.

¿Quién es este niño?

¿Quién es este niño?; ¿por qué ese alboroto?
Es el niño Juan, que ha anunciado Gabriel.
¿Y por qué Judea expresa ese asombro?
Del Señor, la mano, ya está con él.

Ha llegado Juan, produce un terremoto;
y está alertando: cambien el nivel,
tomen nuevo rumbo, Él ya viene pronto;
desechen el mal, empiecen a actuar bien.

Limpien el camino, llegó el Bautista;
profeta verdadero, Dios está en él;
arrepentimiento es a lo que invita,

y a abrir el corazón; ¡viene el Emmanuel!
Ha llegado Juan, Jesús ya está a la vista;
se cumplen promesas, Dios es siempre fiel.

Amén.

El mundo esperaba por Él

(Mateo 1,18: Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo)
El mundo esperaba por Él;
su Padre Dios alegre está
porque ya todo cambiará
luego de mucho acontecer.

Pronto se habrá de conocer;
ahora José no duda ya
y María pronto parirá
al tan esperado Emmanuel;
"Dios con nosotros" se hará ver,
¡ya llega la felicidad!

Amén.

No espero a otro

(Mateo 11,4-5: Jesús les respondió: Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres)
Yo soy el ciego, también el cojo,
leproso y sordo, que, medio muerto
por ser pobre, es tenido al menos
y tratado como defectuoso.

Todo eso he sido y más, y hasta es poco,
ya que no mencioné cuánto peco;
pero con la gracia de este tiempo,
a lo que ofreces, Señor, me acojo.

Es sólo a ti, pues no espero a otro;
más nadie puede dar el consuelo
de Dios, amor que baja del Cielo;
yo quiero estar entre tus dichosos.

Amén.

¡Alerta que es Adviento!

(Marcos 13,33: Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo)
En vela y oración
sin que la demora engañe;
no es que el Señor se tarde,
oportunidad es de corrección.

Él, a salvar, ha de venir;
esperemos siempre atentos
sin dejar de advertir:
¡alerta que es Adviento!

Amén.

Conversión es la actitud

(Mateo 3,1-2: En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca»)
Conversión es la actitud
en este tiempo de espera
de ese que ya casi llega
y que su nombre es Jesús.

Cesará la esclavitud:
viene a romper las cadenas
y si, tu alma, a Él le acepta,
salud recibirás tú.

Amén.

Siempre en Adviento

(Lucas 12,40b: estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada)
El llanto de un niño,
el dolor de un enfermo,
el sufrido lamento
del hambriento sin guiso;
los que están en el piso
que no vale su esfuerzo;
los que pierden su puesto
de trabajo al proviso.

Esto no es paraíso
pues no es justo y es cruento,
que por nada comprendo
porque Dios no lo quiso.
Es por eso mi Cristo
que estoy siempre en Adviento.

¡Adviento!

(Mateo 24,42: Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor)
¡Adviento! ¿Quién es que viene?
Aquel que ya una vez vino:
Jesús de origen divino,
justicia en sus manos tiene.

En una alerta consciente,
nada nos saque de quicio;
en preparación del juicio
el bien que sea permanente.

No es miedo a que nos condene;
es no perder al amigo
que trae salvación consigo
y a hacernos felices viene.

Amén.

Como ovejas sin pastor

(Mateo 9,36: Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor)
Como ovejas sin pastor,
y lobos de dirigentes;
desamparada está la gente.
¡Quieren comernos, oh Dios!

¡Cuánto sufrimos, Señor!
y ese dolor tú lo sientes;
el adviento es permanente,
¡ven y actúa ahora, Señor!

Sé que escuchas el clamor
y, de tu pueblo, las preces;
no ignoras lo que padecen
y por eso das tu amor.

Amén.

Bendito eres

(Lucas 1,67-68: Entonces Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente: Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo)
Bendito eres, Señor, porque a tu gente,
desde lo alto, procuras en el suelo,
preocupado; sin ser indiferente,
envías emisarios con consuelo;
tu oráculo, en profetas y videntes,
anuncia tu llegada inminente
pues ya vino el Bautista misionero.
Es la hora, ha llegado quien precede;
ha dicho que hay que enderezar senderos
y, lámparas, encender, porque vienes
con un bautizo de Espíritu y fuego.
Por la redención, también bendito eres:
ya no regirá el ángel del infierno
porque vencerás su reino de muerte
para darnos el Reino de los cielos.

Amén.

María y José

(Mateo 1,18: Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo)
Turbado diría ¿qué haré?,
ya ido el sueño de aquel hogar
que había albergado José;
dilema es, no desea el mal,
María encinta, y no es por él;
la idea bullente: cejar.

Sucedió el adviento aquel
soñando, el ángel le habló:
"no temas, es Emmanuel,
Dios, que en ella se encarnó;
cuida de ella y del bebé;
del mundo, Él es Salvador".

Libre al actuar fue José;
como justo, a Dios oyó.

María, callada, escuchaba
sin dudar, confiaba en Dios:
"yo soy, del Señor, la esclava;
venga al mundo el Redentor".

Dichosa mujer que acata
y el hombre justo que oye
la voz de Dios que les habla:
¡María y José, cuántos dones!
La cristiandad les aclama,
pues santos son con honores,
confiados a ustedes llama
y les pide intercesiones.

Amén.

En este segundo adviento

(Mateo 11,16-17: ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: «¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!»)
En este segundo adviento,
que mucho más es que asomo,
tibieza no haya en nosotros
tampoco, a Dios, desapego.
Pues ya ocurrió en otros tiempos
que el Hijo del que hizo el cosmos
nos vino en misión de apoyo
pero no lo recibieron;
cuando nos hablan de aquellos
no estemos pensando en gnomos
pues muy similares somos
actuando al igual que ellos:
sin alegría ni lamentos,
no hay bailes, tampoco lloros
ni en silencio ni sonoros,
apenas se mueve el viento.
Que ante este inminente evento,
a unanimidad, en coro:
¡no tardes, Señor, ven pronto!,
digamos con sentimiento.

Amén.

Así como el Bautista

(Mateo 11,11: Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él)
Quisiera yo esperarte
sabiendo que vendrás,
así como el Bautista;
incluso inquietarme
ansiando tu llegada,
así como el Bautista;
en la humildad amarte
sin buscar riquezas,
así como el Bautista;
poner el ego aparte
sin buscar grandezas,
así como el Bautista;
formar comunidades
que escuchen tu Palabra,
así como el Bautista;
a todos anunciarte
con los hechos de mi vida,
así como el Bautista;
sufrir sin que me espante
sólo por tu causa,
así como el Bautista;
y la vida entregarte
para acceder al Reino,
así como el Bautista.

Amén.