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Tentaciones del desierto

(Marcos 1,12-13: En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.)
Tentaciones del desierto,
tendremos nuestra parte;
es venciendo ese ataque
que se logra lo bueno.

El maligno está al acecho
no sólo con los panes,
o provocando el hambre,
ni se limita al cuerpo.

También nos tienta el ego,
el afán de encumbrarse,
o la pretensión gobernante
contra el Dios verdadero.

Sucede todo el tiempo,
en todas las edades,
también en todas partes,
hasta que hayamos muerto.

De tu Espíritu, la fuerza

(Mateo 4,4: Jesús le respondió: «Está escrito: "El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"»)
De tu Espíritu, la fuerza,
te pido ahora, Señor,
al leer en oración
tu Palabra siempre nueva;
manantial de fortaleza,
de mi espíritu, motor;
que sea mi orientación
para vencer toda prueba.

Amén.

Ayúdame a vencer

(Marcos 1,12-13a: En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás)
Ayúdame a vencer,
Señor, las tentaciones,
y que estas oraciones
me acerquen a tu ser;
allí permanecer
sin perturbaciones,
con santas intenciones,
y anhelándote ver.

Amén.

Oración y penitencia

(Mateo 13,24-25: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue)
Aun preparando la tierra
y haciendo una buena siembra
va a aparecer la maleza:
la indeseada mala hierba;
cuando el enemigo tienta,
ahí es cuando la inserta.
Oración y penitencia:
herbicida de excelencia;
así al efectuar la siega
será grande la cosecha.

Espinas

(Mateo 7,16: Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?)
Un cultivo yo soy de tu vivero,
y germinado de semilla buena,
pero espinas, de cierta enredadera,
hieren e impiden darte frutos buenos.

Quítamelas, Señor, con tus aperos;
así, al llegar el tiempo de cosecha,
no seré más espino, sino higuera
que dará frutos, y no iré hacia el fuego.

Amén.

El camino y la puerta

(Mateo 7,13: Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí)
Ya me mostraste el camino y la puerta
del andar humano hacia lo divino;
yo soy inicio, y Tú el objetivo;
vía de cruces e inclinadas cuestas
que hago más dura con mis propias vueltas.
Cambiar mi ruta, intenta el maligno,
buscando desviar a otro destino
con engañosas, bonitas, sus puertas,
¡el falaz mundanal quiere que muera!
Pero, por Ti, ya yo he sido advertido:
sólo Tú eres, a la vida, el camino,
y, de la salvación, la puerta estrecha.

Amén.

Igual que la levadura

(Marcos 8,15: Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes»)
Igual que la levadura,
cuando la harina subía
en una incesante orgía
y toda la masa hizo suya,
así puede un cara dura
con toda su hipocresía,
de toda verdad, vacía,
llenar tu mente de duda.

Mantén siempre tu fe pura
igual que cuando crecías;
porque perderla podrías
con esos asalta viudas.

Tienen actitud tan ruda
buscando feligresía,
pero ellos son tiranía
donde Espíritu no actúa.

Para que no te confundan
no tienes que usar porfía;
sólo haz de Jesús tu guía
y, contra ellos, tendrás cura.

Amén.

Ya lo advirtió el Señor

(Lucas 21,8: Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Soy yo", y también: "El tiempo está cerca". No los sigan»)
Abundará el dolor
ante cosas que espantan;
habrá señales malas
que causarán horror.

Y vendrá el impostor
con su palabra falsa;
ignoren su llamada
pues es falso pastor.

Ya lo advirtió el Señor:
el mundo aún no acaba,
es sólo la antesala,
sólo oigamos su voz.

Spes

(Del poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916))
Jesús, incomparable perdonador de injurias, 
óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno 
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno, 
una gracia lustral de iras y lujurias.

Dime que este espantoso horror de la agonía 
que me obsede, es no más de mi culpa nefanda, 
que al morir hallaré la luz de un nuevo día 
y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»

Invocación

(Del  chileno Romeo Murga Sierralta (1904-1925))
No, Señor Jesucristo ¡Yo no soy como todos!
yo pronuncio tu nombre con honda devoción.
Aunque arrastre mi cuerpo sobre todos los lodos,
alzo como una hostia roja mi corazón.

Y la elevo hasta Ti, hasta tu crucifijo
que aún guarda las heridas de la Santa Pasión.
Tú me habrás de mirar como se mira a un hijo:
Yo soy un hijo pródigo que te pide perdón.

Perdón por los que llevan el dolor de su vida
sin buscar tu dolor en los torvos recodos.
Yo mantengo por ellos mi lámpara encendida,
y aunque todos te nieguen, yo te afirmo por todos.

Perdón por el suicida que fue también cobarde,
y por el pobre esclavo de una mala pasión.
Por quién luego te olvida, por quien te busca tarde,
y por quien no te busca, perdón, perdón, perdón.

Por mi cuerpo doliente, tosco vaso de tierra
que envuelve la lujuria con sus llamas malditas
Cuando la carne mata todo el goce se encierra,
en el silencio enorme, eres Tú quien nos grita.

Por mis manos, morenas serpientes voluptuosas
que fueron tentación para la frágil Eva;
y mis pies, lastimados de zarzas dolorosas,
que cada día fueron por una senda nueva.

Por mi boca que pudo morder los rizos blondos
y que a todos los besos les salía al encuentro;
y mis ojos, que fueron tras los deseos hondos,
desde aquellos caminos que llevamos adentro...