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Cuenta tras cuenta

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
Con cuenta tras cuenta
le pido a María,
pues la pena mía
a su Hijo presenta
ya que es su asistenta;
y mi alma confía
que nunca sería
la respuesta lenta;

las cuentas prosigo,
rezo con paciencia
buscando clemencia
por lo que persigo;
por eso le digo
con santa insistencia:

María, María,
con avemaría
en mucha cuantía;
¡rezo que confía!

Amén.

Te alegres, María

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
Te alegres, María...
repito y repito,
sea alto o bajito,
en bella armonía;

le digo a María
el saludo aquel
del Ángel Gabriel,
dicho en sinfonía.

Una y otra cuenta,
misterio tras otro;
no hay que ir como un potro:
¡qué el rezo se sienta!

Te alegres, María...,
en bella armonía.

Amén.

Se oyen ya las rosas

(Lucas 1,41b-42: e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!)
Se oyen ya las rosas,
ha llegado octubre;
todo ya se cubre
de odas elogiosas

A María, las rosas;
por su Hijo, más rosas;
rosas, lluevan rosas;
muchas, muchas rosas.

Ya es todo un rosario
de agradable aroma
y María se asoma;
¡ahora es un Sagrario!

Lánzale tus rosas,
muchas, muchas rosas.

Amén.

¡Con María mediante!

(Juan 19,27a: Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre»)
Después de pedir a Jesús,
con un Rosario a María
se hace expedita la vía
más rápida que un obús
pues adicionaste un buen plus:
de la oración, ayudante,
que actúa como lubricante
que facilita tu ruego
y le incrementa su fuego.
¡A orar, con María mediante!

Amén.

Rosario

(Lucas 1,28: El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo»)
A María lancémosle rosas,
pues es de Cristo la Madre hermosa,
que por creer le llaman dichosa
y el Espíritu en ella se posa.

Alegres son las rosas gozosas,
muy importantes las dolorosas,
triunfantes son las rosas gloriosas,
y nos alumbran las luminosas.

Bendita es la Virgen donosa,
humilde, generosa y piadosa;
honremos hoy la madre amorosa
orando su Rosario con rosas.

Amén.

El rosario

(Del escritor español Enrique Menéndez y Pelayo (1861-1921))
El altar de la Virgen se ilumina,
y ante él, de hinojos, la devota gente
su plegaria deshoja lentamente
en la inefable calma vespertina.

Rítmica, mansa, la oración camina
con la dulce cadencia persistente
con que deshace el surtidor la fuente,
con que la brisa la hojarasca inclina.

Tú, que esta amable devoción supones
monótona y cansada, y no la rezas,
porque siempre repite iguales sones,

tú no entiendes de amores y tristezas:
¿Qué pobre se cansó de pedir dones?
¿Qué enamorado de decir ternezas?

Rezar el Santo Rosario

Himno de la Liturgia de las Horas
Rezar el santo Rosario
no sólo es hacer memoria
del gozo, el dolor, la gloria,
de Nazaret al Calvario.
Es el fiel itinerario
de una realidad vivida,
y quedará entretejida,
siguiendo al Cristo gozoso,
crucificado y glorioso,
en el Rosario, la vida.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
y al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Soneto a la supuesta monotonía del Rosario

(Del escritor español Marcelino Menéndez y Pelayo (1856-1912))
Rítmica, mansa, la oración camina
con la dulce cadencia persistente
con que deshace el surtidor la fuente,
con que la brisa la hojarasca inclina.

Tú que esta amable devoción supones
monótona y cansada y no la rezas
porque siempre repite iguales sones...

Tú que no entiendes de amores y tristezas:
¿Qué pobre se cansó de pedir dones,
qué enamorado de pedir ternezas?