Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el amor de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el amor de Dios. Mostrar todas las entradas

Intenso instante orante

(Marcos 14,34a: Entonces les dijo: Mi alma siente una tristeza de muerte)
Ese intenso instante orante
en la espera de tu hora;
la anunciada muerte aflora
y hay inquietud palpitante.
No hay miedo vacilante,
aunque sí, una gran tristeza
de tu alma cuando reza,
y que expresa lo que siente:
el amor de Dios, doliente,
que aguarda cruz y crudeza.

¡Nada ni nadie me aparte de ti!

(Romanos 8,39: ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor)
No me aparte yo de tu amor, Señor;
no, no y no, por nadie ni por nada;
inmensa gracia ya me ha sido dada
por Dios Padre: Amor dándome amor.

Por eso, Señor, te pido el favor:
mantén mi alma, de ti, enamorada,
en tu camino siempre orientada,
lejos del error que trae el horror.

Señor, tu gran amor tan compasivo,
capaz, incluso, de morir por mí,
lo transmita yo a todo ser vivo;

y ya que he conocido amor así,
que retenerlo sea mi objetivo:
¡nada ni nadie me aparte de ti!

Amén.

Liras

(1 Tesalonicenses 5,18: Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús)
Liras por los presentes
que, por su amor, desde la mañana,
en divino haz de efluentes,
Dios, hacía mi, emana
aún yo haber mordiscado esa manzana.

¡La vida! Vivo estoy;
respiro y capto cada sentido;
más que una idea, soy;
mi existencia ha sido
la obra de Dios; le estoy agradecido.

¡Cuán bella es la creación!
¡Cuántos detalles! Todo en armonía,
en sincronización
como una sinfonía;
¡Gracias a Dios por haberla hecho mía!

¡De Dios, ser yo criatura,
su hijo!; gracias a Dios por la importancia:
¡me hizo más que creatura!
Quiere acortar distancia
entre Él y yo y me ha dado su fragancia.

También son un regalo
aquellos de mi entorno; a Dios, gracias;
de Él, pueden ser halo,
aún prueba o suspicacias
que acarreen; por ellos, siempre gracias.

Son obsequios expresos
de enumeración interminable;
todos ellos son besos
del amor inefable
de Dios. Que cuanto exista, hoy, me hable.

Amén.

Juan, tres del dieciséis al diecisiete

(Juan 3,16 -17: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él)
Juan, tres del dieciséis al diecisiete,
declaración de un intenso amor;
amor extremo de Dios creador
por el hombre, su reacio mozalbete;

a éste el pecado lo ató con grillete
y, a él, Dios le envía como salvador
a su Hijo, no como condenador,
aunque se merezca el fuego y el fuete.

Creer en Jesús es tique de entrada
a vida eterna en divino concierto
de nota alegre y glorificada.

Pero pierde esa fiesta y sigue muerto,
porque él mismo escogió vía errada,
aquel que de Cristo no es un inserto.

Un Papá que es Mamá

(1 Juan 3,1a: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente)
Un Papá que es Mamá
que, hasta diría, pare y multiplica
pues la vida Él la da.
A su cría se dedica,
mima, y su cariño comunica;

y al enseñarle a hablar,
"te quiero" es la primera lección;
en tanto que amar
es tarea de acción;
la segunda enseñanza es el perdón;

también es protector
sin esperar a escuchar de ella el grito.
Es mi Dios que es amor;
un cercano infinito
a quien llamo hoy: Abba, Padre, Papito.

Vía crucis

(Juan 19,17: Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota»)
Hoy yo alabo al Señor
con esta oración que en versos efundo
porque, del destructor
que del mal es oriundo,
redimió con su santa cruz al mundo.

Fue en vía crucis sacral
que el amor, en sangrante travesía
que aún vence óbito igual,
tornó cruel villanía
en la triunfante y salvífica vía.

I
Muerte fue la sentencia;
falsos testigos ante inicuo juez;
del Sanedrín, la influencia.
Jesús opta mudez
al sufrir la maldad e insensatez.

Al escoger lo errado
en vez de a Jesús, soy yo quien condena:
¡muere!, fallo he dictado.
Mi alma se gangrena
y Él, como en su juicio, sufre y se apena.

II
Jesús carga esa cruz
de incómodos y duros maderos;
de buey, tratan la Luz,
con tales lastres fieros
unos guardias que son como arrieros.

Mis yerros, sobrepeso
son, a esa carga; y aunque Él no protesta,
culpable soy, confieso,
de algo que a Dios molesta
al cometer el pecado que apesta.

III
Cae por primera vez;
sangre perdida por fuertes azotes,
vejado con brutez
por armados bravotes;
de cansancio y dolor, ya hay más que brotes.

No le vieron renombre;
Dios con nosotros, bajado del Cielo
aquí sufre como hombre
que, por desprecio y celo,
herido es por, de todos, el hielo.

IV
Y Él, a su madre, encuentra,
porque presente allí estaba María
cuando el abandono entra.
Ahí ya ella sentía
el espadazo de la profecía.

De Hijo y Madre, el dolor,
enseñanza me deje, no tristeza:
el familiar amor,
en pruebas, entereza,
y, hasta en caídas, la firmeza.

V
La ayuda de un cirineo,
al exhausto Jesús le da un respiro,
al ir desde su empleo
a su hogar en retiro;
y, aunque fue por fuerza, la admiro.

Dichoso ese Simón,
estuvo en lugar y tiempo precisos.
Ayudar es un don
del que somos omisos;
de ayuda, no sea yo de los remisos.

VI
Su rostro le enjuga
una mujer cuyo nombre es Verónica.
Su tez, que se desjuga,
ya semeja agónica
y es limpiada en acción, por siempre, icónica.

Es limpieza amorosa,
no quiere ver en su rostro el dolor,
sino cara donosa.
¿Ese amor y valor,
qué me impide expresarlo al Señor?

VII
La caída segunda
de Jesús muestra fatiga en aumento
y que el suplicio abunda
en un trato tan cruento.
Sufrimiento y dolor. ¡Cuánto tormento!

Es Dios que se ha hecho humano;
anonadada la Divinidad,
que se hace hermano
y sufre en verdad;
hoy me dice: ¿por qué tanta maldad?

VIII
Jesús, a las mujeres
de Sión, que lloran y, por Él, lamentan:
entonen misereres
pues males que aspavientan
ya en sus propias casas se aposentan.

Como a ellas, me apena
y parte el alma ver tanto sufrir;
parte soy de esa escena:
si a Él voy a seguir,
mi sufrimiento me ha de venir.

IX
La tercera caída,
el preludio, parece, del final;
con la cruz, a Él, unida
con su peso brutal;
¡más sufrimiento a la espera mortal!

Repetidas las veces
que yo he caído y vuelto a caer
de bruces a las heces.
Aquí enseña que hacer:
levantarme y seguir para vencer.

X
Jesús es despojado:
reparten y sortean vestiduras;
¡ropa santa en mercado!
Son acciones oscuras,
ofensas de soldados caraduras.

En abuso que irrita,
despojo le hicieron sin resistencia;
ese ejemplo me invita
superar la violencia
manifestando cual es mi creencia.

XI
En la cruz es clavado
como un criminal; fue a sangre fría
y cada golpe dado
aflige todavía,
pues sangre vertió Dios en agonía.

Y hoy mis clavos le duelen,
son mis agravios siendo martillados
con mazazos que muelen;
pero allí clavados,
Jesucristo ha dejado mis pecados.

XII
En la cruz, Jesús muere
en un hecho salvífico supremo;
muestra cuánto nos quiere
su Padre, hasta el extremo,
dando su Hijo como un chance postremo.

En esa cruz, así
sacrificado, contemplo al Cordero;
lo ha entregado, por mí,
aquel que tanto hiero,
Dios Padre, que así me dice: te quiero.

XIII
En brazos de su Madre,
de aquella cruz, Jesús es descendido
aún eso alma taladre
a quien, a Él, le ha parido.
¡La grandiosa misión ya se ha cumplido!

Hoy contemplo ese abrazo
de interminable amor, maternal gesto
después de aquel lanzazo.
Que no haga yo lo opuesto
a quien me ha dado su amor manifiesto.

XIV
En el sepulcro es puesto
el cuerpo por José de Arimatea;
propia tumba ha dispuesto
para que de Jesús sea;
con acciones y bienes le homenajea.

De bienes, desprendido,
es quien su corazón es bondadoso
y, a Dios, agradecido.
Me haga Él, dadivoso
como José fue; con Dios, generoso.


Esa vía recorrió
por mí, aún hice lo que ofende a Él;
ingrato he sido yo
con Jesús: ¡un infiel!
Piedad, misericordia, pido de Él.

Vía crucis, mío sea ya;
llevar su cruz, similar travesía
ahora aquí, ya no allá;
y Aquél que antes yo hería,
en este caminar, sea mi guía.

Amén.

Al mirarte, Cristo

(Isaías 53,5: El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados)
Al mirarte, Cristo,
me revelas cosas
tan maravillosas;
de tu bien me invisto,
de paz me revisto:
¡vibras armoniosas!

Con tu ejemplo mudo,
hechos, no palabras,
mi corazón labras:
¡Dios, en cruz, desnudo!

Y tu hablar, que es breve,
alto en contenido:
"por ti he sufrido",
¡amor que conmueve!

A ti

(Filipenses 2,8: se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz)
A ti, siempre a ti
en exultación,
gracias, bendición
por amarme así;
por sufrir por mí
en crucifixión
por mi salvación,
aunque te afligí.

Por tu sangre, gracias:
¡fluido redentor!;
signo de tu amor
en la cruz de acacias.

Como Juan

(Juan 13,23: Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús)
Como Juan, tu amigo;
discípulo amado;
Señor, a tu lado
mi espíritu irrigo;

y sobre tu pecho
coloco mi oído;
y amor, no latido,
oigo satisfecho:

diástole: amor;
sístole: amor;
¡el ritmo perfecto
del eterno afecto!

Igual que Zaqueo

(Lucas 19,8: Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más»)
Igual que Zaqueo:
ladrón y chiquito,
Señor, yo lo admito,
pecado es que arreo.

No amar es un robo:
todos, has amado,
y amar has mandado;
¡amar hasta al lobo!

Y en cuanto a bajito,
no es por la estatura
ni falta de altura;
es porque te evito;

pero en lo adelante
más de cuatro veces,
yo daré con creces
cariño faltante.

Me dices, Señor:
da frutos de amor.

Amén.

¡Sagrado Corazón!

(Romanos 5,8: Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores)
En punzante aflicción,
sin rehuir el dolor
me mostraste tu amor;
¡Sagrado Corazón!

Una inversa oblación
con que al mundo bendijo:
Dios nos dona su Hijo
para la salvación;

es amor sin medida
dado hasta el extremo;
sufriendo el Supremo
con una honda herida;

cuando clavan la lanza
y la sangre ya brota;
el dolor se le nota,
y mal cree que avanza;

pero, fue una simiente,
la sangre vertida,
para una nueva vida
en que Cristo es la fuente.

Sin un estetoscopio,
sus latidos escucho:
"Dios te ama mucho"
y hoy de ellos me apropio.

En punzante aflicción,
sin rehuir el dolor
me mostraste tu amor;
¡Sagrado Corazón!

De barro, vasija

(2 Corintios 4,7a: Sin embargo, se trata de un tesoro que guardamos en vasijas de barro)
De barro, vasija,
de pobre apariencia;
por sí, sin valencia,
Dios de ella se fija.

A Dios, pide encuentro,
más que una visita
pues su alma le grita:
"te quiero aquí dentro;

de Ti, ser Sagrario,
en todo momento;
más que un juramento,
sea mi vivir diario".

¿Y puede lo Santo
estar entre el lodo?
¿El Creador de todo
en un sucio canto?

De barro, vasija,
de pobre apariencia;
por sí, sin valencia,
Dios de ella se fija.

Amén.

Oración de amor

(Juan 14,23b: El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él)
Señor Jesús, Tú que trajiste amor
hasta el extremo de Tú mismo darte,
qué el Espíritu Santo, mutuo amor
tuyo y del Padre, nos impulse a amarte
y vivir tu Palabra que es amor.

Amén.

Señor Jesús, buen Pastor

(Juan 10,27: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen)
Señor Jesús, buen Pastor,
la escuché ayer, también hoy;
siempre la oiré, ¡tuya soy!;
tu dulce voz mana amor,
muy distinto al predador
que su llamada es un ruido.
Tu voz no es sólo sonido
desde las cuerdas vocales,
incluye, al ser especiales,
del corazón, el latido.

Tu amor está sobre todo

(Lucas 9,45: Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto)
Por qué morir por la gente
pudiendo ganar por fuerza;
tal vez alguno así piensa,
no quiere verte doliente.

Con ese sufrido modo
una enseñanza nos dejas:
¡no importan hoy nuestras penas,
tu amor está sobre todo!

De aquellos panes y peces

(Marcos 8,8: Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado)
De aquellos panes y peces,
que cuando las gracias dices
y que al multiplicarse les diste,
quisiera comer por siempre.

Con ese abasto tú puedes
satisfacer mis ansias tristes;
como a un canario ante alpiste,
que sólo al comer no muere.

No es que la gusa me afecte
ni fue la porción que me diste;
fue lo que por nosotros sentiste
que le dio un sabor diferente.

Con sazón de quien compadece
es que alimentando bendices,
y hartos de amor nos despides
para que contagiemos tu gente.

Tu amor da para todos

(Juan 21,20a: Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba)
Señor, tu amor da para todos,
yo vengo a recibir mi parte;
repartes en partes iguales
y no hay que ponerse celoso.

Tampoco hay que estar temeroso,
ni hay razón para preocuparse,
temiendo que pronto se acabe,
pues alcanza de cualquier modo.

Mejor seguiré jubiloso
disfrutando que me llamaste,
no importa quien vaya adelante,
pues quieres salvarnos a todos.

Amén.

Soy de tus ovejas

(Juan 10,11: Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas)
Soy de tus ovejas,
Pastor, dame pasto;
condúzcame al prado
tu fiable defensa.

Peligro me acecha:
el malo nefasto
me quiere en el plato.
Pero no lo aceptas:
¡vigilia perfecta
si estás a mi lado!

Amén.

Pasión

(Marcos 15,37: Entonces Jesús, dando un grito, expiró)
En ese sufrir,
con tanto dolor,
sentiste el amor
que tienes por mí;
que hoy pueda vivir
valorando, Señor,
aquella pasión
amándote a ti.

Amén.

Maderos en cruz

(Juan 3,16: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna)
Maderos en cruz con mala intención:
ser instrumentos de horror y dolor;
con fama fatal: muerte y maldición;
pretenden matar, de vida, al autor.

El Hijo de Dios dado en oblación,
muestra inequívoca de gran amor,
crucificado, hace bendición,
lo que antes era gran miedo y horror.