(Juan 14,23b: El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él)
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el amor a Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre el amor a Dios. Mostrar todas las entradas
Pasión
(Marcos 15,37: Entonces Jesús, dando un grito, expiró)
En ese sufrir,
con tanto dolor,
sentiste el amor
que tienes por mí;
que hoy pueda vivir
valorando, Señor,
aquella pasión
amándote a ti.
Amén.
Amén.
El impuesto
(Mateo 22,21: Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios»)
Por un tiempo puede un rey gobernar,
incluso hasta actuar como un dictador;
pero, por siempre, hay un sólo Señor
que no oprime, pues nos quiere aliviar.
Mientras al primero hay que tributar,
muy diferente es Dios, que es el dador;
aunque Él se merece todo el honor,
su único impuesto consiste en amar.
Sólo soy el siervo
(Juan 13,16: Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía)
Amarte más que todo
(Lucas 14,26: Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo)
Amarte más que todo,
que nada se anteponga;
que todo se deponga,
pues a tu lado es poco.
Es ese sólo el modo
con el que se prolonga
la gracia que otorgas
de abandonar el lodo.
Amén.
Amén.
Amar y amar
(Mateo 22,37-39: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo)
¿agradar a Dios?, ¡sólo amor!;
amor intenso, apasionado,
con la mente y el corazón.
Amar a Dios, que me ama tanto;
amarle a Él, amar Amor;
aunque no me ame, amar mi hermano;
pues si le amo, más me ama Dios;
como Dios me ama, que ame yo,
quien, en la cruz, amor me dio;
hacer costumbre el verbo amar,
al practicarlo sin final.
Amén.
Amén.
Lejos de mí, yo tentarte
(Mateo 12,38: Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti»)
Lejos de mí, yo tentarte;
ya me diste la señal:
¡cuánto me has llegado a amar!;
ahora me toca a mi amarte.
Amén.
Amén.
Amar al Amor
(Juan 14,21: El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él)
para estar con Dios que es amante
antes del tiempo y mucho antes,
que hoy nos corteja con su presencia.
Es, a su Palabra, la obediencia,
de cada amado, en este instante,
lo que conduce a que triunfante
ese amor reciba en afluencia.
Amor que se expresa en la presencia
del Padre y del Hijo, como actuantes,
y el Espíritu Santo, animante:
Trinidad de amor en convivencia.
Amén.
Amén.
Bendita unción
(Juan 12,3: María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume)
Bendita unción en cansados pies;
para tu cuerpo preparación,
y de la tumba aproximación,
pues para tu hora, días, faltan seis.
Es tratamiento digno de un rey;
fina fragancia de la loción
y derramada con mucho amor.
¿Que cuesta mucho? ¡Pagas después!
para tu cuerpo preparación,
y de la tumba aproximación,
pues para tu hora, días, faltan seis.
Es tratamiento digno de un rey;
fina fragancia de la loción
y derramada con mucho amor.
¿Que cuesta mucho? ¡Pagas después!
Si al silencio llegaras
dulce Dios, dulcemente
y pusieras tu dedo
en mis labios, muy leve,
o corazón adentro
— ¡la vida desfallece!—,
tocaras ese aire
que la pena consiente
y allí dejaras, honda,
la paz, la suave nieve
de la serenidad...
Si besaras mi frente...
Si allí el dolorido
sentir trocaras... ¡Fuerte
soledad, Dios, almena
dame, torre valiente
contra rayos y vientos,
contra ausencias y muertes!
Si la dicha brillara,
oh buen Dios, sol ardiente,
en el fondo del alma,
al llegar dulcemente
tu voz dulce a la casa
en que siempre te pierdes...
¿Le buscas? Es que le tienes
(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Oirás decir frecuentemente a muchos que no encuentran a Dios.
Pregúntales si le buscan y hasta dónde llega su anhelo de hallarle.
Si le buscan con mucho ahínco, tranquilízalos, porque ya le han encontrado...
Dios dice a Pascal en las Meditaciones:
«Consolé toi, tu ne me chercherais pas si tu ne m'avais trouvé»
(Consuélate, no me buscarías si no me hubieras ya encontrado).
Pensamiento admirable, capaz de inundar de consuelo al espíritu más árido y desolado.
Pensamiento, por otra parte, de una sorprendente exactitud.
El que busca, en efecto, a Dios con ahínco es porque le ama, y el que le ama, ya le posee.
Amar a Dios y poseerle es todo uno.
Por eso el autor de estas líneas ha dicho en unos versos, glosando la frase del divino pensador francés:
«Alma, sigue hasta el final—en pos del Bien de los bienes— y consuélate en tu mal—pensando como Pascal—: «¿Le buscas? ¡Es que le tienes!»
Pregúntales si le buscan y hasta dónde llega su anhelo de hallarle.
Si le buscan con mucho ahínco, tranquilízalos, porque ya le han encontrado...
Dios dice a Pascal en las Meditaciones:
«Consolé toi, tu ne me chercherais pas si tu ne m'avais trouvé»
(Consuélate, no me buscarías si no me hubieras ya encontrado).
Pensamiento admirable, capaz de inundar de consuelo al espíritu más árido y desolado.
Pensamiento, por otra parte, de una sorprendente exactitud.
El que busca, en efecto, a Dios con ahínco es porque le ama, y el que le ama, ya le posee.
Amar a Dios y poseerle es todo uno.
Por eso el autor de estas líneas ha dicho en unos versos, glosando la frase del divino pensador francés:
«Alma, sigue hasta el final—en pos del Bien de los bienes— y consuélate en tu mal—pensando como Pascal—: «¿Le buscas? ¡Es que le tienes!»
Corazón feliz
(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Dichoso el corazón enamorado
que en sólo Dios ha puesto el pensamiento:
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento;
aun de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento,
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas deste mar tempestuoso.
Arrojar flores
(De santa Teresa de Lisieux o Teresita del Niño Jesús (1873-1897))
Jesús, Amado mío,
al pie de tu calvario
quiero, todas las tardes,
arrojarte mis flores,
deshojarte mi rosa
-mi rosa primaveral-
y enjugar con sus pétalos
tu llanto, mi Señor.
¡Arrojarte mis flores,
ofrecerte en primicia
sacrificios pequeños,
mis suspiros más leves,
mis dolores más hondos,
y mi dicha y mis penas...,
arrojarte mis flores
y mi rosa, Señor!
De tu inmensa belleza
se ha prendado mi alma.
Yo quiero prodigarte
mis flores y perfumes,
por tu amor arrojarlos
sobre el ala del viento
e inflamar corazones
para ti, mi Señor.
Y cuando sufro y lucho
por salvar pecadores,
arrojarte mis flores.
Mis flores son el arma
que me da la victoria.
Te desarmo y te venzo
con mis flores, Señor.
Mis flores con sus pétalos
acarician tu rostro
y te dicen que es tuyo
todo mi corazón.
De mi rosa en deshoje
tú entiendes el lenguaje,
miras y le sonríes
a mi amor tú, Señor.
¡Arrojarte mis flores,
repetir mi alabanza
es mi única alegría,
es todo mi placer
en este oscuro valle
de sombras y de lágrimas!
Al cielo pronto iré,
con los pequeños ángeles
iré a arrojarte flores
¡mis flores, oh Señor!
Dulce Jesús de mi vida
¡qué dije!, espera, no os vais:
que no es bien que vos seáis
de una vida tan perdida.
Pero si no sois de mí,
yo, mi Jesús, soy de vos,
porque quiero hallar en Dios
esto que sin Dios perdí.
Mas ya vuelvo a suplicaros
que de mi vida seáis:
que si vos no me la dais,
no tendré vida que daros.
Deseo daros mi vida,
y sin vos no es daros nada,
porque con vos va ganada,
cuanto sin vos va perdida.
Muérome de puro amor
por llamaros vida mía:
que la que sin vos perdía,
ya no la tengo, Señor.
Pues vuestra piedad me adiestra
como a oveja reducida,
quiero llamaros mi vida,
aunque he sido muerte vuestra.
Vida mía, en este día
me habréis de hacer un favor;
¡oh, qué bien me va, Señor,
con llamaros vida mía!
Luego que vida os llamé,
a pediros me atreví,
porque el regalo sentí
que en vuestro brazos hallé.
Y es que jamás permitáis
que otra vida sin vos tenga:
que no es bien que a vivir venga
vida donde vos no estáis.
¡Ay Jesús! ¿Cómo viví
sólo un momento sin vos?
Porque si la vida es Dios,
¿qué vida quedaba en mí?
¡Qué cosas tuve por vida
tan miserables y tristes!
¿Es posible que pudistes
sufrir cosa tan perdida?
Pero sospecho, mi Dios,
que fue permitirlo así,
para que viesen en mí
qué sufrimiento hay en vos.
Pero no lo habéis perdido,
¡oh soberana piedad!,
pues conozco mi maldad
por lo que me habéis sufrido.
Porque sé de aquel vivir,
como si Dios no tuviera:
que quien menos que Dios fuera
no me pudiera sufrir.
¡Qué de veces os negué
por confesar mi locura
a la fingida hermosura,
donde no hay verdad ni fe!
Si la vuestra en la cruz viera,
¡ay Dios y cuánto os amara!
¡Qué de lágrimas llorara,
qué de amores os dijera!
No sé, mi bien, qué os tenéis,
que todo me enamoráis,
o es que, como abierto estáis,
mostráis lo que me queréis.
Amenazado de vos,
parece que no os temí,
y lleno de sangre sí;
decid, ¿qué es esto, mi Dios?
¡Oh qué divinos colores
os hace esa sangre fría!
¡Oh cómo estáis, vida mía,
para deciros amores!
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno...
(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
véante mis ojos, muérame yo luego.
Vea quién quisiere rosas y jazmines,
que si yo te viere, veré mil jardines,
flor de serafines; Jesús Nazareno,
véante mis ojos, muérame yo luego.
No quiero contento, mi Jesús ausente,
que todo es tormento a quien esto siente;
sólo me sustente su amor y deseo;
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
véante mis ojos, muérame yo luego.
Siéntome cautiva sin tal compañía,
muerte es la que vivo sin Vos, Vida mía,
cuándo será el día que alcéis mi destierro,
veante mis ojos, muérame yo luego.
Dulce Jesús mío, aquí estáis presente,
las tinieblas huyen, Luz resplandeciente,
oh, Sol refulgente, Jesús Nazareno,
veante mis ojos, muérame yo luego.
¿Quién te habrá ocultado bajo pan y vino?
¿Quién te ha disfrazado, oh, Dueño divino ?
¡Ay que amor tan fino se encierra en mi pecho!
veante mis ojos, muérame yo luego.
Gloria, gloria al Padre, gloria, gloria al Hijo,
gloria para siempre igual al Espíritu.
Gloria de la tierra suba hasta los cielos.
Véante mis ojos, muérame yo luego. Amén.
Dichoso el corazón enamorado
(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Dichoso el corazón enamorado
que en sólo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aún de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento,
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.
Mi canción de hoy
(De santa Teresa de Lisieux o Teresita del Niño Jesús (1873-1897))
Mi vida es un momento que escapa fugitivo:
Tú lo sabes, Dios mío, para amarte en la tierra
No tengo más que hoy.
Oh Jesús, yo te amo, a ti mi alma aspira...
Tan sólo por un día, sé tú mi dulce apoyo:
Ven y reina en mi alma y dame tu sonrisa,
Tan sólo para hoy.
¿Qué importa, Señor, del porvenir sombrío?
¿Rogarte por mañana? Oh no, yo no lo puedo.
Conserva mi alma pura; cúbreme de tus alas,
Tan sólo para hoy.
Si pienso en el mañana, temo por mi inconstancia,
Siento que en mi alma nacen tristeza y desaliento,
Mas, si, Dios mío, quiero sufrir y ser probada
Tan sólo para hoy.
¡Pan vivo, pan del cielo, divina Eucaristía,
oh misterio sublime que el amor inventó!
Ven y mora en mi alma, Jesús, mi blanca Hostia,
tan sólo para hoy.
El racimo de amor, con las almas por granos,
Sólo formarlo puedo en este día que huye...
¡Oh! Dame, Jesús mío, de un apóstol las llamas,
tan sólo para hoy.
Pronto quiero volar para contar sus glorias
Cuando el sol sin poniente me dará su fulgor:
Entonces cantaré con la lira del ángel
un sempiterno hoy.
No sabe qué es amor quien no te ama
celestial hermosura, esposo bello,
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.
Tu boca como lirio, que derrama
licor al alba, de marfil tu cuello;
tu mano en torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.
¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que aun hora amando
venza los años que pasé fingiendo.
Si amas a Dios
(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero, porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los paisajes, en el límite indeciso de todos los horizontes.
Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el Universo.
Si amas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie, porque nada puedes perder y todas las fuerzas del cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad.
Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes, porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el más humilde ni el más elevado.
Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas, porque lo llevas en Él, que es la clave y resolución de todos.
Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia entre la vida y la muerte, porque en Él estás y Él permanece incólume a través de todos los cambios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















