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Orar y obrar

(Texto de Santa Teresa de Jesús)

El mismo Señor dice: Ninguno subirá a mi Padre, sino por Mí; no sé si dice así, creo que sí; y quien me ve a Mí, ve a mi Padre. Pues si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y la muerte que pasó por nosotros, no sé cómo le podemos conocer ni hacer obras en su servicio; porque la fe sin ellas y sin ir llegadas al valor de los merecimientos de Jesucristo, bien nuestro, ¿qué valor pueden tener? ¿Ni quién nos despertará a amar a este Señor?

Plega a Su Majestad nos dé a entender lo mucho que le costamos y cómo no es más el siervo que el Señor, y qué hemos menester obrar para gozar su gloria, y que para esto nos es necesario orar para no andar siempre en tentación.

La oración humilde

Nos dice santa Teresa de Jesús:
"Todo el cimiento de la oración va fundado en humildad,
y mientras más se baja un alma en la oración,
mas la sube Dios".

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Traspasada

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
En las internas entrañas
sentí un golpe repentino:
el blasón era divino,
porque obró grandes hazañas.
Con el golpe fui herida,
y aunque la herida es mortal
y es un dolor sin igual,

es muerte que causa vida.
Si mata, ¿cómo da la vida?
Si da vida, ¿cómo muere?
¿Cómo sana cuando hiere
y se ve con Él unida?
Tiene tan divinas mañas,
que en un tan acerbo trance,
sale triunfal del lance,
obrando grandes hazañas.

Ayes del destierro

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
¡Cuán triste es, Dios mío,
la vida sin ti!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Carrera muy larga
es la de este suelo,
morada penosa,
muy duro destierro.
¡Oh sueño adorado!
sácame de aquí!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Lúgubre es la vida,
amarga en extremo;
que no vive el alma
que está de ti lejos.
¡Oh dulce bien mío,
que soy infeliz!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

¡Oh muerte benigna,
socorre mis penas!
Tus golpes son dulces,
que el alma libertan.
¡Qué dicha, oh mi Amado,
estar junto a Ti!
Ansiosa de verte,
deseo morir.

El amor mundano
apega a esta vida;
el amor divino
por la otra suspira.
Sin ti, Dios eterno,
¿quién puede vivir?
Ansiosa de verte,
deseo morir.

La vida terrena
es continuo duelo:
vida verdadera
la hay sólo en el cielo.
Permite, Dios mío,
que viva yo allí.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

¿Quién es el que teme
la muerte del cuerpo,
si con ella logra
un placer inmenso?
¡Oh! sí, el de amarte,
Dios mío, sin fin.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Mi alma afligida
gime y desfallece.
¡Ay! ¿quién de su amado
puede estar ausente?
Acabe ya, acabe
aqueste sufrir.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

El barbo cogido
en doloso anzuelo
encuentra en la muerte
el fin del tormento.
¡Ay!, también yo sufro,
bien mío, sin ti,
Ansiosa de verte,
deseo morir.

En vano mi alma
te busca oh mi dueño;
Tú, siempre invisible,
no alivias su anhelo.
¡Ay! esto la inflama,
hasta prorrumpir:
Ansiosa de verte,
deseo morir.

¡Ay!, cuando te dignas
Entrar en mi pecho,
Dios mío, al instante
el perderte temo.
Tal pena me aflige
y me hace decir:
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Haz, Señor, que acabe
tan larga agonía;
socorre a tu sierva
que por ti suspira.
Rompe aquestos hierros
y sea feliz.
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Mas no, dueño amado,
que es justo padezca;
que expíe mis yerros,
mis culpas inmensas.
¡Ay!, logren mis lágrimas
te dignes oír:
Ansiosa de verte,
deseo morir.

Corazón feliz

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Dichoso el corazón enamorado
que en sólo Dios ha puesto el pensamiento:
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento;
aun de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento,
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas deste mar tempestuoso.

Alma, buscarte has en Mí

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.

De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en Mí.

Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.

Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a Mí,
No andes de aquí para allí,
sino, si hallarme quisieres,
a Mí buscarme has en ti.

Porque tú eres mi aposento,
eres mi casa y morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.

Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a Mí,
bastará sólo llamarme,
que a ti iré sin tardarme
y a Mí buscarme has en ti.

¡Oh ánima mía!

(De "Exclamaciones del Alma a Dios" por Santa Teresa de Jesús)
¡Oh ánima mía! Deja hacerse la voluntad de tu Dios; eso te conviene.
 Sirve y espera en su misericordia, que remediará tu pena,
cuando la penitencia de tus culpas haya ganado algún perdón de ellas;
no quieras gozar sin padecer.
¡Oh verdadero Señor y Rey mío!, que aun para esto no soy,
si no me favorece vuestra soberana mano y grandeza,
que con esto todo lo podré.

¡Ay de mí, ay de mí, Señor!

(De "Exclamaciones" de Santa Teresa de Jesús)
¡Ay de mí, ay de mí, Señor,
que es muy largo este destierro y pásase con grandes penalidades del deseo de mi Dios!
Señor, ¿qué hará un alma metida en esta cárcel?
¡Oh Jesús, qué larga es la vida del hombre aunque se dice que es breve!
Breve es, mi Dios, para ganar con ella vida que no se puede acabar;
mas muy larga para el alma que se desea ver en la presencia de su Dios.
¿Qué remedio dais a este padecer?
No le hay, sino cuando se padece por Vos.

¡Oh Señor!

De "Exclamaciones del alma a Dios" por Santa Teresa de Jesús
¡Oh Señor!, confieso vuestro gran poder.
Si sois poderoso, como lo sois,
¿qué hay imposible al que todo lo puede?
Quered Vos, Señor mío, quered,
que aunque soy miserable, firmemente creo que podéis lo que queréis,
y mientras mayores maravillas oigo vuestras y considero que podéis hacer más,
más se fortalece mi fe y con mayor determinación creo que lo haréis Vos.
¿Y qué hay que maravillar de lo que hace el Todopoderoso?
Bien sabéis Vos, mi Dios, que entre todas mis miserias nunca dejé de conocer vuestro gran poder y misericordia.
Válgame, Señor, esto en que no os he ofendido.
Recuperad, Dios mío, el tiempo perdido con darme gracia en el presente y porvenir,
para que parezca delante de Vos con vestiduras de bodas,
pues si queréis podéis.

¡Oh Dios mío y misericordia mía!

(De "Exclamaciones del Alma a Dios" de santa Teresa de Jesús)
¡Oh Dios mío y misericordia mía!,
¿qué haré para que no deshaga yo las grandezas que Vos hacéis conmigo?
Vuestras obras son santas, son justas,
son de inestimable valor y con gran sabiduría, pues la misma sois Vos, Señor.
Si en ella se ocupa mi entendimiento, quéjase la voluntad,
porque querría que nadie la estorbase a amaros,
pues no puede el entendimiento en tan grandes grandezas alcanzar quién es su Dios,
y deséale gozar y no ve cómo, puesta en cárcel tan penosa como esta mortalidad.
Todo la estorba, aunque primero fue ayudada en la consideración de vuestras grandezas,
adonde se hallan mejor las innumerables bajezas mías.

Véante mis ojos, dulce Jesús bueno...

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
véante mis ojos, muérame yo luego.

Vea quién quisiere rosas y jazmines,
que si yo te viere, veré mil jardines,
flor de serafines; Jesús Nazareno,
véante mis ojos, muérame yo luego.

No quiero contento, mi Jesús ausente,
que todo es tormento a quien esto siente;
sólo me sustente su amor y deseo;
Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;
véante mis ojos, muérame yo luego.

Siéntome cautiva sin tal compañía,
muerte es la que vivo sin Vos, Vida mía,
cuándo será el día que alcéis mi destierro,
veante mis ojos, muérame yo luego.

Dulce Jesús mío, aquí estáis presente,
las tinieblas huyen, Luz resplandeciente,
oh, Sol refulgente, Jesús Nazareno,
veante mis ojos, muérame yo luego.

¿Quién te habrá ocultado bajo pan y vino?
¿Quién te ha disfrazado, oh, Dueño divino ?
¡Ay que amor tan fino se encierra en mi pecho!
veante mis ojos, muérame yo luego.

Gloria, gloria al Padre, gloria, gloria al Hijo,
gloria para siempre igual al Espíritu.
Gloria de la tierra suba hasta los cielos.
Véante mis ojos, muérame yo luego. Amén.

Hermosura de Dios

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
¡Oh, Hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis
el amor de las criaturas.
¡Oh, ñudo que ansí juntáis
dos cosas tan desiguales!
No sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba:
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis vuestra nada.

Cruz, descanso sabroso

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Cruz, descanso sabroso de mi vida
vos seáis la bienvenida.
Oh bandera, en cuyo amparo
el más flaco será fuerte,
oh vida de nuestra muerte,
qué bien la has resucitado;
al león has amansado,
Pues por ti perdió la vida:
vos seáis la bienvenida.

Quien no os ama está cautivo
y ajeno de libertad;
quien a vos quiere allegar
no tendrá en nada desvío.
Oh dichoso poderío,
donde el mal no halla cabida,
vos seáis la bienvenida.

Vos fuisteis la libertad
de nuestro gran cautiverio;
por vos se reparó mi mal
con tan costoso remedio;
para con Dios fuiste medio
de alegría conseguida:
vos seáis la bienvenida.

Dichoso el corazón enamorado

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Dichoso el corazón enamorado
que en sólo Dios ha puesto el pensamiento,
por Él renuncia todo lo criado,
y en Él halla su gloria y su contento.
Aún de sí mismo vive descuidado,
porque en su Dios está todo su intento,
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.

Aspiraciones

(De la religiosa española santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila (1515-1582))
Sea mi gozo en el llanto.
sobresalto mi reposo,
mi sosiego doloroso
y mi bonanza el quebranto;

entre borrascas mi amor,
y mi regalo en la herida,
esté en la muerte mi vida,
y en desprecios mí favor;

Mis tesoros en pobreza
y mi triunfo en pelear,
mi descanso en trabajar
y mi contento en tristeza.

En la escuridad mi luz,
mi grandeza en puesto bajo,
de mi camino el atajo
y mi gloria sea la cruz;

mi honra el abatimiento
y mi palma padecer,
en las menguas mi crecer
y en menoscabos mi aumento;

en el hambre mi hartura,
mi esperanza en el temor,
mis regalos en pavor,
mis gustos en amargura;

en olvido mi memoria,
mi alteza en humillación,
en bajeza mi opinión,
en afrenta mi victoria,

mi lauro esté en el desprecio,
en las penas mi afición,
mi dignidad el rincón,
y la soledad mi aprecio;

en Cristo mi confianza,
y de Él solo mi asimiento,
en sus cansancios mi aliento
y en su imitación mi holganza.

Aquí estriba mi firmeza,
aquí mi seguridad,
la prueba de mi verdad,
la muestra de mi fineza

No desanimarse

Expresión de santa Teresa de Jesús
He experimentado que cuando me determino a hacer algo por Dios,
aunque sienta que me cuesta horrores el comienzo,
el mismo Dios viene luego en nuestra ayuda dándonos gran alegría
en aquello mismo que nos ocasionaba espanto.
Jamás hay que dejar de llevar a la práctica una buena inspiración por los miedos que nos acometan,
siempre que esos buenos proyectos vayan sinceramente dirigidos hacia Dios.

Alégrate, ánima mía

De "Exclamaciones del Alma a Dios" de santa Teresa de Jesús
Alégrate, ánima mía, que hay quien ame a tu Dios como El merece.
Alégrate, que hay quien conoce su bondad y valor.
Dale gracias que nos dio en la tierra quien así le conoce, como a su único Hijo.
Debajo de este amparo podrás llegar y suplicarle que, pues Su Majestad se deleita contigo,
que todas las cosas de la tierra no sean bastante a apartarte de deleitarte tú
y alegrarte en la grandeza de tu Dios y en cómo merece ser amado y alabado
y que te ayude para que tú seas alguna partecita para ser bendecido su nombre,
y que puedas decir con verdad: Engrandece y loa mi ánima al Señor.

Sea así, mi Dios, pues Vos lo queréis

De "Exclamaciones del Alma a Dios" de santa Teresa de Jesús
¡Oh deleite mío, Señor de todo lo criado y Dios mío!
¿Hasta cuándo esperaré ver vuestra presencia?
¿Qué remedio dais a quien tan poco tiene en la tierra para tener algún descanso fuera de Vos?
¡Oh vida larga!, ¡oh vida penosa!, ¡oh vida que no se vive!,
¡oh qué sola soledad!, ¡qué sin remedio!
Pues, ¿cuándo, Señor, cuándo?, ¿hasta cuándo?
¿qué haré, Bien mío, qué haré?
¿Por ventura desearé no desearos?
¡Oh mi Dios y mi Criador, que llagáis y no ponéis la medicina; herís y no se ve la llaga; matáis, dejando con más vida!
En fin, Señor mío, hacéis lo que queréis como poderoso.
Pues un gusano tan despreciado, mi Dios, ¿queréis sufra estas contrariedades?
Sea así, mi Dios, pues Vos lo queréis, que yo no quiero sino quereros.

La amistad con Jesús en la Eucaristía

Pensamiento de santa Teresa de Jesús
Cuando Jesús caminaba por el mundo bastaba tocar sus ropas para quedar curado;
¿qué no hará entrando dentro de nosotros mismos?
Algunos hubieran preferido que se quedara resplandeciente y lleno de poder en el Santísimo Sacramento.
 Pero ¿qué pecador, como en mi caso personal, se hubiera atrevido a acercarse a él?
Debajo de pan es fácil su trato.
Disfrazado de esta manera, le hablamos casi de igual a igual, sin muchos miramientos y respetos.
Parece que desea que nos acerquemos con frecuencia y con llaneza hasta él,
de lo contrario ¿para qué se disfrazó?