Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas de Amado Nervo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas de Amado Nervo. Mostrar todas las entradas

Como el venero

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Recibe el don del cielo, y nunca pidas
nada a los hombres, pero da si puedes,
da sonriendo y con amor; no midas
jamás la magnitud de tus mercedes.

Nada te debe aquel a quien le diste;
por eso tú su gratitud esquiva.
Él fue quien te hizo el bien, ya que pudiste
ejercer la mejor prerrogativa,

que es el dar, y que a pocos Dios depara.
Da, pues, como el venero cristalino,
que siempre brinda más del agua clara
que le pide el sediento peregrino.

Viejo estribillo

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
—Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
es un rayo de luna...

¿Quién gritando mi nombre la morada recorre?
¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento?
—Es un soplo de viento que solloza en la torre,
es un soplo de viento...

Di, ¿quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan
en el fuego divino de la tarde y que subes
por la gloria del éter? —Son las nubes que pasan;
mira bien, son las nubes...

¿Quién regó sus collares en el agua, Dios mío?
Lluvia son de diamantes en azul terciopelo...
—Es la imagen del cielo que palpita en el río,
es la imagen del cielo...

¡Oh Señor! La belleza sólo es, pues, espejismo;
nada más Tú eres cierto: ¡sé Tú mi último dueño!
¿Dónde hallarte, en el éter, en la tierra, en mí mismo?
—Un poquito de ensueño te guiará en cada abismo,
un poquito de ensueño...

¿Le buscas? Es que le tienes

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Oirás decir frecuentemente a muchos que no encuentran a Dios.
Pregúntales si le buscan y hasta dónde llega su anhelo de hallarle.
Si le buscan con mucho ahínco, tranquilízalos, porque ya le han encontrado...
Dios dice a Pascal en las Meditaciones:
«Consolé toi, tu ne me chercherais pas si tu ne m'avais trouvé»
(Consuélate, no me buscarías si no me hubieras ya encontrado).
Pensamiento admirable, capaz de inundar de consuelo al espíritu más árido y desolado.
Pensamiento, por otra parte, de una sorprendente exactitud.
El que busca, en efecto, a Dios con ahínco es porque le ama, y el que le ama, ya le posee.
Amar a Dios y poseerle es todo uno.
Por eso el autor de estas líneas ha dicho en unos versos, glosando la frase del divino pensador francés:
«Alma, sigue hasta el final—en pos del Bien de los bienes— y consuélate en tu mal—pensando como Pascal—: «¿Le buscas? ¡Es que le tienes!»

Dios hará lo demás

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
¿Qué es inútil mi afán por conquistarte:
que ni me quieres hoy ni me querrás...?
Yo me contento, Amor, con adorarte:
¡Dios hará lo demás!

Yo me contento, Amor, con sembrar rosas
en el camino azul por donde vas.
Tú sin mirarlas, en su senda posas
el pie: ¡Quizás mañana las veras!

Yo me contento, Amor, con sembrar rosas
¡Dios hará lo demás!

El Milagro

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
¡Señor, yo te bendigo, porque tengo esperanza!
Muy pronto mis tinieblas se enjoyarán de luz...
Hay un presentimiento de sol en lontananza;
¡me punzan mucho menos los clavos de mi cruz!

Mi frente, ayer marchita y obscura, se levanta
hoy, aguardando el místico beso del Ideal.
Mi corazón es nido celeste, donde canta
el ruiseñor de Alfeo su canción de cristal.

Dudé ¿por qué negarlo? y en las olas me hundía
como Pedro, a medida que más hondo dudé.
Pero tú me tendiste la diestra, y sonreía
tu boca murmurando: ¡hombre de poca fe!

¡Qué mengua! Desconfiaba de ti, como si fuese
algo imposible al alma que espera en el Señor;
como si quien demanda luz y amor, no pudiese
recibirlos del Padre: fuente de luz y amor.

Mas hoy, Señor, me humillo, y en sus crisoles fragua
una fe de diamante mi excelsa voluntad.
La arena me dio flores, la roca me dio agua,
me dio el simún frescura, y el tiempo eternidad.

Si amas a Dios

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))

Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero, porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los paisajes, en el límite indeciso de todos los horizontes.

Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el Universo.

Si amas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie, porque nada puedes perder y todas las fuerzas del cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad.

Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes, porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el más humilde ni el más elevado.

Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas, porque lo llevas en Él, que es la clave y resolución de todos.

Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia entre la vida y la muerte, porque en Él estás y Él permanece incólume a través de todos los cambios.

El signo

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))

No hables a todos de las cosas bellas y esenciales.
No arrojes margaritas a los cerdos.
Desciende al nivel de tu interlocutor para no humillarle o desorientarle.
Sé frívolo con los frívolos...; pero de vez en cuando, como sin querer, como sin pensarlo, deja caer en su copa, sobre la espuma de su frivolidad, el pétalo de rosa del ensueño.
Si no reparan en él, recógelo y vete de su lado, sonriente siempre; es que para ellos aún no llega la hora.
Mas si alguien coge el pétalo, como a hurtadillas, y lo acaricia, y aspira su blando aroma, hazle en seguida un discreto signo de inteligencia...
Llévale después aparte; muéstrale alguna o algunas de las flores milagrosas de tu jardín; háblale de la Divinidad invisible que nos rodea... y dale la palabra del conjuro, el ¡Sésamo, ábrete! de la verdadera libertad.

La oración

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
No será lo que quieres—murmura el desaliento—, 
tu plegaria es inútil; no verá tu pupila 
el dulce bien que sueñas... ¡Imposible es tu intento! 
Yo escucho estas palabras como el rumor del viento 
y sigo en mi oración obstinada y tranquila. 

¿Cómo es?

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
¿Es Dios personal?
¿Es impersonal?
¿Tiene forma?
¿No tiene forma?
¿Es esencia?
¿Es substancia?
¿Es uno?
¿Es múltiple?
¿Es la conciencia del universo?
¿Es voluntad sin conciencia y sin fin?
¿Es todo lo que existe?
¿Es distinto de todo lo que existe?
¿Es como el alma de la naturaleza?
¿Es una ley?
¿Es simplemente la armonía de las fuerzas?
¿Está en nosotros mismos?
¿Es nosotros mismos?
¿Está fuera de nosotros?
Alma mía, hace tiempo que tú ya no te preguntas estas cosas.
Tiempo ha que estas cosas ya no te interesan.
Lo único que tú sabes es que le amas.

Via, veritas et vita

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Ver en todas las cosas
del Espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar,
en las diáfanas noches misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz serena y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.

Mientras, amarlo todo y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en la áspera jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.

Alma: tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.

Aunque nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: "Ven a mí: soy el Camino,
la Verdad y la Vida".

Nochebuena

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Pastores y pastoras,
abierto está el edén.
¿No oís voces sonoras?
Jesús nació en Belén.

La luz del cielo baja,
el Cristo nació ya,
y en un nido de paja
cual pajarillo está.

El niño está friolento.
¡Oh noble buey,
arropa con tu aliento
al Niño Rey!

Los cantos y los vuelos
invaden la extensión,
y están de fiesta cielos
y tierra... y corazón.

Resuenan voces puras
que cantan en tropel:
«Hosanna en las alturas
al Justo de Israel!»

¡Pastores, en bandada
venid, venid,
a ver la anunciada
Flor de David!...

Yo no soy demasiado sabio

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Yo no soy demasiado sabio para negarte,
Señor, encuentro lógica tu existencia divina;
me basta con abrir los ojos para hallarte;
la creación entera me convida a adorarte,
y te adoro en la rosa y te adoro en la espina.

¿Qué son nuestras angustias para querer por ellas 
argürte de cruel? ¿Sabemos por ventura 
si tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas, 
si los seres más altos, si las cosas más bellas 
se amasan con el noble barro de la amargura?

Esperemos, suframos, no lancemos, jamás 
a lo invisible nuestra negación como un reto. 
Pobre criatura triste, ¡ya verás, ya verás! 
La muerte se aproxima... ¡De sus labios oirás el celeste secreto!

La sombra del ala

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Tú que piensas que no creo
cuando argüímos los dos,
no imaginas mi deseo,
mi sed, mi hambre de Dios;

ni has escuchado mi grito
desesperante, que puebla
la entraña de la tiniebla
invocando al Infinito;
ni ves a mi pensamiento,
que empañado en producir
ideal, suele sufrir
torturas de alumbramiento.

Si mi espíritu infecundo
tu fertilidad tuviese,
forjado ya un cielo hubiese
para completar su mundo.

Pero di, ¿qué esfuerzo cabe
en un alma sin bandera
que lleva por dondequiera
tu torturador ¡quién sabe!;

que vive ayuna de fe
y, con tenaz heroísmo,
va pidiendo a cada abismo
y a cada noche un por qué?

De todas suertes, me escuda
mi sed de investigación,
mi ansia de Dios, honda y muda;
y hay más amor en mi duda
que en tu tibia afirmación.

Llénalo de amor

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Siempre que haya un hueco en tu vida,
llénalo de amor.

Adolescente, joven, viejo:
siempre que haya un hueco en tu vida,
llénalo de amor.
En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío,
ve a buscar amor.
No pienses: Sufriré.
No pienses: Me engañarán.
No pienses: Dudaré.
Ve, simplemente, diáfanamente, regocijadamente,
en busca del amor.
Qué índole de amor?
No importa.
Todo amor está lleno de excelencia y de nobleza.
Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas...
pero ama siempre.
No te preocupes de la finalidad del amor.
Él lleva en sí mismo su finalidad.
No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras;
el amor lleva en sí su propia plenitud.

Siempre que haya un hueco en tu vida,
llénalo de amor!

Ofertorio

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Dios mío, yo te ofrezco mi dolor:
¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!
Tú me diste un amor, un solo amor,
¡un gran amor!
Me lo robó la muerte
... y no me queda más que mi dolor.
Acéptalo, Señor:
¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!...

Busca dentro de ti la solución

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Busca dentro de ti la solución,
de todos los problemas,
incluso de aquellos que creas
más exteriores y materiales.

Aún para abrirte camino en la selva virgen,
aún para levantar un muro,
aún para tender un puente,
haz de buscar antes, en ti, el secreto

Dentro de ti están tendidos
ya todos los puentes
Todas las arquitecturas
están ya levantadas en tu interior.

Pregunta al arquitecto escondido;
él te dará sus fórmulas
y sabrás lo esencial de todos los problemas
y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente,
pues dentro de ti llevas la luz misteriosa
de todos los secretos.

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Señor, Señor, Tú antes, Tú después, Tú en la inmensa
hondura del vacío y en la hondura interior.
Tú en la aurora que canta y en la noche que piensa;
Tú en la flor de los cardos y en los cardos sin flor.

Tú en el cénit a un tiempo y en el nadir;
Tú en todas las transfiguraciones y en todo el padecer;
Tú en la capilla fúnebre, Tú en la noche de bodas;
¡Tú en el beso primero, Tú en el beso postrero!

Tú en los ojos azules y en los ojos oscuros;
Tú en la frivolidad quinceañera y también
en las grandes ternezas de los años maduros;
Tú en la más negra sima, Tú en el más alto edén.

Si la ciencia engreida no te ve, yo te veo;
si sus labios te niegan, yo te proclamaré.
Por cada hombre que duda, mi alma grita: "Yo creo"
¡y con cada fe muerta, se agiganta mi fe!

Pues busco, debo encontrar

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Pues busco, debo encontrar.
Pues llamo, débenme abrir.
Pues pido, me deben dar.

Pues amo, débenme amar.
Aquel que me hizo vivir.
¿Calla? Un día me hablará.

¿Me pone a prueba? Soy fiel.

¿Pasa? No lejos irá;
pues tiene alas mi alma , y va
volando detrás de Él.

Es poderoso, más no
podrá mi amor esquivar.

Invisible se volvió,
mas ojos de lince yo
tengo y le habré de mirar.

Alma, sigue hasta el final
en pos del Bien de los bienes.

y consuélate en tu mal
pensando como Pascal:
¿Le buscas? ¡Es que le tienes!

Al Cristo

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Señor, entre las sombras voy sin tino;
la fé de mis mayores ya no vierte
su apacible fulgor en el camino:
Mi espíritu está triste hasta la muerte.

Busco en vano una estrella que me alumbre,
busco en vano un amor que me redima;
mi divino ideal está en la cumbre,
yo, ¡pobre de mí! yazgo en la sima...

La lira que me diste, entre las mofas
de los mundanos vibra sin concierto;
¡Se pierden en la noche mis estrofas
como el grito de Agar en el desierto!

Y paria de la dicha y solitario,
siento hastío de todo cuanto existe...
Yo, Maestro, cual Tú subo al calvario,
y no tuve Tabor cual Tú tuviste.

Ten piedad de mi mal , dura es mi pena,
numerosas las lides en que lucho;
fija en mí tu mirada que serena,
y dame, como un tiempo a Magdalena
la calma, ¡yo tambien he amado mucho!

Deidad

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte
al choque, brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.

No te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.

¿Qué importan para tí las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás...