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Dar; darse

(Texto de santa Teresita del Niño Jesús)
No, no me basta dar a todo el que me pida;
he de aplicarme a adivinar los deseos,
de mostrarme muy agradecida,
muy honrada de poder hacer algún servicio,
y si me llevan algo de mi uso,
parecer alegre de que me hayan desembarazado de él.

Agradecida y alegre

Texto de santa Teresa del Niño Jesús (Teresa de Lisieux):

No, no me basta dar a todo el que me pida;
he de aplicarme a adivinar los deseos,
de mostrarme muy agradecida,
muy honrada de poder hacer algún servicio,
y si me llevan algo de mi uso,
parecer alegre de que me hayan desembarazado de él.

Sin principalía

Texto de santa Teresita del Niño Jesús (Teresa de Lisieux):

"Aquel cuyo reino no es de este mundo me enseñó
que la única realeza apetecible
consiste en querer ser ignorado y tenido por nada,
en poner su gozo en el desprecio de sí mismo.
A semejanza de Jesús, 
quería yo que mi rostro permaneciese escondido
a todas las miradas […];
tenía sed de padecer y de ser olvidada."

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Sobre el camino de la perfección

Decía santa Teresa de Lisieux (Teresita del Niño Jesús):
"Pronto eché de ver que cuanto más se avanza en este camino,
más distante se cree uno del término.
Ahora me resigno a verme imperfecta,
y aun encuentro mi alegría en ello."

La gloria verdadera

Texto de santa Teresita del Niño Jesús (Teresa de Lisieux):
"Jesús me hizo comprender que la única gloria verdadera es la que ha de durar siempre;
que para alcanzarla no es necesario llevar a cabo obras ostentosas,
sino más bien esconderse a los ojos de los demás y aún a los de uno mismo,
de suerte que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha."

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El servicio desinteresado

Dijo santa Teresa de Lisieux (Teresita del Niño Jesús):
"Me aplicaba especialmente a practicar actos de virtud muy ocultos;
por ejemplo, me complacía en doblar las capas olvidadas por las hermanas,
y buscaba mil ocasiones para hacerles algún servicio."

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Arrojar flores

(De santa Teresa de Lisieux o Teresita del Niño Jesús (1873-1897))
Jesús, Amado mío,
al pie de tu calvario
quiero, todas las tardes,
arrojarte mis flores,
deshojarte mi rosa
-mi rosa primaveral-
y enjugar con sus pétalos
tu llanto, mi Señor.
¡Arrojarte mis flores,
ofrecerte en primicia
sacrificios pequeños,
mis suspiros más leves,
mis dolores más hondos,
y mi dicha y mis penas...,
arrojarte mis flores
y mi rosa, Señor!
De tu inmensa belleza
se ha prendado mi alma.
Yo quiero prodigarte
mis flores y perfumes,
por tu amor arrojarlos
sobre el ala del viento
e inflamar corazones
para ti, mi Señor.
Y cuando sufro y lucho
por salvar pecadores,
arrojarte mis flores.
Mis flores son el arma
que me da la victoria.
Te desarmo y te venzo
con mis flores, Señor.
Mis flores con sus pétalos
acarician tu rostro
y te dicen que es tuyo
todo mi corazón.
De mi rosa en deshoje
tú entiendes el lenguaje,
miras y le sonríes
a mi amor tú, Señor.
¡Arrojarte mis flores,
repetir mi alabanza
es mi única alegría,
es todo mi placer
en este oscuro valle
de sombras y de lágrimas!
Al cielo pronto iré,
con los pequeños ángeles
iré a arrojarte flores
¡mis flores, oh Señor!

¡Niñito Jesús!

Oración de Santa Teresita de Lisieux
¡Niñito Jesús!,
mi único tesoro,
yo me abandono a tus divinos caprichos,
y no quiero otra alegría que la de hacerte sonreír.
Imprime en mí tu gracia
y tus virtudes infantiles,
para que en el día de mi nacimiento para el cielo
los ángeles y los santos reconozcan en mí a tu pequeña esposa,

Teresa del Niño Jesús

Mi canción de hoy

(De santa Teresa de Lisieux o Teresita del Niño Jesús (1873-1897))
Mi vida es un instante, una hora pasajera,
Mi vida es un momento que escapa fugitivo:
Tú lo sabes, Dios mío, para amarte en la tierra

No tengo más que hoy.
Oh Jesús, yo te amo, a ti mi alma aspira...
Tan sólo por un día, sé tú mi dulce apoyo:
Ven y reina en mi alma y dame tu sonrisa,
Tan sólo para hoy.

¿Qué importa, Señor, del porvenir sombrío?
¿Rogarte por mañana? Oh no, yo no lo puedo.
Conserva mi alma pura; cúbreme de tus alas,
Tan sólo para hoy.

Si pienso en el mañana, temo por mi inconstancia,
Siento que en mi alma nacen tristeza y desaliento,
Mas, si, Dios mío, quiero sufrir y ser probada
Tan sólo para hoy.

¡Pan vivo, pan del cielo, divina Eucaristía,
oh misterio sublime que el amor inventó!
Ven y mora en mi alma, Jesús, mi blanca Hostia,
tan sólo para hoy.

El racimo de amor, con las almas por granos,
Sólo formarlo puedo en este día que huye...
¡Oh! Dame, Jesús mío, de un apóstol las llamas,
tan sólo para hoy.

Pronto quiero volar para contar sus glorias
Cuando el sol sin poniente me dará su fulgor:
Entonces cantaré con la lira del ángel
un sempiterno hoy.

Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá...

Oración de Santa Teresita de Lisieux
Padre eterno, tu Hijo único,
el dulce Niño Jesús,
 es mío,
porque tú me lo diste.
 Te ofrezco los méritos infinitos de su divina infancia,
y te pido en su nombre
que llames a las alegrías del cielo
a innumerables falanges de niñitos
que sigan eternamente al divino Cordero.

Silencio

Pensamiento de Santa Teresa de Lisieux
Cuando no se nos comprende
o se nos juzga desfavorablemente,
¿a qué defendernos o dar explicaciones?
Dejémoslo pasar,
no digamos nada,
¡Es tan bueno no decir nada,
dejarse juzgar,
digan lo que digan...!

Agradar a Jesús en la cotidianidad

Pensamiento de santa Teresa de Lisieux
Cuando no siento nada,
cuando soy incapaz de orar y de practicar la virtud,
entonces es el momento de buscar pequeñas ocasiones,
naderías que agradan a Jesús más que el dominio del mundo
e incluso que el martirio soportado con generosidad.
Por ejemplo, una sonrisa,
una palabra amable cuando tendría ganas de callarme
o de mostrar un semblante enojado.

Sufrir y gozar por amor

Pensamiento de Santa Teresa de Lisieux
Quiero sufrir por amor,
y hasta gozar por amor.
Así arrojaré flores delante de tu trono.
No encontraré ni una sola en mi camino que no deshoje para ti.
Y además, al arrojar flores, cantaré
(¿puede alguien llorar mientras realiza una acción tan alegre?),
cantaré aún cuando tenga que coger las flores entre las espinas,
y tanto más melodioso será mi canto,
cuantas más largas y punzantes sean las espinas.

Oración a Jesús en el sagrario

De Santa Teresa del Niño Jesús
¡Oh Dios escondido en la prisión del sagrario!, todas las noches vengo feliz a tu lado para darte gracias por todos los beneficios que me has concedido y para pedirte perdón por las faltas que he cometido en esta jornada, que acaba de pasar como un sueño...

¡Qué feliz sería, Jesús, si hubiese sido enteramente fiel! Pero, ¡ay!, muchas veces por la noche estoy triste porque veo que hubiera podido responder mejor a tus gracias... Si hubiese estado más unida a ti, si hubiera sido más caritativa con mis hermanas, más humilde y más mortificada, me costaría menos hablar contigo en la oración.

Sin embargo, Dios mío, lejos de desalentarme a la vista de mis miserias, vengo a ti confiada, acordándome de que "no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos". Te pido, pues, que me cures, que me perdones, y yo, Señor, recordaré que "el alma a la que más has perdonado debe amarte también más que las otras..." Te ofrezco todos los latidos de mi corazón como otros tantos actos de amor y de reparación, y los uno a tus méritos infinitos. Y te pido, divino Esposo mío, que seas tú mismo el Reparador de mi alma y que actúes en mí sin hacer caso de mis resistencias; en una palabra, ya no quiero tener más voluntad que la tuya. Y mañana, con la ayuda de tu gracia, volveré a comenzar una vida nueva, cada uno de cuyos instantes será un acto de amor y de renuncia.

Después de haber venido así, cada noche, al pie de tu altar, llegaré por fin a la última noche de mi vida, y entonces comenzará para mí el día sin ocaso de la eternidad, en el que descansaré sobre tu divino Corazón de las luchas del destierro. Amén.

Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso

(De Santa Teresa del Niño Jesús)

¡Oh Dios mío, Trinidad santa!, yo quiero amarte y hacerte amar, y trabajar por la glorificación de la santa Iglesia salvando a las almas que están en la tierra y liberando a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente tu voluntad y alcanzar el grado de gloria que Tú me has preparado en tu reino. En una palabra, quiero ser santa. Pero siento mi impotencia, y te pido, Dios mío, que Tú mismo seas mi santidad.

Ya que me has amado hasta darme a tu Hijo único para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de su méritos son míos; te los ofrezco gustosa, y te suplico que no me mires sino a través de la Faz de Jesús y en su Corazón abrasado de amor.

Te ofrezco también todos los méritos de los santos (de los que están en el cielo y de los que están en la tierra), sus actos de amor y los de los santos ángeles. Y por último, te ofrezco, ¡oh santa Trinidad!, el amor y los méritos de la Santísima Virgen, mi Madre querida; a ella le confío mi ofrenda, pidiéndole que te la presente. Su divino Hijo, mi Esposo amadísimo, en los días de su vida mortal nos dijo: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá". Por eso estoy segura de que escucharás mis deseos. Lo sé, Dios mío, cuanto más quieres dar, tanto más haces desear. Siento en mi corazón deseos inmensos, y te pido confiadamente que vengas a tomar posesión de mi alma. ¡Ay!, no puedo recibir la sagrada Comunión con la frecuencia que deseo, pero, Señor, ¿no eres Tú todopoderoso...? Quédate en mí como en el sagrario, no te alejes nunca de tu pequeña hostia...

Quisiera consolarte de la ingratitud de los malos, y te suplico que me quites la libertad de desagradarte. Y si por debilidad caigo alguna vez, que tu mirada divina purifique enseguida mi alma, consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego, que todo lo transforma en sí...

Te doy gracias, Dios mío, por todos los beneficios que me has concedido, y en especial por haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento. En el último día te contemplaré llena de gozo llevando el cetro de la Cruz. Ya que te has dignado darme como lote esta cruz tan preciosa, espero parecerme a ti en el cielo y ver brillar en mi cuerpo glorificados los sagrados estigmas de tu Pasión...

Después del destierro de la tierra, espero ir a gozar de ti en la Patria, pero no quiero acumular méritos para el cielo, quiero trabajar sólo por tu amor, con el único fin de agradarte, de consolar a tu Sagrado Corazón y de salvar almas que te amen eternamente.

En la tarde de esta vida, compareceré delante de ti con las manos vacías, pues no te pido, Señor, que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso yo quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de Ti mismo. No quiero otro trono ni otra corona que Tú mismo, Amado mío...

A tus ojos, el tiempo no es nada, y un solo día es como mil años. Tú puedes, pues, prepararme en un instante para comparecer delante de ti...

A fin de vivir en un acto de perfecto amor, yo me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, y te suplico que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mi alma las olas de ternura infinita que se encierran en ti, y que de esa manera llegue yo a ser mártir de tu amor, Dios mío...

Que ese martirio, después de haberme preparado para comparecer delante de ti, me haga por fin morir, y que mi alma se lance sin demora al eterno abrazo de tu Amor misericordioso...

Quiero, Amado mío, renovarte esta ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta que las sombras se desvanezcan y pueda yo decirte mi amor en un cara a cara eterno.

Con el Evangelio se nutre mi alma

(Pensamiento de Santa Teresa de Lisieux)
En medio de esta mi impotencia,
la Sagrada Escritura y la Imitación de Cristo vienen en mi ayuda.
En ellas encuentro un alimento sólido y completamente puro.
Pero lo que me sustenta durante la oración,
 por encima de todo, es el Evangelio.
En él encuentro todo lo que necesita mi pobre alma.
En él descubro de continuo nuevas luces y sentidos ocultos y misteriosos.

La Palabra conduce a la perfección

Pensamiento de Santa Teresa de Lisieux
A veces, cuando leo ciertos tratados espirituales
en los que la perfección se presenta rodeada de mil estorbos y mil trabas
y circundada de una multitud de ilusiones,
mi pobre espíritu se fatiga muy pronto,
cierro el docto libro que me quiebra la cabeza y me diseca el corazón
y tomo en mis manos la Sagrada Escritura.
Entonces todo me parece luminoso,
una sola palabra abre a mi alma horizontes infinitos,
la perfección me parece fácil.

Escojo la santidad

Pensamiento de Santa Teresa de Lisieux
Cuando se ofreció ante mis ojos el horizonte de la perfección,
comprendí que para ser santa había que sufrir mucho,
buscar siempre lo más perfecto y olvidarse de sí misma.
Comprendí que en la perfección había muchos grados,
y que cada alma era libre de responder a las invitaciones del Señor
 y de hacer poco o mucho por él,
en una palabra, de escoger entre los sacrificios que él nos pide.
Entonces, como en los días de mi niñez, exclamé:
"Dios mío, yo lo escojo todo.
No quiero ser santa a medias, no me asusta sufrir por ti,
sólo me asusta una cosa: conservar mi voluntad.
Tómala, ¡pues yo escojo todo lo que tú quieres...!"

Ofrenda

De Santa Teresa del Niño Jesús
Dios mío, te ofrezco todas las acciones que hoy realice
por las intenciones del Sagrado Corazón y para su gloria.

Quiero santificar los latidos de mi corazón,
mis pensamiento y mis obras más sencillas uniéndolo todo a sus méritos infinitos,
y reparar mis faltas arrojándolas al horno ardiente de su amor misericordioso.

Dios mío, te pido para mí y para todos mis seres queridos
la gracia de cumplir con toda perfección tu voluntad y aceptar por tu amor
las alegrías y lo sufrimientos de esta vida pasajera,
para que un día podamos reunirnos en el cielo por toda la eternidad.
Amén.

La Comunión de los Santos

Pensamiento de Santa Teresa de Lisieux
Cuando sufrimos al comprobar nuestra pobreza es necesario que ofrezcamos a Dios las obras de los demás,
y ahí está precisamente la ventaja de la comunión de los santos.
Taulero dijo: "Si amo el bien que hay en mi prójimo, tanto como pueda amarle él mismo, ese bien es tan mío como suyo, y si lo amo más, es más mío que suyo".
Mediante esta comunión puedo enriquecerme con todo el bien que hay en el cielo y en la tierra,
en los ángeles y en todos los que aman a Dios.