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Como un rumor de aguas

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Como un rumor de aguas, la voz oí diciendo:
"No te estés quieta ahí, por algo toma parte.
Ni fría ni caliente, tal irás feneciendo.
Según sean tus obras, así habremos de darte."

"Ten prendida tu lámpara —la lámpara de fuego—
pues que ya llega el tiempo y tu día es ahora.
El que tiene la hoz, El que dice: ‘Yo siego’,
dirá en cualquier momento que ha llegado tu hora."

"Conozco tus trabajos y también tu paciencia,
mas tengo contra ti ese dejarse estar.
Arrepiéntete y vuelve a la obra emprendida,
que si no vendré a ti por tu desobediencia
para, tu candelero, remover del lugar.
Si vences, comerás del árbol de la vida."

El descanso

De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999)
No podría decir: ¡No quiero la muerte!
puesto que el Señor todo lo decide;
mas, llegado el tiempo, habré de ser fuerte
porque nadie llore lo que nadie impide.

Tal vez mi sonrisa animosa acierte
para que la fiera sombra no trepide,
y me guarde el gesto en el rostro inerte
como flor que brinda el que se despide.

No ha de ser difícil para mí el descanso,
ni el secar los ojos de lágrimas vanas;
no opondrá defensa mi espíritu manso,

rendirá la vida de dulce manera
por borrar ayeres, para los mañanas
pasarlos en paz, tal como Dios quiera.

El perdón

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Hacerme perdonar, en mi humildad pretendo,
de aquellos que herir pude, o, también, olvidado,
de los que de algún modo, sin querer o queriendo,
provoqué con molestias o, tal vez, agraviado.

De los que nada tienen y a los que acaso ofendo
con lo poco o lo mucho que por Dios me fue dado;
de los que en un instante desazono o sorprendo,
por no ser advertidos al cruzar a mi lado.

Hacerse perdonar es principio rector:
no alimentar rencores, fastidios, menos odio,
dejar a nuestro paso aunque sea una flor;
dar cuanto está en nosotros, querer al semejante,
porque la caridad sea nuestro custodio:
que la falta de amor nunca tendrá atenuante.

Candor

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
No trates de llevarme al mundo de los sabios
para hablar del origen de la criatura humana;
canciones y sonrisas sólo quiero en tus labios
y agradecerle a Dios tu ser, cada mañana.

No me ilustres la mente; prefiero no saber,
conservar mi ignorancia hasta en dulces tonteras,
que, como en la niñez, aún quisiera creer
en magos, nigromantes, en elfos y hechiceras.

Déjame porque guarde el candor de la infancia
aunque tal vez parezca desusado por bobo,
sin buscar en el tiempo de remota distancia
la explicación terrena de la divina obra.
sería tan sensible como pinchar el globo,
cuando el niño, a momentos, lo suelta y lo recobra.

Designio

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Que esta noche me duerma bajo un manto de olvido,
ajena al desamor, al encono y la saña,
considerando a aquel que nunca me ha querido,
sorda a la mezquindad y a la torcida maña.

Que el corazón regule cadencioso el latido
para que no lo alteren mentiras o patraña;
que el alma, dadivosa con los que no lo han sido,
se entregue por entero, aún a la gente extraña.

Que todo sentimiento impropio me abandone,
y acallado el deseo de ser yo, a mí renuncie,
hasta la misma ofensa más infame perdone,
quedando desde entonces en beatífica paz,
y que un plácido sueño redimidor me anuncie
que la pasión humana no ha de vencerme más.

Con ojos de niña

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Señor, siempre te veo con los ojos de niña:
primero en el pesebre, aureolado de ovejas;
en lo alto, la estrella, que sus reflejos guiña
sobre el burro y el buey al mover las orejas.

Hombre, vas por montaña, y por valle y campiña,
curando enfermos graves que bordan las callejas,
la triste multitud que al oírte se apiña,
y encima de las aguas caminando te alejas.

Al final, te imagino, arriba, entre las nubes,
centro de los arcángeles con extendidas alas;
en macizo de flores —azucenas y calas—
se abren las estrellas, por donde al Cielo subes.
Aunque me ves en casa, jugando sobre el piso
y sonriendo desciendes hacia mí, de improviso.

Ansiedad

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Ansia de estar un día en un puente de mando,
Recibir en el rostro el castigo del viento;
Sin ninguna arribada, por siempre navegando,
Sin dudas ni temores, cansancio o desaliento.

Y no saber siquiera en qué forma, ni cuándo,
Ha de concluir el viaje -en milagro de cuento-;
Ni cuándo retornar a este mi lecho blando,
Ni a la antigua ventana, ni al dorado aposento.

Acres de sal los labios, ruda racha en la frente,
Perdido el horizonte, sin destino la nave,
Sin nada que la guíe, sin nadie que la oriente,
Mecida por las olas, columpiada en la cresta,
Apenas sobre el mástil las alas de algún ave;
Sólo el rumor del mar, y Dios como respuesta.

Alejamiento

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Resultará forzoso el cruel alejamiento
Y habrá que decidirse, como lo inevitable,
Lo mismo que aceptamos la violencia del viento,
El rugido del mar o el tiempo inexorable.

Habrá que tener ánimo en el fatal momento
Para abdicar de todo lo que nos fue agradable,
Y saber resignarnos en el recogimiento
Con el gesto tranquilo ante lo inapelable.

Los ojos en el cielo, frente al azul del día,
Serán dulce consuelo las venturas de otrora
-El hogar de la infancia, juventud, poesía-,
Y al alumbrar la luna, al filo de la sombra,
Tendré la paz ansiada, y llegará la hora
En que cerca de Dios, tan sólo a Dios se nombra.

Pinturas de Dios

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Para evitar que el hombre en el mundo se hastíe,
cada día el Señor, atento, lo celebra,
y a fin de que el paisaje se embellezca y varíe,
desparrama colores y arcos iris enhebra.

Que son de Dios pinturas —en las que Dios sonríe—:
las manchas del leopardo, las rayas de la cebra,
en el tigre bordados, por que en rey se atavíe,
y escamas de esmeralda dedica a la culebra.

Tanto que a las vaquitas —esas de San Antonio—
adornó con lunares como puntos en íes,
blancos sobre las negras, negros en carmesíes.
Su lápiz, Su pincel, siempre en ágil diseño,
hasta en las cosas fútiles dejan el testimonio:
todo lo glorifica. Para El nada hay pequeño.

Dios me salva

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Ya no sé qué pensar de mi propia existencia,
aun si he de poder soportar esta vida,
que en viéndome al espejo descubro en tal presencia
un ser a todo hostil que extraño me intimida.

Deslízanse las horas fuera de mi conciencia;
todo se me aparece como cruel despedida
por no sé qué catástrofe de fatal evidencia
y adolezco de idea, de noción y medida.

Sólo en el pensamiento, Dios al cabo me salva;
que si por El no fuera, torpe sucumbiría,
al no importarme noche, crepúsculo ni alba.
Menester es llevar a término el destino
y —con Dios en la mente como único guía—
hacer, la cruz a cuestas, el humano camino.

Con mis viejos retratos

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Señor, quiero ser yo, y sólo con lo mío,
Por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
Nada de adornos vanos ni lujoso atavío
Ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.

No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
Lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
Es triste lo ficticio, y mucho de vacío
Disponer como propio de lo que no se es dueño.

Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
Y es razón de vivir en el cabal sentido
—Unos viejos retratos, tal lámpara votiva
Y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
Y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
Dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.

Renacer

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Estoy sola, Señor, y hay mucha gente en torno,
estoy triste —no obstante la riente algazara—
y mi imagen es débil, perdida, sin contorno,
bien que la luz del sol le dé sobre la cara.

Temerosa, Señor, del más humilde adorno
y de otras tantas cosas que el mundo nos depara,
pienso en la noche próxima del viaje sin retorno,
el instante postrero que a todos nos separa.

Mas te siento, Señor, junto a mí por momentos,
tu divina presencia ilumina el ambiente
y percibo que vuelven a su ritmo mis días,
para que así se acaben entonces mis lamentos,
renaciendo a mi propia existencia sonriente
pues que Tú me regalas con nuevas alegrías.

No le digas a Cristo

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
No le digas a Cristo:
—He de ir, mas espera.
Me falta, todavía, algo que me he propuesto;
el mundo me reclama, complacerle quisiera.
Ten paciencia, he de ir. Un poco y ya me apresto.

No le digas a Cristo:
—He de ir, aunque espera
solamente a que acabe lo que tengo dispuesto;
me conoces devota y me sabes sincera.
He de ir. Sí; después que termine con esto.

No le digas a Cristo:
—Espera, o bien: —Aguarda.
¿Hay algo más urgente que Sus pasos seguir?
¿No es, El mismo, la fuerza que te conforta hoy?
(¡Pobre alma confundida! Sabiendo que retarda
el encuentro con El —tan sólo por vivir—,
decirle que se espere en lugar de ¡Ya voy!)

Porque si tú no velas, vendré como ladrón

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Porque si tú no velas, vendré como ladrón;
he de llegar a ti sin que sepas la hora.
Estate alerta, pues; vigila cada acción,
y lo que has recibido y escuchado memora.

Aunque nombre de vivo posees, estás muerto;
perfectas, ante Dios, no he encontrado tus obras.
Consolídalas pronto o han de morir por cierto,
si es que no te arrepientes y de otro modo obras.

Yo soy El de las siete estrellas a su diestra;
El que en los siete Espíritus de Dios, único, arde.
Vestirá el que venciere de blancas vestiduras.
Del libro de la vida, su nombre -santa muestra-
jamás he de borrar, lo diré en las alturas.
Vendré como ladrón: igual temprano o tarde.

Vendré como ladrón, de improviso o a oscuras.

De la segunda venida de Cristo

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
 Durante aquella hora, quien se halle en el terrado
no retorne a buscar sus muebles bajo el techo,
pues -de dos en un campo- uno será librado
y el otro abandonado. (O de dos en el lecho.)

Dos mujeres moliendo, bien que trabajen juntas,
una será elegida, la otra rechazada.
Huelgan disquisiciones e inútiles preguntas
porque el Señor lo ha dicho: Su Palabra está dada.

(Soñamos el milagro: la que elige el Señor
apresa de la mano -por llevarla consigo-
a la otra en abandono, y pone tal fervor
en librar aquel ser del eterno castigo,
que Dios, al verla, dice: -La ha salvado tu amor.
Puedes venir con ella. Y ella venir contigo.)

Blanca piedrecita

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Lo he meditado mucho, Señor, aunque no espero
visión de corcel blanco o de espada en tu boca,
estrella o mar de vidrio -ni menos, candelero-:
quiero de Ti otra gracia y mi labio la invoca.

Quiero sí un nuevo nombre: el que nadie conoce,
únicamente sólo aquel que lo recibe,
para perfeccionar en infinito goce
lo que apenas el alma en sus ansias concibe.

Un nuevo nombre escrito en blanca piedrecita.
“¿Cuál será?”, me pregunto. Inútil responderme
pues lo susurra sólo el ángel que visita
las almas que Tú eliges para esta recompensa.
(Mientras se cumple el término, el espíritu aduerme
y la mente imagina, discurre, trama, piensa...)

Paz interior

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Detrás de mis paredes, feliz a mi manera,
extraigo del azul la esencia de mi verso
y escribo entre las nubes -¡añorante quimera!-,
con las letras del alma, un vocablo disperso.

Ignorando el tropel que redobla en la acera,
extraña a la vorágine que rige el universo,
no turba mi interior el bullicio de afuera
y así conmigo misma escribiendo converso.

Pero en el corazón no puede haber engaño,
como dentro del alma no cabe la mentira
-que en solitaria paz nos vemos al desnudo,
sin vanidad ni orgullo, ajenos al cruel daño
de la simulación que hipócrita conspira-,
y entonces a los cielos, para inspirarme, acudo.

Jamás de sus criaturas se desentiende Dios

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Nunca te creas solo ni hables de indiferencia
porque a tu alrededor no veas a ninguno;
la vida, ciertamente, a veces nos silencia
y es como si se hubiese olvidado de uno.

No hay omisión total, suele ser esa ausencia
el retardo o la espera del momento oportuno;
y cuando nos parece que acaba la existencia,
todas las esperanzas se avistan en consuno.

Jamás de sus criaturas se desentiende Dios:
a las más solitarias, tal vez más desvalidas,
un huésped las sorprende, que llega inesperado,
con el alma en los labios y las manos tendidas,
al regresar, adicto, de recuerdos en pos,
porque el cielo es promesa, de nadie se ha olvidado.

Signo

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
No dudes un segundo, si de obrar bien se trata,
pese a tu sacrificio o, apenas, tu molestia;
termina con tu abulia y el egoísmo que ata;
deja a tu vanidad transformarse en modestia.

No pienses que quien roba, quien calumnia o quien mata
no tiene redención, porque es o nació bestia;
acuérdate de Dios que todo lo aquilata:
puedes tú pecar más, tal vez, por inmodestia.

Amor al semejante -acción y pensamiento-,
si hacer bien es piadoso, la idea ha de ser pura,
pues no lo que se ve, suele ser lo más digno.
Alabanza merece la palabra de aliento,
pero el alma que otorga, sin límites, ternura
ha de ser señalada con sacrosanto signo.

Un poquito de cielo

(De la poetisa argentina Marilina Rébora (1919-1999))
Buenas noches, Señor. Escucha mi llamado,
sin reparar, siquiera, en mis yerros del día,
ésos que hasta pudieran parecernos pecado:
quiero que me perdones-, otra vez, todavía.

Que te sienta, Señor, en la sombra, a mi lado,
para que en sueños logre segura compañía;
como cuando pequeña, me creeré a tu cuidado,
tal cual la voz de Madre siempre lo repetía.

Perdona mis palabras-, si de perdón soy digna,
cómplices como somos de tu cruento suplicio-;
pero la pobre alma ante Ti se persigna
ansiosa de obtener tu divino consuelo.
Escúchame, Señor, para serme propicio-
y alcanzaré esta noche un poquito de cielo.