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Adorable misterio

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Himnos de gloria, canta, lengua mia
y ensalza el gran misterio entre loores
de eucarísticos salmos, trovadores
de júbilo, de amor, de poesía.

Jesucristo se entrega cada día.
Qué adorable misterio, pecadores.
Jesucristo, el Amor de los Amores,
todo entero se da en la Eucaristía.

¡Oh misterio de amor. Divino anhelo
que supera las leyes del sentido,
para que en santas dudas tú te asombres.

Y es que el Hijo de Dios, el Rey del Cielo
nos ama con amor tan desmedido
que se entrega a los hijos de los hombres.

Gloria a María

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Gloria a la Virgen María,
Reina de Cielos y Tierra.
En tu reinado se encierra
la sublime alegoría
de tan noble jerarquía.
María, ruega por nos;
y de Jesucristo en pos,
que nos llevas de la mano,
con tu poder soberano,
por ser la Madre de Dios.

El Ave María

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Lleno de fe y devoción,
yo rezo por las mañanas.
Surge desde mis entrañas
una ferviente oración
y siento en el corazón
una dulce melodía
que me agrada y me extasía.
Es una humilde plegaria
cariñosa, extraordinaria
y rezo el Ave María.

Misericordia

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Desde lejos, Señor, hemos venido,
peregrinando al pie de tu santuario,
para entonar un himno extraordinario,
el Miserere, el salmo dolorido.

Con gran pesar y el pecho compungido,
subo la escalinata del Sagrario,
donde moras oculto y solitario
e imploro tu perdón, pues te he ofendido.

Te ofendimos, pecamos gravemente,
entre vicios, peleas y altercados
con la maldad y culpa de unos y otros.

Humillando hasta el polvo nuestra frente,
perdónanos, Señor, nuestros pecados
y ten misericordia de nosotros.

Habla

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Como quieras, Señor, como Tú quieras.
Tus mandatos jalonan mi destino,
tu voluntad me marca el buen camino;
tus palabras, Señor, son verdaderas.

Subiendo a tu Montaña, en las laderas,
he de herirme en las zarzas y el espino,
al cruzar el sendero clandestino,
que asciende a las celestes cordilleras.

Mucho habré de sufrir en tal embate,
por conquistar el lauro y la victoria,
con rudo batallar y larga lucha.

Tu voz, Señor, acuda en mi rescate;
alumbra con tu luz mi trayectoria.
Habla, Señor, porque tu siervo escucha.

Cara a cara

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Hablar a Dios, cara a cara,
ver el rostro del Señor,
sumido en el resplandor
de su majestad preclara,
es una empresa tan rara,
que sólo en la intimidad,
su Divina Majestad,
parece hacerse presente
y sólo se hace patente
al que es santo de verdad.

Confía y calla

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
¿Tienes alegre el corazón, hermano,
saltas de gozo, exultas de alegría?
¿Pides a Dios el pan de cada día
y a tu odioso rival le das la mano?.

Si hay en tu cuerpo algún deseo insano,
si llenas tu alma de melancolía,
si no luchas por pura cobardía,
o luchando sin fe, luchas en vano...

Olvídate de ráfaga tan negra,
levanta tu mirada a ras de suelo,
piensa que no has perdido la batalla.

¡Arriba el corazón!. Tu pecho alegra
y elevando tus ojos hacia el cielo
confía en el Señor. Confía y calla.

¡Dios está arriba!

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Proceloso está el mar...
Sacude el barco torrencial marea,
pero aunque así lo vea,
no tentar al azar,
mudando por mudar,
al cancelar la primitiva idea.

No entiendo de mudanzas.
Ya cuando el barco marcha a la deriva,
no hay más alternativa,
ni más adivinanzas.
No hay nuevas esperanzas,
pero no hay que reblar. ¡Dios está arriba!

La luz

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Lo sé, porque conozco tu agonía.
Yo también desfallezco muchas veces
y he bebido el dolor hasta las heces
y caigo y me levanto cada día.

Pero, hermano, qué luz y qué alegría,
cuando al conjuro de las viejas preces,
se esfuman el terror, las pequeñeces,
la tentación, la oscuridad sombría.

Yo he encontrado la luz, la luz, hermano,
la esplendente visión de la hermosura
y un horizonte inmenso, nunca visto.

Ven, amigo, que iremos de la mano
hacia el reino eternal donde fulgura
la antorcha de la Cruz, la Paz de Cristo.

Azul y blanco

(Del poeta y escritor español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Para cantarte como yo te canto,
para sentirte como yo te siento,
dadme, Señora, celestial aliento,
dame, Virgen sin par, tu dulce encanto.

Bajo los pliegues de tu airoso manto,
que refleja el azul del firmamento,
deja que en extasiado arrobamiento
pueda besar tu nombre sacrosanto.

Madre y Virgen, Purísima María,
del mundo entero, angelical Patrona,
el Cielo es tu dosel, la tierra es tuya.

Postrado ante tus pies, en este día
y ciñendo a tu sien triunfal corona,
el orbe te eligió por Reina suya.

Dios es amor

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Dios es amor. No es un amor cualquiera;
nos amó con delirio hasta la muerte.
No hay otro amor igual, ni amor más fuerte.
Arde su amor en celestial hoguera.

Resucitó el Señor. ya es primavera;
rejuvenece el Orbe y se convierte
en vergel florecido. De esta suerte,
florece el monte, el árbol, la pradera.

Muestra así Dios su poderoso brazo,
expandiendo su huella al infinito.
Nada impide su impulso creador.

Muerto en la Cruz en generoso abrazo,
surge en la Tierra un clamoroso grito:
¡¡Dios es Amor, Amor y más Amor!!

Jesús misericordioso

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Colgado de la Cruz, Cristo agoniza
y pronto va a morir. Es ya la hora
de su misericordia redentora,
que pidiendo el perdón se inmortaliza.

La hora sexta...Una luz plomiza
se cierne en el ambiente y se avizora
un funesto presagio...Cristo implora
el gran perdón. Su grito se eterniza.

En su misericordia no hay dobleces
y en su inmenso perdón incluye a todos,
desde el más santo hasta el mayor malvado.

Todos hemos pecado muchas veces
de mil maneras y diversos modos
y todos en la Cruz le hemos clavado.

Al cielo

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
En la vida, no tuerzas el camino
y no te vayas por cualquier sendero.
Señalar una meta es lo primero
y perderte en la jungla, lo dañino.

¡Adelante, esforzado peregrino!
Con paso alegre y caminar ligero,
llegarás al final, si el derrotero
que transitas es fiel a su destino.

Es inútil trotar por otras sendas
hasta perderte y circular sin rumbo,
escogiendo la ruta a contrapelo.

No hagas caso de cuentos y leyendas
y menos tropezar tumbo, tras tumbo
en el camino que nos lleva al Cielo.

Cantata final

(Composición del poeta y escritor español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
 
Se escucha un tierno vagido,
está la noche mediada
y un resplandor de alborada
cruza en el aire dormido.
El Niño Dios ha nacido.
¡Qué celeste claridad!
Cantad, ángeles, cantad:
“Gloria a dios en las alturas
y Paz a las almas puras
y de buena voluntad”.

Abandonando el otero,
corred a Belén, Pastores.
¿No divisáis los fulgores
de aquel divino lucero?
Este es el blanco cordero,
Hostia de propiciación,
que en sublime inmolación
tomó las culpas ajenas
rompiendo nuestras cadenas
con su Muerte y su Pasión.

Para ofrendarle sus dones
llegan los Magos de Oriente, 
toda la pompa esplendente
de tres lejanas naciones.
Rendidos los corazones,
Reyes, venidle a adorar.
Este pesebre es altar,
trono donde Dios se humilla.
Doblad, pues, vuestra rodilla,
Melchor, Gaspar, Baltasar.

Oración

(Del poeta y escritor español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Oh Santa Virgen María,
Madre de Dios, Madre nuestra,
tu gran bondad nos demuestra
que tu gran amor nos guía
día y noche, noche y día.
Recibe en esta mañana
mi humilde ofrenda temprana
y mi oración, porque Tú eres
entre todas las mujeres
su gran Reina soberana.

Dones y frutos

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
¡Te adoro, Espíritu Santo.
Nunca jamás me abandones!
Que tus Frutos y tus Dones,
llenos de celeste encanto,
nos cubran bajo su manto.
Danos gozo y caridad,
temor de Dios y piedad,
paz, paciencia y mansedumbre,
benignidad, dulcedumbre,
fe, continencia y bondad.

Señora de la Paz

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Señora del Amor,
salve, Virgen María,
santa Madre de Dios
y también, madre mía.
Tu gran misericordia
borre nuestros pecados
y aleje la discordia,
porque hay hombres malvados, 
que tienen la violencia
como negro antifaz.
Que tu benevolencia
nos depare la Paz,
esa paz que este mundo
nunca ha sabido darla
y hay odio furibundo 
deseando apagarla.
Danos la Paz ,Señora,
tu Paz, tu gran Amor.
Tu mano auxiliadora
nos traiga ese favor.
Y en la cumbre del Cielo,
juntos en la otra vida,
juntos, juntos los dos,
tener el gran consuelo
de estar, Madre querida,
en los brazos de Dios.

Dialogando

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Cuando el alma se enciende,
rezando a su manera,
y el diálogo desprende
el calor de una hoguera,
se entona el Padre Nuestro
y el rezo desentraña
la Oración del Maestro,
que enseñó en la Montaña,
la oración que alza al Cielo
el grito del perdón.
Un diálogo divino,
que mi destino labra.
YO: “¿Cuál será mi destino?”
JESÚS: “Mi Cruz y mi Palabra”.
Y este diálogo corto,
sencillo y esencial,
Señor, me deja absorto,
y es el punto final.

A la Asunción de María

Composición del poeta y escritor español José María Zandueta Munárriz (1915-2005)
Se elevó majestuosa desde el suelo
envuelta en el cendal de la alborada,
por ángeles y arcángeles llevada,
flotando en el azul su airoso velo.

Alcanzando el Empíreo su vuelo,
entra triunfante en la eternal morada
y al punto es bendecida y coronada
como Señora y prez del alto cielo

Es la Madre de Dios, Virgen María.
en el Cielo, con grande regocijo
repiten sin cesar su santo nombre.

¡Oh gloriosa Asunción! En este día
ella recibe el beso de su Hijo
y el abrazo del Dios, que se hizo hombre.

Alma, vida y corazón

(Del poeta español José María Zandueta Munárriz (1915-2005))
Escúchame Señor, que yo te llamo
y te pido que nunca me abandones.
Que me tengas piedad, que me perdones,
es el supremo bien que yo proclamo.

Vive mi alma en un tortuoso tramo
en que las dudas y vacilaciones
asaltan sin cesar los corazones.
Todo tu amor y tu piedad reclamo.

Cristo Jesús, bien sabes que te quiero,
que, hincado de rodillas, sólo espero
tu llamada, tu ayuda y tu perdón.

Si, mi Señor, yo tu bondad requiero,
acógeme en tus brazos todo entero,.
Te entrego el alma y todo el corazón.