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Oración

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
No conozco este camino.
Y ya no alumbra mi estrella
y se ha apagado mi amor.
Así…, vacío y a oscuras,
¿adónde voy?
Sin una luz en el cielo
y roto mi corazón…,
¿cómo saber si es el tuyo
este camino, Señor?

Cristo

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
Viniste a glorificar las lágrimas...
no a enjugarlas...
Viniste a abrir las heridas...
no a cerrarlas.
Viniste a encender las hogueras...
no a apagarlas...
Viniste a decir:
¡Que corra el llanto,
la sangre y el fuego...
como el agua!

Más bajo

(Composición, con cierta dosis de humor que exhorta a la sencillez en la oración, del poeta español León Felipe (1884-1968))

-Aquí en el cielo no hay retórica, ¿verdad ?,
le pregunto a un ángel amigo mío.
Todos los ángeles son amigos míos,
pero a éste no le había visto nunca.
El ya me conocía, sabía mi nombre y mi mote,
pero me dijo: —No, León Felipe,
aquí todos hablan con su voz natural.
Nadie engola la voz.
Aquí no hay temores,
ni falsete,
ni retórica,
ni hipérbaton.
A Quevedo y a Góngora
los hemos mandado al Olimpo.
Sencillez, claridad;
la voz es lo que Dios cuida más.
-Pero si Dios no habla nunca;
yo le he llamado muchas veces
y nunca me contesta.
-Porque no le hablas con la voz que a El le gusta.
Tú gritas mucho...,
y a Dios, como a los mexicanos,
no le gusta que le hablen «golpeado».
Modérate, modérate, León Felipe,
y habla más bajo.
Ya habréis notado
que desde que salí del infierno
y soy amigo de los ángeles
hablo de otra manera.
Esto me enseña
que me voy a morir pronto
y que estoy aprendiendo
cómo se debe hablar con Dios.

Perdón

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
¡Soy ya tan viejo
y se ha muerto tanta gente a la que yo he ofendido
y ya no puedo encontrarla para pedirla perdón!

Ya no puedo hacer otra cosa
que arrodillarme ante el primer mendigo
y besarle la mano.

Ya no he sido bueno…
quisiera haber sido mejor.

Estoy hecho de un barro
Que no está bien cocido todavía.

¡Tenía que pedir perdón a tanta gente!
Pero todos se han muerto.

¿A quién le pido perdón ya?...
¿A ese mendigo?
¿No hay nadie más en España,
en el mundo,
a quien yo deba pedirle perdón?...

Voy perdiendo la memoria
y olvidando todas las palabras…

Ya no recuerdo bien…
Voy olvidando, olvidando, olvidando.

Las palabras se me van
como palomas de un palomar desahuciado y viejo
y sólo quiero que la última paloma,
la última palabra pegadiza y terca,
que recuerde al morir sea ésta: Perdón.

El Cántico de las Criaturas

(El famoso cántico franciscano, en versión del poeta español León Felipe (1884-1968))
Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor, 
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor; 
tan sólo tú eres digno de toda bendición, 
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor, 
y en especial loado por el hermano sol, 
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor, 
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor, 
y las estrellas claras, que tu poder creó, 
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son, 
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor, 
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor! 
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol, 
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición, 
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión 
las hierbas y los frutos y flores de color, 
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor 
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor, 
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor! 
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación! 
Servidle con ternura y humilde corazón. 
Agradeced sus dones, cantad su creación. 
Las criaturas todas, load a mi Señor.

Aquí vino y se fue

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
Aquí vino...
y se fue.
Vino, nos marcó nuestra tarea
y se fue.

Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros,
y tal vez
las estrellas
no son mas que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.

Aquí vino
y se fue.

Vino, llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos.
nos dejó unas herramientas...
y se fue.

Él, que lo sabe todo,
sabe que estando solos
sin Dioses que nos miren
trabajamos mejor.

Detrás de ti no hay nadie. Nadie,
ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.

Pero tuyo es el tiempo. El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación.

Nadie fue ayer...

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
Nadie fue ayer, 
ni va hoy, 
ni irá mañana 
hacia Dios 
por este mismo camino 
que yo voy. 
Para cada hombre guarda 
un rayo nuevo de luz el sol... 
y un camino virgen
Dios.

Una cruz sencilla

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
Hazme una cruz sencilla,
carpintero...
sin añadidos
ni ornamentos...
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos...
sencilla, sencilla...
hazme una cruz sencilla, carpintero.

Hazme soñar

(Del poeta español León Felipe (1884-1968))
Hazme soñar... ¡Soñar, Señor, soñar!...
¡Hace tiempo que no sueño!
Soñé que iba una vez -cuando era niño todavía,
al comienzo del mundo-
en un caballo desbocado por el viento,
soñé que cabalgaba, desbocado, en el viento...
que era yo mismo el viento...
Señor, hazme otra vez soñar que soy el viento,
el viento bajo la Luz, el viento traspasado por la Luz,
el viento deshecho por la luz,
el viento fundido por la luz,
el viento.., hecho Luz...
Señor, hazme soñar que soy la Luz...
que soy Tú mismo, parte de mí mismo...
y guárdame, guárdame dormido,
soñando, eternamente soñando
que soy un rayito de Luz de tu costado.