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Invitados al arranque


Más que decidido a clarear la tierra, sale el sol a propagar su necesaria luz en medio de la obscuridad total de una prolongada y torturante noche; es entonces que invita a apagados cuerpos a convertirse en espejos y a acompañarlo para que siendo reflectores de él lleguen así a ser luminarias brillantes que a su vez difundan y multipliquen la luz recibida por todos los rincones.

Me refiero a Jesús, el salvador, y al momento del arranque de su prédica evangélica; porque como se había profetizado (Isaías 9,1): "El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz". Y no es una luz cualquiera, ni tan sólo una luz; es la verdadera Luz, la luz salvadora portadora de la Verdad.

Luego de encarnarse, al asumir la naturaleza humana se dirige a los "comunes", a los sencillos; y en la cultura de la región geográfica que se seleccionó para este acontecimiento ubica a laboriosos hombres que estén dispuestos a asumir un nuevo papel en el desarrollo de su vida. Eran sencillos hombres de actividades manuales, en su mayoría. Los primeros eran pescadores. La invitación es a abandonar sus ocupaciones y a seguirlo asumiendo una nueva función: ser pescadores de hombres.

Esa Luz continúa y continuará brillando por siempre; y se requiere que los seres humanos de cada época sigan contribuyendo a mostrar su esplendor. Quiere Dios que también nosotros, que lamentablemente con nuestros pecados hemos contribuído a apagar algunas extensiones de luces y a alejar a algunos de los peces procurados, seamos partícipes de la novedad reivindicadora de la salvación de la humanidad en Cristo Jesús, salvador y redentor nuestro.

Nuestra aceptación, como la de aquellos primeros, habrá de ser hoy vista con agrado por el Padre del cielo, pero tiene que ser como la de ellos: decidida e inmediata, y sin importar lo que haya de ser dejado a un lado o detrás. Digamos, pues, sí a esta invitación y participemos de un nuevo arranque evangelizador convirtiéndonos en espejos de la luz de Cristo y en pescadores de hombres; poniendo en manos del Señor nuestro empeño sin buscar excusas como limitadas capacidades o falta de tiempo, y mas bien respondamos con una mejorada forma de ser y de actuar. Que así sea.

Mateo 4,12-23: Vengan y síganme y les haré pescadores de hombres


Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías:
«País de Zabulón y país de Neftalí, 
camino del mar, al otro lado del Jordán, 
Galilea de los gentiles. 
El pueblo que habitaba en tinieblas 
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra 
y sombras de muerte,
una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
-Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:
-Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

REFLEXIÓN (de "Vida y misterio de Jesús de Nazaret" por José Luis Martín Descalzo):

Pedro y Andrés estaban en el lago, echadas en el agua las anchas redes. Santiago y Juan estaban en la misma orilla, recosiéndolas en la barca. Y, en los dos casos, se trató más de una orden que de una invitación: Seguidme y os haré pescadores de hombres (Mt 4, 19).

No debemos pensar que fue sencillo el que ellos lo dejaran todo y fueran tras él. En primer lugar, por lo inusitado de la invitación. En la Palestina de aquel tiempo un predicador jamás invitaba a sus oyentes a seguirle.

La santidad era un puro cumplimiento material de una serie de normas, no un modo de pensar y menos aún un modo de vivir. Tampoco existían por entonces grupos nómadas cruzando el país y viviendo solos.

El mismo Bautista a nadie invitaba a seguirle o quedarse con él. Pedía un cambio de alma, un hacer tales o cuales cosas, un dejar de cometer injusticias, pero nunca señalaba el vagabundeo y el abandono de los hogares como forma de vida.

Jesús sí: no sólo pedía un cambio de corazón; señalaba una tarea para la que era necesario dejar todo lo anterior. Una tarea que, además, se presentaba como profundamente enigmática: iba a hacerles pescadores de hombres.

Ellos recordaban, quizá, el texto de Habacuc (1,14) en el que se pintaba a los hombres como semejantes a los peces del mar o a los reptiles de la tierra, que no tienen dueño, y que describe como tarea de Dios el pescar todo con su anzuelo, apresarlo en sus mallas y barrerlo en sus redes.

Pero pensaban que esta red de Dios sólo se llenaría en el fin de los tiempos. ¿Es que había sonado la última hora del mundo? ¿Y cómo y en qué podrían ayudar ellos a Dios, único verdadero pescador?

Pero no hicieron preguntas. Jesús había crecido de tal modo en sus almas, que ya sabían que harían por él todo lo que les pidiese, hasta la mayor locura.

Por eso Andrés y Pedro dejaron sus redes tal y como estaban, tendidas en el agua y expuestas a ser arrastradas por la corriente.

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Mateo 4,12-23: Inicio de la predicación de Jesús


Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías:

«País de Zabulón y país de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra
y sombras de muerte,
una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

-Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.

Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

-Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

REFLEXIÓN:

Juan el Bautista ha sido arrestado por órdenes de Herodes; es el paso previo a su ejecución. Su ministerio ha llegado a su final. Jesús ha entendido que es el momento de él arrancar. El territorio para su accionar es completamente diferente; igual lo será el tipo de personas a quienes, inicialmente, irá dirigido el mensaje.

En vez de quedarse en la zona de judea y el valle del jordán, cercanos a la capital Jerusalén y su impresionante templo, decide irse a la desacreditada Galilea; estableciéndose a orillas del lago, en Cafarnaún. De este modo se cumple la profecía de Isaías, respecto a la luz grande que habría de brillar en esa región, para iluminar a los que habitaban en tinieblas en esa tierra de sombras y penumbras religiosas.

Su mensaje inicial es similar al del Bautista: "Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos". Jesús pide un cambio de actitud, hay que volverse a Dios; a la vez que declara la cercanía del Reino de Dios, mecionado como Reino del cielo por Mateo, de acuerdo a la costumbre judía de no mencionar a Dios, por respeto a su nombre. Además de traer la luz del Evangelio que brillaría inténsamente, es Jesús quien hace presente el Reino de Dios; a partir de entonces estará cercano para todos.

Para llevar a cabo su misión no selecciona a los grandes maestros ni expertos conocedores de la ley, tampoco selecciona a los sacerdotes del templo. Los primeros llamados son humildes pescadores, gente sencilla del pueblo que estén dispuestos a seguirlo, abandonándolo todo, familia, conocimientos, propiedades, y sobre todo dejando atrás su pasado alejado de Dios. Ninguno de los cuatro dudó en su respuesta de seguimiento a la invitación del Maestro, cuyo ofrecimiento era simple: "Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres".

Ese llamado es permanente para todos los hombres de todas las épocas. Estamos invitados a seguir a la luz que vino a brillar en nosotros, que puede cambiar nuestro tenebroso pasado en un presente y un futuro luminosos. Además de anunciar el Evangelio a los que no lo conocen o simplemente están alejados de él, nuestra respuesta de seguimiento debe manifestarse mediante nuestro testimonio de vida, que es también una forma de anunciar a un Jesús transformador y liberador en la sociedad en que vivimos. Eso debemos hacerlo en todos los ambientes en que nos desenvolvemos: en nuestros hogares, en el trabajo, vecindario, clubes, asociaciones, partidos políticos; convirtiéndonos en fermento de la masa, y en entes transformadores para alcanzar una sociedad más justa, haciendo presente en ella a Jesús. De ese modo habremos contribuido a instaurar el Reino de Dios en la tierra.

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