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Lucas 12,49-53: La paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. 
En adelante una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

REFLEXIÓN (del rezo del Ángelus por el Papa Benedicto XVI el 19 de agosto del 2007):

En el evangelio de este domingo hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: "¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división". Y añade: "En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra" (Lc 12, 51-53).

Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, "es nuestra paz" (Ef 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegría y paz. ¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice —según la redacción de san Lucas— que ha venido a traer la "división", o —según la redacción de san Mateo— la "espada"? (Mt 10, 34).

Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás. Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones.

Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias. En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Señor Jesús, los cristianos se convierten en "instrumentos de su paz", según la célebre expresión de san Francisco de Asís. No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien y pagando personalmente el precio que esto implica.

La Virgen María, Reina de la paz, compartió hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jesús contra el Maligno, y sigue compartiéndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesión materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jamás a componendas con el mal.

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He venido a prender fuego en el mundo

Lucas 12,49-53:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

REFLEXIÓN:

No deja de parecer fuerte y sorprendente la expresión de Jesús al decirnos que ha venido a prender fuego en el mundo. Más fuerte aun podría parecernos la frase en que nos dice que no ha venido a traer paz, sino división.

Y es que él mismo nos dijo "Mi paz les dejo mi paz les doy", y su mensaje de amor nos habla de un Dios de amor, que lo que hace es amar su creación, más que castigarla.

Para poder entender esas frases tenemos que ver la diferencia entre la propuesta de Jesús y los patrones que ofrecía el mundo de entonces. Podemos comprenderlo mejor todavía analizando lo que nos propone la lógica del mundo actual.

El seguimiento a Jesús implica una ruptura con el relativismo de aceptar todo como bueno o aceptable, cuando en realidad no lo es.

Es por eso que nos dice Jesús que ha venido a prender fuego al mundo, y que se producirán divisiones en la sociedad y hasta en la misma familia, respecto a aceptar su propuesta o no.

Ante el Señor, hay que decidirse por la opción de seguirlo o la de oponerlo; su camino no acepta tibieza, ambigüedad, ni grados intermedios: "el que no está conmigo, desparrama", nos dice en su Palabra.

La paz de Jesús es diferente a la que ofrece el mundo. Veamos a continuación sólo algunos ejemplos de las realidades que estamos viviendo: los países poderosos imponen una "paz" en base a explotar y subyugar a los más débiles; las sociedades de muchos países, auto considerados como "adelantados", proponen hoy reemplazar, o al menos equiparar la familia tradicional, con uniones de personas del mismo sexo, las que tendrían incluso derecho a la adopción; en algunos lugares se suprime la exhibición de crucifijos, bajo el inexcusable intento de justificación de que discrimina las creencias; el crimen del aborto ha ganado camino en los países que pretenden imponer un control de la natalidad en base a la matanza de millones de inocentes no nacidos, mediante múltiples métodos criminales. Esto es sólo una muestra, la lista de amenazas es bastante extensa.

Interminables debates pretenden justificar esas actitudes y acciones. Nada de esto puede se considerado moralmente aceptable por la doctrina de Jesús. Este es el fuego de hoy, esa es la división.

La paz que Cristo trae se obtiene anunciando su Buena Noticia, trabajando por un mundo mejor, exigiendo y procurando la justicia social y la moral, defendiendo con tenacidad a los pobres, lo debiles y a los oprimidos, tal como lo hizo nuestro Señor Jesús.

Sin embargo, aunque actualmente parezca avanzar, el mal no triunfará. Al final habrá de reinar un mundo nuevo y justo, lleno de paz, de la paz que sólo puede proporcionarnos Cristo Jesús.

¡Hagamos nuestra parte; trabajemos sin descanso por el Reino de Dios que nos trajo Jesucristo!

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