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Aquí tienes la vida

(Del escritor y crítico español Juan José Domenchina (1898-1959))
Aquí tienes la vida que me diste.
Te restituyo lo que es tuyo. Quiero
ser de verdad en tu verdad. Espero .
ver, ya sin ojos, para qué me hiciste.

Si entré en el mundo, porque me metiste
en su vacío de rotundo cero,
quiero zafarme de él, y persevero
en la fe sin medir que me pediste.

... Y viví a medias. Tuve el alma triste
cuando se me salió de tu venero.
Siempre soñé llegar a lo que existe

tras la evidencia. Quiero—ya no inquiero—
lo que esperé, Señor, y tú me diste:
empezar a vivir cuando me muero

Estás solo sin Dios

(Del escritor y crítico español Juan José Domenchina (1898-1959))
Estás solo, sin Dios. ¿Has entrevisto
lo que es un hombre solo? ¿Cabe tanta
soledad en un hombre? ¿No te espanta
sentir la vida a solas? Yo —que existo

a medias, porque Dios, visto y no visto,
no siempre está en mis ojos, y, en su santa
noche, la sombra que yo soy no canta—
ya la vida de veras he previsto.

Tras tanta muerte engañadora, asisto
en el amanecer, que se levanta
antes que el sol, a mi existir, y existo,

porque Dios, que se enciende, pone tanta
verdad en mí, que resucita Cristo
como un raudal de luz en mi garganta.

Yo sé que tu silencio...

(Del escritor y crítico español Juan José Domenchina (1898-1959))
Yo sé que tu silencio tiene clara
voz, indistinta voz, para un oído
que percibe tu verbo y su sentido.
¡Quién, tácito Señor, quién te escuchara
por siempre! Tú nos dices, cara a cara,
la verdad. Tú despiertas al dormido,
que vive muerto. Todo lo vivido,
si aún no viviese, en Ti resucitara.
Tú no permites que la sombra, vana
voluntad de lo oculto, y el olvido
nos enturbien la vida, siempre clara.
Yo, que he escuchado tu callar, he sido
tu voz.  Tú me mandaste que cantara
la gloria ilesa de tu amor herido.

Te devuelvo mi voz

(Del escritor y crítico español Juan José Domenchina (1898-1959))
Te devuelvo mi voz. Tú me la diste.
Hablé de ti y de mí. Voy a callarme
para siempre. Es mi noche. Fui un adarme
de fuego. Fui una lumbre que encendiste.

Y voy a ser silencio. Me escogiste
para hablar y callar. Y, sin negarme,
callo para ser tierra y escucharme
la voz que tuve y donde tú viviste.

Decir adiós—que es ir a Dios—¿es triste?
Nada de mi existir va a abandonarme.
Nada abandono yo. (Cuando te fuiste

nos quedó lo más tuyo) Sé mirarme
en el ser—ya apagado—que me diste
ardiendo y del que quiero no olvidarme.

Te busco desde siempre

(Del escritor y crítico español Juan José Domenchina (1898-1959))
Te busco desde siempre. No te he visto
nunca. ¿Voy tras tus huellas?
Las rastreo con ansia, con angustia, y no las veo.
Sé que no sé buscarte, y no desisto.

¿Qué me induce a seguirte? ¿Por qué insisto
en descubrir tu rastro? Mi deseo
no sé si es fe. No sé. No sé si creo
en algo, ¿en qué? No sé. No sé si existo.

Pero, Señor de mis andanzas, Cristo
de mis tinieblas, oye mi jadeo.
No sufro ya la vida, ni resisto

la noche. Y si amanece, y yo no veo
el alba, no podré decirte: «He visto
tu luz, tus pasos en la tierra, y creo».