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Las manos ciegas

(Del poeta español Leopoldo Panero (1909-1962))
Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia se apoya, que le nutre,
y le enflora y verdea.
Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin Tu amor, sin Ti vacío,
en la noche Te busca,
le siento que Te busca, como un ciego,
que extiende al caminar las manos llenas
de anchura y de alegría.

Piadosamente, las estrellas miro

(Del poeta español Leopoldo Panero (1909-1962))
Todo amor es tu sombra, Dios viviente,
silenciado fluir que en sueños mana,
perpetuamente, bajo el alma humana,
como pasan las aguas por el puente.
Así mi corazón en la corriente,
siente tu oscuridad, tu fe devana,
y recibe el latir de tu lejana
fuente de vida, cristalina fuente.
Y así en mi soledad de ti soy parte,
que suena silenciada en tu armonía
mientras con valles y montañas giro,
y casi desprendido al contemplarte
en mi íntima visión de lejanía,
piadosamente, las estrellas miro.

Soneto

(Del poeta español Leopoldo Panero (1909-1962))
Señor, el viejo tronco se desgaja, 
el recio amor nacido poco a poco, 
se rompe. El corazón, el pobre loco, 
está llorando a solas en voz baja,

del viejo tronco haciendo pobre caja 
mortal. Señor, la encina en huesos toco 
deshecha entre mis manos, y Te invoco 
en la santa vejez que resquebraja

su noble fuerza. Cada rama, en nudo, 
era hermandad de savia y todas juntas 
daban sombra feliz, orillas buenas.

Señor, el hacha llama al tronco mudo, 
golpe a golpe, y se llena de preguntas 
el corazón del hombre donde suenas.

Como la hiedra

(Del poeta español Leopoldo Panero (1909-1962))
Por el dolor creyente que brota del pecado.
Por haberte querido de todo corazón.
Por haberte, Dios mío, tantas veces negado;
tantas veces pedido, de rodillas, perdón.

Por haberte perdido; por haberte encontrado.
Porque es como un desierto nevado mi oración.
¡Porque es como la hiedra sobre el árbol cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión!

Porque es como la hiedra, déjame que Te abrace,
primero amargamente, lleno de flor después,
y que a mi viejo tronco poco a poco me enlace,

y que mi vieja sombra se derrame a tus pies;
¡porque es como la rama donde la savia nace,
mi corazón, Dios mío, sueña que Tú lo ves!