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Lucas 13,1-9: La conversión como fruto que lleva a la vida


En aquel tiempo, llegaron algunos que contaron a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús:
¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, se lo aseguro; y si ustedes no se convierten, todos perecerán del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿piensan que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, se lo aseguro; y si ustedes no se convierten, todos perecerán del mismo modo. 
Les dijo esta parábola:
Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?". Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas".
REFLEXIÓN:

No es, por parte de Jesús, una actitud de indiferencia a la tragedia de sangre que le fue contada al comienzo de este pasaje bíblico; más bien es utilizar ese y otro acontecimiento, al parecer bastante próximo al primero en el tiempo, para invitar a evitar la frecuente ligereza de pensamiento que relaciona la ocurrencia de males con la situación de pecado personal de las personas afectadas por ellos; y, lo más importante de todo, enfocar el desarrollo del tema a un llamado a la conversión.

Para ello, Jesús aprovecha la indignación provocada en sus oyentes ante esos casos de muertes horrendas para conducirlos a reflexionar acerca de la propia que acontecería si no hay conversión. La diferencia es que la muerte por ausencia de una conversión real es eterna.

Convertirse es volver a Dios. Volver, porque todos hemos salido de Él, y a Él estamos llamados a volver; incluso los que creen no haber estado nunca con Él. Es un camino que termina al cabo de nuestra vida terrena cuando alcanzamos la vida definitiva. Los signos de que estamos en esa ruta son los frutos de vida que estamos llamados a producir en nuestro diario vivir; es decir, las buenas obras.

La parábola de la higuera improductiva de la viña define claramente lo que pasaría si continuamos sin producir los frutos esperados de una vida en conversión; por fortuna nuestra el dueño de la viña nos ha puesto como viñador a su único Hijo que ha decidido abonar con su propia sangre la higuera estéril que simboliza la vida de cada uno de nosotros. Se nos ha dado este tiempo especial de gracia, el fertilizante está aplicado ya: produzcamos, pues, los frutos de la conversión.

Lucas 9,28b-36: gloria deslumbrante en la transfiguración


En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:
Este es mi Hijo, el escogido; escúchenlo.
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

REFLEXIÓN:

Este acontecimiento de la transfiguración de Jesús ocurre ante los tres más íntimos de entre los doce cercanos discípulos denominados apóstoles. Las cosas de Dios son así, no se busca la bulliciosa espectacularidad multitudinaria, sino que procura la atención, la escucha y la comprensión del hecho por parte de los presentes; el relato a los ausentes ya tendrá su momento.

La tradición sitúa este pasaje en el monte Tabor, una elevación de la región de Galilea. Lo alto de la montaña es una figura bíblica que representa el camino y la cercanía al cielo, lugar de contacto con Dios. A un monte subieron en sus épocas tanto Moisés como Elías para sus respectivos encuentros con Yahveh; son precisamente estos dos personajes los que aparecen al lado de Jesús en este texto formando con Él un trío radiante de luminosidad gloriosa.

El fortalecimiento en la fe para sus amigos es el objetivo de Jesús; vienen tiempos de difíciles pruebas para todos: el apresamiento, la vejación, la cruz y la muerte para Jesús; en tanto que para los discípulos les llega la decepción y frustración, el abandono, temor y estampida; ante tantas cosas que lucen negativas hay que mostrar un adelanto de lo bueno.

La muestra que les fue dada a los tres discípulos fue bien abundante y quedaron extasiados al contemplar la gloria del Señor y de sus dos acompañantes del Antiguo Testamento; no querían abandonar el lugar y hubieran preferido quedarse allí con ellos por siempre. Pero había que continuar y la instrucción de marcha le correspondía al Verbo, a Jesús; por eso el mandato de Dios: Este es mi Hijo, el escogido; escúchenlo.

Hoy también nosotros tenemos que reconocer a Jesús como el Hijo de Dios que nos ha salvado y escuchar cuanto nos ha dicho con su Palabra que nos sigue hablando; ser capaces de contemplarlo transfigurado en la Eucaristía y extasiarnos en ella de tal modo que seamos capaces de convertir nuestro corazón en una choza capaz de albergarlo a Él para así poder pedirle que se quede en ella y que permanezcamos felizmente en el éxtasis de ser deslumbrados por su gloria eternamente.

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Lucas 4,1-13: Las tentaciones del demonio a Jesús en el desierto


En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:
Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le respondió:
Esta escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’.
Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo:
Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya.
Jesús le respondió:
Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’.
Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo:
Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’.
Jesús le respondió:
Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’.
Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.

REFLEXIÓN:

Luego de ser bautizado por Juan el Bautista en el Jordán y como preparación para el inicio de la fase pública de su misión, Jesús va al desierto en una especie de retiro reflexivo preparatorio en el cual el ayuno y el silencio facilitan su comunicación con su Padre Dios. Es el inicio del camino empinado y sinuoso que Él sabe ha venido a recorrer en el mundo, pero que el maligno también lo sabe; es por eso que este último, que está al acecho ante lo que que es una gran amenaza para él, trata de estropear el arranque de esa etapa del recorrido salvífico del Hijo de Dios.

Esas tentaciones no son las únicas que el demonio intentaría contra Jesús en ese trayecto que entonces iniciaba, por eso la conclusión del texto de hoy dice que el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno; las múltiples dificultades en el recorrido, como la animadversión de los destinatarios primarios del mensaje de Jesús y el intento de Pedro de apartarlo del camino de la cruz, son sólo un par de ejemplos de algunas de las tantas tentaciones que encontraría el Señor; en todo caso son tentaciones con las que también el demonio intenta en la actualidad apartarnos a nosotros de la ruta hacia Dios.

Si eres Hijo de Dios...

Dos de las tres tentaciones citadas en este pasaje comienzan con esta frase; es un intento del maligno de encontrar alguna debilidad en la naturaleza humana que existía en Jesús. Jesús es verdadero Dios, pero también era verdadero hombre; con esta frase el demonio intenta sembrar la duda o inseguridad en el Señor sobre su naturaleza divina, para ver si de ese modo conseguía apartarle de la misión salvadora.

...di a esta piedra que se convierta en pan

Tras un prolongado ayuno, el diablo ha detectado en Jesús una condición que intentará aprovechar en su ataque: el hambre. Esta es una tentación múltiple; si el Señor hubiese accedido a la insinuación perversa de actuar ejecutando un acto de magia en provecho propio, hubiese implicado, por una parte, el egoísmo de usar para su satisfacción lo que está destinado al bien de toda la humanidad y, por otra parte, hubiese sido una muestra de inconstancia e incapacidad de continuar en sus propósitos ante situaciones adversas.

La actitud de Jesús al desoír esta tentación y la respuesta dada de que no sólo de pan vive el hombre, nos invitan a no descuidar la oración, el pan espiritual de la Palabra de Dios y el de la Eucaristía en nuestra alimentación cotidiana, porque son más necesarios que el pan material para nuestra salvación.

Los reinos de la tierra

Ciertamente que el poder político, la grandeza social, la riqueza y posición económica, el prestigio personal y profesional proporcionan ubicaciones superiores en la escalera de desigualdades mundial, por lo que el demonio las utiliza con frecuencia como tentaciones que quienes caen en ellas se apartan por completo de Dios.

En el texto del pasaje, el diablo le ofrece los reinos de la tierra a Jesús a cambio de que se postre ante él, que lo haga su dios; su respuesta: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’ debe ser también la respuesta nuestra ante las sutiles formas en que hoy se pretende separarnos de nuestro Padre del Cielo con distintos tipos de reinos que pretenden tomar el lugar de Dios en la vida de cada uno de nosotros.

Tentar a Dios

En la tentación final que aparece en el texto bíblico se pretende que Jesús obligue a su Padre a actuar en su defensa ante una necedad innecesaria; el Señor no cae en ella; de ese modo también nos enseña a nosotros que, aunque Dios quiere lo mejor para nosotros, no debemos intentar poner a prueba a Dios asumiendo riesgos innecesarios y exponiéndonos a peligros que puede aprovechar el demonio. Ante situaciones de ese tipo nuestra respuesta de acción debe ser la misma de Jesús: No tentarás al Señor tu Dios’.

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Lucas 6,39-45: Enseñanzas de vida


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.
Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.
REFLEXIÓN:

Son enseñanzas de vida las que están formuladas en el texto evangélico de este día; el evangelista Lucas las reúne, conjuntamente con otras, en el llamado Sermón del llano, o de la llanura, que es su versión de lo que Mateo, a su vez, denomina Sermón del monte, o de la montaña; en ambos casos son normas sabias de vida que conducen al camino del bien pronunciadas por Jesús inmediatamente después de las bienaventuranzas.

Ciegos

Sin la luz de Cristo, eso somos: ciegos. Porque miramos sin ver y vemos lo que no tenemos que ver; en tanto que lo que sí nos corresponde y conviene ver, aun mirándolo y estar conscientes de que es real, lo ignoramos. En esencia, eso es ser invidente; pero en esas condiciones pretendemos convertirnos en maestros conductores y correctores, especialistas en detectar faltas, al considerarnos expertos que podemos aconsejar a los demás; claro, sin corregir previamente las faltas nuestras. Es esto lo que nos dice Jesús en la primera enseñanza de vida que formula en este texto.

El colirio de Cristo, cuyos ingredientes activos son su Palabra y el Espíritu Santo nos haga ver, sanando nuestra consciente ceguera.

Árbol bueno, fruto bueno

Hemos sido sembrados con buena semilla y por un buen sembrador; el proyecto en su inicio fue de árboles buenos que produjesen buenos frutos; así nacemos. Los nutrientes tóxicos que ingieren nuestras raíces, los aires venenosos que nuestras hojas y ramas procuran y los injertos pecaminosos que nos plantamos nosotros mismos, son los que transforman el propósito original, convirtiéndonos en árboles malos que necesariamente producirán frutos malos.

Tenemos que descontaminar por completo nuestro entorno y cambiar el aire y los nutrientes que nos alimentan, conjuntamente con una buena poda que extirpe desde el tronco los crecidos injertos que ya están produciendo los malos frutos, para sanar por completo nuestro interior y permitir que lo bueno vuelva a crecer y así poder dar los frutos que se esperan de cada uno de nosotros.

Lucas 6,27-38: Actuar como Jesús y el Padre del cielo


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
A los que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten. Pues, si aman sólo a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacen bien sólo a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen.
Y si prestan sólo cuando esperan cobrar, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada: tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sean compasivos como su Padre es compasivo; no juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados; den y se les dará: les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que usen la usarán con ustedes.
REFLEXIÓN:

Luego de las bienaventuranzas, en su redacción evangélica, Lucas continúa con el resto del Sermón del llano donde Jesús expone a sus discípulos temas medulares de su doctrina. El impacto  que produjo entonces, por la novedad y radicalidad del contenido, sigue hoy tan vigente como entonces.

Amar, hacer el bien, bendecir, y hasta orar por el que nos ha agredido de hecho o intención continúa sin ser una tarea de fácil ejecución. Y es que Jesús no nos está pidiendo que dejemos eso como si no hubiera sucedido y que lo ignoremos. ¡No! Él nos está diciendo claramente que perdonemos y que amemos a quien nos ofende. Porque ocurre que ante la ofensa, la respuesta clásica ha sido otra ofensa; por eso siguen existiendo las enemistades, los pleitos y las guerras donde al final, sin la propuesta de Jesús, no queda paz aunque haya una de las partes que sea considerada vencedora.

Como enseñanza para el aprendizaje de todos nosotros que, al considerarnos cristianos, somos alumnos de Jesús, Él otorga en el momento culmen de su misión un alivio a la pena de sus verdugos, pidiendo a su Padre del cielo que les perdone esas acciones porque entendía que no sabían lo que estaban haciendo. Al paso del tiempo, en distintas épocas, ha habido muchos cristianos que han seguido ese pedido de Jesús, comenzando con el diácono Esteban, primer mártir y que utilizó la misma expresión de Cristo para sus agresores; esta lista incluye personajes casi contemporáneos nuestros como el san Juan Pablo II cuando visitó en la cárcel y perdonó a quien había intentado asesinarle al herirlo gravemente.

En esencia lo que nos pide Jesús es optar por un estilo de vida que le imite; que actuemos como Él, como su Padre; siendo desprendidos en lo material y en lo afectivo, de modo que tanto el amor como la compasión sean la clave de nuestra forma de ser y actuar, para que sea esa la misma medida que sea usada con nosotros cuando acudamos al final de nuestros días en la tierra al encuentro con Dios.

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Lucas 6,17.20-26: Dichas y desdichas


En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y se detuvo con sus discípulos en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Y Él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: 
Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tienen hambre ahora, porque serán saciados. Bienaventurados los que lloran ahora, porque reirán. Bienaventurados serán cuando los hombres les odien, cuando les expulsen, les injurien y proscriban su nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, que su recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas. 
Pero ¡ay de ustedes, los ricos!, porque han recibido su consuelo. ¡Ay de ustedes, los que ahora están hartos!, porque tendrán hambre. ¡Ay de los que ríen ahora!, porque tendrán aflicción y llanto. ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de ustedes!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas».
REFLEXIÓN:

Ese descenso de Jesús desde la montaña con que comienza el texto del Evangelio de este domingo nos remite a la función intrínseca del Hijo de Dios: Él es el Logos, la Palabra que ha venido al mundo al encarnarse; ha bajado a nosotros y nos ha hablado. Con su hablar anuncia y denuncia; anuncia el bien, el camino a seguir; denuncia el mal, el camino que se ha de evitar. Esos caminos no son geográficos sino actitudinales; se trazan, se siguen o se eluden con nuestros comportamientos y formas de ser y actuar en la vida.

El texto ha sido llamado por mucho como las bienaventuranzas, el camino bueno; pero también incluye las que podríamos llamar malaventuranzas, el camino malo, como advertencias formuladas en un conjunto de ayes. Es decir se incluyen loas a las dichas y amonestaciones o condenas a las desdichas.

Claro está que los parámetros de Dios y los del mundo para evaluar las dichas y desdichas son opuestos. Nuestras sociedad ciertamente encontrará que dichoso es el que tiene abundancia de bienes, harta la panza, y que ríe a carcajadas por la fama y poder que le proporcionan la posición política, social o económica que ostenta. El problema es que quien se encuentra en esa situación fácilmente ignora al verdadero Dios al olvidarse de los que no se encuentran en la misma situación que él; y si dice creer en Dios, realmente es en un dios fabricado, acomodado a su creencia y forma de actuar.

Dios no quiere que nadie tenga carencias, ni que pase hambre, ni que esté en un permanente pesar; pero en una sociedad llena de estos males por culpa de aquellos que no comparten, que no son justos, y que ocasionan tristezas y sufrimientos, nos está haciendo una promesa de un mundo mejor donde se invertirán los papeles, y que aquellos que están ocasionando los males actuales, por sus acciones y omisiones, habrán de pagar muy caro por eso, pues lo que ahora están considerando dichas, temporales por cierto, en realidad son causantes de desdichas eternas para ellos.

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Lucas 5,1-11: pescador de hombres


En una ocasión, Jesús estaba a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre Él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
Boga mar adentro, y echen sus redes para pescar.
Simón le respondió:
Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.
Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 

Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo:
Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.
Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:
No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.
Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

REFLEXIÓN:

Luego de utilizar la barca de Simón como púlpito para predicar su Palabra, Jesús le pide a éste que se adentre en el mar y que lance las redes de pesca. La intención de Jesús no era tanto mostrar sus conocimientos sobre la pesca, ya que, en ese asunto, Pedro y sus acompañantes debían ser ciertamente mucho más expertos que Él; lo que pretendía era provocar en ellos una experiencia vocacional, y para ello, como buen pedagogo, utiliza el lenguaje del campo de conocimiento que era más entendido por ellos.

Remar mar adentro

No cabe duda de que el poder de Dios es tan grande que las redes echadas en el nombre de Jesús hubiesen podido sacar muchos y grandes peces en cualquier lugar del lago, pero remar mar adentro transmite la enseñanza de que el esfuerzo humano de aquellos que habrían de asumir el compromiso de convertirse en agentes evangelizadores tiene que ser continuo y sin importar el cansancio, pues las excusas no valen, no importa cuales sean.

Los cristianos hemos de estar dispuestos a la movilización y a vencer el desgano para acatar el mandato evangélico del anuncio de la Buena Noticia sin importar lugares, culturas, distancias ni tiempos.

Echar las redes

Jesús les pide que después del esfuerzo humano realizado al bogar, hagan la parte más difícil consistente en un ejercicio de fe: echar sus propias redes. No son otras redes que les serían proporcionadas, son las que ellos tienen, quizás con defectos, y que ya en otras ocasiones han fallado (habían pasado la noche vanamente tratando de pescar). Nuestras redes imperfectas tienen que ser echadas y si lo hacemos en el nombre de Jesús los peces caerán en ellas; es Él que se encargará de que la pesca sea milagrosa.

La reacción de Simón y la nuestra

Cayó de rodillas ante el Señor y se reconoció pecador al ver la abundante pesca; el hecho que Dios nos pida y nos permita trabajar por su Reino, con nuestras redes rotas por nuestros pecados, debe ser motivo de admiración y agradecimiento por su gran misericordia, así como una ocasión oportuna para el arrepentimiento y la reconciliación con Él.

Igual que a Simón, el Señor nos dice hoy "no temas" y quiere convertirnos en pescadores de hombres para Él; para eso nos invita a confiar en Él, abandonar la barca, dejarlo todo y seguirlo; por eso, luego de orar con el texto de este Evangelio, he concluido con esta breve oración de acción:

A pescar,
a buscar personas alejadas de ti
y traerlas a tu encuentro
se me ha invitado hoy.
Con las redes voy,
en tu Nombre, Señor.

Amén.

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Lucas 4,21-30: Admiran la forma pero rechazan el contenido


En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga:
Esta Escritura, que acaban de oír, se ha cumplido hoy.
Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían:
¿No es éste el hijo de José?
Él les dijo:
Seguramente me van a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.
Y añadió:
En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Les digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio. 
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.

REFLEXIÓN:

Seguramente que el inicio de esta predicación de Jesús debió despertar curiosidad en la pequeña ciudad de Nazaret, porque volvía allí ya con cierta fama por algunas acciones que había realizado y probablemente ellos esperaban con cierto orgullo ver y oír a alguien de ese lugar, conocido por todos ellos, que comenzaba a destacarse en algo que no debió ser usual en los oriundos de esa zona relativamente alejada de Jerusalén que era la capital política y religiosa de los judíos.

Dice el texto que estaban admirados por las palabras llenas de gracia que salían de su boca luego de haber proclamado que la profecía de Isaías que acababa de leer estaba cumpliéndose en ese momento. Hasta ahí todo era un encanto en la acostumbrada asamblea sabatina de la sinagoga local respecto a Jesús.

El problema surge cuando el joven lector Jesús, dándose cuenta de que para ellos no era más que eso, relaciona la falta de confianza de ellos con su condición de nativo del área y agrega el aspecto universal de la acción de Dios en el mensaje que proclama, hiriendo el nacionalismo extremo de la audiencia. Desde ese momento el sermón perdió el valor para ellos, hasta tal extremo que hasta suscitó el ánimo de agresión física.

Es el comienzo de la predicación de Jesús y ya desde ahí comienza a aparecer la confrontación y el rechazo que éste habría de encontrar en los destinatarios iniciales del mensaje de salvación; enfrentamiento que al final se traduciría en persecución, conspiración y muerte de parte de las autoridades judías hacía este novel predicador que en este pasaje hacía su debut en la sinagoga local de su ciudad.

La característica de universalidad para la salvación había ya sido predicha por los profetas; Dios, creador de todos, no limita su acción sólo a un pueblo, raza o nación; aunque, al buscar la vía, escogió a un pueblo y lo hizo suyo. Muchos judíos no pudieron entender eso.

Hoy nosotros corremos el riesgo de eventualmente actuar como ellos cerrando nuestros oídos cuando en una predicación o de un documento de la Iglesia consideramos que el mensaje proclamado nos es espinoso, adverso, o que hiere nuestra sensibilidad y que no debemos cumplirlo; al no oírlo, lo que estamos haciendo es intentar despeñar a Jesús por el barranco porque su mensaje ya ha perdido su gracia. También actuamos así cuando pretendemos colocar a nuestros círculos de desenvolvimiento espiritual y religioso en un lugar preferente respecto a otros; esto puede ocurrir en el grupo o movimiento eclesial y en las parroquias. Tenemos que entender que la Iglesia es católica, es decir universal, para todos; que no puede haber excluidos ni puertas cerradas para nadie, y que bienvenidos deben ser, de una manera especial, todos los que hoy están fuera de ella.

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Lucas 1,1-4;4,14-21: Hoy se cumple esa Escritura


Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».
Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles:
Esta Escritura, que acaban de oír, se ha cumplido hoy.
REFLEXIÓN:

En este texto se mezclan dos segmentos del Evangelio según san Lucas que se complementan en la liturgia de este domingo; el primero es del inicio del capítulo 1 donde, a manera de introducción, dedica la obra y explica los fines a alguien de nombre Teófilo; el segundo es del capítulo 4, luego de los textos de la infancia, del bautismo de Jesús y las tentaciones del desierto, que son incluidos en otros tiempos del año litúrgico. En ambos casos son inicios, uno de la obra de Lucas y el otro de la vida pública de Jesús.

Teófilo

No sabemos si ese Teófilo fue una persona real a quien era dedicado el escrito, o si Lucas representaba con ese nombre a todo aquel que procuraba el conocimiento de Dios. En todo caso tanto a Teófilo y a los cristianos de su época como a nosotros los de la actualidad, Lucas nos transmite conocimientos sólidos provenientes de las fuentes fundamentales que fueron testigos de la Palabra actuando en el tiempo en procura de la salvación de la humanidad.

Por la fuerza del Espíritu

En toda la obra de Lucas, tanto en el Evangelio como en libro de los Hechos de los Apóstoles, se resalta la actuación del Espíritu Santo. El Espíritu Santo desciende sobre Jesús durante su bautizo en el Jordán, luego lo conduce al desierto donde es tentado, para después impulsarlo a su región de Galilea en este pasaje evangélico que estamos comentando.

Entonces no es por casualidad que el texto con que Jesús debuta como lector en la asamblea de la sinagoga de Nazaret comienza precisamente así: El Espíritu del Señor está sobre mí.

Todo el texto leído por Él tendría vigencia y aplicación en la ejecución y cumplimiento de la misión que recién estaba empezando: anunciar la Buena Nueva sería una constante, los pobres su objetivo, la libertad su meta; y lo haría sin cansancio en una jornada donde ciegos, sordos, mudos, paralíticos y poseídos por el mal serían sanados y liberados.

Hoy

Pero todo ese no fue únicamente un acontecimiento de entonces; Jesús sigue dando cumplimiento a esa profecía de Isaías, ya no sólo en Galilea, sino en todo el mundo; nosotros somos en la actualidad los pobres, los cautivos, los ciegos, y los oprimidos que estamos necesitados de la gracia que sólo trae el Señor; por tanto estamos alegres de saber que esa escritura tiene su cumplimiento también hoy, en cada uno de nosotros.

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Lucas 3,15-16.21-22: Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido


En aquel tiempo, como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo:
Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo:
Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido.
REFLEXIÓN:

Conclusión de la Navidad

El Domingo siguiente a la Epifanía celebramos la fiesta del Bautismo del Señor con la que culmina el tiempo litúrgico de la Navidad, del cual es parte. La alegría por la llegada del Hijo de Dios al mundo que llega en la fragilidad de un recién nacido, se expresa ahora por el paso visible inicial hacía su objetivo de un Jesús ya adulto que está plenamente consciente de cual es la misión que ha venido a cumplir.

El Bautista

El acontecimiento narrado en el pasaje evangélico de hoy ocurre en un ambiente matizado por la prolongada y ansiada espera del ungido de Dios, el Cristo, que de acuerdo a lo anunciado por los profetas vendría enviado por Dios a traer la libertad a su oprimido pueblo.

Un profeta de ese tiempo, pariente de Jesús, Juan el Bautista, ya ha estado anunciando la inminencia de su aparición e invitando a una preparación para eso mediante un bautismo de arrepentimiento al que acudían multitudes a la ribera del río Jordán.

Es a una de esas sesiones bautismales que acude Jesús; sin haber cometido faltas de las que tuviera que buscar el perdón, en una demostración de la sencillez y humildad que no procuran privilegio personal, entra en la fila como uno más del pueblo para ser bautizado.

Otra Epifanía

El texto dice que luego de ser bautizado Jesús estaba en oración. Contemplemos por un momento ese instante de oración de Jesús, entrando en contacto silencioso con su Padre y poniéndose a su plena disposición para el encargo que le ha dado.

Es entonces que esa comunicación divina deja de ser privada: se abre el cielo y el Espíritu Santo, que  al igual que el Padre no es materia sino espíritu, desciende en forma visible con aspecto de paloma, a la vista de todos; en ese momento, el Padre, desde el cielo confirma: Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido.

Es mensaje es al Hijo; amor es el contenido; el Padre está alegre al ver su Hijo realizando lo planificado en el Cielo. La expresión es pública y en alta voz, para que todos lo oigan. Es otra Epifanía de Dios; una Teofanía Trinitaria en que el Padre y el Espíritu Santo participan a la vista de todos en la fase de lanzamiento de la misión salvífica que Jesús ha venido a cumplir.

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Lucas 2,41-52: Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos


Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo:
Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.
Él les dijo:
Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.

Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

REFLEXIÓN:

Más que explicar las razones culturales por las que unos padres que son considerados modelos demoran hasta el tercer día para darse cuenta que su único hijo, recién entrado en la adolescencia, no está con ninguno de ellos en la caravana de una peregrinación religiosa donde hombres y mujeres marchaban separados, vamos a resaltar de este pasaje bíblico algunas de las múltiples características que efectivamente hacen de esta familia un ejemplo a imitar.

...subieron ellos como de costumbre a la fiesta...

Nos muestra esta expresión a una familia cumplidora de los preceptos cultuales religiosos: santificaban las fiestas. La participación en la festividad anual de la Pascua en la ciudad de Jerusalén era una meta de todo judío, sin importar cuan lejos de esa ciudad viviera; por esa razón las caravanas eran múltiples y numerosas para esa ocasión. En el texto se nos dice claramente que la Sagrada Familia iba todos los años, no fue solamente en esa ocasión; también nos dice que en la peregrinación participaba la familia completa.

En una sociedad como la nuestra en que la religiosidad es vista por algunos, quizás por muchos, como atraso y atadura obsoleta, el ejemplo que nos proporciona la familia de Jesús en este pasaje es refrescante, porque el culto a Dios no es asunto de época, nación o cultura, porque son transitorias, pasajeras; en tanto que Él es eterno y su culto también lo es.

La participación familiar en la Eucaristía es siempre recomendada, especialmente en Domingos y Fiestas litúrgicas. Es una señal de unidad familiar y, sobre todo, un eficaz medio para mantenerla procurarla; en ella, de algún modo, el Señor suple lo que hace falta a cada miembro de la familia: amor y armonía en padres e hijos, y las enseñanzas espirituales necesarias para todos.

Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?...

La corrección oportuna y adecuada en la familia es también una instrucción que podemos aprovechar en el Evangelio que hemos leído. Señalar oportunamente lo que se entiende que es una acción incorrecta es algo plausible, si se hace de buen modo. Jesús es Hijo de Dios, Dios encarnado, pero también es hijo de María; su naturaleza humana tiene que aprender las cosas humanas, el comportamiento humano. y eso es responsabilidad de María y José. Corresponde a los padres orientar y corregir a los hijos; no hacerlo, es incumplir la función propia.

La corrección puede ser también entre los padres, de uno a otro; o entre hermanos; en cualquier caso que prime el buen tono, la ecuanimidad y la fraternidad cristiana.

...¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?...

Otro ejemplo familiar útil para todos nosotros que captamos de esta lectura evangélica de hoy es permitir expresarse al corregido, entablar el diálogo con él, escuchar sus razones. Jesús tenía las suyas; estaban algo altas; más bien, muy altas; en esencia cada parte expresó su punto de vista y el hijo respetó la jerarquía materna en obediencia: bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Es este el tipo de diálogo correctivo y la actitud de respuesta en éste que tenemos que aplicar en nuestras familias hoy.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 34 del Tiempo Ordinario - Cristo, Rey del Universo: Lucas 23,35-43


Concédenos, Señor, la abundancia de tu Santo Espíritu a los que vamos a  orar con tu Palabra en este momento, para poder asimilar el mensaje que en ella nos traes, y aplicarlo con entusiasmo en nuestro vida cotidiana. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 23,35-43: En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido». También los soldados se burlaban de Él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!». Había encima de él una inscripción: «Éste es el Rey de los judíos».

Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

b) Contexto histórico y cultural

La acusación que los sumos sacerdotes presentaron a Pilato, respecto a Jesús, fue de pretender ser rey, desconociendo al Cesar; de este modo pretendían la condenación, ya que los motivos religiosos no bastaban. Por eso, en la cruz, los romanos colocan el letrero "Jesús de Nazaret rey de los judíos". De ahí la burla respecto al tema, durante la crucifixión.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡De su perdón y amor, no quedes fuera!

Uno actuó diferente a su colega
con el que compartía el suplicio,
por contagio atacaba a Jesucristo
y lo que obtuvo fue peor condena
juzgando al Cristo como a un cualquiera,
y no cambiando su errado camino;
yo, pensaría, ya estoy perdido,
pues continúo siendo igual fiera.

Mientras que el que vio en Jesús la realeza,
implorando al único Rey genuino,
a último instante tuvo un buen tino,
pues consiguió el perdón de sus penas.

Tú y yo, ¿cómo enfrentamos el dilema?
¿ofendiendo al Cristo ya herido,
o lo hacemos Rey y nos convertimos?
¡De su perdón y amor, no quedes fuera!

3. Oración

Jesús, el Cristo, Rey del universo

Jesús, el Cristo, Rey del universo,
los tuyos hoy te aclamamos con gloria;
los ángeles proclaman tu victoria:
sométase a ti cuanto te es adverso.

Junto a cualquier cristiano hoy disperso
te alabemos hoy con la santa euforia
y que impulsemos tu acción remisoria
para que el mundo, a ti, se haga converso.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A proclamar a Jesús, Rey del universo,
como Rey de mi vida,
estoy invitado en este día;
esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 33 del Tiempo Ordinario: Lucas 21,5-19


Al leer en oración el Evangelio de este día, pedimos, Señor, la acción de tu Espíritu Santo en nosotros para interpretar rectamente el mensaje que con este texto nos comunicas, y recibirlo en nuestros corazones con disposición de cambio y conversión, y dispuestos a convertirlo en obra en nuestra vida diaria. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 21,5-19: En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Él dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».

Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

b) Contexto histórico y cultural

En el Templo de Jerusalén, algunos de los acompañantes de Jesús han quedado impresionados con la majestuosidad de la estructura y los adornos o exvotos que los devotos habían donado; Jesús les profetisa la destrucción del Templo que habría de acontecer años más tarde, en el sitio de Jerusalén por el futuro emperador Tito, alrededor del año 70 de la era cristiana; el fin habrá de llegar después.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Ya lo advirtió el Señor

Abundará el dolor
ante cosas que espantan;
habrá señales malas
que causarán horror.

Y vendrá el impostor
con su palabra falsa;
ignoren su llamada
pues es falso pastor.

Ya lo advirtió el Señor:
el mundo aún no acaba,
es sólo la antesala,
sólo oigamos su voz.

Amén.

3. Oración

Seguirte a ti

Seguirte a ti, y sólo a ti;
oír tu voz y nada más;
sé que al final me llamarás,
y esperarás, Señor, por mí.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

En este día se me invita
a estar alerta y a distinguir dónde está Jesús,
de donde no lo está,
para escuchar su llamado, y seguirle sólo a Él;
esa es mi acción, con la ayuda de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 32 del Tiempo Ordinario: Lucas 20,27-38


Orar con el Evangelio de Cristo

Ven Espíritu Santo en mi auxilio,
pues voy a orar con el Evangelio de Cristo;
con aquellas Palabras que Él nos dijo
en un tiempo, para todos los siglos;
para yo acogerlo cuento contigo,
no sólo entender, también vivirlo,
siendo transformado para ser testigo
sin temor, y capaz de difundirlo.

Amén

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 20,27-38: En aquel tiempo, acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer».

Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven».

b) Contexto histórico y cultural

Los saduceos eran una de las sectas judías existentes en los tiempos de Jesús; se consideraban descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq, de la época de Salomón: El nombre sadoq significa justicia, por lo que saduceos significaba justos o rectos; tenían diferencias doctrinales con los fariseos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Como ángeles

Como ángeles seremos,
en una vida inmortal,
después de resucitar
en los celestiales cuerpos.

En un mar de amor inmersos
por toda la eternidad,
a la Santa Trinidad,
Dios Padre, su Hijo el Cordero,
y el Espíritu de ellos,
en un continuo alabar.

Será el gozo sin cesar,
ya sin que exista el tiempo:
a Dios, dándole sus siervos
gloria en unanimidad.

3. Oración

La vida del Cielo

Quiero comenzar desde ahora
a vivir la vida del Cielo,
que sea más que un anhelo
porque Espíritu en mí mora;

así cuando llegue esa hora
en que deje este suelo,
completo será el consuelo
viviendo lo que ya aflora.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A aspirar a la vida del Cielo,
a trabajar por ella,
se me invita en este día;
esa es mi acción,
con tu ayuda, Señor.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 31 del Tiempo Ordinario: Lucas 19,1-10


De mi mente quita el manto

Ven Espíritu Santo
y de mi mente quita el manto
que impide el entendimiento;
pues quiero conocimiento
del mensaje sacrosanto
ya que con él me levanto;
ayúdame a su cumplimiento,
viviéndolo sin fingimiento.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 19,1-10: En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

b) Contexto histórico y cultural

Continúa el avance de la marcha de Jesús a Jerusalén; ha entrado en Jericó, llama a un pecador público y decide hospedarse en su casa; esa es la esencia de la misión que culminará al final de este viaje.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Publicano

¡Publicano!, me señalan,
es cierto, soy pecador,
de faltas, el mal olor.
Me intriga Jesús que hoy pasa
y a quien la gente le aclama;
no es que soy un husmeador,
mas buscaré posición.
¡Oh! por mi nombre me llama!
y me dice ven y baja
¡me selecciona anfitrión!;
¿a mi morada el Señor?
¿por qué hasta mí te rebajas?
¡Tu misericordia, Dios,
no excluye ni al pecador!

Para yo subir, Dios baja

Para yo subir, Dios baja
trayendo a todos el perdón;
de mí se espera conversión,
para eso se me llama;
a nadie Dios le rechaza:
si se arrepiente el pecador,
le alcanzará la salvación
a él y a toda su casa.

3. Oración

Si sólo hubieras venido al que es bueno

Si sólo hubieras venido al que es bueno,
pobre de mí, estaría perdido;
Tú viniste al que es baja del veneno
del pecado; lo quieres redimido
después de haberlo limpiado del cieno.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A recibir a Jesús en mi casa,
en mi interior,
se me invita hoy;
esa es mi acción.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 30 del Tiempo Ordinario: Lucas 18,9-14


Señor, al iniciar la lectura en oración del Evangelio de este día, pedimos la acción de tu Espíritu Santo en nosotros para entender el mensaje que nos comunicas hoy, y acogerlo con actitud de cambio y conversión para el resto de la vida de cada uno de nosotros. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 18,9-14: En aquel tiempo, Jesús dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado».

b) Contexto histórico y cultural

Los fariseos constituía una secta caracterizada por un celo excesivo al cumplimiento de la ley de Moisés; el nombre significaba "separados"; el surgimiento de este grupo se atribuye al período de la cautividad babilónica, aunque su manifestación pública en la época de los Macabeos; se consideraban más cercanos a Dios que los demás. Por otra parte, los publicanos, como su nombre lo indica, eran pecadores públicos; esta denominación se aplicaba principalmente a los cobradores de impuestos a los judíos para el imperio romano, que por su oficio eran rechazados y hasta odiados por los judíos en general.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

El ego

¡Cuánto ultrajo con este ego
que únicamente busca brillo,
queriendo ser el mejor bombillo
aunque los otros queden ciegos!

Ofendo a Dios, a quien reniego,
pues la humildad la enseña Cristo,
que no vino a ser servido
y no quiso ser palaciego.

Falto al hermano que doblego,
también a aquel a quien humillo,
a quien trato como enemigo
sólo por querer ser yo primero.

Del banquete hazme camarero,
como esclavo de tus amigos;
así comeré del platillo
del festín del fin de los tiempos.

Amén.

3. Oración

Sencillez y humildad te pido

Sencillez y humildad te pido,
que no pretenda ser el primero
ni apocar a mis compañeros;
que yo sea el último del nido
y que sirva a los que conmigo
también han nacido de nuevo.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la humildad se me invita en el día de hoy,
para poder acercarme al Señor;
es mi acción,
con la ayudad de Dios.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 29 del Tiempo Ordinario: Lucas 18,1-8


Te pido ahora

Te pido ahora
tu Espíritu, Señor,
al leer en oración
tu voz salvadora
y de vida dadora;
qué ella me envíe hoy
y yo diga: ¡ya voy!,
sin ninguna demora.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 18,1-8: En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’».

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».

b) Contexto histórico y cultural

En el Evangelio según San Lucas, el camino de Jesús a Jerusalén es presentado como una prolongada marcha en la que Él atraviesa diversas regiones y sus poblados, captando adeptos mientras predica y a la vez instruye a sus discípulos; en ese recorrido, en el texto de hoy, enseña acerca de la necesidad de la perseverancia en la oración sin desanimarse.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Persiste y persevera

Persiste y persevera
ante Dios tu petición,
pues el oye la oración,
si a Él con fe se le ruega.

Repítele y reitera,
que a Él le gusta oír tu voz;
ya te ha puesto su atención
y quiere tu insistencia.

Al tiempo de la respuesta,
que Él considere mejor,
atenderá tu clamor,
si es de tu conveniencia.

Amén.

3. Oración

Ora clamando justicia

Ora clamando justicia
que el Juez justo escuchará;
no es demora, ten paciencia
que ya el dictamen dará,
pues ha iniciado la audiencia.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la oración insistente y confiada,
presentándole a Dios mis necesidades,
se me invita en este día;
¡a pedirte voy!
sé que me escuchas, Señor;
esa es mi acción.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 28 del Tiempo Ordinario: Lucas 17,11-19


Al orar, con la lectura de tu Palabra, pedimos, Señor, la asistencia de tu Espíritu Santo para que ilumine nuestras mentes y prepare nuestros corazones; y así, entender y acoger el mensaje que nos envías este día con el Evangelio de hoy. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 17,11-19: Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».

b) Contexto histórico y cultural

La lepra, en la cultura hebrea, representaba no sólo una enfermedad, sino una consecuencia y expresión del pecado; la ley dada por Moisés implicaba que el leproso fuera separado físicamente de su familia y de la comunidad; la relación con el pecado es la que hacía que el médico que determinase la existencia o no de la lepra fuese el sacerdote.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Gracias por la gracia

Mil gracias por la gracia
que alivia la desgracia;
limpiando nuestras manchas,
la vida nos ensanchas.

Por lo que nos has dado,
glorias a ti sean dadas:
¡bendito y alabado!;

por quien gracias no ha dado:
¡bendito y alabado!,
a todos gracia has dado.

Amén.

3. Oración

Gracias

Dichoso es todo el agradecido
que ya agradece desde la promesa;
fruto lejano, pero fe confiesa
en que tendrá lo aún no recibido;
contrasta con aquél que ingrato ha sido
que le ha pedido a Dios en fase adversa
y, no acude a Él, cuando ya ésta es tersa.
A Dios le sea yo siempre agradecido:
por tanto con lo que Él me ha bendecido,
hoy le alaba, en gratitud, mi alma inmersa.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A agradecer al Señor
y a dar gloria a Dios,
se me invita hoy.
¡Gracias, Señor!
¡Glorias a Dios!
Esa es mi acción.
Amén.

Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo C) de la Semana 27 del Tiempo Ordinario: Lucas 17,5-10


Tu Espíritu Santo necesitamos, Señor, en esta lectura en oración de tu Palabra que ahora iniciamos; para que aclare nuestras mentes y ablande nuestros corazones para percibir el adecuado sentido del mensaje que nos transmites con el Evangelio de este día, y para que lo recibamos con ánimo de cambio y conversión de vida en cada uno de nosotros. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 17,5-10: En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor; «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido.

¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».

b) Contexto histórico y cultural

Como maestro, Jesús instruye a sus discípulos; la enseñanza del texto de hoy es relativa al servicio, elemento básico en el desempeño de su misión; Él es el servidor por excelencia, por tanto sus alumnos tienen que aprender a servir y convertirse en servidores.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Servir

Señor, la gloria es para ti,
yo sólo soy tu sirviente;
procuro atraerte gente
sin procurar mérito en mí.

Tú eres el ejemplo a seguir:
eres el siervo excelente;
quiero imitarte sonriente
en el trabajo de servir.

Amén.

3. Oración

Un simple peón

Tan sólo un simple peón
tratando hacer su labor;
malo será el desempeño
si sólo es con propio esfuerzo;
auxíliame en mi función
para imitarte, Señor.

Amén.

Creo, Señor,
pero como tus discípulos,
también te pido que aumentes mi fe;
porque, como si no recordara cuanto has hecho por mi,
a veces parecería que la mía ni siquiera llega a mostaza;
desde ahora te doy gracias,
porque sé que Tú oyes nuestras súplicas
y me ayudarás a remover los "sicómoros" que pudiesen afectar mi fe.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la fe y al servicio desinteresado,
se me invita en este día;
esa es mi acción,
con tu ayuda, Señor.
Amén.