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La quemadura



(Del sacerdote, periodista y escritor español José Luis Martín Descalzo (1930-1991))
En estos labios que vistió el pecado
con una oscura cortina enrojecida,
beso y mentira hicieron su guarida
y la falsa sonrisa su mercado.

¿Y Vos entráis en ella, descuidado,
en la boca del lobo? ¡Ved, mi vida,
que vais a ser, pues que perdí mi brida,
Dios en boca de un hombre desbocado!

¡Y si, al menos, locura hubiera sido
mi loco desbocarme! Pero lleno
de vacíos estoy, y he convertido
tu espuela, ¡oh Dios!, ¡tu roja espuela!, en frenos.
¡Mas arda en mi tu Pan, y habré vivido
loco de amor y desbocado al menos!

Nadie ni nada



(Del sacerdote, periodista y escritor español José Luis Martín Descalzo (1930-1991))
Nadie estuvo más solo que tus manos
perdidas entre el hierro y la madera;
mas cuando el pan se convirtió en hoguera
nadie estuvo más lleno que tus manos.

Nadie estuvo más muerto que tus manos
cuando, llorando, las besó María;
mas cuando el vino ensangrentado ardía
nadie estuvo más vivo que tus manos.

Nadie estuvo más ciego que mis ojos
cuando creí mi corazón perdido
en un ancho desierto sin hermanos.
Nadie estaba más ciego que mis ojos.
Grité, Señor, porque te has ido.
Y Tú estabas latiendo entre mis manos.

Redondamente



(Del sacerdote, periodista y escritor español José Luis Martín Descalzo (1930-1991))
A Pascua sabe el Pan, a Pascua viva,
un pan aún, apenas, masticado,
y vivo ya, y ya resucitado.
 Aún bajo tierra y ya volando arriba.

No hay nada que la muerte no reviva
y nada que, al nacer, no esté enterrado:
el Pan ya está en la hoz, y en el bocado
latiendo está la espiga primitiva.
Y Dios es Pan, y simultáneamente
el Pan ya es muerte y ya la muerte es vuelo;
y el Pan, que es pan si lo miráis de frente
es más que pan si levantáis el velo.
Que carne y pan y muerte y tierra y cielo
juegan al corro en Dios, redondamente.

Como el niño que no sabe dormirse

(Del sacerdote, periodista y escritor español José Luis Martín Descalzo (1930-1991))
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos al caer la tarde.

Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y esperanza,
así descansará mi alma segura,
sabiendo que eres tú quien nos aguarda.

Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de mi llanto.

Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana viva.

Cuando venga mi Hijo

(Del sacerdote, periodista y escritor español José Luis Martín Descalzo (1930-1991))
Cuando venga mi Hijo,
me callaré.
Si él es la Palabra
yo ¿qué?...

Belén está ya cerca,
casi se ve.
Se acaba la tarea
que comencé.

Porque cuando en mis brazos
nacido esté,
el "hágase" que dije
repetiré.

Y ya no diré nada.
Ya ¿para qué?
Si él es la Palabra
me callaré».