Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la Santísima Trinidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Poemas sobre la Santísima Trinidad. Mostrar todas las entradas

¡Un Dios trinitario!

(Juan 14,11: Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras)
¡Un Dios trinitario!:
el Padre divino,
el Hijo que salva
y el Santo Espíritu
en santo misterio
son Dios uno y trino.
Las cosas que existen,
aunque no hayas visto,
con ellos se hicieron
desde el mismo inicio;
el Padre creador
bien junto a su Hijo
y el Soplo común,
antes de ese inicio,
en la santa unión
del Dios infinito.
Del Hijo, las obras,
el Padre las hizo;
si a Cristo viste,
al Padre ya has visto;
si a ellos le pides,
mandan Espíritu;
Santa Trinidad
que yo glorifico.

Amén.

Tres gracias

(Mateo 28,19: Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo)
Tres gracias le digo
a la Trinidad por amarme:
gracias al Padre
por regalarme a su Hijo;
gracias al Hijo
por su Espíritu darme;
y gracias doy por quedarse
al Espíritu divino.

Santísima Trinidad

(Mateo 28,19: Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo) 
Santísima Trinidad: Dios amando;
son Padre y su Hijo en amor grande
y el Espíritu de ambos, su amor santo,
que a nosotros, criaturas, les imparten.

Misterio tan grande es insondable:
Padre e Hijo y Espíritu Santo,
un sólo Dios, pero que es trinitario;
no sería Dios, si fuese explicable.

Amar al Amor

(Juan 14,21: El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él)
Amar al Amor, esa es la esencia
para estar con Dios que es amante
antes del tiempo y mucho antes,
que hoy nos corteja con su presencia.

Es, a su Palabra, la obediencia,
de cada amado, en este instante,
lo que conduce a que triunfante
ese amor reciba en afluencia.

Amor que se expresa en la presencia
del Padre y del Hijo, como actuantes,
y el Espíritu Santo, animante:
Trinidad de amor en convivencia.

Amén.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!

Himno de la Liturgia de las Horas
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!,
la Iglesia nos sumerge en tu misterio;
te confesamos y te bendecimos,
Señor, Dios nuestro.

Como un río en el mar de tu grandeza,
el tiempo desemboca en hoy eterno,
lo pequeño se anega en lo infinito,
Señor, Dios nuestro.

Oh Palabra del Padre, te escuchamos:
Oh Padre, mira el rostro de tu Verbo;
Oh Espíritu de Amor, ven a nosotros;
Señor Dios nuestro.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
Haced de nuestras almas vuestro cielo,
llevadnos al hogar donde tú habitas,
Señor, Dios nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu:
fuente de gozo pleno y verdadero,
al Creador del cielo y de la tierra,
Señor, Dios nuestro.
Amén.

Romance sobre el Evangelio "In principio erat Verbum", acerca de la Santísima Trinidad

(Del religioso y poeta español san Juan de la Cruz (1542-1591))
En el principio moraba
El Verbo, y en Dios vivía,
en quien su felicidad
infinita poseía.

El mismo Verbo Dios era,
que el principio se decía;
Él moraba en el principio,
y principio no tenía.

El era el mismo principio;
por eso de él carecía.
El Verbo se llama Hijo,
que del principio nacía;
hale siempre concebido
y siempre le concebía;

dale siempre su sustancia,
y siempre se la tenía.
Y así la gloria del Hijo
es la que en el Padre había
y toda su gloria el Padre

en el Hijo poseía.
Como amado en el amante
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía

con el uno y con el otro
en igualdad y valía.
Tres Personas y un amado
entre todos tres había,
y un amor en todas ellas

y un amante las hacía,
y el amante es el amado
en que cada cual vivía;
que el ser que los tres poseen
cada cual le poseía,

y cada cual de ellos ama
a la que este ser tenía.
Este ser es cada una,
y éste solo las unía
en un inefable nudo

que decir no se sabía;
por lo cual era infinito
el amor que las unía,
porque un solo amor tres tienen
que su esencia se decía;

que el amor cuanto más uno,
tanto más amor hacía.

Oh tú, santa Unidad en Trinidad

Himno de la Liturgia de las Horas
Oh tú, santa Unidad en Trinidad,
que riges con poder el universo,
recibe las canciones de alabanza
que, en vela matinal, cantan tus siervos.

El lucero del alba ya refulge,
caminando ante el sol cual mensajero;
al caer las tinieblas de la noche,
nos alumbra tu santa luz de nuevo.

Demos gloria a Dios Padre, autor de todo,
y al Señor Jesucristo, su unigénito,
y al santo defensor de nuestras almas,
ahora y por los siglos sempiternos.
 Amén.

A la Santísima Trinidad

Himno de la Liturgia de las Horas
Ya se aparta el sol ardiente
Tu, luz perenne. Unidad
Danos un amor ferviente,
Santísima Trinidad.
En la aurora te alabamos
Y en la tarde ¡oh sumo bien!
Confiados esperamos
Que allá en el cielo también.
Al Padre, al Hijo, y al 
Santo Espíritu, con fervor
Demos en piadoso canto
Gloria, alabanza y honor.
Amén.

Cantad y alabad al Señor

Himno de la Liturgia de las Horas
Cantad y alabad al Señor,
él nos ha dicho su nombre:
Padre y Señor para el hombre:
Vida, esperanza y amor.

Cantad y alabad al Señor,
Hijo del Padre, hecho hombre:
Cristo Señor es su nombre.
Vida, esperanza y amor.

Cantad y alabad al Señor,
divino don para el hombre:
Santo Espíritu es su nombre.
Vida, esperanza y amor.

Cantad y alabad al Señor,
él es fiel y nos llama,
él nos espera y nos ama.
Vida, esperanza y amor.  

Amén.

Réquiem

(Del mexicano Amado Nervo (1870-1919))
¡Oh Señor!, Dios de los ejércitos,
eterno Padre, eterno Rey,
por este mundo que creaste
con la virtud de tu poder;
porque dijiste: la luz sea,
y a tu palabra la luz fue;
porque coexistes con el Verbo,
porque contigo el Verbo es
desde los siglos de los siglos
y sin mañana y sin ayer,
¡requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis!

Oh Jesucristo, por el frío
de tu pesebre de Belem,
por tus angustias en el Huerto,
por el vinagre y por la hiel,
por las espinas y las varas
con que tus carnes desgarré,
y por la cruz en que borraste
todas las culpas de Israel;
Hijo del Hombre, desolado,
trágico Dios, tremendo Juez:
¡requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis!

Divino Espíritu, Paráclito,
aspiración del gran Iavéh,
que unes al Padre con el Hijo,
y siendo El Uno sois los Tres;
por la paloma de alas níveas,
por la inviolada doncellez
de aquella Virgen que en su vientre
llevó al Mesías Emmanuel;
por las ardientes lenguas rojas
con que inspiraste ciencia y fe
a los discípulos amados
de Jesucristo, nuestro bien:
¡requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis!