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La Asunción de la Virgen María: Virgen pura, hoy quiere Dios

(Del español Juan López de Ubeda (s. XVI))
Virgen pura, hoy quiere Dios
que subáis del suelo al Cielo,
pues cuando quisisteis vos,
Él bajó del Cielo al suelo.

Si en la tierra daros quiso
Dios del bien que allá tenía,
¿Qué os dará en el paraíso,
donde todo es alegría?
El amor vuestro y de Dios
hoy se encuentran en el vuelo,
pues por Él a Dios váis vos,
y Él a vos vino del Cielo.

El Padre os da la corona,
el Hijo su diestra mano,
y la Tercera Persona
os da su amor soberano.
Alcanzáis, Virgen, de Dios
premios, honras y consuelo,
y por Él sois Cielo vos,
y Él por vos hombre en el suelo.

La visitación

(Del español Juan López de Ubeda (s. XVI))
¿Dónde por tierras extrañas, 
Virgen con tanto fervor? 
-Dónde me lleva el Señor 
que yo llevo en mis entrañas. 
-¿Cómo es posible llevar, 
Virgen, al que os lleva a vos? 
-Como el que me lleva es Dios, 
que ha querido en mí encarnar. 
-Pues ¿cómo por las montañas 
lleváis a tan gran Señor? 
-Mas, lo lleva el grande amor 
que lo trajo a mis entrañas. 
-Parece en vos cosa nueva, 
Virgen, ir apresurada.

-Hácelo el ir abrasada 
del amor del que me lleva. 
-Pues ¿luego a tierras extrañas 
os lleva sólo el amor? 
-No, que todo es del Señor 
que yo llevo en mis entrañas. 
-Ya sé que os lleva el doncel; 
mas ¿dónde vais a aportar? 
-Voy con Él a visitar 
a mi parienta Isabel. 
-¡Oh, qué cosas tan extrañas, 
que al siervo sirva el Señor! 
-Esto y mas hace el amor 
del que llevo en mis entrañas.

En la Cena del Cordero

(Del español Juan López de Ubeda (s. XVI))
En la cena del Cordero,
habiendo ya cenado,
acabada la figura,
comenzó lo figurado
por mostrar Dios a los suyos
cómo está de amor llagado,
todas las mercedes juntas
en una las ha cifrado:
pan y vino material
en sus manos ha tomado,
y en lugar de pan y vino,
cuerpo y sangre les ha dado.

¡Oh, qué infinita distancia
y qué amor tan extremado,
es manjar Dios, y convida
y el hombre es convidado!
Si un bocado nos dio muerte,
la Vida se da en bocado;
si el pecado dio el veneno,
la triaca Dios la ha dado;
y haga fiesta el cielo y la tierra,
y alégrese lo criado,
pues Dios, no cabiendo en ello,
en mi alma se ha encerrado.