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El nombre que me diste

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
No sé cómo me llamo...
Tú lo sabes, Señor.
Tú conoces el nombre
que hay en tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que tu amor
me dará para siempre
si respondo a tu voz.
Pronuncia esa palabra
de júbilo o dolor...
¡Llámame por el nombre
que me diste, Señor!

Cuando llegue la noche

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
Cuando venga la noche 
quiero habértelo dicho; 
quiero haberlo gritado 
a través de la tierra. 
Hay cosas que no pueden 
callarse para siempre 
y júbilos secretos 
que deshacen un día 
los más íntimos nudos.

Cuando venga la noche 
quiero haberlo cantado 
para que todos sepan 
y todos me pregunten. 
Silencio prodigioso 
que ahora me florece 
como un huerto escondido 
en lo claro del alma.

Cuando venga la noche 
me encontrará dispuesta, 
pues lo habré dado todo. 
¡Qué dulzura entregarse 
en total holocausto, 
a sabiendas del grito 
que nos roba la herida!

Cuando llegue la noche 
donde todo renace, 
diré: 'Vengo, Señor', 
diré... no diré nada... 
pues hará mucho tiempo 
que se agotó mi canto 
y hará siglos, tal vez, 
que sellaste mi boca.

Pero antes de esa noche
déjame que les diga...
Déjame dar a otros
la gloria que me abriste.
Es tan hondo el Amor
y hay tantos que lo aguardan.

Cuando llegue la noche, 
quiero haberlo cantado.

Amor de cada instante...

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
Amor de cada instante...
duro amor sin delicias: cadena, cruz, cilicio,
gloria ausente, esperada,
gozo y tortura a un tiempo;
realidad de los siglos, gracias por ser y estar
en el nunca y el siempre.

Pues mi ejercicio, ahora, es amarte en la ausencia
y aferrarme a esta nada porque también es tuya
y beber ese polvo de soledad y vacío
que es Tu don del momento y Tu clara promesa.

Y por eso me obstino contra lo más cercano,
huyendo de lo fácil -metal a flor de agua-,
y si acepto por Ti lo que todos entienden,
por Ti también me acojo a lo que nadie sabe.

Y así voy caminando por este desconcierto
oscuro y luminoso, por este amor amargo,
veteado de gloria...

Si derribas el muro...

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
¡Si derribas el muro
qué gozo en todas partes!
¡Qué lazo de palabras
se sentirá en la tierra!
Y todo será nuevo,
como recién nacido...
Si derribas el muro
de todas las mentiras
¡Qué júbilo de amor
abierto sobre el mundo!
¡Qué horizonte sin nubes
en la curva del cielo!

Y estás: en el vacío...

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma. 

Emaús

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
y se nubla el camino;
porque temo perder
las huellas que he seguido,
no me dejes tan sola
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro,
y escudriñé curiosa
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de Ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa;
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!...
¡Quédate al fin conmigo!

Emaús

(De la escritora española Ernestina de Champourcín (1905-1999))
Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
y se nubla el camino;
porque temo perder
las huellas que he seguido,
no me dejes tan sola
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro,
y escudriñé curiosa
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de Ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa;
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!...
¡Quédate al fin conmigo!