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El resto de Israel pastará y se tenderá sin sobresaltos

(Comentario de santo Tomás de Aquino, presbítero)

Yo soy el buen Pastor. Es evidente que el oficio de pastor compete a Cristo, pues, de la misma manera que el rebaño es guiado y alimentado por el pastor, así Cristo alimenta a los fieles espiritualmente y también con su cuerpo y su sangre. Andabais descarriados como ovejas —dice el Apóstol—, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

Pero ya que Cristo, por una parte, afirma que el pastor entra por la puerta y, en otro lugar, dice que él es la puerta, y aquí añade que él es el pastor, debe concluirse, de todo ello, que Cristo entra por sí mismo. Y es cierto que Cristo entra por sí mismo, pues él se manifiesta a sí mismo, y por sí mismo conoce al Padre. Nosotros, en cambio, entramos por él, pues por él alcanzamos la felicidad.

Pero, fíjate bien: nadie que no sea él es puerta, porque nadie sino él es luz verdadera, a no ser por participación: No era él —es decir, Juan Bautista— la luz, sino testigo de la luz. De Cristo, en cambio, se dice: Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Por ello, de nadie puede decirse que sea puerta; esta cualidad Cristo se la reservó para sí; el oficio, en cambio, de pastor lo dio también a otros y quiso que lo tuvieran sus miembros: por ello, Pedro fue pastor, y pastores fueron también los otros apóstoles, y son pastores todos los buenos obispos. Os daré —dice la Escritura— pastores según mi corazón. Pero, aunque los prelados de la Iglesia, que también son hijos, sean todos llamados pastores, sin embargo, el Señor dice en singular: Yo soy el buen Pastor; con ello quiere estimularlos a la caridad, insinuándoles que nadie puede ser buen pastor, si no llega a ser una sola cosa con Cristo por la caridad y se convierte en miembro del verdadero pastor.

El deber del buen pastor es la caridad; por eso dice: El buen pastor da la vida por las ovejas. Conviene, pues, distinguir entre el buen pastor y el mal pastor: el buen pastor es aquel que busca el bien de sus ovejas, en cambio, el mal pastor es el que persigue su propio bien.

A los pastores que apacientan rebaños de ovejas no se les exige exponer su propia vida a la muerte por el bien de su rebaño, pero, en cambio, el pastor espiritual sí que debe renunciar a su vida corporal ante el peligro de sus ovejas, porque la salvación espiritual del rebaño es de más precio que la vida corporal del pastor. Es esto precisamente lo que afirma el Señor: El buen pastor da la vida —la vida del cuerpo— por las ovejas, es decir, por las que son suyas por razón de su autoridad y de su amor. Ambas cosas se requieren: que las ovejas le pertenezcan y que las ame, pues lo primero sin lo segundo no sería suficiente.

 De este proceder Cristo nos dio ejemplo: Si Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

Me saciaré de tu semblante

(Texto de santo Tomás de Aquino, Conferencia sobre el Credo)

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén». Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.

La vida perdurable consiste, primariamente, en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante.

Esta unión consiste en la visión perfecta: Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.

Consiste, asimismo, en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es por-que en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto, el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti».

Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y, por esto, sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto, dice el Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colma-do su gozo. Me saciaré de tu semblante; y también: Él sacia de bienes tus anhelos».

Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí super-abundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.

La vida perdurable consiste, también, en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía suma-mente agradable, ya que cada cual verá a los demás bien-aventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y, por esto, se alegrarán del bien de los demás como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

El camino para llegar a la vida verdadera

(Texto de santo Tomás de Aquino)

Cristo en persona es el camino, por esto dice: Yo soy el camino. Lo cual tiene una explicación muy verdadera, ya que por medio de él podemos acercarnos al Padre.

Mas, como este camino no dista de su término, sino que está unido a él, añade: Y la verdad, y la vida; y, así, él mismo es a la vez el camino y su término. Es el camino según su humanidad, el término según su divinidad. En este sentido, en cuanto hombre, dice: Yo soy el camino; en cuanto Dios, añade: Y la verdad, y la vida, dos expresiones que indican adecuadamente el término de este camino.

Efectivamente, el término de este camino es la satisfacción del deseo humano, y el hombre desea principalmente dos cosas: en primer lugar, el conocimiento de la verdad, lo cual es algo específico suyo; en segundo lugar, la prolongación de su existencia, lo cual le es común con los demás seres. Ahora bien, Cristo es el camino para llegar al conocimiento de la verdad, con todo y que él mismo en persona es la verdad: Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Cristo es asimismo el camino para llegar a la vida, con todo y que él mismo en persona es la vida: Me enseñarás el sendero de la vida.

Por esto, el evangelista identifica el término de este camino con las nociones de verdad y vida, que ya antes ha aplicado a Cristo. En primer lugar, afirma que él es la vida, al decir que en la Palabra había vida; en segundo lugar, afirma que es la verdad, cuando dice que era la luz de los hombres, ya que luz y verdad significan lo mismo.

Si buscas, pues, por dónde has de ir, acoge en ti a Cristo, porque él es el camino: Este es el camino, camina por él. Y san Agustín dice: «Camina a través del hombre y llegarás a Dios». Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera de camino. Porque el que va cojeando por el camino, aunque adelante poco, se va acercando al término; pero el que anda fuera del camino, cuanto más corre, tanto más se va alejando del término.

Si buscas a dónde has de ir, adhiérete a Cristo, porque él es la verdad a la que deseamos llegar: Mi paladar repasa la verdad. Si buscas dónde has de quedarte, adhiérete a Cristo, porque él es la vida: Quien me alcanza, alcanza la vida y goza del favor del Señor.

Adhiérete, pues, a Cristo, si quieres vivir seguro; es imposible que te desvíes, porque él es el camino. Por esto, los que a él se adhieren no van descaminados, sino que van por el camino recto. Tampoco pueden verse engañados, ya que él es la verdad y enseña la verdad completa, pues dice: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Tampoco pueden verse decepcionados, ya que él es la vida y dador de vida, tal como dice: Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Oh sagrado banquete

Oración atribuida a Santo Tomás de Aquino
Oh sagrado banquete
en el que se recibe a Cristo:
se recuerda la memoria de su Pasión,
el alma se llena de gracia
y se nos da una prenda de la gloria futura.

¡Oh qué suave es, Señor, tu espíritu!,
que para demostrar tu dulzura a tus hijos,
dando el suavísimo pan del cielo,
a los hambrientos llenas de bienes,
y a los soberbios satisfechos dejas vacíos.

Cualidades de la Oración

(De "El Padrenuestro comentado" por Santo Tomás de Aquino)

Entre todas las oraciones, la oración dominical es manifiestamente la principal.

En efecto, posee las cinco cualidades que se requieren en la oración. La cual debe ser confiada, recta, ordenada, devota y humilde.

a) Debe ser confiada para acercarnos sin vacilación al trono de la gracia, como se dice en Hebreos 4,16. Además debe hacerse con fe que no desfallezca, como dice Santiago (1, 6): "Que pida con fe, sin ninguna vacilación". Aun racionalmente esta oración es segurísima: está formada por nuestro abogado, que pide de manera sapientísima, en el cual están todos los tesoros de la sabiduría, como se dice en Colosenses 2, y del cual dice Juan 1,2-1: "Tenemos un abogado cabe el Padre, Jesucristo justo"; por lo cual dice Cipriano en su tratado sobre la Oración Dominical: "Como con Cristo tenemos un abogado cabe el Padre por nuestros pecados, cuando pedimos por nuestros delitos, presentemos las palabras de nuestro abogado". También por otro motivo se ve que esta oración es oída más seguramente y es que EL mismo que nos la enseñó la oye con el Padre, según aquello del Salmo 90,15: "Clamará a Mí, y Yo lo oiré". Por lo cual dice Cipriano: "Rogar a Nuestro Señor con sus propias palabras es hacerle una oración grata, familiar y devota". Por lo cual nunca deja de sacarse algún fruto de esta oración, y según San Agustín por ella se perdonan nuestros pecados veniales.

b) Nuestra oración debe ser también recta, de modo que el que ora le pida a Dios cosas que le convienen. Por lo cual el Damasceno dice: "La oración es una petición a Dios de dones que nos convienen".

En efecto, muy a menudo no es escuchada la oración porque se piden cosas inconvenientes. Santiago 4,3: "Pedís y no recibís porque pedís algo malo". Difícil es sin embargo saber qué es lo que se debe pedir, así como es también muy difícil saber qué se debe desear. En efecto, no es lícito pedir en la oración sino las cosas que es lícito desear: por lo cual dice el Apóstol, en Rom 8,26: "No sabemos orar como es debido". Pero quien nos lo enseñó es el mismo Cristo: a El le corresponde enseñarnos lo que debemos pedir. Por lo cual los discípulos le dijeron en Luc 11,1: "Señor, enséñanos a orar".

Así es que las cosas que El mismo nos enseñó a pedir, rectísimamente se piden, por lo cual dice San Agustín: "Si oramos de manera justa y conveniente, cualesquiera que sean las palabras que digamos, no decimos sino lo que en la oración dominical está contenido".

c) La oración debe ser también ordenada como el deseo mismo, puesto que la oración muestra el deseo. El orden debido es que en nuestros deseos y oraciones prefiramos lo espiritual a lo carnal, lo celestial a lo terreno, según dice Mt 6,33: "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura". Lo cual nos lo enseña el Señor a observar en esta oración: en ella se piden primeramente las cosas celestiales y después las de la tierra.

d) La oración debe ser también devota, porque la consistencia de la devoción es lo que hace que el sacrificio de la oración sea acepto a Dios, según el Salmo 62,5-6: "En tu nombre alzaré mis manos: y mi alma se saciará de Ti como de médula y suculencia". A menudo por el mucho hablar se embota la devoción, por lo cual el Señor nos enseña a evitar la demasiada prolijidad en las palabras, según Mt 6,7: "Al orar no multipliquéis las palabras". Agustín le dice a Proba: "Que no haya en la oración muchas palabras; pero no se deje de mucho suplicar si persevera el esfuerzo fervoroso".

Por lo cual el Señor instituyó esta breve oración del Padrenuestro.

Por otra parte, la devoción proviene de la caridad, que es amor de Dios y del prójimo. Y uno y otro se manifiestan en esta oración. En efecto, para dar a conocer el divino amor, a El lo llamamos Padre; y para dar a conocer el amor al prójimo oramos en general por todos diciendo: "Padre nuestro, y perdónanos nuestras deudas". A lo cual nos lleva el amor de nuestros prójimos.

e) La oración debe ser también humilde, según el Salmo 101,18: "Atendió la oración de los humildes"; y Luc 18, sobre el fariseo y el publicano; y Judit 9,16: "Siempre te ha sido acepta la súplica de los humildes y mansos".

Tal humildad se practica en esta oración, porque hay verdadera humildad cuando nada fincamos en nuestras propias fuerzas y sólo del divino poder esperamos obtenerlo todo.

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento

De Santo Tomás de Aquino:
Tomad, Señor,
y recibid toda mi libertad,
mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer;
Vos me lo dísteis,
a Vos, Señor, lo tomo;
todo es vuestro:
disponed de toda vuestra voluntad.
Dadme vuestro amor y vuestra gracia,
y esto me basta.

Oh bienaventurada y dulcísima Virgen María

Oración de Santo Tomás de Aquino

Oh bienaventurada y dulcísima Virgen María, Madre de Dios, toda llena de misericordia, hija del Rey supremo, Señora de los Angeles, Madre de todos los creyentes: hoy y todos los días de mi vida, deposito en el seno de tu misericordia mi cuerpo y mi alma, todas mis acciones, pensamientos, intenciones, deseos, palabras, obras; en una palabra, mi vida entera y el fin de mi vida; para que por tu intercesión todo vaya enderezado a mi bien, según la voluntad de tu amado Hijo y Señor nuestro Jesucristo, y tú seas para mi, oh Santísima Señora mía, consuelo y ayuda contra las asechanzas y lazos del dragón y de todos mis enemigos.

Dígnate alcanzarme de tu amable Hijo y Señor nuestro Jesucristo, gracias para resistir con vigor a las tentaciones del mundo, demonio y carne, y mantener el firme propósito de nunca más pecar, y de perseverar constante en tu servicio y en el de tu Hijo.

También te ruego, oh Santísima Señora mía, que me alcances verdadera obediencia y verdadera humildad de corazón, para que me reconozca sinceramente por miserable y frágil pecador, impotente no sólo para practicar una obra buena, sino aun para rechazar los continuos ataques del enemigo, sin la gracia y auxilio de mi Creador y sin el socorro de tus santas preces.

Consígueme también, oh dulcísima Señora mía, castidad perpetua de alma y cuerpo, para que con puro corazón y cuerpo casto, pueda servirte a ti y a tu Hijo en tu Religión.

Concédeme pobreza voluntaria, unida a la paciencia y tranquilidad de espíritu para sobrellevar los trabajos de mi Religión y ocuparme en la salvación propia y de mis prójimos.

Alcánzame, oh dulcísima Señora, caridad verdadera con la cual ame de todo corazón a tu Hijo Sacratísimo y Señor nuestro Jesucristo, y después de él a ti sobre todas las cosas, y al prójimo en Dios y para Dios: para que así me alegre con su bien y me contriste con su mal, a ninguno desprecie ni juzgue temerariamente, ni me anteponga a nadie en mi estima propia.

Haz, oh Reina del cielo, que junte en mi corazón el temor y el amor de tu Hijo dulcísimo, que le dé continuas gracias por los grandes beneficios que me ha concedido no por mis méritos, sino movido por su propia voluntad, y que haga pura y sincera confesión y verdadera penitencia por mis pecados, hasta alcanzar perdón y misericordia.

Finalmente te ruego que en el último momento de mi vida, tú, única madre mía, puerta del cielo y abogada de los pecadores, no consientas que yo, indigno siervo tuyo, me desvíe de la santa fe católica, antes usando de tu gran piedad y misericordia me socorras y me defiendas de los malos espíritus, para que, lleno de esperanza en la bendita y gloriosa pasión de tu Hijo y en el valimiento de tu intercesión, consiga de él por tu medio el perdón de mis pecados, y al morir en tu amor y en el amor de tu Hijo, me encamines por el sendero de la salvación y salud eterna. Amén.

Al estudiar

Oración de Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
¡Oh inefable Creador nuestro que con los tesoros de tu Sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles
y las colocaste con orden admirable en el empíreo cielo,
y distribuiste las partes de todo el universo con suma elegancia!:
Tú Señor, que eres la verdadera fuente de luz y de sabiduría, y el soberano principio de todo,
dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento el rayo de tu claridad,
removiendo de mí las dos clases de tinieblas en que he nacido, el pecado y la ignorancia.
Tú, que haces elocuentes las lenguas de los infantes,
instruye mi lengua y difunde en mis labios la gracia de tu bendición.
Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar, gracia y abundancia para hablar.
Dame acierto al empezar, dirección al progresar, y perfección al acabar.
¡Oh Señor!, que vives y reinas, verdadero Dios y Hombre por los siglos de los siglos.
Amén.

Bone pastor, panis vere, Iesu, nostri miserere...

Himno de la Liturgia de las Horas; composición de santo Tomás de Aquino
Buen pastor, pan verdadero,
o Jesús, piedad de nosotros:
nútrenos y defiéndenos,
llévanos a los bienes eternos
en la tierra de los vivos.

Tú que todo lo sabes y puedes,
que nos alimentas en la tierra,
conduce a tus hermanos
a la mesa del cielo
a la alegría de tus santos.

Omnipotente Dios y Señor mío

Oración de santo Tomás de Aquino
Omnipotente Dios y Señor mío, corre mi corazón a recibir con suma ansia y reverencia el. Sacramento de tu Hijo y Señor mío, Jesucristo. Voy, Dios mío, como el ciervo a la fuente, el pobre a buscar socorro, el necesitado de todo al rico, todo generoso y todo misericordioso.

Suplico, pues, Dios mío, a esa generosidad y largueza, sobre toda largueza y liberalidad, que cure mis enfermedades, sane mis heridas, lave mis manchas, alumbre mis tinieblas, socorra mis necesidades, vista mi desnudez y gobierne mis potencias, sentidos y facultades.

Concédeme, Señor, que dignamente reciba este Pan de los Angeles, Rey de Reyes, Señor de los Señores, Creador de todo lo creado, gozo, consuelo, remedio de todas las criaturas.

Recíbete, Señor, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición, con tan pura intención y tierna devoción, con tan constante fe, cierta esperanza, ardiente caridad y con tan profunda humildad, que mi alma sea sana y salva.

Concédeme, Señor, Te suplico, que no sólo reciba el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, sino también el efecto y la virtud de este Sacramento.

Piadoso Dios, dame el cuerpo de tu Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ese cuerpo que tomó en el seno de la Virgen María; haz que lo reciba de tal manera que merezca ser incorporado a su Cuerpo místico y contado entre sus miembros.

Padre amantísimo, concédeme, por fin, poder contemplar cara a cara en la eternidad a tu Hijo muy amado que me dispongo a recibir ahora bajo los velos que le cubren aquí abajo. Y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Después de comulgar

Oración de Santo Tomás de Aquino
Gracias Te doy, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios, que a mí, pecador e indigno siervo tuyo, sin mérito alguno, sino por la sola dignación de tu misericordia, Te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Te suplico, Padre clementísimo, que esta Sagrada Comunión no sea para mi alma lazo ni ocasión de castigo, sino intercesión saludable de perdón. Séame armadura de fe y escudo, de buena voluntad.

Sea muerte de todos mis vicios, destierro de todos mis carnales apetitos, y acrecentamiento de caridad, de paciencia, de verdadera humildad y de todas las virtudes.

Sea firme defensa de todos mis enemigos visibles e invisibles, perfecto sosiego de mi espíritu, perfecta unión contigo solo, mi verdadero Dios y Señor, feliz consumación de mi fin.

Te ruego que tengas por bien llevarme a mí, pobre pecador, a aquel convite inefable, en donde, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres, para tus elegidos, luz verdadera, hartura cumplida, gozo perdurable, felicidad perfecta y alegría eterna. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Canta, oh lengua

Himno Pange Lingua de Santo Tomás de Aquino
Canta, oh lengua, del glorioso, 
Cuerpo de Cristo el misterio, 
Y de la Sangre preciosa
Que, en precio del mundo
Vertió el Rey de las naciones
Fruto del más noble seno.
Veneremos, pues postrados
Tan augusto sacramento; 
Y el oscuro rito antiguo
Ceda a la luz de este nuevo;
Supliendo la fe sencilla
Al débil sentido nuestro.
Al Padre, al Hijo, 
Salud, honor y poder, 
Bendición y gozo eterno:
Y al que procede de ambos
Demos igual alabanza.
Amén.

Adoro te devote (Te adoro con devoción)

Oración de Santo Tomás de Aquino
Te adoro con fervor, Deidad oculta,
que estás bajo estas formas escondida;
a Ti mi corazón se rinde entero,
y desfallece todo si Te mira.

Se engaña en Ti la vista, el tacto, el gusto,
mas, tu palabra engendra fe rendida;
cuanto el Hijo de Dios ha dicho, creo;
pues no hay verdad cual la verdad divina.

En la cruz la Deidad estaba oculta,
aquí la humanidad yace escondida;
 y uno y otro creyendo y confesando,
imploro yo lo que imploraba Dimas.

No veo, como vio Tomás, tus llagas,
mas, por su Dios Te aclama el alma mía:
Haz que siempre, Señor, en Ti yo crea,
que espere en Ti, que Te ame sin medida.

¡Oh memorial de la pasión de Cristo,
oh pan vivo que al hombre das la vida!
Concede que de Ti viva mi alma.
Y guste de tus célicas delicias.

Jesús mío, pelícano piadoso,
con tu sangre mi pecho impuro limpia,
que de tal sangre una gotita puede,
todo el mundo salvar de su malicia.

Jesús, a quien ahora miro oculto,
cumple, Señor, lo que mi pecho ansía,
que a cara descubierta contemplándote
por siempre goce de tu clara  vista.

Tantum ergo (Adorad postrados)

Oración de Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
Adorad postrados
este Sacramento.
Cesa el viejo rito.
Se establece el nuevo.
Dudan los sentidos
el entendimiento:
que la fe lo supla
con asentimiento.

Himnos de alabanza,
bendición y obsequio;
por igual la gloria
y el poder y el reino
al eterno Padre
con el Hijo eterno
y el divino Espíritu
que procede de ellos.
Amén.

Que la lengua humana cante este misterio

Oración de Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
Que la lengua humana
cante este misterio;
la preciosa sangre
y el precioso cuerpo.
Quien nació de Virgen
Rey del universo,
por salvar al mundo
dio su cuerpo en precio.

Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la Palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Fue en la última Cena,
ágape fraterno,
tras comer la Pascua
según mandamiento,
con sus propias manos
repartió su cuerpo,
lo entregó a los doce
para su alimento.

La Palabra es carne
y hace carne y cuerpo
con palabra suya
lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino,
y aunque no entendemos,
basta fe si existe
corazón sincero.

Me acerco al sacramento de tu Hijo

Oración de Santo Tomás de Aquino (1225-1274)

Dios eterno y todopoderoso, me acerco al sacramento de tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, como se acerca al médico el enfermo, el pecador a la fuente de misericordia, el ciego al resplandor de la luz eterna y el pobre e indigente al Dios del cielo y de la tierra.

Muéstrame, Señor, tu bondad infinita v cura mis debilidades, borra las manchas de mis pecados, ilumina mi ceguera, enriquece mi indigencia y viste mi desnudez, a fin de que pueda yo recibir, en el Pan de los ángeles, al Rey de los reyes y Señor de los señores, con toda la humildad y la reverencia, el arrepentimiento y el amor, la pureza, la fe y el deseo que son necesarios para la salvación de mi alma.

Haz, Señor, que no sólo reciba yo el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, sino también la fuerza que otorga el Sacramento, y que con tal amor reciba yo el Cuerpo que tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, recibió de la Virgen María, que quede yo incorporado a su Cuerpo místico y pueda ser contado como uno de sus miembros.

Concédeme, Padre lleno de amor, llegar a contemplar al término de esta vida, cara a cara y para siempre, a tu amado Hijo, Jesucristo, a quien voy a recibir hoy, oculto en este sacramento.

Por el mismo Cristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Tu voluntad será la mía

De santo Tomás de Aquino
Señor, tu voluntad será la mía.

Amárgame, Señor, toda alegría,
que no se alegre en Ti.

Cualquier deseo, oh Dios,
que en mí surgiera,
hazlo imposible de cualquier manera,
si no se centra en Ti.

Y haz mi descanso
incómodo y penoso,
si acaso mi reposo
no reposa en Ti.