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Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 18 del Tiempo Ordinario: Mateo 16,24-28


En este momento en que vamos a orar con tu Palabra, pedimos, Señor, una efusión de tu Espíritu Santo para que nos conduzca al recto conocimiento de lo que nos quieres transmitir con ella, y para que nos anime a convertir en obra lo que habremos de orar, Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 16,24-28: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino».

b) Contexto histórico y cultural

Después de intentar explicar, con escaso éxito, a sus discípulos el paralelismo entre su misión y la cruz, Jesús incluye a la gente en la exposición del tema; ahora la explicación es para todos; igual lo será la cruz; eje de la misión salvífica del Señor, e instrumento y vía de salvación para todos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

A todos se nos da una cruz

A todos se nos da una cruz
que muchos tratan de eludir
pues no es fácil de admitir
ya que recuerda al ataúd.

El sufrimiento parece pus
que nadie quisiera sentir,
tampoco tener sobre sí,
ya que más bien es tabú.

Pero ¿cómo nos salvó Jesús?
fue con su propio sufrir;
su amor nos mostró al morir
sin extinguirse su luz.

Tengo que tomar mi cruz
si a Cristo quiero seguir;
me tengo que negar a mí
y así alcanzaré su virtud.

Amén.

3. Oración

Señor, ayúdame a entender y valorar
el significado de tu sufrimiento por mi;
también ayúdame a unir mis sufrimientos a los tuyos,
como un minúsculo aporte a tu sacrificio por la humanidad.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A no quejarme tanto de mis cruces,
entendiendo que no pesan como la de Cristo,
y a estar dispuesto a caminar con ellas,
estoy invitado en este día.
Ayúdame, Señor, a cumplir esta acción.
Amén.