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Lectura orante del Evangelio del Sábado de la Semana 18 del Tiempo Ordinario: Mateo 17,14-20


La abundancia de tu Espíritu Santo necesitamos, Señor, en este tiempo de oración con tu Palabra que ahora iniciamos, para que nuestro entendimiento se clarifique y nuestros corazones acojan el mensaje que nos comunicas en este día con tu Santo Evangelio, asumiéndolo como comportamiento en nuestra vida diaria. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 17,14-20: En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle». Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!». Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible».

b) Contexto histórico y cultural

Jesús, que para fortalecer la fe acaba de transfigurarse frente a los tres que componen el círculo más intimo de sus discípulos en un monte elevado, baja con ellos y se encuentra con el fracaso del resto de ellos en un intento de exorcismo, precisamente por la escasa fe de ellos mismos en lo que estaban intentando.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Movamos esa montaña

Si en Dios hay fe y confianza
al pedir lo conveniente,
si no es inmediatamente,
espera que pronto avanza;
¡hasta imposible se alcanza!
La fe, casi siempre ausente;
virtud que hay que hacer presente,
aunque hoy parece una hazaña.
¡Movamos esa montaña:
la duda de nuestra mente!

Amén.

3. Oración

En mi oración

Aumenta en mi la fe, Señor,
la certeza de tu actuación
de cuanto pido en oración;
que tu Espíritu en mi interior,
transmitiendo tu gran amor,
sea el que obre en intercesión.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A vencer la incredulidad
y aumentar la fe en el poder de la oración,
estoy invitado en este día;
¡Obra, Señor, pues eres Tú quien actúa!
Amén.