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Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 13 del Tiempo Ordinario: Mateo 9,9-13


Ilumina la mente y el corazón de los que habremos de orar con tu Palabra en este día, Señor, para que podamos saborearla, ser transformados, y convertir en obra el mensaje de salvación que ella nos trae. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 9,9-13: En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

b) Contexto histórico y cultural

El Apóstol Mateo era un publicano al momento de ser llamado por Jesús. Publicano, es decir pecador público, era la denominación despectiva dada a los cobradores de impuestos, que entregaban a los opresores romanos el dinero recaudado en el desempeño de su oficio. Estas personas eran designadas por el imperio, y les correspondía una parte de lo recaudado. La naturaleza de su función les hacía ser odiados, ya que "quitaban" dinero al pueblo judío para entregarlo a paganos.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Que te siguiera, dijiste

Por muchos odiado,
mi vida es muy dura;
por todos rechazado,
me consideran basura.

Continuar apartado,
¡qué desgracia la mía!
si cambiara de lado,
una caricia sería.

Pero entonces viniste
y al verme a la mesa
de inmediato supiste
que de tristeza era presa.

De mí, pena tuviste,
y perdonar mi pecado
de inmediato quisiste;
y llegando a mi lado,
que te siguiera, dijiste;
y, la mesa, dejando,
ya el pasado no existe
y por ti soy amado.

3. Oración

Gracias, Señor, por fijarte en mi;
gracias por mirarme con misericordia
y mostrarme tu amor aun conociendo mis pecados;
gracias por llamarme e invitarme a seguirte.
Dame la voluntad, el deseo y la valentía
de aceptar tu llamado;
y ser capaz de dejar mi mesa, con mis mañas y pecados,
para ser transformado por ti
y seguirte siempre.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Dejar atrás lo que me aparta de ti
y seguirte es mi compromiso hoy;
convertirme en discípulo tuyo
tiene que ser mi objetivo para siempre.
Amén.