Lectura orante del Evangelio del Lunes de la Semana 14 del Tiempo Ordinario: Mateo 9,18-26


Tu Santo Espíritu, pedimos, Señor, en este momento en que oraremos con tu Palabra; para comprender el mensaje que nos traes en ella y ser animados para ponerlo en practica en la vida. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 9,18-26: En aquel tiempo, Jesús les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante Él diciendo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos. En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto. Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Ánimo!, hija, tu fe te ha salvado». Y se salvó la mujer desde aquel momento.

Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando, decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Mas, echada fuera la gente, entró Él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó. Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

b) Contexto histórico y cultural

Estos dos personajes del texto de hoy tiene cada uno, por separado un anhelo; un funcionario que poco le importa la importancia de su puesto para pedir por algo querido, por la vida de su hija, y una mujer en permanente estado de impureza de acuerdo a la ley mosaica, que desea ser sanada. La fe de ambos les conduce a obtener lo que han pedido.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

La hemorroísa

La hemorroísa me llaman:
contaminante del pueblo;
vivo en permanente duelo;
por ser impura me tachan.

Pero tú eres mi esperanza;
a sabiendas que no debo,
sigilosa, a ti, me acerco;
tu misericordia llama.

Y queriendo ser sanada,
de tu ropa, toco el ruedo,
de tu amor, llena me quedo,
y la fe en ti me salva.

No quiero desesperanza

No quiero desesperanza,
la barca trajo bonanza
que a todos da el amigo
que confío vendrá conmigo;
en Él pongo la esperanza
que la fe es la que alcanza;

acallen los alaridos,
que parecen ser aullidos;
tampoco quiero tristeza
pues disminuye la certeza.

Amén.

3. Oración

Siempre en Ti

Siempre en Ti, Señor,
mi anhelo es en Ti:
cuando Tú no estás,
yo te busque a Ti;
cuando Tú me hables,
yo te escuche a Ti;
en el pecado,
me convierta a Ti;
en la confusión,
que yo crea en Ti;
cuando haya duda,
tenga fe en Ti;
en necesidad,
yo te pida a Ti;
cuando demoras,
que espere por Ti;
en el fracaso,
me refugie en Ti;
¿desesperación?,
yo confíe en Ti;
y siempre, Señor,
me abandone en Ti.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Confiar en Jesús es mi acción de hoy;
Esperar en él es mi objetivo de siempre.
Amén.