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Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 9 del Tiempo Ordinario: Marcos 12,35-37


Al orar con tu Palabra en este día, pedimos, Señor, que tu Espíritu Santo nos guíe, actuando en nuestras mentes y corazones para entender lo que Tú nos quieres comunicar en este momento con tu Evangelio, y para que nos dispongamos a convertirlo en vida en cada uno de nosotros. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 12,35-37: En aquel tiempo, Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?». La muchedumbre le oía con agrado.

b) Contexto histórico y cultural

Jesús se encuentra en Jerusalén en ocasión de la proximidad de la festividad de la Pascua; en medio de la hostilidad de fariseos y maestros de la ley, Jesús también enseña a sus discípulos y a la multitud congregada por la festividad. Su divina sabiduría asombraba a todos y cautivaba a muchos. ¡Todavía hoy!

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Tus Palabras

Tus Palabras, Señor, son de mi agrado;
alegran mi alma, refrescan mi oído,
alientan mi ser, con su contenido,
y si las acato soy renovado.

Si me corrigen por andar errado,
cambio de rumbo y acepto el castigo.
Señor, hoy humildemente te pido:
déjame escucharte, estando a tu lado.

Amén.

3. Oración

Como David

Ascendiente en la carne,
mas descendiente en la fe,
pues ya te anunciaba él
como su Señor grande.

Además de ensalzarte,
como David, yo también,
mi Señor, te llamaré
con gozo al salmodiarte.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A aprender de ti, de tu Palabra, Señor;
a admirarme y llenarme de tus enseñanzas,
estoy invitado hoy.
Esa es mi acción,
con la ayuda de Dios.
Amén.