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Lectura orante del Evangelio del Miércoles de la Semana 4 de Pascua: Juan 12,44-50


A tu Espíritu que me guía

A tu Espíritu que me guía,
que para llegar a ti es la vía
y que tu bendición rocía,
pido ahora sabiduría
para vencer toda apatía
y despejar duda sombría
para hacer tu Palabra mía,
convirtiéndome, de ella, en bujía.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 12,44-50: En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».

b) Contexto histórico y cultural

En el pasaje de este día, Jesús está en Jerusalén en ocasión de la fiesta de la Pascua, que habrá de ser su Pascua. En la inminencia del inicio de su pasión, el Señor se dirige a los judíos que han creído, y a los que no han creído en Él; Él no juzga, cada quien se juzgará a sí mismo por la actitud que haya asumido ante la Palabra que le ha sido proclamada. 

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Como una lámpara encendida

Como una lámpara encendida
en medio de la bruma espesa,
así es tu Palabra que expresa
el amor de Dios sin medida.

Verbo que al hablar ilumina,
disipando toda tiniebla;
que vino enviado a la tierra
por el Padre que nos cuida.

Voz ofreciendo eterna vida
para todo aquel que la acepta,
pero el que escucharla se niega,
es él mismo quien se margina.

3. Oración

Creo en ti

Yo creo en ti, Señor Jesús,
del Padre, tienes la esencia,
con quien compartes el habla
y misma naturaleza;
Verbo antes de todo tiempo
que disipa las tinieblas;
Palabra actuante del Padre
en el cielo y en la tierra.
Sin asomo de la duda
es profunda mi creencia:
tanto nos ama tu Padre
que asumiste la pobreza,
rescatando lo perdido
y pagando por mis deudas.
Me hablaste con tus hechos
tu ejemplo aún resuena,
y tus dichos de palabras
tu camino hoy me muestran;
opción propia, a nadie obliga,
aunque a todos es oferta:
el que te oye se va arriba,
quien no te oye se condena.
¿Cómo no he de escuchar la voz
que me trae la vida eterna?

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Creer en Jesús,
que es creer en el Padre;
recibir y cumplir su Palabra,
es mi acción de hoy... y siempre,
que cumpliré con la ayuda de Dios.
Amén.